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La Coctelera

Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

14 Febrero 2012

Los "infalibles" que nos están llevando a la parálisis

El aeropuerto, la más notable obra pública

Por Carlos Santiago (*)

Existen algunos oscuros personajes -cuando más oscuros este fenómeno aparece más acentuado- en que está surgiendo una especie de actitud infalible, en que mandan y deciden las políticas que nos engloban a todos, integrando mayorías logradas en elecciones democráticas, pero en qué generalmente se menosprecia (cuando no se desprecia abiertamente), las opiniones de los demás.

La Junta Departamental de Montevideo es un ejemplo atroz de ello que se ha ido acentuando en el correr del tiempo en que la izquierda gobierna la ciudad (ya 25 años ), la que se niega a investigar cualquier hecho ocurrido en la administración comunal, haciendo simplemente jugar su mayoría, aunque los hechos sean flagrantes.

Esta forma de gobernar en que la infalibilidad aparece como ingrediente decisivo y profundamente negativa elemento que en otras realidades motivó hasta masacres atroces cuando el infalible era el Partido y quienes pensaban en otro sentido eran considerados traidores y purgados .

¿Por qué nos introducimos en este tema tan alejado de la cotidianeidad polémica de los uruguayos y de la izquierda? Simplemente porque esa soberbia que está en la esencia de esa actitud que, si la desgranamos, es contraria al funcionamiento de la mejor democracia, está carcomiendo las bases mismas de la visión que tienen los uruguayos sobre el funcionamiento de la izquierda y de su vigencia para continuar al frente de gobierno, que en algunos casos, aparecen como autistas .

¡Es una desviación!, nos decía un viejo militante que estaba de acuerdo que esa actitud de infalibilidad paulatinamente se puede convertir en un decisivo contrapeso, utilizando una vieja calificación propia de quienes se han formado dentro del marxismo. Otro veterano, también preocupado por el perfil de esta realidad que se verifica y detiene, en alguna medida, acciones de los gobiernos, afirmaba que el peso de la ideología de la izquierda determina que muchas veces se menosprecie a la oposición política y también a otros sectores, como grupos empresariales, etc. Hay obras que no se realizan en Montevideo por razones ideológicas, sin embargo tampoco se realizan las que ideológicamente estarían en concordancia con el pensamiento mayoritario

Montevideo está en camino de convertirse en algo parecido a la ciudad de El Cairo. Allí la cantidad de vehículos automotores es tan crecida, sin existir canalizaciones, ni formas de transporte alternativas, lo que determina que en algunas horas la ciudad se encuentra prácticamente paralizada, trancada por millones de automóviles que apenas se pueden movilizar. La ciudad tiene 20 millones de habitantes y allí existen casi 9 millones de vehículos.

Las autoridades cairotas por años nunca tomaron medida de planificación del transporte y llegaron al desastre, lo que ya se está comenzando a despuntar en Montevideo. Si sabemos que el parque automotor en Uruguay crece a un ritmo de 50 mil vehículos al año, ¿Cuánto tiempo pasará para que desde Carrasco al centro debamos demorar un tiempo incontable en llegar? ¿Y esto no es algo que tiene que planear la Intendencia?

Claro, pero recordemos que el proyecto con financiación privada que podría tener defectos, muchos de ellos enmendables, propuesto para Avda. Italia por el grupo Eulequian, fue rechazado por la señora intendenta por razones ideológicas. Claro, Ana Olivera pertenece al mismo partido político ( infalible ) que el senador Lorier y recordemos las cosas que dijo este dirigente comunista sobre el grupo que construyó el nuevo Aeropuerto de Carrasco (especulador internacional, lavador de dinero, traficante de capitales espurios¿?, etc., etc.,) Si el presidente Tabaré Vázquez le hubiera hecho caso al hoy senador comunista y secretario del PCU, hoy seguiríamos con las viejas instalaciones en Carrasco y no tendríamos este espléndido aeropuerto, uno de los más bellos, según varias revistas internacionales especializadas que ha servido para multiplicar el tráfico aéreo.

Si la Intendencia no hubiera detenido la obra de realizar una vía rápida en Avenida Italia, seguramente la obra ya estaría en ejecución o terminándose y Ana Olivera no sería vista, como su antecesor Erlich, en una intendenta que no es capaz de impulsar ninguna obra en Montevideo.

Y tampoco existen otros proyectos, porque el de Garzón es de dudosa eficiencia, no hay nada previsto para Avda. Italia, ni para el centro de la ciudad, ni para el desastre del tránsito que se vive en Pocitos. En torno a los temas vinculados a lo que, en teoría, coincidía ideológicamente con el pensamiento de la intendenta, tampoco se hace nada. Los lugares donde se seleccionan elementos de la basura, generalmente en las zonas más pobre de Montevideo, no han sido ni quitados, ni saneados, ni organizados para que no provoquen perjuicios a la población de los asentamientos colindantes. O sea que no se deja hacer, porque lo propone la actividad privada, como en el caso de Avda. Italia, ni se hace directamente, para mejorar la calidad de vida de la gente.

Lo sorprendente y contradictorio es que, cuando surge un imprevisto, como el investigar el estado de los árboles y las columnas de la ciudad, la Intendencia que tiene tantos funcionarios como la de París, deba contratar a una empresa privada para realizar el trabajo.

Históricamente existen algunos casos paradigmáticos de ese pensamiento de lo infalible llevado al extremo que determinaron dramas humanos de carácter histórico: Roger Garaudý, el historiador del comunismo, señala por ejemplo en su libro El gran viraje del socialismo , que José Stalin , en una tesis asesina que presentó en la sesión plenaria del Comité Central del Partido Comunista de la URSS, realizado en febrero marzo de 1937, afirmó: A medida que las posiciones del socialismo se consolidan y el Estado soviético progresa, la lucha de clases en el país debe agravarse sin cesar

Esta tesis dice Garaudý surgía de la concepción stalinista del Partido y del Estado: si la construcción del socialismo está dirigida por un Partido infalible , todo fracaso no puede atribuirse sino a una conspiración exterior, organizada por el enemigo de clase. Se impuso, pues, una respuesta despiadada y de allí las sucesivas masacres que se concretaron bajo la dirección de este gobernante iluminado .

Esta tesis desencadenó una represión sin medida en una serie de procesos en que las pruebas eran fabricadas de arriba abajo: la vieja guardia que acompañó a Lenin fue exterminada entre 1936 y 1937, en el mismo momento en que en la Constitución stalinista eran proclamados ciertos principios en contradicción con la práctica real, y en el momento mismo en que Stalin, en plena malversación de tanta riqueza humana, se explayara en discursos sobre el hombre, el capital más precioso y en citas de Lenin sobre la democracia socialista. (1)

Claro, Lorier no tiene el poder de Stalin y Olivera menos. Pero los dos, en su medida, están provocando parálisis parecidas a la vivida por la URSS que terminaron en su debacle y posterior implosión. Esperemos que la cerrazón imperante en nuestro país no determine un deterioro parecido de la izquierda.

