Categoría: Cristina Fernández
1 Mayo 2012
Sobre demagogia, soberbia e inmadurez

Por Carlos Santiago (*)
El daño para la economía argentina ya está hecho y no es reparable por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, por más que momentáneamente muestre satisfacción por los aplausos chovinistas que interesadamente se "emocionan" ante la nacionalización del 51% de las acciones de YPF que pertenecían a la española Repsol.
El daño para la economía ya está hecho y no es reparable por el gobierno de CFK, por más que en el parnaso (casa rosada) se muestre satisfacción por los aplausos chovinistas que se emocionan ante la nacionalización del 51% de las acciones de Repsol, anunciándose además que no se pagarán un solo dólar por las mismas.
Se habla de un acto en defensa de la soberanía, aunque el petróleo siempre haya sido argentino y la caída de la producción sea el resultado de la política de precios (dirigismo kirchnerista) que paga la extracción del petróleo y gas lo que cruzando la frontera argentina se multiplica muchas veces a las mismas empresas.
El yacimiento de gas encontrado el Bolivia, que duplica la producción del país del altiplano, es extraído por Repsol. Gas del que depende Argentina para surtirse y no provocar un colapso energético mayúsculo. El mismo gas que llega a Uruguay, por cuanta gotas, a través del subutilizado gasoducto y por el cual Argentina nos tiene agarrado firmemente, cobrándole al país un peaje desusado.
La demagógica política de precios utilizada por el dirigismo argentino con los combustibles nos afecto de varias maneras. Por ejemplo ANCAP, que había comprado una red de estaciones de servicio en la vecina orilla, debió malvenderlas, pues las reglas del juego nunca fueron de mercado abierto, sino directamente dirigidas a perjudicar, por distintos vericuetos, a las empresas que trataban de hacer pie allí.
Salvando la distancias, Repsol en la Argentina sufrió un proceso parecido al de las empresas de ANCAP que, además, sufrían el lastre adicional de tener una administración regida por una burocracia estatal que (¡se imaginan los lectores!), con sueldos muy superiores a la media de los uruguayos de a pie.
Es bueno recordar que ninguna de las empresas de ANCAP que funcionan en el derecho privado son superavitarias. Claro, tampoco son las demás, las del régimen público, pese a que en Uruguay los precios de los combustibles, por más que la carga impositiva es mayúscula, son récords (campeones) en América y el mundo, como dice la canción deportiva.
Sin embargo CFK, en su afán de protagonismo, luego de advertir que su campaña de Malvinas no tenía eco y los británicos, al igual que en el pasado, no estaban dispuestos a ceder un ápice a las aspiraciones argentinas, sin encontrar correspondencia tampoco en la reunión de Presidentes de las Américas que se realizó en Cartagena, resolvió ponerse la malla del patriotismo y tirarse al agua.
Nacionalizó las acciones de Repsol-YPF, colocando a su frente a un ministro tan controvertido como poco confiable, Julio De Vido, sin importarle que el mundo empresarial de le echara encima y que la Argentina del default de Rodríguez Saa, comenzara de nuevo a trastabillar ante los inversionistas, pasando a ser la oveja más negra de occidente. Nacionalización de una empresa, la mayor del país vecino, anunciando además que no pagará un solo dólar por la espectacular acción fogoneada por los jóvenes de La Campora, es un hecho de enorme significación negativa.
La ola ultranacionalista argentina se hizo sentir casi de inmediato y la oposición, que en un comienzo balbuceo algunas críticas, se sumó a esa cruzada "patriotica" , votándose casi por unanimidad en el Senado argentino la Ley que le fuera enviada al respecto por el gobierno, mostrando todo el proceso sorprendentes aspectos contradictorios. La Unión Cívica Radical, por ejemplo, en un ejemplo de incoherencia, votó a favor del proyecto en lo general pero todos y cada uno de los artículos en contra. Las explicaciones sobre este comportamiento no son comprensibles por nadie en el mundillo político del Río de la Plata.
Ahora se maneja que la filial argentina de la ítalo-española Endesa podría quebrar en los próximos 60 días por obra de las subsidiadas tarifas eléctricas del kirchnerismo. Será otro momento de tensión con España y con Italia. La presidenta CFK elevó la tensión con España hasta convertir la situación en un drama histórico y emocional inexplicable. Las encuestas son importantes, pero no son un dios que merezca poner de rodillas a nadie.
Sin embargo para el gobierno argentino son el pan diario y con él se alimentan, más allá que para la presidenta está también su soberbia que parece un elemento decisivo a la hora de adoptar cualquier medida, fijar política o designar colaboradores. Es necesario, que como los cortesanos del parnaso, giren sumisos tras los reyes (en este caso las reinas), claro, sin los niveles de esa cumbre intelectual que mencionamos. Claro, la casa rosada no es el oráculo de Delfos, aunque la presidenta CFK quiera que sea un gran recinto sagrado dedicado principalmente a adorar a los dioses y especialmente a la diosa que queda.
En el mundo terrenal la acción del gobierno argentino crea un precedente que sumado al del default, le pueden provocar consecuencias graves, no supuestas, claro, que no afectará a quienes en el parnaso criollo que es la casa rosada, utilizan zapatos de miles de dólares, vestidos siempre comprados en boutiques con precios del ler mundo, al que no concurren los argentinos a los que se les recortan los subsidios.
Es posible la exclusión de organismos internacionales de comercio (ya se anuncia que le será retirada la invitación para participar en el grupo de los 20), la pérdida de preferencias arancelarias en mercados clave para su producción, la mayor dificultad para las empresas privadas (y públicas) como la nacionalizada Repsol-YPF a la hora de acceder al mercado de capitales y la desviación de la inversión extranjera hacia otros puntos. Estos son algunos de los escenarios que se le abren al país vecino, ninguno de los cuales ha sido medido en su importancia por el gobierno.
Pero hay otras complicaciones graves que genera la medida y que trascienden a la economía argentina. La región corre el riesgo de ser identificada con la decisión de un gobierno que no representa la voluntad, los valores y los lineamientos de sus pares del continente. O al menos, no de todos ellos. Y en ese grupo de disidentes debería encontrarse Uruguay. Es importante como sostiene el diario El Observador - que el gobierno de José Mujica brinde un discurso claro al respecto.
No hay necesidad de confrontar públicamente con el gobierno kirchnerista, no es necesario salir en defensa de los intereses de YPF, que a Uruguay no le valen de mucho. Lo que sí debe hacer es enfatizar que ese tipo de medidas se aplican del otro lado del Río de la Plata, pero de esta margen se elige hacer las cosas de una manera distinta.
Lo que parece evidente es lo que ya hemos dicho en notas anteriores. Las condiciones en la Argentina son totalmente negativas para todos los objetivos en el proyecto de Ley elevado por CFK confiscando los bienes de Repsol-YPF.
En el mundo no hay empresas petroleras, ni financiadoras, ni siquiera colocadoras de capitales de riesgo, que estén dispuestas a invertir en la nueva YPF, por lo qué no parece viable que puedan incrementarse la prospección de petróleo o gas, aumentándose la producción Paralelamente la política proteccionista que rompe la legalidad del MERCOSUR, y además la lógica económica que llevó, en su momento, hasta el nivel de establecer plantas maquiladoras en la zona de Tierra del Fuego. El cierre de las importaciones ha determinado, por ejemplo, que la mayoría de las maquilas de esa provincia sureña estén paralizadas por falta de los insumos importados con qué se arman los aparatos electrónicos que son característicos de la producción de esa zona.
El mismo fenómeno ocurre en muchas más empresas argentinas que integran a sus productos componentes extranjeros, como las armadoras de automóviles. La política de amistad a toda prueba del mujiquismo con el gobierno de CFK, la que proviene del pasado tupamaro y montonero de los dos personajes, determinaría en las próximas semanas la autorización de algunos rubros textiles, siempre que sean prendas terminadas. La medida no superaría la decena de permisos y sería por una vez, sin mantenimiento en el tiempo.
Las nuevas exportaciones de los mismos rubros, también terminados, deben cumplir nuevamente todos los trámites y esperar otra autorización del secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
Sin embargo al pasar raya, algunos economistas han comenzado a plantear su preocupación porque observan que la inflación, fue en un régimen anualizado superior al 20%, superaría en el año que corre el 30%. A fines de este año, con el impacto que tendría ese proceso alcista en la caída del nivel de vida, la crisis sería una realidad ostensible.
Es evidente que los argentinos tratarán de seguir apostando al alto consumo, lo que les será imposible (ya escasean los elementos importados), y parece como necesaria en vórtice de la crisis, una actualización de tarifas, entre ellas las de los combustibles que deberán por lo menos triplicarse para hacer que las inversiones petroleras en la nacionalizada Repsol YPF sea mínimamente rentable.
Pero además falta todo lo demás. Con una infraestructura atrasada y poco mantenida, el subte de Buenos Aires en litigio con el gobierno de ciudad, los ferrocarriles tan vetustos como los de AFE, pero exigidos a un régimen superior. Crisis inminente en la producción de energía, producto también de la demagogia metida en la política tarifaria y cientos de etcéteras más.
Obviamente el futuro argentino, timoneado por CFK, está dirigido a una tormenta que convertirá a la presidenta argentina en otra réproba. Vivirá, sin duda, un proceso parecido al de Carlos Menem, cayendo violentamente de una roca de Tarpeya construida sobre restos de su insolencia, soberbia e inmadurez.
(*) Periodista.
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22 Abril 2012
La "confiscación" de REPSOL-YPF
Por Carlos Santiago (*)
Argentina no tiene buen acceso al crédito internacional y el poco que le llega es de tasas de interés que superan las posibilidades de cualquier economía, todo ello luego de la "fiesta del default" que impuso en su corto mandato el presidente Rodríguez Saa como corolario de la crisis del 2002. Ese fenómeno que determinó una muy corta "fiesta nacionalista" es uno de los factores que están mostrando la caducidad del modelo kirchnerista, en franco retroceso, sin fondos de caja para mantener uno de los caballitos de batalla que son los subsidios que paulatinamente están siendo eliminados y, menos aún, para lograr el autoabastecimiento de hidrocarburos como se prometió por estos días.
Sin embargo parecería que Cristina K al anunciar la confiscación de Repsol-YPF, que lesiona aún más, gravemente, la credibilidad argentina frente al mundo, sin tener en claro que la mecánica económica que están poniendo en marcha sirva para aumentar la producción de hidrocarburos y gas para lo cual se necesita algo que Argentina no tiene, capitales para invertir en prospección los de que ninguna manera podrán recabar en el exterior. ¿Qué petrolera o banco del mundo acordaría, en esta situación descontrolada, la inversión de capitales en tareas de busca de hidrocarburos, ante la imprevisibilidad de un gobierno que montado en un nacionalismo claramente falso, se inclina por la demagogia tratando de sostener un modelo que, en nuestra opinión, ha fenecido en su esencia?
Pero la decisión demagógica que anunció la Presidenta el lunes último, ¿provino en última instancia de ella misma o de la mayoría del pueblo que, según se lo decían las encuestas, se inclinaba por la estatización? Es bien posible que haya aparecido de nuevo el mentado ultranacionalismo que caracteriza a la Argentina, donde se saludara con vítores y bailes el dafault de Rodríguez Saa y antes, la irresponsable acción de la dictadura militar de invadir las islas Malvinas, dos hitos festivos negativos que el pueblo vecino sigue pagando con dolor y lágrimas. El dafault todavía es el que afecta el crédito de Argentina por el mundo. Fiestas que tuvieron finales inesperados y frustrantes para los deseos generales, que se volvieron en un corto plazo en un boomerang contrario a los intereses del país y que nunca dejó de tener consecuencias nefastas para las relaciones financieras de los con el mundo.
Cristina K eligió de nuevo la demagogia, que es en lo inmediato "políticamente" racional en el sentido de que, si el objetivo de un político es ganar momentáneo poder y aplausos de claques regimentadas, el camino es el elegido. Demagogia que cala tan hondamente que podría serle funcional a este objetivo si la mayoría del pueblo, desacostumbrando de las quemaduras con leche, aplaude. Resistir a esta tentación es en lo imaginario "económicamente" racional porque apunta al desarrollo de la nación, como ocurriera con la invasión a Las Malvinas, tras la cual los militares golpistas recibieron un apoyo popular masivo. La otra racionalidad es la del largo plazo, la de adoptar medidas que lleven realmente al progreso sostenido. ¿
Por cuál de estas dos racionalidades debe apostar el gobernante? El dilema entre lo político y lo económico sólo es posible cuando la mayoría del pueblo, aún fascinada por consignas finalmente contraproducentes, escoge el "hoy" en desmedro del "mañana" y aplaude a rabiar cualquier medida de corte populista que, solo en apariencia, reafirmen la nacionalidad de lo argentino. En esto la constante es que siempre los argentino se han equivocado y las "fiestas" se han convertidos en dramas de hondas repercusiones.
En una nota publicada en el diario argentino La Nación, el periodista Mariano Grondona, comenta que "la dificultad de optar entre la demagogia "internista" del corto plazo y la sabiduría "externa" del largo plazo reside en el hecho de que tanto la demagogia como la responsabilidad vienen a ser, en diferentes aspectos, "racionales". (1)
"Analizando la historia hay mandatarios que no eligieron la demagogia cortoplacista sobre el largo plazo. En su momento a Kennedy no le impidió ganar las elecciones, fue porque el pueblo le dio la victoria gracias a su larga experiencia democrática de casi doscientos años, a la inversa de una convulsionada e inexperta democracia, que se halla todavía, quizás, en su edad adolescente. ¿Habrá que esperar por ello que esa democracia tan "sui géneris" madure el tiempo necesario para repudiar a los demagogos? Cuando la demagogia muestre al fin sus frutos venenosos, recién entonces las mayorías podrán desenmascarar el ardid de los demagogos. ¿Cuán lejos de nosotros se halla, todavía, esta venturosa iluminación como la que encendió la indignación luego del desastre de Las Malvinas y del default que determinó que el mundo financiero diera las espaldas a la Argentina?
Cada una de las iniciativas oficiales que ahora son presentadas como vinculadas al modelo K son puestas sobre la mesa como gestas patrióticas imposibles de rechazar. Igual que la expropiación y estatización de YPF, ¿quién se podría negar a convalidar el pago de la deuda externa, si eso, supuestamente, nos permitía a los argentinos liberarnos del yugo del Fondo Monetario Internacional?; ¿quién se podría oponer a que la Anses estatizara las administradoras de fondos de pensión, si supuestamente las empresas de jubilación privada se "timbeaban" el dinero de pensionistas o lo consumían en enormes gastos de administración y el Estado, en cambio, venía a reparar semejantes injusticia? ¿Quién sería capaz de cuestionar la recuperación de la aerolínea de bandera, luego del descalabro que, según Ricardo Jaime, protagonizaron los socios españoles de Marsans? Ahora el descalabro es mayor y la administración, como se sabe, está en manos de los jóvenes de La Campora y Jaime está siendo investigado por graves "maniobras" que lo han enriquecido a niveles siderales. Los fondos funcionarios se han ido vaciando para posibilitar que la "mano rota" del gobierno siga activa y el modelo K vigente.
Una buena parte de la sociedad puede estar entusiasmada con la movida aparentemente nacionalista en que Cristina K borró con el codo lo que votó con la mano, cuando su marido era el gobernador de una provincia petrolera. Allí se jugó por la privatización. Esta película ahora le faltan unas cuantas escenas. No está, por ejemplo, la principal. La de la crisis energética que obliga a la Argentina a importar combustibles por 14 mil millones de dólares anuales y que empezó en 2004, que fuera denunciada por decenas de expertos en 2008 y ahora provoca un grave impacto en la balanza comercial y la economía general. Tampoco figura la escena del persistente aumento del costo de vida, que obligará al Gobierno a recurrir a las reservas del Banco Central y así distorsionar todavía más la lógica económica (la inflación se calcula en más del 20%). Nadie habla ahora sobre la olla a presión de miles de pequeños ahorristas que pretenden comprar dólares porque saben que está demasiado barato y que a corto plazo se concretará una devaluación drástica. Y, por supuesto, en este gobierno poblado de funcionarios no muy idóneos, nadie está dispuesto a hacer una mínima autocrítica a Cristina K., después de nueve años de intenso y abrumador ejercicio del poder kischnerista. De cualquier manera, deben computarse, otra vez, a favor de Cristina K. y su pequeño círculo íntimo, la audacia y el sentido de la oportunidad para anunciar la noticia del año y ejecutarla con energía y sin complejos, aunque esta tenga un aspecto demagógico enorme y sus resultados prácticos muy discutibles y el favor logrado entre la población más que de corto plazo.
Cristina K. volvió a recuperar la iniciativa política y la agenda. El escándalo que involucra a Amado Boudou, el costo político que venía pagando por la tragedia de Once, el aumento de la yerba, la preocupación por la quita de subsidios y el crecimiento de la inseguridad pasaron a segundo plano, porque ahora la discusión de café quedó reducida a la idea de que ya era hora de que la Argentina recuperara su petróleo y los dividendos no se fueran a España. Aunque los dos objetivos no sean más que falacias publicitarias.
Una discusión que es producto de una clara expresión de deseos, cortoplacista y que se acabara cuando se deban ajustar las tarifas de los combustibles a la realidad. Con el actual régimen tarifario - es evidente - la "recuperada" YPF no podrá recuperar las tareas de prospección ni lograr - como se anuncia insistentemente - el autoabastecimiento.
Y todo se acallará cuando los argentinos deban pagar un dólar apreciado lo que es el correlato lógico de esta política proteccionista que, pese a la eficiencia despótica de Moreno, no está dando los resultados buscados.
(1) Diario La Nación de Buenos Aires.
(*) Periodista (Publicado por Bitácora:www.bitacora.com.uy)
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22 Abril 2012
Vecino peligroso. La nacionalización de YPF se enmarca en un modelo económico que requiere cada vez más caja.
Varios expertos cuestionan su viabilidad y avizoran inflación y devaluación
por PILAR BESADA (*)
Una crisis similar a la de 1989, con aumento de la inflación y devaluación del peso argentino -que reduzca el turismo y desacelere la economía local-, es el escenario que varios expertos avizoran ante una eventual caída del "modelo K". La nacionalización de la mayoría de las acciones de YPF anunciada esta semana por la presidenta argentina Cristina Fernández es para muchos una perla más de un collar de medidas para sostener el denominado "modelo kirchnerista", al igual que las trabas comerciales, el control del intercambio de divisas o el uso de las reservas del Banco Central. Para varios expertos, este modelo basado en los subsidios y en un creciente gasto del Estado tiene fecha de vencimiento en el mediano plazo, y su debacle afectará a Uruguay.
De hecho, Uruguay está padeciendo los efectos de una posible recesión argentina de forma anticipada por las trabas al comercio. Ante este escenario, esta semana el presidente José Mujica intentó un acercamiento con Brasil en una visita a la presidenta Dilma Rousseff, a quien le expresó su voluntad de lograr la libre circulación de bienes y servicios con el mayor socio del Mercosur.
La señal que recibió de Rousseff contrasta con la actitud asumida por Cristina Fernández, con quien, hasta el momento, no se han logrado avances significativos en la relación bilateral. No resulta llamativo entonces que Mujica haya elegido a Brasil para recorrer, aún dentro del Mercosur, un camino "codo a codo" para que asegure la libre circulación de bienes y servicios, aspecto clave del Tratado de Asunción que el bloque aún no cumple.
Pese a todo, el presidente espera recibir la próxima semana alguna señal "positiva" desde Argentina, pero más allá de soluciones parciales, el gobierno argentino sigue firme en su voluntad de profundizar el "modelo K" que derivó en las trabas cuando los dólares comenzaron a escasear.
Según el doctor en economía Michele Santo, el esquema "K" no se sostiene en el mediano o largo plazo. "Sin un ajuste fiscal significativo a nivel de gasto público y sin medidas que alienten la inversión a mediano plazo, es difícil que el modelo tal cual está pueda sostenerse en el tiempo", indicó.
"Más allá de que el precio de los productos agrícolas va a ayudar, todas las carencias estructurales que tiene Argentina -por años de desinversión en materia de infraestructura por precios fijados políticamente-, no van a resolverse profundizando el modelo, como se dice en estos meses, sino más bien que la profundización del modelo va a acentuar los problemas estructurales de fondo y eso difícilmente vaya a terminar bien", agregó.
Este año Argentina tiene vencimientos de deuda por unos US$ 10 mil millones, además de la necesidad de financiar el creciente gasto público, sin acceso a los mercados de deuda y con los ingresos fiscales que siguen bajando producto de la desaceleración de la economía. Las trabas comerciales y el control de las divisas son un intento de evitar el default.
Mario Brodersohn, director de la consultora argentina Econométrica, afirmó que la economía argentina tiene un antes y un después de 2008. Durante un primer período del gobierno kirchnerista (2003-2008), el país se benefició de una coincidencia de factores positivos: altos precios de los commodities, un aumento de la producción agropecuaria, una política de tipo de cambio alto y la brusca reducción de la deuda fiscal, que pasó a 140% del PIB a 30,6% a fines de 2008.
La bonanza de divisas permitió al gobierno financiar su modelo basado en subsidios y en una participación del Estado cada vez mayor. Desde el inicio del gobierno del matrimonio Kirchner-Fernández, el gasto público pasó del 24% del PIB a casi el 40%. Además de las acusaciones de financiar sus campañas electorales con fondos públicos y de un gasto excesivo en publicidad oficial, la mayor parte del gasto la han consumido los subsidios y el pago de salarios públicos.
Si bien los subsidios han ayudado a reducir la pobreza, según el Instituto para el Desarrollo Social (Idesa), US$ 3.000 millones fueron consumidos el año pasado en cubrir los malos resultados de las empresas estatales, como Aerolíneas Argentinas y otras firmas nacionalizadas.