(1) Stalin. Discurso en ocasión de la promoción de los alumnos de las escuelas superiores del Ejército Rojo (Kremlin, 4 de mayo de 1935)

(*) Periodista

servido por Carlos sin comentarios compártelo

11 Febrero 2012

Trabajo doméstico en Punta del Este

"Sí, patroncita"

por Mariana Contreras (*)

Sigue pasando: mujeres pobres, nacionales y extranjeras, documentadas e indocumentadas, agachando el lomo en el tras bambalinas del verano esteño. Los relatos hablan de abusos, maltratos, comportamientos delictivos o ilegales por parte de los empleadores. Las mujeres, obligadas o asustadas, callan.

Les dicen que vendrán a conocer el mar en un país del que muchas de ellas apenas escucharon el nombre. Vendrán a trabajar pero será como unas vacaciones, les dicen. Cada verano se cuentan por decenas las trabajadoras domésticas que llegan a Punta del Este junto a turistas, en su mayoría argentinos. Son paraguayas, bolivianas, peruanas, que viajaron a Argentina en busca de trabajo, que pasaron por los talleres de costura clandestinos, por las villas miseria porteñas, que quedaron sin trabajo y ancladas en un país que no es el propio.

Algunas trabajan todo el año para sus patrones, otras comenzaron apenas unos meses antes de venir a "veranear", y otras fueron directamente "contratadas" para la temporada. Pasan la frontera uruguaya en calidad de turistas y luego trabajan clandestinamente. No tienen habilitación legal y los patrones no pagan sus aportes, por eso no cuentan con ningún beneficio ni protección durante su estadía. Al llegar, el dinero prometido puede verse reducido a la mitad, no tienen día libre ni tiempo de descanso: de día limpian, cocinan, cuidan a los niños. De noche también.

Hay casos en que sus empleadores han llegado a retenerles la documentación y los celulares, se les ha prohibido salir del apartamento y les racionan la comida. La mayoría banca, porque no tiene forma de volver a Argentina o a su país, porque se saben en infracción y porque desconocen en absoluto sus derechos. En algunas ocasiones las trabajadoras han quedado abandonadas sin recibir el pago correspondiente y sin posibilidades económicas de regresar a su hogar.

Welcome Home

Pasadas las siete de la tarde son más de 40 las personas reunidas en la sede de los canillitas de Maldonado. Son mucamas, porteros, trabajadoras domésticas, entre otros, cuyos sindicatos forman parte de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (Fuecys). Fue a través de la federación en Maldonado que las denuncias de trabajo de extranjeras en diverso grado de irregularidad se hicieron públicas. Para ellos es moneda corriente en el verano recibir información de que en tal o cual edificio una extranjera trabaja en situación de explotación.

El servicio de mucamas generalmente es contratado por la administración de un edificio. Las mujeres tienden camas, limpian baños, aspiran y ponen orden en los apartamentos. Trabajan en pareja y se estima que cada mucama realiza la limpieza de entre ocho y diez apartamentos por día. En ese trajinar es que entran en contacto con las trabajadoras domésticas "informales", contratadas por los dueños o inquilinos de los apartamentos.

La mañana que Brecha estuvo en Maldonado, Marita -que es mucama- había prestado ayuda a una cocinera que desde las 4 de la mañana se sentía mal, aunque recién a las 11 sus patrones llamaron a la emergencia. Y para dar una idea de la mezquindad humana, cuantifica: "Te estoy hablando de apartamentos que salen un millón de dólares, y que se alquilan a 25 mil dólares mensuales".

Cesar Teijón, delegado departamental de Fuecys e integrante del Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Maldonado (Sutem), contó que en estos días estuvieron en contacto con una trabajadora paraguaya a la que no se le permitía salir del edificio, pero de pronto la comunicación con ella cesó abruptamente y no han sabido más qué fue de su vida. Pocas semanas atrás estuvieron en contacto con una trabajadora peruana de 30 años, acusada por sus empleadores de romper la computadora, por lo que habían decidido no pagarle el salario hasta tanto no recuperaran el dinero equivalente a un aparato nuevo. Y dos días antes de que Brecha llegara a Maldonado, contó un trabajador, otra peruana partió a Buenos Aires con un pasaje que la familia para la que trabajaba le había dejado. Ellos se fueron antes, sin aviso, y le dejaron un boleto para varios días después. La mujer paró en casa de una mucama uruguaya. Tuvo suerte, comentan con ironía los trabajadores organizados a Brecha, en algunas ocasiones les dan el día libre y cuando vuelven la familia ya no está. Muchas de ellas son las que pasan a engrosar los asentamientos de la periferia, y luego se las ve vendiendo cualquier cosa en las ferias.

Teijón contó también que más de una extranjera llega a trabajar a Punta del Este con la esperanza de obtener el dinero que les permita contratar abogados para hijos que fueron atrapados actuando de "mulas" y que hoy están presos. Eso, más la falta de contactos en el país, la retención de los documentos y una cultura muy arraigada, del tipo: "Una que es pobre muchas veces tiene que agachar la cabeza ante gente de cuna de oro", como dijo resignada una trabajadora que esperaba ser asesorada tras la asamblea, hace que las domésticas soporten muchas veces todo tipo de humillaciones.

Situaciones similares y peores -sospechan- pueden encontrarse en los chalés y chacras marítimas en las zonas cercanas a Punta del Este (José Ignacio, Manantiales o La Barra), donde las mujeres ni siquiera tienen contacto cotidiano con mucamas o trabajadores que vengan de afuera. Ese es un mundo aparte.

La mañana siguiente

Al ámbito institucional no llegó todavía ninguna denuncia concreta sobre la situación de trabajadoras domésticas explotadas, confirmó a Brecha Juan Andrés Roballo, director de la Inspección Nacional de Trabajo. Por lo tanto tampoco se conoce quiénes son los empleadores, más allá de la obviedad de que se trata de gente con alto poder adquisitivo.

Según consideró Roballo, el tema tiene diferentes ramificaciones: por un lado puede haber irregularidades laborales (registros en el bps con salarios subdeclarados, trabajo en negro, incumplimiento en los pagos, etcétera), y por otro se pueden dar situaciones de maltrato (empleadores que gritan o agreden a los trabajadores) que eventualmente configuren un delito. Y un tercer capítulo también delictivo: la retención de documentos o la imposición de permanecer en la casa. Cualquiera de estos temas involucra no sólo a trabajadores extranjeros, también a los nacionales. "Lo primero que requerimos para actuar son direcciones", explicó Roballo. De otra manera es imposible hacer la inspección y, llegado el caso, dar cuenta a la justicia o al organismo del Estado competente.
En el Sutem y en el Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas (Sutd) señalan la imposibilidad de formalizar muchas de las denuncias porque no cuentan con una red capaz de sostener a las personas (en particular a las extranjeras) una vez que la bola empieza a rodar: cuando la denuncia cobra forma existen altas posibilidades de que la involucrada quede sin trabajo; si se trata de una trabajadora del Interior o del exterior "necesitamos tener previsto el alojamiento, la alimentación, el pasaje de regreso, y no contamos con nada de eso", explicó Teijón. También hay casos en los que la involucrada se retracta por temor y el hecho entonces resulta difícil de comprobar.