Mientras que entre 2003 y 2008 el gobierno argentino registró un superávit fiscal promedio de 3% del PIB, el año pasado cerró con un déficit de 1,6% y, para este año, las proyecciones apuntan a un déficit de 2%.
El problema de falta de divisas se originó, según Santo, porque Argentina "pasó a ser un gran exportador a un gran importador el año pasado". Tras cerrar 2009 con una balanza de pagos a favor por más de US$ 8 mil millones, en 2011 el balance fue deficitario. La apreciación del peso desde 2008 llevó a que sea más barato importar que producir en el país.
Más alarmante para el gobierno de Fernández es que las importaciones de combustibles alcanzaran los US$ 9.400 millones. Argentina dejó de ser un exportador neto de combustibles, para convertirse en un importador con un déficit energético por US$ 3.200 millones el año pasado y que para 2012 se prevé sea el doble.
RUMBO AL PRECIPICIO. El doctor en economía Juan Carlos Protasi estimó que "Argentina se está encaminando hacia una crisis", aunque aún hace falta "un disparador". Para este economista, "una caída de credibilidad muy grande" puede desencadenar una recesión.
"La gente puede empezar a ver que el gobierno está pegando manotazos de ahogado, que el problema de caja es grave y que el equilibrio es insostenible", indicó.
Según Protasi, una de las señales más preocupantes en Argentina es que "hoy el Banco Central está autorizado a expandir la cantidad de dinero todo lo que se le antoje. Hasta ahora Argentina se venía manejando con algunos resabios de la ley de convertibilidad, como el hecho de que el 100% de la base monetaria tenía que tener su respaldo en reservas, y el Banco Central no podía otorgar créditos al gobierno. Ahora esas dos restricciones se eliminaron y el Banco Central ya está en un nivel de base monetaria que supera el nivel de las reservas", consideró. "La gente ya percibe que los pesos no tienen el respaldo que tuvieron", estimó, y consideró que esta pérdida de credibilidad puede llevar a una devaluación. En cuanto a los efectos en Uruguay, el experto señaló que "en este proceso de espiralización de la inflación que se va a producir por una emisión descontrolada del Banco Central y una huida del peso hacia el dólar, va a haber una caída de los precios en dólares en Argentina".
Ese abaratamiento de los precios en Argentina "va a tener un impacto para Uruguay importante en el gasto de consumo de los uruguayos que posiblemente comiencen nuevamente las excursiones a Argentina para comprar bienes más baratos", indicó Protasi. Además, con el aumento de la inflación "los argentinos se van a empobrecer y el gasto que van a hacer en turismo en Uruguay va a ser mucho menor. Eso nos va a inducir a una desaceleración importante", afirmó.
Por último, Protasi avizora un impacto en las inversiones inmobiliarias. "Los precios de los inmuebles en dólares en Argentina van a bajar y puede pasar lo que sucedió a finales de los 80 con la caída del austral y la llegada de Menem al gobierno. Si el precio de los inmuebles en Argentina se abarata mucha gente se va a dedicar a comprar en ese país, provocando que se desinflen los precios de inmuebles en Uruguay, sobre todo en Punta del Este", indicó. A su vez, "si se frena la construcción en Punta del Este, donde hay 20.000 personas ocupadas, se va a resentir el nivel de empleo".
En tanto, el economista Javier de Haedo cree que "el modelo kirchnerista ha sido sostenible gracias a un sector externo muy favorable, que le ha alargado la pista. Ellos están rumbo al precipicio, y el precipicio se ha ido corriendo hacia delante", sentenció.
Para De Haedo, la eventual crisis se puede "adelantar" con medidas como la de nacionalizar YPF, "que generan más incertezas en la economía, más fuga de capitales, más temores a que la próxima confiscación sea sobre activos sensibles de la gente como sus depósitos".
Al igual que Protasi, De Haedo vaticinó "una crisis al estilo de la del año 89". El escenario será "una situación en la cual empieza a haber una inflación muy alta, una devaluación y una caída del ingreso en dólares en Argentina", según De Haedo. Ello provocará "una Argentina muy barata donde los uruguayos van a ir a gastar su dinero", indicó.
QUÉ HACER. Ante el panorama actual en Argentina, los expertos coinciden en que la estrategia uruguaya debe ser marcar las diferencias con el país vecino. "Deberíamos tratar de diferenciarnos lo más posible de Argentina y pensar en captar el capital que todavía quiera venir a la región y que ya no va a ir a Argentina, y sobre todo el capital de argentinos que ante la profundización de medidas con un sesgo marcadamente populista van a querer seguir saliendo", comentó Santo.
"Creo que el negocio para Uruguay es estar conceptualmente lo más lejos posible de Argentina", agregó.
En tanto el abogado y exembajador uruguayo en Estados Unidos (1995-2000), Álvaro Diez de Medina, fue poco optimista en cuanto a las repercusiones de una eventual crisis argentina. "Es muy poco lo que la economía uruguaya podría hacer, y se va a ver arrastrada por cualquier movimiento brusco que haya por parte de Argentina", indicó. "En la medida en que Uruguay nunca ha planteado -ni en esta ni en las anteriores administraciones- una alternativa económica que se distancie de las que sigue la región, evidentemente vamos a acompañar el proceso", manifestó Diez de Medina.
Por su parte, el sociólogo y especialista en temas del Mercosur Romeo Pérez Antón, consideró que las consecuencias del modelo económico argentino "van a traer impactos, lamentablemente bastante graves sobre Uruguay".
Pérez Antón consideró que "las conductas expropiadoras pero sin legitimidad, en el caso de YPF, no sometidas al derecho internacional, afectan a Argentina y también a la región. Para bien y para mal, los países del Mercosur constituimos una región, que los inversores internacionales tienden a visualizar como un conjunto".
Recomendó que Uruguay "haga gestos que subrayen que su tradición y su conducta hasta la actualidad es de respeto a las reglas y a la seguridad jurídica". A su vez, criticó la postura inicial del presidente Mujica con respecto a la nacionalización. "Para subrayar que no somos como Argentina deberíamos evitar solidarizarnos con estas medidas, como lamentablemente ha hecho el presidente. Eso es exactamente lo contrario de lo que deberíamos en este momento estar comunicando al mundo".
Por otra parte, ante una eventual devaluación del peso argentino, Protasi estimó que la política del gobierno uruguayo será de "intentar contener lo más posible el tipo de cambio, dado que existen reservas como para hacerlo. No esperaría una devaluación importante del peso uruguayo, más bien creo que se va a tratar de absorber ese shock", indicó.
Según el economista, "algo así ya sucedió en el año 89, cuando Argentina tuvo una situación similar. Uruguay no hizo nada pero perdió una cantidad importante de reservas porque los flujos de capitales se revirtieron y los precios bajaron en Argentina, y eso nos ocasionó problemas, por ejemplo en el nivel de empleo", recordó. (Con aportes de El Mercurio/GDA)
Medidas para sostener el "modelo K"
Octubre de 2008: Estatización de las AFJP.
Los fondos de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP), lo que en Uruguay son las AFAP, se estatizan, por lo que todos los aportes jubilatorios pasarán a manos del Estado, ampliando las arcas públicas. Se realizó el traspaso de los fondos en instituciones privadas a la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES).
Octubre de 2011: Medidas de control cambiario.
Se obliga a petroleras y mineras a liquidar en el país las divisas provenientes de sus exportaciones, y a las aseguradoras a repatriar sus activos en el exterior. También se reguló el mercado minorista de compra y venta de divisas extranjeras por la que la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) deberá aprobar cada operación, y finalmente en 2012 se agregó la disposición que para sacar dinero desde el exterior se deberá tener una cuenta en dólares.
Febrero de 2012: Implementación del Régimen de Declaración Jurada Anticipada de Importación de la AFIP.
Un mecanismo que obliga a quienes realizan operaciones a declarar las transacciones "en forma previa a la emisión de la nota de pedido" y que es también requisito para operar en cambios. En la misma línea el Banco Central de Argentina generó nuevas disposiciones en materia de pagos de importaciones. Asimismo, ello se extendió a la importación de servicios.
Marzo de 2012: Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
Según esta reforma, los miembros del directorio del Banco Central serán quienes podrán determinar el nivel mínimo de reservas, para que el resto se aplique al pago de deuda o inversión pública, y serán también quienes estén autorizados a regular el crédito del sistema financiero en cuanto a destino, tasas y plazos. Asimismo prevé un mecanismo automático de adelantos al Tesoro argentino.
Abril de 2012: Reestatización del 51% de las acciones de la española Repsol en YPF en petróleo y gas.
La iniciativa comenzará a votarse el próximo miércoles en el Senado de Argentina y logró el apoyo de todo el arco político de ese país, incluso de los llamados "agrolegisladores", que obtuvieron sus bancas tras el "Conflicto del campo" en 2008 por el aumento de las retenciones móviles a las agroexportaciones y que significó la ruptura de la presidenta Cristina Fernández con el entonces vicepresidente, Julio Cobos.
ALBERTO COURIEL
Senador del Frente Amplio
"A Uruguay no lo afectará nada, porque los principales vínculos de Argentina con nuestro país son por el turismo y las intervenciones inmobiliarias. A quienes critican lo que hace el gobierno, nunca les escuché una propuesta".
SERGIO ABREU
Senador del Partido Nacional
Para el excanciller y exministro de Industria, "el error del presidente es tratar de manejarse con esa diplomacia presidencial, de diálogos entre presidentes cuando deben ser el último eslabón de la negociación y no el primero".
MAX SAPOLINSKY
Prosecretario Partido Colorado
"Las relaciones con Argentina han venido complicándose a pasos agigantados", opinó. Planteó la necesidad de que Uruguay "tome una posición más firme porque si no puede verse arrastrado por la situación argentina".
MICHELE SANTO
Doctor en economía
"El llamado `modelo K` se sustentaba en dos pilares: un cuidado muy estricto de la caja del sector público y un superávit fiscal muy grande. Esos dos pilares en el último año se han visto deteriorados muy significativamente".
JORGE NOTARO
Economista
"Creo que el `modelo K` es sostenible, y más que el uruguayo. Se pronostica una década de recesión de los países del norte. En ese contexto, se debe tender a sustituir la caída de la demanda de afuera por demanda interna".
ÁLVARO DIEZ DE MEDINA
Abogado y exembajador en EE.UU.
"Lo único que sostiene a Argentina es una balanza de pagos favorable. En el mediano o largo plazo es un modelo insostenible. A esta altura, la economía argentina es un barco al que le arrancan los tablones para alimentar la caldera".
Tomado del El País Digital
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25 Diciembre 2011
Por Joaquín Morales Solá (*)
Nadie había dicho que la Constitución sería sólo de cumplimiento optativo. Nadie anticipó nunca que las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia (un nido de burócratas, según los gobernantes) pueden convertirse fácilmente en papeles inservibles. Los caminos autoritarios que eligió el gobierno de Cristina Kirchner están colocando a la Argentina en el lote de países latinoamericanosque han decidido dejar de lado la democracia plena en nombre de una revolución imprecisa.
La primera víctima de tales procesos es siempre la libertad de prensa, porque ésta es el principal obstáculo para avanzar sobre las otras libertades. Sobresale el engaño electoral: nunca se anticipó, antes del 23 de octubre, que había una lista de enemigos por batir y una guerra pendiente. Ahora sí existen la lista, el plan y la guerra.
Es probable que el Gobierno se haga cargo de Papel Prensa antes de confiscar sus acciones. La ley aprobada por el Congreso se lo permite. Más allá de la polémica entre funcionarios por la ley antiterrorista, que describe por sí sola la confusión de su texto, el Gobierno podrá aferrarse a su letra amplia y vaga para acusar al periodismo ante la Justicia. La amenaza está en la ley. Los funcionarios pueden hacer mañana lo que desmienten hoy. Ya lo han hecho. La persecución a LA NACION por parte de la agencia impositiva y la incautación parcial de Cablevisión están explicitando un plan, no el error casual de un funcionario o de un juez.
Surgen, inevitables, algunas preguntas esenciales: ¿por qué muchos gobiernos de América latina desnaturalizan en el ejercicio la legitimidad democrática de origen que ciertamente tienen? ¿Por qué la Argentina de Cristina Kirchner prefirió reflejarse en los espejos más desacreditados de la región latinoamericana? ¿Qué ofrecen las experiencias de Hugo Chávez, en Venezuela, de Rafael Correa, en Ecuador, y de Daniel Ortega, en Nicaragua, si no la parodia de un territorio excéntrico e imprevisible?
El Gobierno no esperará estar en desacuerdo con un plan de inversiones para tomar el control de Papel Prensa, la única fábrica argentina de papel para diarios. Mucho antes, seguramente, se respaldará en la declaración de "interés público", que el Congreso le dio al insumo básico de los diarios, para erigirse al menos en coadministrador de esa empresa. Un oficialismo cerrado como un bloque de cemento fue impenetrable a alternativas más civilizadas que la simple colonización de una empresa privada. Ni siquiera tenía necesidad de convertirse por ley en árbitro de las importaciones de papel, porque de hecho tiene las facultades para abrir, cerrar o condicionar todas las importaciones. No se conformó con la facultad implícita; la hizo también explícita y manifiesta.
A veces es necesario repetir lo obvio: los diarios no tienen destino si no disponen del papel para ser impresos. ¿Qué garantías de contar con ese bien imprescindible tendrá el periodismo gráfico luego de que la administración kirchnerista tome el control de la producción nacional y de la importación de papel? ¿Será Guillermo Moreno, el funcionario que dirigirá la producción y la importación, ecuánime y comprensivo con todos los diarios? No, desde ya; no son ésos los atributos de su personalidad. El kirchnerismo les ha permitido hasta la ilegalidad a sus amigos y la ha negado hasta la justicia a sus presuntos enemigos.
La Constitución protege a la libertad de prensa en varios de sus artículos, pero además le prohíbe al Congreso legislar contra esa libertad. Decenas de legisladores oficialistas y sus aliados han votado contra la letra y el espíritu de la Constitución en una de las mayores deserciones masivas de los compromisos institucionales que se recuerden. La historia los recordará cuando describa un tiempo en que se usaron los nobles mecanismos de la democracia para ahogar a la democracia.
El fuero judicial en el que se resolverá el necesario conflicto por Papel Prensa (el contencioso administrativo) ya fue también colonizado por los amigos del kirchnerismo. Sólo le quedará al periodismo independiente el reaseguro de la Corte Suprema de Justicia, pero la cuestión llegará a esa instancia luego de varios meses. La jurisprudencia de la Corte indica que nunca trata medidas cautelares de tribunales inferiores; mucho menos recurrirá al per saltum , una vía rápida que tiene para cuando están en riesgo asuntos de gravedad institucional. De esa manera, Moreno ya habrá armado y desarmado la única fábrica de papel para diarios cuando el caso llegue a la Corte.
Otro problema surgirá cuando el Gobierno deba cumplir con una eventual resolución del máximo tribunal de Justicia. ¿Lo hará? Ya es una costumbre, mala por cierto, que el Gobierno no cumpla, o cumpla sólo parcialmente, las decisiones de la Corte. El diario LA NACION fue inhibido de disponer de sus bienes, en un viejo pleito con la AFIP, por una resolución de un juez, Carlos Falco, que no tuvo en cuenta que la Corte había decidido que no se innovara en la cuestión hasta que se decidiera la cuestión de fondo. Para peor, la cuestión de fondo, o parte de ella, está esperando una resolución de la propia Corte.
La AFIP no notificó al juez de que existía la medida cautelar de la Corte ni el juez se preocupó en recabar la información. Peor todavía: el magistrado decidió darle vista a la AFIP durante tres días después que leyó, sorprendido, la medida cautelar de la Corte. ¿Por qué simples funcionarios deberían convertir en opinable una decisión del tribunal más importante del país? ¿Por qué un juez les abre las puertas de la opinión a los funcionarios cuando se trata de una resolución de los máximos jueces de la Nación?
Hace pocas semanas, la AFIP embargó cuentas corrientes de muchos argentinos, que ni siquiera habían sido notificados de que tenían causas abiertas en la Justicia por parte de la agencia impositiva. La AFIP lo hizo respaldada en una arbitraria resolución de hace más de diez años, que autorizaba los embargos sin sentencia judicial. Incumplió otra vez una orden de la Corte: ésta declaró inconstitucional, hace mucho tiempo, aquella resolución. No importa. El Gobierno necesitaba con urgencia esos recursos.
Pero ¿acaso no pasa lo mismo con los jubilados, cuyos salarios deberían ser actualizados de acuerdo con una resolución de la Corte? Deberían ser, pero no lo son. La administración no tomó nunca ninguna resolución del tribunal como una doctrina. La editorial Perfil está esperando todavía que el Gobierno cumpla con una orden de la Corte para que le entregue publicidad oficial. La Corte ordenó, pero el Gobierno no obedeció. Perfil fue excluida siempre, sistemáticamente, del reparto de la publicidad del Estado.
Las instancias inferiores de la Justicia son, la mayoría de las veces, funcionales a los intereses de los gobernantes. El caso de Cablevisión es otro escándalo que se respalda, según la confesión de los propios funcionarios, en la guerra contra el Grupo Clarín. El juez mendocino Walter Bento decidió que Cablevisión tiene una posición dominante en el mercado. Esa empresa de televisión por cable controla el 47 por ciento del mercado nacional y el 59 por ciento de la Capital.
Los manuales indican que existe posición dominante sólo cuando se controla alrededor del 80 por ciento de un mercado. No hay peor imagen para una democracia, además, que la que muestra a militares o policías fuertemente armados ingresando en medios de comunicación. Es lo que hemos visto.
El hiperkirchnerista José Sbatella chocó con kirchneristas más moderados como Florencio Randazzo y Miguel Pichetto por la aplicación de la ley antiterrorista. Los medios caerán bajo ella, dijo Sbatella. Randazzo y Pichetto lo desmintieron. Es probable, desgraciadamente, que Sbatella tenga razón y que cualquier información u opinión indeseable para el oficialismo se convierta en el futuro en un acto de terrorismo. Un periodista que cuenta una mala noticia o que tiene una opinión crítica sobre cuestiones sensibles podría merecer una dura acusación. Cristina Kirchner comenzó a esbozar esa teoría en Montevideo, cuando dijo que los medios quieren que a ella, y a los gobernantes que piensan como ella, les vaya mal. Eso podría ser terrorismo en la letra de la nueva ley.
La Argentina actual vacila entre la Venezuela de Chávez y la Rusia de Putin. En Rusia puede haber diarios y hasta capitalistas multimillonarios. Siempre, claro está, que diarios y millonarios sea indignamente sumisos frente a los que mandan..
(*) Tomado del diario La Nación.
servido por Carlos
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17 Diciembre 2011


Por: Martín Caparrós (*) |
Esto es, sin duda, un despropósito. Es probable que no haya habido, en este sistema bloguero, muchas entradas/posts de este tamaño. Pero su largo -unas 25 carillas- es una de las razones por las cuales decidí publicar esta entrevista en este lugar. Solemos creer que internet exige textos cortos; no nos paramos a pensar que internet permite, entre tantas otras cosas, textos del tamaño que cada cual decida. Quizás éste sea un exceso, o quizás haya lectores todavía, gente a la que no le asusten unas cuantas páginas si les cuentan algo que les interese.
Por otro lado, no quería publicar este relato de una larga tarde con quien es, para muchos argentinos, la encarnación del Mal, en un medio argentino: su sentido habría cambiado mucho. Virtuales, extraterritoriales, estas líneas son un intento de presentar a uno de los personajes más y menos conocidos de mi país: Sergio Schoklender, el parricida, el preso, el extremista, ahora el estafador. Para los argentinos es un modo de profundizar en una historia muy cercana; para españoles y otros latinoamericanos, una buena aproximación al paisaje de la Argentina actual.
A lo largo de esa tarde Schoklender me dijo muchas cosas que me sorprendieron. Aquí están sus relatos de cómo roba el Estado argentino, de cómo las Madres de Plaza de Mayo se financiaron con asaltos, de cómo los medios se venden a los políticos, de cómo Cristina Fernández abandonó el proyecto Sueños Compartidos, entre otros. Si alguien -algún medio o persona- quiere reproducirlos es libre de hacerlo; solo le pido que cite la fuente, o sea: que diga de dónde los sacó.
Para quienes prefieran bajarlo y leerlo off-line o imprimirlo -que de todo hay en la viña del señor-, hay una versión en pdf aquí mismo.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Entonces él dijo que quizá no tendría que haber dicho eso, y parecía que estaba diciendo la verdad. Yo lo creía; me sorprendió que él también creyera que no tendría que haber dicho eso. Fue un momento fuerte: como de quien, hablando, entiende algo. No es lo que suele pasar en una entrevista pero, para entonces, ya llevábamos más de dos horas de palabras, de miradas cruzadas, de cafés.
-No te preocupes. Yo sé que uno no siempre llega cuando quiere.
Me había dicho Sergio Schoklender cuando aceptó, en la puerta de su casa, mis disculpas por la demora. Yo me había perdido: su casa -o su es casa- está detrás del cementerio, en una calle que no conocía. A él tampoco, pero fuimos amables: nos dimos la mano y me invitó a pasar:
-Bienvenido a la casa de mi ex mujer.
La casa de su ex mujer, que construyeron juntos hace unos años, es, para empezar, un paredón sin historia en una calle legañosa de Chacarita y, detrás, tres pisos de un arquitectura moderna, a la moda, con ese aire brishoso, inquieto de tan quieto, que tienen los lugares más decorados que vividos.
-Ahora gracias al juez Oyarbide estoy viviendo otra vez con ella.