Sonia, una de las representantes del Sutd, contó el caso de una trabajadora uruguaya que se comunicó para decir que "la estaban volviendo loca, que desde diciembre no la dejaban salir. Seguimos el caso con la Policía, que corroboró que la persona efectivamente trabajaba en la casa indicada; fuimos y logramos hablar con ella, pero extrañamente se echó para atrás y nos dijo que ya no trabajaba allí. Unos días después apareció en el sindicato para pedir disculpas, confirmar que todo era verdad, y nos dijo que había estado tan presionada y se sentía tan mal que finalmente renunció. Sus empleadores eran una familia inglesa".

Intentando tejer la red, Fuecys de Maldonado se contactó con Migraciones, donde les informaron que si la trabajadora ingresó legalmente, entonces el tema no era de su competencia. En el Consulado de Perú les dijeron que no cuentan con alojamiento, aunque en Montevideo podrían coordinar con alguna institución. Tampoco cuentan con una política de repatriación para sus connacionales, por lo que no pueden hacerse cargo del regreso, según dijeron a Fuecys. En el Ministerio de Relaciones Exteriores tampoco: les informaron que "si la persona está legal y sin problemas jurídicos, no la pueden expulsar ni sacar del país".

Agujeros

Diva abandona la siesta en su casa del asentamiento Kennedy para atender a Brecha en un lugar del patio resguardado del sol. Es brasileña, ronda los 60 años y hace 40 que vive en Uruguay. Gruesa y de baja estatura, lleva el pelo entrecano recogido en una trenza larga. Diva es de esas mujeres a las que poca cosa les sorprende ya. La primera vez que trabajó fue a los 9 años, cuando cuidaba a otros niños en la playa, hijos de veraneantes con plata.

Después, cuando se mudó a Rocha, llegaban a su casa personas buscando domésticas. Le decían a su madre: "Dame una, para qué querés tantas", en referencia a los 14 hijos que tenía. "Y yo me aprontaba la primera, porque era tanta el hambre..." Ahora no trabaja más, en parte por una trombosis en la pierna y en parte por "la estética"; nadie quiere ya personas mayores y pasadas de peso. También trabajó como doméstica en el campo, y sus empleadores le aseguraban que no le pagaban porque estaban guardando la plata para cuando se fuera; sabe de acusaciones infundadas de robos y de encierros varios. También sabe que lo de las extranjeras trabajando en malas condiciones es un asunto viejo. Alguna vez en la playa entabló conversación con alguna que le dijo "plata no vemos, porque venimos a conocer el mar".

El año pasado al Kennedy llegaban "empleadores" ofreciendo 4 mil pesos para trabajar como doméstica. Hay veces que ofrecen 12 o 13 mil pesos, pero después terminan pagando 7 mil. Y como todo es "en negro", es difícil que la gente reclame. "Igual, ahora están un poco mejor, porque hay gremio, y leyes del gobierno, pero todavía te gritan, te pegan", cuenta ella, y agrega: "está bien que trabajen extranjeros, yo misma lo soy, si vienen de a uno, pero si los vas a buscar en masa...". Lo dice en referencia a las palabras de Mujica sobre la necesidad de contratar mano de obra extranjera calificada. Para ella es toda una contradicción: "¿Cómo va a haber acá mano de obra capacitada si hay gente ganando salarios mínimos, o trabajando las 24 horas? ¿Así cuándo se van a capacitar?".

Esquivando los charcos de agua estancada en las calles del Kennedy, Diva nos guía a la casa de una vecina "que el otro día me contaba de los gritos que le pega la patrona". Pero ya no le grita más: hace una semana que la despidieron, cuenta ahora en la puerta de su casa la susodicha. Trabajaba desde hacía cuatro veranos, intermitentemente, para una familia argentina. De 9 a 15 horas, y aunque jamás salía temprano no le pagaban horas extras ni tenía día libre. Cobraba 600 dólares y nunca estuvo en caja. "La patrona pasaba los dedos por los muebles para ver si estaban limpios, gritaba porque decía que la camisa estaba mal planchada o algo mal lavado. Yo aguantaba y aguantaba, pero si me decía que algo estaba mal le decía que no. No pudo conmigo, y me mandó decir por la casera que no volviera porque necesitaba alguien con cama."

"Se creen que sos la fregona, la esclava", había dicho Diva un rato antes. Y eso fue justamente lo que no aguantó Daisy, que vive en el asentamiento de atrás de la Cilsa. Trabajó el año pasado como mucama en la Season Tower, al lado del Conrad. Su horario era de 9 a 17, con media hora para comer. Su salario era de 12 mil pesos nominales. "Teníamos que llevarnos la comida y el agua, y si en un apartamento nos regalaban una torta teníamos que pedir permiso a la encargada para comer", cuenta Daisy. Cuando se retiraban del trabajo eran revisadas (cuerpo y pertenencias) para asegurarse de que nada faltaba. Daisy es de esas mujeres fuertes, que se enfrentan a lo que creen injusto. Dice: "Te escupen todo el día; comeré pan de la basura, pero mi dignidad bien para arriba". n
Según de dónde sean

El laudo para las trabajadoras domésticas es de 7.975 pesos por 44 horas semanales. En temporada, el pago por el trabajo varía según el empleador. Uno de los reclamos del sindicato es que pueda llegarse a un acuerdo para que durante la temporada se cobre un plus, porque de otra forma las trabajadoras que están empleadas durante todo el año corren con desventaja respecto a las zafrales. Durante el verano los salarios son variados, pero según los comentarios que Brecha recogió rondan los 12 mil pesos (nominales). Si el registro en el bps existe, es habitual la subdeclaración.

Durante la temporada generalmente el trabajo de las domésticas, mucamas y porteros se hace los siete días de la semana. Todos los trabajadores a los que Brecha consultó confirmaron que, aunque la ley lo habilite, no existe el descanso cuando hay zafra.

En el verano también hay quienes acceden a salarios de 20 mil y 30 mil pesos, cuando el trabajo es con cama adentro, según dijo la representante del sindicato. En algunos casos se cumple y en otros (como les sucede a muchas extranjeras) cuando van a cobrar el sueldo de pronto se redujo a la mitad. Un trabajador contó que, en el edificio donde cumple funciones, dos paraguayas cobran mensualmente 700 dólares entre las dos (su empleador es un empresario algodonero argentino), mientras que una uruguaya cobra 1.500 dólares.
Desde el BPS

En los últimos 45 días el BPS (Banco de Previsión Social) lleva realizadas 1.840 inspecciones, mil de ellas estuvieron focalizadas en el trabajo doméstico, explicó el presidente de la institución, Ernesto Murro. Los funcionarios recibieron 17 denuncias por irregularidades, 16 fueron confirmadas y hoy se negocia con los empleadores la forma de regularización.

Murró advirtió que en el último año creció la inmigración de trabajadoras bolivianas, peruanas, paraguayas, entre otras nacionalidades, que se emplean mayoritariamente como trabajadoras domésticas. Si la trabajadora ingresa al país como turista y luego entra "en actividad", debe emitirse un permiso de permanencia temporal, algo contemplado en los convenios bilaterales. Con Perú todavía no se ratificó el acuerdo.

El BPS planteó al Mercosur que las trabajadoras domésticas puedan trasladarse sin dificultades por los países miembros, pudiendo permanecer hasta un año trabajando (hoy el período es de tres meses). Si una trabajadora está regularizada en el país de origen, los aportes continuarán haciéndose allí. Pero si está en negro, entonces deberá ser regularizada en Uruguay y los aportes se harán aquí.