Dice Schoklender. El juez Oyarbide, el que atiende su causa, es una de sus bestias negras: ya tendrá tiempo de hablar, largamente, de él, de sus excesos, de los videos con que lo chantajean. Mientras tanto me explica que, como tiene todos sus bienes embargados, su ex mujer lo acogió por un tiempo en la casa, y que siempre tuvieron una buena relación y a veces se iban de vacaciones juntos y que tienen a Alejandro, su hijo de 12, que los une y que estaban distanciados porque él viajaba mucho y por esas cosas de la vida pero que ahora esas mismas cosas los reunieron y que por culpa de ese juez no tiene un centavo y corre la coneja y tuvo que vender, en estos días, su saxo y su moto.
-Moto y saxo tenor: la juventud, de algún modo.
Le digo y él me dice sí, la juventud, sonríe. Sergio Schoklender ya tiene 53 años, y ahora estamos en el tercer piso de la casa, el play room, a punto de sentarnos: las sillas son unos bancos como de bar muy altos; hay que sentarse encima y accionar una palanca para que los bancos bajen a la altura de sillas y nos permitan sentarnos junto a una mesa enorme, muy pulida. Sobre la mesa, solo su laptop y el brillo de una madera poco usada. Schoklender me pregunta si no quiero un café. Yo quiero y le pregunto cómo definiría su situación actual y me dice, con un tono muy suave, muerto en vida.
-¿Cómo?
-Muerto en vida.
Repite, e intenta una risita pero tose.
-Que ahora soy un muerto en vida. Digo, en este momento llevo ya seis meses imputado, inhibido, sin poder trabajar, con todos los bienes congelados, las empresas trabadas, las cuentas bancarias bloqueadas en una causa que ya es un disparate interminable que nadie lo puede desarmar. Armaron una hipermegacausa de 120 cuerpos, más 37 equipos informáticos que hay que bajar, 96 imputados, 140 empresas investigadas. Es una cosa que nadie puede sostener. Así que me vine a vivir con mi ex esposa, porque estoy en la calle. Ahora soy, cómo decirlo, un mantenido.
Su ex esposa, Viviana Sala es médica psiquiatra y Schoklender la conoció en la cárcel, cuando ella fue a hacerle unas pericias. Después se casaron, tuvieron un hijo, se divorciaron y conviven y él insiste en que ella es muy buena, rebosante de títulos, repleta de pacientes, "especialista en psicooncología, psicofarmacología, con maestrías que no se pueden ni nombrar", y que ahora viven de lo que ella gana y que ella también está incluida en la causa de Oyarbide y que a ella también la amenazaban.
-Cuando empezó toda esta historia me volvieron loco. Era cosa de llamados telefónicos, coches parados en la puerta, en la esquina. De llamarme y decirme sabemos dónde estás, sabemos qué estás haciendo, tu hijo sale a tal hora del colegio y va a tal y tal lugar. Así todo el día.
-¿Y quién era?
-Gente de la SIDE, de los servicios de inteligencia y todo ese enredo que estaba alrededor de Aníbal Fernández.
Dice, y que desde que Fernández, el penúltimo jefe de gabinete, ahora en desgracia, empezó su caída, las amenazas se volvieron más raras: ahora se paró el tema, dice, pero nos hiceron la vida imposible durante un tiempo largo.
-¿Y cómo te afectan las amenazas?
-Bueno, te podés imaginar que estando con Hebe las amenazas eran lo habitual. Nunca les dimos mucha importancia. Después el hecho de exponerte en primera plana de todos los medios como el tipo que estafó a las Madres... no podía sonarme la nariz que el tipo que pasaba por la vereda me puteaba.
-¿Y tomaste alguna medida?
-Somos un poco más... mi hijo no va ni viene solo del colegio, estamos atentos ante cualquier cosa rara, pero tampoco nos enloquecemos. No podés vivir sino. Ni tengo plata para poner custodios ni los pondría. Ya de chico me tocó vivir eso, ahora no lo haría.
Schoklender habla seguro, como quien sabe qué decir: habla seguro pero fuma. Fuma sin parar, un negro tras otro, y las manos, por momentos, le tiemblan en el encendedor, el cigarrillo, y dice que en las últimas semanas incluso lo borraron de los medios, que durante un tiempo lo tenían todos los días en la tapa, que ni que fuera la guerra de las Malvinas, dice, y de pronto más nada:
-¿Y vos dónde pensás que vas a publicar esta entrevista? No va a ser tan fácil...
Schoklender trabaja mucho con la prensa. Cuando estalló su conflicto con las Madres eligió los medios con los que habló -empezó por Clarín, gran enemigo del gobierno- y lo que iba diciendo: regulando el tono del enfrentamiento. Y la sigue usando: hace unos días estuvo en un programa de televisión contando viejas historias de su juez, Norberto Oyarbide, con taxi boys, prostíbulos, sobornos: apretándolo, para decirlo amablemente.
-La realidad es que Oyarbide es la antítesis de lo que debería ser un juez en una república: un lacayo al servicio del Poder Ejecutivo, que le manda todas las causas que a le interesan.
Schoklender trabaja mucho con la prensa: después, durante las horas que dure esta entrevista, más de una vez me voy a preguntar por qué me habla: qué dice, a quién lo dice, por qué yo.
Sergio Schoklender no es muy alto ni muy gordo ni muy flaco, ojos chiquitos entornados, labios finos, una de esas barbas de cinco días que ya no son un azar del momento sino una forma laboriosa de detener el tiempo. Sergio Schoklender tiene una remera -de esas que mi tía Pechuche habría llamado chomba- azul con rayitas blancas y amarillas, un bluyín, anteojos de marco negro angosto y un reloj cuadrado, grande, que le ocupa demasiado de muñeca; las uñas, en cambio, están muy bien cuidadas, dedos cortos.
-¿Y cómo fue que decidiste escribir este libro?
Porque la excusa de todo esto es ésa: un libro. Está por salir un libro suyo, Sueños postergados, que debería contar la otra versión de los escándalos del invierno pasado. Por ese libro, supongo, Schoklender me recibe esta tarde; por ese libro diarios y revistas van a volver a ponerlo en sus portadas.
-¿La verdad? ¿La verdad absoluta?
-Si se puede elegir...
-La verdad es que me pagaban un anticipo que nos venía muy bien porque estábamos sin un peso. Esa es la pura verdad. Una cuestión puramente económica. No es el libro que hubiese querido. A ver, es un libro que responde a una coyuntura política muy particular, a un requerimiento de la editorial. El libro que yo hubiese querido es un libro de más anécdotas, más rico en análisis político, el momento que se está viviendo en el mundo. Pero este fue el libro que me permitieron escribir en muy poquito tiempo y que me permitió decir algunas cosas que creo que había que decirlas. Pero el motivo principal fue la plata.
Supongo que es su estilo: el que lo hace particular, interesante. Muy poca gente diría que escribe un libro -donde cuenta cuestiones más que delicadas- por la plata. Aunque muchos lo hacen, aunque muchos pudieran sospecharlo; se supone que nadie dice nada que lo desprestigie mientras pueda evitarlo. Así que dirían que necesitaban sacárselo de adentro, que el pueblo tenía que saberlo, que se lo debían a la memoria de los dinosaurios; no que lo hacen por la plata. Es un estilo: honestidad brutal, digamos. Pero, de algún modo, Sergio Schoklender lleva muchos años dando la impresión de que ya no tiene nada que perder.
El 31 de mayo de 1981, mañana destemplada, el portero de una casa del barrio Norte de Buenos Aires vio que del baúl de un coche grande, nuevo, estacionado, caía sangre. En esos días toda la Argentina chorreaba sangre -pero se mataba por ignorarlo. Ese chorro, en cambio, se convirtió en la noticia del año cuando la policía informó -en esos tiempos, la policía informaba- que los muertos eran Cristina Silva y Mauricio Schoklender, un matrimonio que vivía con lujos y custodios porque él, ingeniero, dirigía una de las empresas más prósperas de aquel país: Pittsburgh & Cardiff, dedicada, entre muchas otras cosas, a la importación y construcción de submarinos, fragatas, tanques y otras armas de guerra. La noticia era cruda; lo fue mucho más al día siguiente, cuando se empezó a oír que sus hijos eran los asesinos.
Años después, cuando la justicia se pronunció sobre el asunto, creyó saber que, aquella noche, todo empezó cuando los Schoklender llevaron a sus tres hijos -Sergio, Pablo, Valeria- a comer a un restorán nuevo de la costanera para festejar el cumpleaños 23 de Sergio. Y que comieron y bebieron y, de vuelta en su departamente de Belgrano, la señora Cristina quiso tener -otra vez- algún modo de sexo con su hijo menor y que los dos hermanos le partieron la cabeza con un palo y la estrangularon con una cuerda. Y que después se pasaron un par de horas discutiendo qué harían con el padre -que seguía durmiendo- y que por fin decidieron matarlo también y que le rompieron el cráneo a palazos y que llevaron los dos cuerpos al baúl del coche, salieron, dejaron el coche por ahí, huyeron cada cual por su lado. Y que Sergio Schoklender se fue a Mar del Plata, se registró con nombre falso en un hotel, se contrató una puta y al día siguiente o al otro, cuando sintió que el cerco se cerraba, se compró un caballo e intentó la penúltima fuga. Su cabalgata no llegó muy lejos. Cuatro años después lo condenaron a 21 años de cárcel; en su declaración se hizo cargo de todo y exculpó a su hermano. Los jueces al principio le creyeron; después, un tribunal de apelación condenó también a Pablo -que, para entonces, ya había huído a Bolivia. Sergio Schoklender es, en la Argentina, un personaje con una historia demasiado clara, alguien que, durante tantos años, pareció que no tenía nada que perder. Su historia me interesa, me llena de dudas, pero por ahora no le pregunto sobre eso. No sé cómo hacer para preguntarle sobre eso: uno no llega a una casa y le dice a un señor muy amable que te ofrece un café, que te prepara un café en una máquina muy cara, que te pregunta si querés azúcar o sacarina o leche o crema, cómo fue que se le ocurrió matar a su mamá. Así que, por ahora, trato de hablarle de otras cosas.
-¿Y cuáles eran esas cosas que te parecía que había que decir? ¿Qué es lo que te importaba decir en este libro?
-Básicamente que hay dos realidades totalmente distintas en cuanto al manejo del estado y la política. Por un lado, lo que te cuentan, lo que suponés que pasa y, por el otro, lo que realmente sucede. Y también quería contar qué era el programa Sueños Compartidos, que para mí es el programa más hermoso que pudo haber creado alguna vez este país. Y quería contar también, en medio de este dolor, lo que eran las Madres, lo bueno y lo malo, lo valioso de esa lucha y los errores cometidos. Eso quería, más o menos.
Yo le digo que bueno, que me cuente.
Aunque sigo pensando en su libro escrito por la plata: cuando alguien dice algo tan aparentemente franco, los demás tendemos a creer que el resto de lo que diga también será verdad. Y a veces lo es, pero no tiene por qué serlo.