El BPS tiene registradas 66 mil trabajadoras domésticas, sobre un total estimado de 115 mil, cifra que esperan afinar mediante el censo.

 

(*) Semanario Brecha, 10-2-2012

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7 Febrero 2012

La cultura está en el cumplimiento de la Ley

Sobre la preocupación del ministro Bonomi

 

Por Carlos Santiago (*)

 

“Vio lo que nunca había visto,
la sangre en los arenales”
Jorge Luis Borges


Los tiempos políticos se acortan junto con la letra de las normas constitucionales. Pero, ¿eso importa en este mar de violencia en que la sociedad uruguaya sigue deteriorándose sin que quienes tienen en sus manos las posibilidades de darle un vuelco a la situación hagan algo? Cuando se mencionan los hechos que ocurren a diario y hunden más a los uruguayos en un proceso de dudas e incertidumbre, cuando se producen “copamientos” de colegios salesianos, como el de La Floresta, en que generaciones de uruguayos se han formado y vacacionado, inclusive nuestro primer presidente popular el doctor Tabaré Vázquez. Cuando en la puerta misma del sanatorio Británico una médica, que esperaba a una persona en su automóvil, fue abordada por tres delincuentes en otro asalto “exprés”, que por disposiciones del Ministerio del Interior, ahora se silencia.

Y esto es lo reciente, lo que no ha trascendido por esa nueva disposición inentendible de las autoridades que, tratan – suponemos – de mostrar una realidad que es muy distinta a la que vivimos diariamente los uruguayos que, los que tenemos posibilidades, reforzamos las alarmas, multiplicamos los mecanismos de seguridad contratando a guardias privados que nos dan apoyo cuando llegamos con el vehículo a nuestras viviendas. Pero, ¿qué ocurre en La Teja, El Paso Molino, Cerro, etc., donde los niveles socioeconómicos son distintos y quienes allí habitan no tienen recursos para defenderse de la delincuencia?  Lo obvio, los barrios obreros,  los más pobres, claro,  son los más afectados por quienes, abandonando códigos de vida y quizás influenciados por las necesidades fisiológicas que provoca la temprana adicción a drogas, como la maldita pasta base,  han hecho de la trasgresión del delito su medio de vida y ello más allá de las advertencias del presidente Mujica que les indicó que para ellos solo habrá cárcel o muerte temprana.

El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, sostiene que el aumento del delito – aunque, debemos decir que, continuamente el Ministerio del Interior trata de minimizar el fenómeno, sosteniendo que vivimos “en el mejor país del mundo” - se debe a un hecho cultural, a una modificación profunda de costumbres y códigos que configuran el basamento de la sociedad y qué, obviamente, llevan a las contradictorias convulsiones de hoy que se expresan en algunas cifras que son sorprendentes, porque en este país “del pleno empleo”,  asombra el número de los jóvenes que viven vagabundeando su aburrimiento, los conocidos NINI, a lo que se debe sumar otros elementos que van al centro mismo de la gestión del Estado. Vivimos en un país que hace ocho años que crece a tasas “chinas”, sin embargo el perímetro de las zonas más agudas de miseria, los llamados “cantegriles” no se han reducido. Ese ámbito lamentable de deterioro humano sigue presente en los alrededores de Montevideo y estampado el islote en varios lugares del interior del país.

Es un medioambiente insólito, que violenta todos los derechos humanos y del que surgen, obviamente, la mayoría de quienes en las tardecitas se desparraman por la ciudad para agredir a los que trabajan. Tiene que existir una negociación para ofrecer a los habitantes de estos “barrios” alternativas para prosperar, trabajar, tener atención de salud, contar con sus propias tierras y ayudarlos en serio a que eso ocurra. Los sectores que no apoyen esto tendrán que ser convencidos a través de resoluciones más fuertes; es decir, si no quieren moverse, deberán tomarse medidas de fuerza, que no consisten en atacarlos sino cortarles los suministros de luz y agua, por ejemplo (1). Tratar de “apretarlos” de alguna forma para que acaten la racional y correcta alternativa porque se usan esos “barrios” como aguantaderos donde se negocia la droga en bocas de pasta base, la prostitución, donde hay una serie de actividades ilegales que son más fáciles en un ambiente de “gueto” que en una población abierta y aireada.

Bonomi habla de un decaimiento o cambio cultural, sin embargo su discurso es poco claro, porque, es justo que nos preguntemos, ¿qué es la cultura en la convivencia diaria? El no afina sus conceptos ni profundiza sobre qué hacer para cambiar una situación que, claramente, empeora día a día. Los uruguayos, con algo de razón, tenemos una percepción de que no somos dignos del país que tenemos. Porque lo estamos destrozando, lo hemos hecho declinar cuando se probó durante muchos años –desde la generación del “45” en adelante– que podía convertirse en una pequeña vanguardia intelectual de América Latina y estar entre los principales países del mundo en materia educativa, científica y productiva. Pero comenzó a decaer y lo viene haciendo de manera continua, más allá del crecimiento y de la “joya” que es Punta del Este– pero parte del resto es hoy decadencia, con muy contadas y señalables excepciones. Por eso Bonomi habla de decaimiento cultural, sin ir nunca al meollo de la cuestión y sin especificar cuales son las tareas propias del Ministerio del Interior para volver a lo anterior, sin decir como actuar para solucionar la grave anomalía en qué no solo se están perdiendo, en buena medida, las normas de convivencia, sino cosas tan elementales como la utilización del idioma, la capacidad de los jóvenes para emprender tareas complejas, hecho que se señala como significativo en el desarrollo industrial, etc

Hay sociedades donde existe esta división pero no está marcada por el odio. En la India hay gente muy rica y también muy pobre, y sin embargo no ocurre lo que está pasando aquí. La rivalidad de clases, que en Uruguay es un fenómeno mitigado por el estatismo batllista, no es la razón por la cual hay odio: tampoco es ideológico porque la delincuencia no tiene reparos en atacar a un trabajador ni balear a mansalva, con bestialidad asesina, a un hombre bueno y humilde, como César Casavieja. Lo que existe, en nuestra opinión es el descaecimiento de las normas legales, inadecuadas para el momento en que vivimos, falencias sobre las que se montan los delincuentes para cometer sus fechorías. Qué un asesino, que lanza un “coctel molotov” dentro de la habitación donde duerme una familia, provocando la muerte de una madre y su hija, y otros dos menores heridos, haya sido “penado” con tres meses de internación en el INAU, es una enormidad de tal magnitud que debiera servir como ejemplo lacerando a fuego a todos los parlamentarios que han tratado de hacer cada vez más benigno el código de la Niñez y la Adolescencia, engendro cultural de lo que hoy está ocurriendo. Legisladores qué, con su actitud sectaria (o demagógica), son en parte responsables de la actual ola de violencia. ¿Alguien puede sostener que en ese lapso de tiempo se puede tratar a un adolescente de manera adecuada para reintegrarlo a la sociedad?
En los países donde la ley funciona de una manera permanente y eficaz se generan hábitos en la población que llevan a comportarse de una determinada manera. Es como aprender a comer correctamente: uno no debe pensar cómo hacerlo porque ya está acostumbrado a eso. Una sociedad que está habituada al asalto, al robo y a la inseguridad se convierte en algo que no necesita mayor reflexión. Es necesario establecer el hábito de que no se puede violar la ley. Hay países donde la inseguridad es menos intensa que en otros. Aquí la lucha policial inteligente y constante en contra la delincuencia no existe, porque se considera que es reprimir. Y se usa mal la palabra represión porque una cosa es la de la dictadura, que es arbitraria e ilegítima, y otra es hacer respetar las normas para que todos seamos libres y mantengamos la preservación de nuestros derechos.