-Sí, había un par de cosas que yo quería contar. Para empezar, cómo funciona el tema de las obras públicas. Es todo una ficción, puro relato.
Sergio Schoklender debe saberlo: durante varios años dirigió el programa Sueños Compartidos, a través del cual la Fundación Madres de Plaza de Mayo recibió mucho dinero del Estado para construir viviendas populares: entre 740 y 1200 millones, según quién te lo cuente. De ese programa, en última instancia, vino todo el conflicto.
-Primero, es una mentira que el Estado haga licitaciones. Toda esta cuestión de las licitaciones, concursos de precios, de calidad y de tiempo es una enorme mentira. Los contratos están asignados antes de que salga el pliego, y el pliego se arma de acuerdo al convenio que se haga con alguna empresa o pool de empresas constructoras amigas, donde entre el 15 y el 25 % de ese valor automáticamente tiene que ir como retorno para financiar la política. Porque la gran ficción es cómo se financia el Estado. Esto no es privativo en la Argentina, esto sucede en el mundo; tal vez acá se puso más en evidencia. A ver: acá antes la política se financiaba básicamente con los fondos reservados de la SIDE que eran incalculables -por eso eran reservados-, porque lo que no se blanquea nunca es que los funcionarios no viven del sueldo que figura en los papeles. No podrían hacerlo. Vos no podrías mantener una planta de profesionales de cierto nivel con el sueldo nominal del Estado. Entonces necesitás financiar ese sobresueldo que necesitás para mantener una planta estable en los ministerios.
-¿Y cómo se entregan esos sobresueldos?
-En efectivo, en mano a cada funcionario político a fin de mes.
-¿Y qué orden de dinero sería?
-Hoy ningún funcionario de primer nivel vive con menos de 20 mil dólares mensuales. Y sus sueldos nominales son de 20 mil pesos. Vos no tenés un ingeniero de primera línea para la subsecretaría de Obras Públicas de la Nación con un sueldo de 20 mil pesos. Por más que le pongas coche, chofer, teléfono celular y demás, digamos, ¿cómo los retenés? Si la actividad privada les generaría muchísimo más... El otro tema es que se necesita dinero para financiar actos, campañas políticas. Lo cual es entendible, si no los únicos que podrían hacer política serían los que tienen plata.
-Si la política se hace con plata, sí. Pero se podría hacer de maneras donde la plata no importe tanto. Siempre se pudo...
-Se necesita plata para hacer un escenario, para llenar la plaza, para cartelería, afiches, micros, gente. Eso se hace con plata.
-Hay situaciones en que las plazas se llenan sin micros ni sanguchitos...
-Sí, pero en general son situaciones de protesta o de reclamo. Para que te vayan a aplaudir y agiten tu banderita, en general necesitás poner unos mangos. Entonces ya tenés dos cuestiones: la plata para mantener una planta permanente y la necesidad de financiar esta forma de hacer política. Y después tenés las ambiciones personales de un sinnúmero de funcionarios o de gente que cree que además de ganar bien, su paso por el gobierno tiene que salvar a varias generaciones de sus descendientes. Entonces, ¿cuál era la gran discusión que yo tenía con el gobierno? Si vos tenés partidas de megaobra pública -los túneles, las represas, las hidrovías, todas esas obras gigantescas- no te metas con la leche del comedor para los chicos, no me chorees del presupuesto para villas y asentamientos. No la saqués del último escalón, sacala de donde sobra. Porque claro, la Argentina se sigue manejando a través de la Jefatura de Gabinete que te reasigna el presupuesto como quiere. Entonces de la noche a la mañana las partidas que se asignaron para educación o para vivienda o para salud van a parar a otro lado. Pero a su vez en cada ministerio tiene esa misma facultad interna, entonces ellos pueden mover esas partidas libremente. Yo de pronto me encontraba con que una partida que nosotros necesitábamos para seguir construyendo en alguno de los barrios, desaparecía. ¿Cómo que desapareció? Sí, porque Cristina resolvió lanzar el plan netbook. Pero negro, sacá la plata de de otro lado... Hay cosas que me parecen muy bien, y el Estado tiene que hacerlas y hay plata para hacerlas, o por lo menos hubo, en estos años de bonanza ilimitada. Pero no me chorees del último escalón.
-¿Lo que vos decís, entonces, es roben pero razonablemente? O sea, saquen de los lugares donde más sobra y no donde más hace falta
-Suponer que esto se va a terminar simplemente porque no es ético es...
Dice Schoklender y, en medio de la catarata, para a pensar una palabra: me parece que quiere ser amable, pese a todo.
-¿Es qué, cuál es el adjetivo?
-Una pelotudez o una ingenuidad. Yo no soy ingenuo; ésa era la realidad con la que tenía que convivir. Yo les acepto que paguen una planta permanente con sobresueldo que no figura en ningún lado, les acepto que necesiten plata para hacer política de esta manera, les acepto que haya funcionarios o un entorno que tenga que enriquecerse y garantizarle el bienestar a varias generaciones. Bárbaro. Pero muchachos, hay plata que no se puede tocar, donde la inmoralidad ya es superlativa. Ahí lo que me encontré es que no hay ningún límite. Te doy un ejemplo: nosotros construíamos hospitales en 90 días, en el Chaco, en el Impenetrable, en Santiago. Hospitales de primera línea, totalmente equipados; hospitales de 1800 metros, grandes, hechos con la gente del pueblo, sumándolos al proyecto, capacitándolos, por un tercio de lo que el Estado licitaba los hospitales pelados, sin equipamiento, en cualquier parte del país.
Schoklender estuvo ahí: debe saber.
Porque en algún momento, a principios de los años noventas, la vida de Sergio Schoklender tuvo otro vuelco bruto. Había entrado en la cárcel en 1981: tiempos muy duros pero, dice, tan formativos. Más tarde, cuando le pregunte quién era él antes de la cárcel, me contará que un chico rico de Belgrano que leía poemas y balances, que un pichón de gerente, que un rebelde, que un insatisfecho, pero que nada de eso importa demasiado: que él empezó a ser alguien en la cárcel.
-Yo empecé a ser alguien en la cárcel.
Repetirá, la voz suave, educada, pero las manos con temblor y el soplo de tabaco. Entonces le preguntaré cómo fue la llegada de un chico rico de Belgrano a la cárcel más bruta de un país muy bruto; le preguntaré, en realidad, si su miedo principal no era cómo hacer para que no se lo cogieran, y él me dirá que no: que cuando entró lo encerraron en una celda de aislamiento y lo dejaron meses a disposición de unos señores de inteligencia del Ejército que lo interrogaban -que lo mataban a golpes- para que les contara qué negocios tenía la empresa de su padre con la Marina y su ínclito jefe, el almirante Eduardo Emilio Massera. Y que en esos días le pegaron tanto, lo maltrataban tanto, y que él de puro animal se resistía:
-Lo más trágico es que me interrogaban por cosas que no tenía ni idea, era la pura desesperación del Ejército por saber los negocios que había hecho la gente de la Armada con mi familia. Los primeros días me venían a buscar y yo lloraba, gritaba, me escondía en un rincón; los tipos me agarraban, me llevaban, y cuando me devolvían me tiraban a la celda de castigo estaba reventado, me despertaba horas después. Pero a los 15 o 10 días ya venían y me peleaba contra los guardias. Alguna mano ponía, porque sabía que me iban a poner. Y para sacarme de la celda tenían que venir en serio, eh... Me acuerdo que lo más doloroso, lo más duro era la espera, cuando pensás cuándo te van a venir a buscar: ésa es aterradora.
Pero ahora sabe, dirá, que esas torturas lo salvaron: cuando lo bajaron al pabellón general ya se había ganado una fama de ser un tipo duro.
-Con todas esas palizas, a los tres meses yo ya era un perro de pelea. Y cuando me bajan al pabellón me tiran en el peor, pensando que yo tenía que jugar el papel de víctima, lo lógico para uno que venía de ser acusado de parricidio, encima a esa edad y sin experiencia. Y al día siguiente, cuando se abren las rejas y yo pienso acá a pelear, pasa uno y me deja un pulóver, pasa otro y me deja un jabón, me había hecho un nombre. Y fue así. En los años que estuve, nunca puse las manos atrás, ni la cabeza gacha: ni por puta se me hubiese ocurrido. A la mañana sonaba el silbato en el pabellón y tenías que levantarte, armar la cama, ordenar todo y poner la mano afuera de la reja para el recuento. Yo estaba acostado. ¿Qué hace ahí? ¡Andá a la concha de tu madre, estoy durmiendo!, le decía. Entraba la requisa, quilombo, palo, quejas, expedientes. Yo batí el record de días castigado. Hasta que llegó un momento en que uno decía che, Schoklender no se quiere levantar. Y bué, déjalo, le decían. Llegó un momento en que era inmanejable. Y llegué a manejar media cárcel de Caseros y media cárcel de Devoto. Hasta los guardias laburaban para mí. Monté una imprenta enorme en la cárcel, donde hacíamos apuntes para la universidad y los guardias traían los carros llenos de papel, laburaban los presos comunes, los policías, los menores. Y armamos un centro de investigación informática. Y desesamblé el formateo de disquete de Microsoft, el lenguaje binario y lo transformé en lenguaje de computación y publiqué todo el programa, fui uno de los primeros hackers, la Asociación de Programadores Libres.
En la cárcel, también, Schoklender se recibió de abogado y de psicólogo, dejó sociología a falta de dos o tres materias, terminó un diploma en teología, y conoció a unos presos chilenos, militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que le hicieron entender algo de lo que le pasaba:
-Ahí es donde empiezo hacer un click, en medio de toda esta locura que estaba viviendo, en medio de esa represión. Ahí empecé a entender que todo eso no tenía que ver que el guardia fuera malo sino con un sistema que reproduce este tipo de consecuencia. Que el hecho de que la inmensa mayoría de los que estaban en la cárcel fueran pobres y analfabetos no era porque los pobres y analfabetos fueran malos. Yo siempre leí muchísimo de chico, me apasionaba la lectura; ahí empecé con la lectura política.
-¿Qué leías?
-Por supuesto todo Marx y Engels, todo Mao, el libro verde de Kadafi, todo material político. Ya era la democracia entre comillas y circulaba todo. Antes, me acuerdo, en el pabellón, si queríamos escribir algo, lo escribíamos en formato de poesía. Si te los guardias te lo veían decías esto es poesía, y ellos ah, poesía, no pasa nada.
Dice, y habla de García Lorca, de cómo lo leyó y releyó y sigue releyendo. Y le pregunto qué era lo que más extrañaba cuando estaba en la cárcel y él dice que la soledad: baja la voz, baja los ojos y dice que lo que más extrañaba era la soledad y yo le digo que claro, que debe ser dura la soledad, tanto tiempo en la cárcel y él que no, que la soledad era lo que extrañaba, lo que le faltaba, decidir estar solo y poder estar solo, dice, y yo que pongo cara de que entiendo y le digo que entiendo, sí, claro, te entiendo, pero entiendo sobre todo que hay cosas que uno no entiende si no te las dice alguien que las ha visto desde el otro lado. Y que muy de vez en cuando uno se topa con alguien que ha estado tan del otro lado como él.