Entonces queda claro que la cultura cambiante de que habla Bonomi, está principalmente en el cumplimiento de la Ley, lo que en Nueva York se llamó “tolerancia cero”, donde se ajustó la legislación a la situación de violencia existente, se puso al día el “código de faltas” y la Policía comenzó a actuar haciendo resplandecer una sociedad por la que no se podía caminar luego de la caída del sol.

Fíjese la diferencia evolutiva entre Chile y Argentina; Argentina terminó antes que Chile con la dictadura, sin embargo en el país trasandino se respeta más la ley y la seguridad es más grande. En Argentina se la vive violando. Y es un dato sobre el cual Uruguay debe reflexionar, no hay que copiar lo peor.
Sin embargo a los uruguayos para poner en forma a un país que se desmadra nos falta mucho, especialmente acuerdos entre el grupo más enfrentado: el político.

(*) Periodista.

(1) Escritor Marcos Aguinis en reportaje de Carla Rizzoto. (Nota aparecida en Bitácora on line del 6 de febrero)

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31 Enero 2012

El desastre de la austeridad

por PAUL KRUGMAN (*)

La semana pasada, el Instituto Nacional de Investigación Económica y Social, una fundación británica, publicó un gráfico alarmante que comparaba la depresión actual con recesiones y recuperaciones anteriores. Resulta que según un indicador importante -los cambios en el Producto Interior Bruto (PIB) desde que empezó la recesión- a Reino Unido le está yendo peor esta vez de lo que le fue durante la Gran Depresión. Tras cuatro años de depresión, el PIB británico había vuelto a alcanzar su máximo anterior; cuatro años después de que empezara la Gran Recesión, Reino Unido no está ni mucho menos cerca de recuperar el terreno perdido.

Muchos economistas han olvidado deliberadamente las lecciones del pasado

Reino Unido tampoco es la única. A Italia también le está yendo peor que durante la década de 1930, y con España dirigiéndose claramente hacia una doble recesión, tenemos a tres de las cinco grandes economías europeas como miembros del club de los "peores que". Sí, existen algunas salvedades y complicaciones, pero esto constituye, no obstante, un asombroso fracaso de la política.

Y es un fracaso, concretamente, de la doctrina de austeridad que ha predominado en el debate político de las élites tanto en Europa como, en gran medida, en Estados Unidos durante los dos últimos años.

Y bien, en cuanto a esas salvedades: por una parte, el paro en Reino Unido era mucho más elevado en la década de 1930 de lo que lo es ahora, porque la economía británica estaba deprimida -principalmente por culpa de un regreso desacertado al patrón oro- incluso antes de que estallara la depresión. Y por otra parte, Reino Unido sufrió una depresión muy llevadera en comparación con la de Estados Unidos.

Incluso así, superar el historial de la década de 1930 no debería ser un reto difícil. ¿Acaso no hemos aprendido muchas cosas sobra la gestión económica a lo largo de los 80 últimos años? Sí, así ha sido, pero en Reino Unido y en otros lugares, la élite política decidió tirar por la ventana los conocimientos obtenidos a duras penas y confiar en cambio en ilusiones que le convinieran desde un punto de vista ideológico.

Se creía que Reino Unido, en concreto, era un modelo de "austeridad expansionista", la idea de que, en vez de aumentar el gasto del Gobierno para luchar contra las recesiones, hay que recortarlo, y que esto induciría un crecimiento económico más rápido. "Los que sostienen que ocuparse de nuestro déficit y fomentar el crecimiento son de alguna manera alternativas se equivocan", declaraba David Cameron, el primer ministro británico. "No puedes aplazar lo primero para impulsar lo segundo".

¿Cómo podía prosperar la economía cuando el desempleo ya era elevado y las políticas del Gobierno estaban reduciendo directamente el empleo más todavía? ¡La confianza! "Creo firmemente", manifestaba Jean-Claude Trichet -que por aquel entonces era el presidente del Banco Central Europeo y un firme partidario de la doctrina de la austeridad expansionista- "que, en la coyuntura actual, las políticas que impulsen la confianza acelerarán la recuperación económica en vez de obstaculizarla, porque la confianza es el factor clave hoy en día".

Semejantes invocaciones al hada de la confianza nunca fueron plausibles; los investigadores del Fondo Monetario Internacional y de otras instituciones desacreditaron rápidamente la supuesta prueba de que los recortes en el gasto crean empleo. Sin embargo, la gente influyente a ambos lados del Atlántico colmó de elogios a los profetas de la austeridad, y a Cameron en especial, porque la doctrina de la austeridad expansionista encajaba con sus programas ideológicos.

Por tanto, en octubre de 2010, David Broder, quien prácticamente encarnaba la opinión común, alabó a Cameron por su audacia, y en concreto por "no hacer caso de las advertencias de los economistas de que una medicina repentina y fuerte podría frenar en seco la recuperación económica y volver a sumir al país en la recesión". Más tarde, instó al presidente Barack Obama a "hacer una cameronada" y llevar a cabo "una reducción drástica del Estado de bienestar ya mismo".

Sin embargo, por extraño que parezca, esas advertencias de los economistas resultaron ser totalmente acertadas. Y tenemos bastante suerte de que Obama no hiciera, de hecho, una cameronada.

Lo que no quiere decir que todo vaya bien en la política estadounidense. Es cierto que el Gobierno ha evitado una austeridad total, pero los gobiernos estatales y locales, que deben tener unos presupuestos más o menos equilibrados, han recortado el gasto y el empleo a medida que se acababa la ayuda federal, y eso ha sido un lastre importante para el conjunto de la economía. Sin esos recortes del gasto, ya podríamos haber estado en la senda del crecimiento autosostenible; tal y como están las cosas, la recuperación pende de un hilo.

Y puede que el continente europeo, donde las políticas de austeridad están teniendo el mismo efecto que en Reino Unido y donde muchos indicios apuntan a una recesión este año, nos lleve por mal camino.

Lo más exasperante de esta tragedia es que era totalmente innecesaria. Hace un siglo, cualquier economista -o, de hecho, cualquier estudiante universitario que hubiese leído el libro de texto Economía, de Paul Samuelson- les podría haber dicho que la austeridad frente a una depresión era una idea muy mala. Pero los que elaboran las políticas, los expertos y, siento decirlo, muchos economistas decidieron, en gran parte por razones políticas, olvidar lo que solían saber. Y millones de trabajadores están pagando el precio de su amnesia deliberada.

(*) Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de 2008. © 2012 New York Times News Service. Traducción de News Clips.