-La cárcel no es el encierro. La cárcel es la convivencia forzada con gente que vos no elegís. Ése es el verdadero encierro, la verdadera pérdida de la libertad. La pérdida de libertad física, ambulatoria, pesa, duele, pero lo peor es no poder sentarte a escribir o leer tranquilo, pensar, hacer música, tener tu espacio de intimidad, de reflexión. Eso es lo que te parte: no poder estar solo. Y tener que vivir alerta porque siempre hay otros, un entorno muy agresivo, aunque yo ya no necesitaba pelear porque ya los paraba con la mirada. Ésa era la verdadera cárcel.
Sergio Schoklender se había acostumbrado a la prisión: era su vida. Le quedaban unos diez años de condena y no pensaba hacer nada para acortarlos: "la posibilidad de la libertad era algo que había guardado en un cajón y cerrado con llave", dice en su libro, y me dice que lo dice porque no quería cumplir con ninguna de las condiciones que el servicio penitenciario trataba de imponerle para rebajarle la pena: que no quería someterse, y si el precio eran años de cárcel, estaba dispuesto a pagarlo.
-La idea era hacerme bajar la cabeza, y yo no quería bajar la cabeza; entonces no te vas a poder ir más, me decían. Bueno, entonces no me voy más. Para mí la pelea era pelear donde estaba.
Hasta que, un día, llegó a visitarlo una señora.
-Alguna vez dijiste que cuando conociste a Hebe de Bonafini fue una fascinación inmediata...
Es difícil exagerar la importancia de las Madres de Plaza de Mayo en el imaginario argentino. Durante muchos años fueron las heroínas intachables, las mujeres perfectas, el símbolo de todo lo que los demás tendríamos que haber hecho pero no, lo que tendríamos que haber sido y nunca fuimos. Eso, las Madres, y Hebe Pastor de Bonafini es la Madre por antonomasia.
-Imaginate lo que fue tenerla ahí, que ella me quisiera conocer, me diera bola.
Me dice ahora Schoklender, fuma y fuma, y me ofrece otro café. El play room es luminoso, grande, bien dotado: un flipper de verdad, una rockola, el futbolín, los cuadros pop en las paredes. Debe ser para el hijo, pero las máquinas de diversión son fantasmas del padre, de un señor que nació en los cincuentas -y no de un chico del 2000.
-¿Y qué le habrá atraído a ella de vos?
-Creo que la rebeldía. Encontrarse con un tipo que no se doblegaba ante nada. Todo el tiempo puteando, peleando todo el tiempo. Y en esa época políticamente yo era un cuadro político revolucionario formado, faltaba el fusil y estaba todo.
Bonafini lo visitaba dos veces por semana, le llevaba sus platos a la cárcel; hacia 1993 lo convenció de que podía tener una vida afuera -y Sergio Schoklender pidió los beneficios que le correspondían: primero empezó a salir durante el día y por fin, en 1995, tras más de 14 años de cárcel, con dos tercios cumplidos, volvió a la libertad. Entre los informes que lo ayudaron a salir estaba el de la doctora Viviana Sala; tiempo después se casarían.
-¿Y en esos primeros encuentros con Hebe alguna vez hablaron del parricidio?
Le pregunto, ahora, tono grave: si él, preso por matar a sus padres, habló de su delito con esa mujer que el mundo conoce por su búsqueda de los asesinos de sus hijos. Schoklender baja la voz, baja la cabeza: estoy pasándome algún límite.
-No.
Dice, y no dice nada más. Hay un silencio. Yo le digo que él sabrá mejor que nadie que resultaba muy extraño ese encuentro entre alguien que peleó por sus hijos con alguien que mató a los padres, y él repite como si no me hubiera oído:
-No, nunca. Nunca fue un tema que habláramos. Jamás me lo preguntó.
-¿Y vos qué pensás?
-Nada, no tenía que ver con eso. Tenía que ver con que se encontraba con alguien en quien podía confiar. Que ponía todo lo que tenía al servicio de ella, que le explicaba las cosas, que trataba de darle coherencia a un discurso muy lleno de baches. Y así ayudé a construir un mito, a sostener un mito. Y bueno, después los mitos se te caen encima. Los ídolos tienen pies de barro y siempre se caen; el problema es cuando se te caen encima.
Dice, amargo. Pero, para eso, entonces, todavía le faltaban quince años.
Cuando salió de la cárcel, Sergio Schoklender se transformó en el ladero más persistente, más inesperado, más criticado, más fiel de Hebe Pastor de Bonafini. Su actuación con las Madres de Plaza de Mayo produjo ciertos conflictos -discusiones, gente que se fue- pero también, dice, muchos beneficios.
-En el libro escribís que el proyecto que llevaban adelante con las Madres "era revolucionario. Nuestro objetivo era la revolución, la única salida lógica era la lucha armada", decís. "En la universidad guardábamos de todo".
-Ah, de todo. Sí, era impresionante. Teníamos de todo.
-¿Qué es de todo?
-Armas de todo tipo, pistolas, ametralladoras, granadas, plástico, lo que pidas. Visto ahora es un delirio; visto en plena época del menemismo era la única salida lógica: había que generar una resistencia. Ubicate en pleno menemismo, con toda la impunidad que tenían. Me acuerdo del lugar donde teníamos guardadas las cosas, que era un pozo en el sótano de la universidad: la ubicación precisa la conocíamos dos o tres compañeros y Hebe, y nadie más.
-¿Y si alguien le preguntara a Hebe si eso es cierto, ella diría que sí o que no?
-Nooo. Ella de eso no se va a hacer cargo ni abajo del agua... Y fue un problema enorme que, cuando se arma esta alianza con el kirchnerismo, hubo que sacar todo.
Dice, y recuerda el momento en que Hugo Chávez fue a ver a Bonafini a la sede de las Madres y le dijo que el comandante Fidel le pedía que apoyara a este presidente nuevo, casi desconocido, de quien ella había dicho, poco antes, que era "la misma mierda que todos los demás". Y cómo ella lo escuchó y le ordenó que pidiera una audiencia en la Rosada y cómo quedó prendada por la acogida de Néstor y Cristina, y cómo todo cambió tanto desde entonces. Todo, tanto.
-Y sí, hubo que desarmar una estructura en la que habíamos estado trabajando, en la que muchos compañeros habían puesto muchas expectativas.
A partir de ese momento, las Madres de Plaza de Mayo -y, sobre todo, Hebe de Bonafini- empezaron a tener un lugar destacado en la liturgia oficial: no había acto o acontecimiento importante que no la tuviera como invitada de honor. Las Madres fueron una instancia de legitimación que el gobierno nunca desdeñaba.
-¿Pero había un plan militar? ¿Cuál era?
-La idea era mandar compañeros a formarse con las Farc en Colombia, con los zapatistas en Chiapas, y que después esos compañeros pudieran venir con alguna formación y comenzar un trabajo, digamos, foquista en algún lugar. Ese era el único modelo posible, no veíamos otra salida. Era impensable que el país se iba a recuperar en ocho años, quién se podía imaginar eso.
Yo le digo que no lo sabía, que nunca lo habría imaginado. Y que siempre me intrigó -y lo he escrito varias veces- que ningún deudo de las víctimas de la dictadura haya intentado la venganza: que la Argentina estaba llena de asesinos sueltos y que finalmente no habría sido tan difícil atacar a alguno, y que por eso me había sorprendido menos cuando leí que él, Sergio Schoklender, había planeado el secuestro de Massera.
-En 1999, 2000, teníamos todo preparado para ir a secuestrarlo: le habíamos hecho inteligencia, sabíamos cómo se movía, por dónde, teníamos todo preparado. Mi fantasía era hacer algo muy parecido a lo que después fue esa película, El secreto de sus ojos, ¿no? Lo agarrábamos y se perdía, nunca más. Yo quería que el enemigo recibiera el mensaje de lo que significaba la desaparición, que supiera cuál era la sensación de estar desaparecido, que nadie sepa si alguien está o no está, si vive, si está muerto. Decirles esto es lo que hicieron. Y encima a Massera, que era tan emblemático. Pero ahí Hebe se opuso, y al final se demostró que tenía razón, la historia le dio la razón. Después las leyes de impunidad se derogaron, un montón de milicos están presos y procesados. Pero en esos años era impensable que eso sucediera en la Argentina. Y ese viraje fue gracias a Néstor. Visto desde ahora me pregunto si, en el caso de que algunos de estos grupos delirantes, incluso el nuestro, que no pasó de ser un embrión, hubieran llegado a hacer algo, si eso no habría debilitado la posibilidad de un cambio institucional tan profundo como el que hubo.
Dice, reflexivo, y le digo que más me sorprendió que, en su libro, cuente cómo, en los años noventas, cuando se quedaban sin plata para pagar el funcionamiento de las Madres, "salían a recaudar":
-Sí, cuando teníamos que salir a recaudar, salíamos a recaudar como en los viejos tiempos.
Dice, marcando las palabras, con un amago de sonrisa.
-¿Qué querés decir? ¿Cómo eran los viejos tiempos?
-Y, choreo. En negocios, en supermercados más bien. Tratábamos de que fuesen lugares que representaran más la concentración oligárquica, no la farmacia de la esquina.
-Pero nunca firmaron sus acciones.
-No, no. No, porque era temprano.
-¿Temprano?
-Sí, era temprano para que saliera a la luz una organización que no tenía un referente político todavía.
-A mí me impresionó leer que habías escrito eso. ¿Te imaginás los títulos de mañana o pasado: "Las Madres de Plaza de Mayo se financiaban con plata de asaltos a mano armada"?
-Pero es verdad.
Dice Sergio Schoklender, como si eso fuera todo y, por un momento, tiene una rara candidez en la mirada.
-Es verdad. Hebe lo dijo una vez en la Plaza, hace unos meses, cuando estaban los trabajadores que le reclamaban los sueldos les dijo vayan a reclamarle a Shocklender que se robó todo. Después a la semana siguiente, cuando volvieron a reclamar, les dijo yo no voy a salir a robar como Shocklender para pagarles el sueldo.
-Pero todos entendimos que lo que estaba diciendo era que le habías robado a ella, no que habías robado para ella...
-No, no, dijo yo no voy a salir a robar como Schoklender para pagarles el sueldo. Está bastante claro.
-¿Vos decís que estaba hablando de esas acciones?
-A ver... Con ella era: Hebe conseguimos la plata; bueno, yo no pregunto, no me digas nada. Pero habíamos hablado y acordado explícitamente que si algún día me pasaba algo, ella no tenía que saber nada y se tenía que despegar.
-¿Y por qué salís a decirlo ahora?
-Porque creo que es justo. Primero porque estoy pagando el haber sostenido un mito y estoy tratando de reparar algunas cosas. Porque creo que hubo muchos compañeros que se jugaron durante años para sostener esta estructura que ahora la hizo mierda, la destruyó, no quedó nada. Nos jugamos muchos por las Madres y por Hebe, pusimos el pecho en serio, no a medias.