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27 Enero 2012

Solidaridad con César Casavieja

Cómo no voy a recordar a César Casavieja, un serio y responsable cronista que siempre trajo primicias a un diario (La Mañana) en donde compartimos vicisitudes y destinos. Fue él quién, entre sorprendido y apabullado por el hecho, nos trajo la información de la aparición del cadáver del químico chileno Berrios y nos puso al tanto de muchos hechos vinculados con ese caso, uno de los más significativos de la historia de la violencia política en el país del que todavía se viven contingencias, porque existen militares de nuestro Ejército que se encuentran procesados en Chile.

Un hombre modesto, trabajador, inteligente, sin las grandilocuencias de otros que multiplican en palabras sus éxitos. Casavieja trabajaba con ahínco, serenidad, tratando de que la información que aportaba fuera siempre fidedigna, respetuosa del difícil mundo en que se manejaba profesionalmente en donde siempre la denotación, la falsedad y la tergiversación son elementos que resaltan.
Los años pasaron, el mundillo de la prensa se hizo cambiante y Casavieja debió tomar otros rumbos más humildes. Debió abandonar – no por su deseo – la profesión de periodista y los vaivenes de la vida los colocaron en un trabajo distinto, el de guardia de seguridad. Es un hombre valiente y muchas veces en esa nueva función frustró la acción delictiva de “malandras” que apañados por leyes permisivas arremeten contra nuestra sociedad y victimizan siempre a los más indefensos. Casavieja trató de evitar otro delito en una situación desigual, quizás, jugándose la vida, sin establecer mecanismos previos para operar en contra este tipo de delincuentes.
El resultado lo vimos todos. Casavieja recibió seis balazos de asesinos, seguramente drogados, quizás menores de edad, que han perdido los códigos – como dice el ministro Bonomi – y son capaces de la atrocidad mayor. Asesinos que matan, porque en su locura inconsciente tampoco les importa su propia vida, asesinos que no han advertido que no tienen otro futuro que la cárcel o la muerte.
Casavieja es un padre de familia, que cumplía esa función de guardia de seguridad, porque a ella le había llevado las piruetas de la vida, abandonando la profesión en que mejor se desempeñaba, el periodismo. Pero su valentía, de hombre íntegro, determinó que tuviera reflejos impensados. Se enfrentó contra este grupo de desclasados, armados, deshumanizados y seguramente drogados que no solo lo balearon sino que trataron de “rematarlo” cuando Casavieja estaba caído entre las góndolas del supermercado.
Hoy el compañero se debate entre la vida y la muerte y, por supuesto, su familia necesita de la solidaridad de todos, especialmente de quienes lo conocimos, aunque no fuimos sus amigos porque Casavieja tenía una personalidad retraída  que, en lo personal, nos hubiera justado superar.
Se ha abierto una cuenta en Red Pagos, la Nª 32112. Esperamos dentro de días o semanas darle un abrazo caluroso al compañero recuperado. Y, por favor, que las autoridades adopten las medidas adecuadas para detener y sancionar a los agresores de Casavieja, personas que indudablemente no pueden convivir en una sociedad civilizada.

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13 Enero 2012

La sombra populista

En algunos países de América Latina la 'hipnocracia' sustituye a la libertad de prensa

Desde Europa, la mirada transatlántica encuentra una América Latina sorprendente, portadora de buenas noticias, económicamente en crecimiento, estable políticamente, tanto que no hay Gobierno que pierda una elección, desde Nicaragua a la Argentina, desde Brasil a Colombia.

Dos circunstancias fundamentales animan este momento histórico: el fin de la guerra fría y la irrupción de China en el mercado mundial, con un auge de precios de materias primas y alimentos como nunca antes se había visto. Aquel deterioro de términos de intercambio que denunciara Raúl Prebisch en los años cincuenta como causa del subdesarrollo se ha invertido: cada vez hay que poner menos kilos de soja o de cobre para comprar el mismo tractor u —hoy— computadora.

Detrás del rosado cortinado, otras realidades se esconden. Los países al norte del canal de Panamá no están bajo el paraguas chino, sino vinculados a la economía norteamericana y esto, naturalmente, les ha impuesto otra realidad.

En el Sur, tan próspero, flota una sombra: la amenaza populista, ese engendro político que se configura con liderazgos mesiánicos suprainstitucionales y una articulación de masas en corporaciones o movimientos, organizada por el Estado, que soslaya la representación parlamentaria y se sustenta en el presupuesto público, que opera al servicio de la causa. Por supuesto, estos regímenes organizan conflictos, luchan contra malignas conspiraciones, se erigen en campeones de los derechos del pueblo amenazado y en su nombre cercenan libertades para combatir al mal.

El primer objetivo, como es natural, son los medios de comunicación, el instrumento de lo que Grondona llama la “hipnocracia”, donde el mensaje de las alturas repite y domina, domina y repite, ahogando la pluralidad democrática con el discurso único e incontestable.

La situación de Venezuela es conocida. Se confiscó Radio Caracas, el principal canal de televisión, se coaccionó a los demás, con toda la gama de los instrumentos de presión, y se impuso un autoritarismo que, pese a todo, deberá enfrentar este año una elección que ya no le será tan fácil.

Ecuador, del que se habla menos porque su presidente posee más cultura y sobriedad que el venezolano, no le va a la zaga. El diario El Universo fue condenado a pagar una multa de 40 millones de dólares por una columna crítica para el presidente, principal denunciante y participante de cuerpo presente en la inverosímil escena en que un juez complaciente dictaba sentencia.

Estos días otro fallo condenó a tres meses de prisión al director de Hoy, vicepresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, por unas notas escritas en 2009.

En Argentina, cuyo Gobierno acaba de ser convalidado con una formidable votación, al día siguiente de la elección se desataron inesperadas tormentas, todas lesivas de la libertad. La mayor ha sido el ataque a Clarín y a La Nación, dos de los más importantes diarios de habla española, bajo acoso desde hace meses. Por supuesto, la publicidad oficial les es restringida al mínimo y reorientada groseramente a favor de medios oficialistas, pero ahora la ofensiva apunta a la disposición del papel, que por ley será manejado por el Gobierno en su importación, producción y comercialización.

Hoy La Nación sufre un embargo genérico de sus bienes por un impuesto que no debe, según sentencia judicial, ejecutoriada. Y Clarín, que ya fuera allanado varias veces, adolece ahora la intervención de su principal medio de televisión, Cablevisión, empresa con más de tres millones de abonados y 9.300 funcionarios, que es acusada de monopolio pese a que solo es el 47% de ese mercado y el 23% del de Internet.

Dos hijos adoptivos de la principal accionista de Clarín, viuda de su fundador, fueron denunciados como fruto de un presunto secuestro de desaparecidos durante la dictadura y sometidos a un acoso moral aberrante. Hasta su madre fue denunciada por complicidad en el secuestro. Luego de largos meses de batalla judicial los ADN definitivamente descartaron la cruel acusación.

Los hechos hablan por sí solos. Desgraciadamente, la bonanza económica ha oxigenado esta irrupción populista, que con medios financieros ilimitados va instaurando solapados autoritarismos, sombría amenaza detrás del relumbrón de los aumentos del PIB y de los números superavitarios. Gobiernos que se autoerigen en defensores de los derechos humanos, en su nombre violan abiertamente —aquí y ahora— el de la libertad de expresión, único garante de todos los demás.

(*) Julio María Sanguinetti fue presidente de Uruguay y, actualmente, es abogado y periodista.(Tomado de El País de Madrid)

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3 Enero 2012

Keynes tenía razón

por PAUL KRUGMAN 03/01/2012

 

"La expansión, no la recesión, es el momento idóneo para la austeridad fiscal". Eso declaraba John Maynard Keynes en 1937, cuando Franklin Delano Roosevelt estaba a punto de darle la razón, al intentar equilibrar el presupuesto demasiado pronto y sumir la economía estadounidense -que había ido recuperándose a ritmo constante hasta ese momento- en una profunda recesión. Recortar el gasto público cuando la economía está deprimida deprime la economía todavía más; la austeridad debe esperar hasta que se haya puesto en marcha una fuerte recuperación.

Recortar el gasto público cuando la economía está deprimida deprime la economía todavía más

Por desgracia, a finales de 2010 y principios del 2011, los políticos y legisladores en gran parte del mundo occidental creían que eran más listos, que debíamos centrarnos en los déficits, no en los puestos de trabajo, a pesar de que nuestras economías apenas habían empezado a recuperarse de la recesión que siguió a la crisis financiera. Y por actuar de acuerdo con esa creencia antikeynesiana, acabaron dándole la razón a Keynes una vez más.

Lógicamente, al reivindicar la economía keynesiana chocó con la opinión general. En Washington, en concreto, la mayoría considera que el fracaso del paquete de estímulos de Obama para impulsar el empleo ha demostrado que el gasto público no puede crear puestos de trabajo. Pero aquellos de nosotros que hicimos cálculos, nos percatamos, ya desde el primer momento, de que la Ley de Recuperación y Reinversión de 2009 (más de un tercio de la cual, por cierto, adquirió la relativamente ineficaz forma de recortes de impuestos) se quedaba demasiado corta teniendo en cuenta la gravedad de la recesión. Y también predijimos la violenta reacción política a la que dio lugar.

De modo que la verdadera prueba para la economía keynesiana no ha provenido de los tibios esfuerzos del Gobierno federal estadounidense para estimular la economía, que se vieron en buen parte contrarrestados por los recortes a escala estatal y local. En lugar de eso, ha venido de naciones europeas como Grecia e Irlanda que se han visto obligadas a imponer una austeridad fiscal atroz como condición para recibir préstamos de emergencia, y han sufrido recesiones económicas equiparables a la Depresión, con un descenso del PIB real en ambos países de más del 10%.

Según la ideología que domina gran parte de nuestra retórica política, esto no debía pasar. En marzo de 2011, el personal republicano del Comité Económico Conjunto del Congreso publicó un informe titulado Gasta menos, debe menos, desarrolla la economía. Se burlaban de las preocupaciones de que un recorte del gasto en tiempos de una recesión empeoraría la recesión, y sostenían que los recortes del gasto mejorarían la confianza del consumidor y de las empresas, y que ello podría perfectamente inducir un crecimiento más rápido, en vez de ralentizarlo.

Deberían haber sido más listos, incluso en aquel entonces: los supuestos ejemplos históricos de "austeridad expansionista" que empleaban para justificar su razonamiento ya habían sido rigurosamente desacreditados. Y también estaba el vergonzoso hecho de que mucha gente de la derecha ya había declarado prematuramente, a mediados de 2010, que la de Irlanda era una historia de éxito que demostraba las virtudes de los recortes del gasto, solo para ver cómo se agravaba la recesión irlandesa y se evaporaba cualquier confianza que los inversores pudieran haber sentido.

Por cierto que, aunque parezca mentira, este año ha vuelto a suceder lo mismo. Muchos proclamaron que Irlanda había superado el bache, y demostrado que la austeridad funciona (y luego llegaron las cifras, y eran tan deprimentes como antes).

Pero la insistencia en recortar inmediatamente el gasto siguió dominando el panorama político, con efectos malignos para la economía estadounidense. Es verdad que no hubo ninguna medida de austeridad nueva digna de mención a escala federal, pero sí hubo mucha austeridad "pasiva" a medida que el estímulo de Obama fue perdiendo fuerza y los Gobiernos estatales y locales con problemas de liquidez siguieron con los recortes.

Claro que, se podría argumentar que Grecia e Irlanda no tenían elección en cuanto a imponer la austeridad, o, en cualquier caso, ninguna opción aparte de suspender los pagos de su deuda y abandonar el euro. Pero otra lección que nos ha enseñado 2011 es que Estados Unidos tenía y sigue teniendo elección; puede que Washington esté obsesionado con el déficit, pero los mercados financieros están, en todo caso, indicándonos que deberíamos endeudarnos más.

Una vez más, se suponía que esto no debía pasar. Iniciamos 2011 con advertencias funestas sobre una crisis de la deuda al estilo griego que se produciría en cuanto la Reserva Federal dejara de comprar bonos, o las agencias de calificación pusieran fin a nuestra categoría de Triple A, o el superfabuloso comité no consiguiera alcanzar un acuerdo, o algo. Pero la Reserva Federal finalizó su programa de adquisición de bonos en junio; Standard & Poor's rebajó a Estados Unidos en agosto; el supercomité alcanzó un punto muerto en noviembre; y los costes de los préstamos de Estados Unidos no han parado de disminuir. De hecho, a estas alturas, los bonos estadounidenses protegidos de la inflación pagan un interés negativo. Los inversores están dispuestos a pagar a Estados Unidos para que les guarde su dinero.

La conclusión es que 2011 ha sido un año en el que nuestra élite política se obsesionó con los déficits a corto plazo que de hecho no son un problema y, de paso, empeoró el verdadero problema: una economía deprimida y un desempleo masivo.

La buena noticia, por decirlo así, es que el presidente Barack Obama por fin ha vuelto a luchar contra la austeridad prematura, y parece estar ganando la batalla política. Y es posible que uno de estos años acabemos siguiendo el consejo de Keynes, que sigue siendo tan válido hoy como lo era hace 75 años.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008. © 2011 New York Times Service Traducción de News Clips.

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25 Diciembre 2011

Argentina: Un país que oscila entre Chávez y Putin

 

 

Por Joaquín Morales Solá (*) 

   

Nadie había dicho que la Constitución sería sólo de cumplimiento optativo. Nadie anticipó nunca que las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia (un nido de burócratas, según los gobernantes) pueden convertirse fácilmente en papeles inservibles. Los caminos autoritarios que eligió el gobierno de Cristina Kirchner están colocando a la Argentina en el lote de países latinoamericanosque han decidido dejar de lado la democracia plena en nombre de una revolución imprecisa.

La primera víctima de tales procesos es siempre la libertad de prensa, porque ésta es el principal obstáculo para avanzar sobre las otras libertades. Sobresale el engaño electoral: nunca se anticipó, antes del 23 de octubre, que había una lista de enemigos por batir y una guerra pendiente. Ahora sí existen la lista, el plan y la guerra.

Es probable que el Gobierno se haga cargo de Papel Prensa antes de confiscar sus acciones. La ley aprobada por el Congreso se lo permite. Más allá de la polémica entre funcionarios por la ley antiterrorista, que describe por sí sola la confusión de su texto, el Gobierno podrá aferrarse a su letra amplia y vaga para acusar al periodismo ante la Justicia. La amenaza está en la ley. Los funcionarios pueden hacer mañana lo que desmienten hoy. Ya lo han hecho. La persecución a LA NACION por parte de la agencia impositiva y la incautación parcial de Cablevisión están explicitando un plan, no el error casual de un funcionario o de un juez.

Surgen, inevitables, algunas preguntas esenciales: ¿por qué muchos gobiernos de América latina desnaturalizan en el ejercicio la legitimidad democrática de origen que ciertamente tienen? ¿Por qué la Argentina de Cristina Kirchner prefirió reflejarse en los espejos más desacreditados de la región latinoamericana? ¿Qué ofrecen las experiencias de Hugo Chávez, en Venezuela, de Rafael Correa, en Ecuador, y de Daniel Ortega, en Nicaragua, si no la parodia de un territorio excéntrico e imprevisible?

El Gobierno no esperará estar en desacuerdo con un plan de inversiones para tomar el control de Papel Prensa, la única fábrica argentina de papel para diarios. Mucho antes, seguramente, se respaldará en la declaración de "interés público", que el Congreso le dio al insumo básico de los diarios, para erigirse al menos en coadministrador de esa empresa. Un oficialismo cerrado como un bloque de cemento fue impenetrable a alternativas más civilizadas que la simple colonización de una empresa privada. Ni siquiera tenía necesidad de convertirse por ley en árbitro de las importaciones de papel, porque de hecho tiene las facultades para abrir, cerrar o condicionar todas las importaciones. No se conformó con la facultad implícita; la hizo también explícita y manifiesta.

A veces es necesario repetir lo obvio: los diarios no tienen destino si no disponen del papel para ser impresos. ¿Qué garantías de contar con ese bien imprescindible tendrá el periodismo gráfico luego de que la administración kirchnerista tome el control de la producción nacional y de la importación de papel? ¿Será Guillermo Moreno, el funcionario que dirigirá la producción y la importación, ecuánime y comprensivo con todos los diarios? No, desde ya; no son ésos los atributos de su personalidad. El kirchnerismo les ha permitido hasta la ilegalidad a sus amigos y la ha negado hasta la justicia a sus presuntos enemigos.

La Constitución protege a la libertad de prensa en varios de sus artículos, pero además le prohíbe al Congreso legislar contra esa libertad. Decenas de legisladores oficialistas y sus aliados han votado contra la letra y el espíritu de la Constitución en una de las mayores deserciones masivas de los compromisos institucionales que se recuerden. La historia los recordará cuando describa un tiempo en que se usaron los nobles mecanismos de la democracia para ahogar a la democracia.

El fuero judicial en el que se resolverá el necesario conflicto por Papel Prensa (el contencioso administrativo) ya fue también colonizado por los amigos del kirchnerismo. Sólo le quedará al periodismo independiente el reaseguro de la Corte Suprema de Justicia, pero la cuestión llegará a esa instancia luego de varios meses. La jurisprudencia de la Corte indica que nunca trata medidas cautelares de tribunales inferiores; mucho menos recurrirá al per saltum , una vía rápida que tiene para cuando están en riesgo asuntos de gravedad institucional. De esa manera, Moreno ya habrá armado y desarmado la única fábrica de papel para diarios cuando el caso llegue a la Corte.

Otro problema surgirá cuando el Gobierno deba cumplir con una eventual resolución del máximo tribunal de Justicia. ¿Lo hará? Ya es una costumbre, mala por cierto, que el Gobierno no cumpla, o cumpla sólo parcialmente, las decisiones de la Corte. El diario LA NACION fue inhibido de disponer de sus bienes, en un viejo pleito con la AFIP, por una resolución de un juez, Carlos Falco, que no tuvo en cuenta que la Corte había decidido que no se innovara en la cuestión hasta que se decidiera la cuestión de fondo. Para peor, la cuestión de fondo, o parte de ella, está esperando una resolución de la propia Corte.

La AFIP no notificó al juez de que existía la medida cautelar de la Corte ni el juez se preocupó en recabar la información. Peor todavía: el magistrado decidió darle vista a la AFIP durante tres días después que leyó, sorprendido, la medida cautelar de la Corte. ¿Por qué simples funcionarios deberían convertir en opinable una decisión del tribunal más importante del país? ¿Por qué un juez les abre las puertas de la opinión a los funcionarios cuando se trata de una resolución de los máximos jueces de la Nación?

Hace pocas semanas, la AFIP embargó cuentas corrientes de muchos argentinos, que ni siquiera habían sido notificados de que tenían causas abiertas en la Justicia por parte de la agencia impositiva. La AFIP lo hizo respaldada en una arbitraria resolución de hace más de diez años, que autorizaba los embargos sin sentencia judicial. Incumplió otra vez una orden de la Corte: ésta declaró inconstitucional, hace mucho tiempo, aquella resolución. No importa. El Gobierno necesitaba con urgencia esos recursos.

Pero ¿acaso no pasa lo mismo con los jubilados, cuyos salarios deberían ser actualizados de acuerdo con una resolución de la Corte? Deberían ser, pero no lo son. La administración no tomó nunca ninguna resolución del tribunal como una doctrina. La editorial Perfil está esperando todavía que el Gobierno cumpla con una orden de la Corte para que le entregue publicidad oficial. La Corte ordenó, pero el Gobierno no obedeció. Perfil fue excluida siempre, sistemáticamente, del reparto de la publicidad del Estado.

Las instancias inferiores de la Justicia son, la mayoría de las veces, funcionales a los intereses de los gobernantes. El caso de Cablevisión es otro escándalo que se respalda, según la confesión de los propios funcionarios, en la guerra contra el Grupo Clarín. El juez mendocino Walter Bento decidió que Cablevisión tiene una posición dominante en el mercado. Esa empresa de televisión por cable controla el 47 por ciento del mercado nacional y el 59 por ciento de la Capital.

Los manuales indican que existe posición dominante sólo cuando se controla alrededor del 80 por ciento de un mercado. No hay peor imagen para una democracia, además, que la que muestra a militares o policías fuertemente armados ingresando en medios de comunicación. Es lo que hemos visto.

El hiperkirchnerista José Sbatella chocó con kirchneristas más moderados como Florencio Randazzo y Miguel Pichetto por la aplicación de la ley antiterrorista. Los medios caerán bajo ella, dijo Sbatella. Randazzo y Pichetto lo desmintieron. Es probable, desgraciadamente, que Sbatella tenga razón y que cualquier información u opinión indeseable para el oficialismo se convierta en el futuro en un acto de terrorismo. Un periodista que cuenta una mala noticia o que tiene una opinión crítica sobre cuestiones sensibles podría merecer una dura acusación. Cristina Kirchner comenzó a esbozar esa teoría en Montevideo, cuando dijo que los medios quieren que a ella, y a los gobernantes que piensan como ella, les vaya mal. Eso podría ser terrorismo en la letra de la nueva ley.

La Argentina actual vacila entre la Venezuela de Chávez y la Rusia de Putin. En Rusia puede haber diarios y hasta capitalistas multimillonarios. Siempre, claro está, que diarios y millonarios sea indignamente sumisos frente a los que mandan..

(*) Tomado del diario La Nación.

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Bitácora de Charly

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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