Sergio Schoklender piensa, busca las razones -que debería haber definido de antemano. Yo le pregunto si, al decir esto, no se está autoinculpando: si no puede aparecer un juez que diga bueno, este señor dice que salió a robar, voy a investigarlo. Él me mira como si no lo hubiera imaginado y me dice que no, apenas displicente, casi cool:
-Naaa. Primero tendría que encontrar un hecho concreto... y además ya está prescripto.
-Quizá. A mí me pareció raro, como que te ponías en un lugar de mucha exposición, de cierta fragilidad al decir eso.
Entonces me mira con curiosidad, como quien ve de pronto algo, arquea las cejas, pita, sopla:
-Bueno, hay un montón de cosas que puse en el libro y después a la noche pensando me decía uy, esto mejor no lo hubiese dicho... Pero ya está, está ahí, y forma parte de la verdad y forma parte de mi vida, casi 16 años entregados ahí.
Y es entonces cuando me dice que sí, que quizá no tendría que haber dicho eso y se queda pensando y parece que está diciendo la verdad. Todo es posible.
Hace dos años, Miguel Russo le preguntó a Hebe Pastor de Bonafini "cuál era la persona más maravillosa que había conocido representando a las Madres por el mundo". Y ella le contestó que "Evo Morales, impresionante, nadie sabe lo que es capaz de hacer. Y después, al lado de nosotros, Sergio Schoklender, un tipo entregado cien por cien a la tarea. El día, para él, tiene 30 horas, y todas laborables. Alguien que nunca quiere nada para él." Alguien que nunca quiere nada para él, decía, subrayaba. Y contaba que, después de conocerlo en la cárcel "empecé a quererlo como un hijo, lo traje a vivir acá, a mi casa. Y es una máquina de trabajar, a la que se suma una inteligencia sin igual. Él hizo el proyecto Sueños compartidos que el gobierno tomó como propio. Estamos a punto de firmar el convenio con todas las provincias, porque nosotros no tenemos plata, entonces el gobierno tomó el proyecto pero nosotros lo que le pedimos es que sea como queremos nosotros, con escuelas, con comedores, con jardines maternales pero con gas, luz, agua y cloacas, porque no se puede construir un barrio para que esté como antes. Ya lo estamos haciendo en Tartagal. Y eso es toda una idea de Sergio", decía, en marzo de 2009, Hebe de Bonafini.
Y, en esos días, Jorge Fontevecchia le preguntaba a Schoklender cómo definiría su relación con ella: "Es como una madre para mí: me cocina, me reta si no como, si le desordeno, si no me cuido", dijo él. "Y además es una relación muy particular porque, junto con todo el afecto, te baja línea política desde que te despertás hasta que te acostás".
Pero en mayo de 2011 la relación se rompió -con el ruido apropiado. Al principio, las dos partes trataron de presentarlo como una separación amistosa, de mutuo acuerdo: Schoklender decía que "renunciaba para tener más tiempo para sus proyectos personales" y Bonafini que él "estaba de viaje". En pocos días, las acusaciones mutuas fueron escalando, y las denuncias de periodistas y diputados sobre desvíos y corrupciones y lavado de dinero; eran, además, tiempos electorales, y el gobierno empezó a preocuparse. Cierta prensa decía que el programa Sueños Compartidos había sido una estafa, una forma de desviar dineros públicos, y apuntaba a Schoklender pero también a Hebe de Bonafini. Entonces Bonafini dijo que eso era cosa de Meldorek, una empresa que ella no conocía -dijo, hasta que aparecieron fotos y videos de ella inaugurando cosas con carteles que decían Meldorek. Meldorek era, en efecto, la empresa que construía las casas para la Fundación Madres de Plaza de Mayo, y Schoklender era o es uno de sus dueños. Su capital pasó, en 2006, de 12.000 pesos a dos millones. Al principio, Schoklender dijo que la empresa no era suya; después aceptó que era uno de sus dueños.
Todo se emporcaba, y se cruzaron acusaciones de dineros sucios: que Schoklender robaba, que las Madres tenían cuentas sin declarar afuera. Ella dijo que "Sergio Schoklender es un traidor y un ladrón y un pobre tipo" y, cuando un periodista le preguntó si se iban a defender en la justicia, lo miró cual busto enfurecido y le dijo que no tenían nada de qué defenderse: "¿De qué nos van a acusar? ¿De haber dado la sangre de nuestros hijos para hacer esta patria maravillosa que tenemos?", dijo, usando una vez más la historia y la sangre para desviar las discusiones del presente.
Él, mientras tanto, dijo que "Hebe dejó de defender principios para pasar a defender a un partido" y rechazó las acusaciones de enriquecimiento y dijo que nunca se llevó ni un peso. Y lo repite ahora:
-Yo no me llevé ni un peso. Pero sí hubo plata que se usó para gastos de la Fundación, ordenados por las Madres. Es el sistema que te decía, de cómo funciona la política. Yo, aparte de construir, con esa plata tenía que mantener a las Madres, los actos partidarios, los afiches, los caprichos de Hebe, los caprichos de su hija, las casa de su hija, los centros culturales, la radio, la universidad de las Madres, los viajes, los choferes, la camioneta... Tenía que hacer milagros.
Tiempo después, ahora, Schoklender dirá que la pelea vino porque estaban dejando de renovar los contratos y había 6500 familias que se iban quedando sin trabajo.
-Y yo lo planteo, insisto, pero veo que no pasa nada, todo se demora. Entonces Hebe me dice que si no se renovaban los contratos era porque Cristina no quería.
Dice, entorna los ojitos. Schoklender tiene los ojos achinados, los entorna como si ver fuera un trabajo duro. Y dice que "todo empezó a arruinarse con la muerte de Néstor".
-Acá hubo un antes y un después con Néstor. Néstor era el tipo que siempre tenía una puerta de atrás por dónde entrar en cada ministerio. Es decir, de pronto estaba el ministro, pero él designaba un subsecretario para tal área que le respondía totalmente, que le servía para controlar el asunto. Entonces nosotros le mandábamos a decir mirá, nos están cagando, no nos firman, no nos redeterminan los precios, tenemos que echar gente, y él levantaba un teléfono y al día siguiente aparecían los nuevos contratos firmados. Mi relación no era directamente con él, mi relación era a través de Zanini. Pero cualquier cosa que yo le hacía llegar, él automáticamente la recibía y lo resolvía. No porque me quisiera, sino porque realmente creía en el proyecto. Por eso cuando Cristina comienza a gobernar, se nos corta un interlocutor. Y cuando Néstor muere, Cristina pasó tres meses sin saber dónde mierda estaba parada. Lo único que tenía eran unas breves apariciones públicas para ver cómo le recortaban el paso a Aníbal y a Alicia, que habían hecho una alianza muy fuerte. Y con unas depresiones muy grandes, que no sabían cómo levantarla, días enteros llorando. Curiosamente reaccionaba más por la bronca, cuando le decían mirá que fulano está haciendo tal cosa, ahí juntaba fuerzas y salía adelante. Su pequeño entorno de interlocutores eran Zanini, Parrili, de Vido, Nilda Garré, pero en todos los ministerios las segundas líneas de Néstor no le respondían ni al ministro ni a ella. Y en esa situación se producen los mayores descalabros. No nos pagaban, nos encontramos con todo tipo de obstáculos. Envidias, peleas de poder, gente que sentía que nuestra forma de trabajar los dejaba en descubierto...
Dice Schoklender, y que por eso decidieron cargárselo: porque con su trabajo dejaba en evidencia los márgenes enormes que muchos sacan, y la mala calidad de las rutas o las escuelas o las casas que construyen, y que por eso y porque no pagaba los retornos acostumbrados se empezó a poner en contra a mucha gente.
-Es que nuestras obras eran de primera calidad y costaban la mitad; con eso les estaba tocando el culo a muchos. Y no pagaba sobreprecios, no pagaba coimas. Ahora me dicen que yo tendría que ser más realista y algo tendría que haber repartido. ¡Pero qué iba a repartir si todo lo que sobraba tenía que sostener todo el resto!
Y que, para colmo, dice, organizaban pobres, dice:
-Cuando nosotros trabajábamos en los barrios más marginales, veías esa transformación del hombre y esa mujer que venía del sometimiento, de la prostitución, del analfabetismo, de la explotación y el abandono y vos no los extraditabas detrás del paisaje, sino que los ayudabas a seguir creciendo, y transformabas su realidad cotidiana. Y, después hacerlos volver para atrás es muy difícil. Yo no apostaba a esos trabajadores, yo apostaba a los hijos de estos trabajadores que habían podido ver a sus padres con otra realidad y que iban a ser capaces de pensar qué modelo de transformación era necesario para que esto continuara. Y Néstor valoró este proyecto, lo reconoció, entendía el impacto que iba a tener. A Néstor no lo asustaba que fuesen 10 mil, 20 mil trabajadores organizados. A Cristina sí, y ni hablar al entorno de la dirigencia kirchnerista. Y ese crecimiento político y ese nivel de organización asustó a muchos, y yo no tenía miedo de decirle a nadie lo que hubiera que decirle y de pelear por el proyecto con quien fuera. Así que alguna gente se dejó convencer de que sin mí todo iba ser igual pero mejor, y se vino la noche.
-¿Y por qué decís que a Cristina la asustaron esos trabajadores organizados?
-Porque Cristina se maneja con otros parámetros. Yo creo que la primera vez que Cristina vio un pobre fue con las obras de la Fundación. La primera vez que la abrazaron los trabajadores fue cuando fue a las villas con Hebe a inaugurar una obra. Me acuerdo que el entorno, la seguridad, los secretarios estaban aterrados, y ella se animó, así, tímidamente, y vos la veías que era la primera vez que estaba rodeada de esa intimidad de gente transpirada, con cascos, ropa de trabajo, hombres y mujeres que la abrazaban y le traían un regalito, y vos la veías que no era lo suyo.
Y que por todo eso, dice, y las peleas y las envidias y las apetencias de poder, terminaron por cargárselo. Es una historia. Hay otras: cada cual cuenta una.
Así que en pocos días Sergio Schoklender se peleó con su madre adoptiva y con su hermano de sangre, Pablo -que colaboraba con él en la Fundación-, y quedó en el centro de un proceso judicial. Y quedó, sobre todo, un poco solo.
-De alguna manera me lo tengo merecido, siento, ¿no?
-¿Qué?
-Este cachetazo que ella me da. Mi esposa, mi ex esposa, siempre me decía Sergio, Hebe se lo hace a todos, algún día te lo va a hacer a vos. Ella peleaba mucho para que nuestro hijo, Alejandro, no se acercara tanto a ella, porque algún día lo iba a repudiar, me decía, iba a ser muy doloroso para él. Y yo le decía es imposible, es su nieto, lo adora, la abuela soñada de cualquier nieto. Y era abue y se llamaban, hablaban, por lo menos una vez por mes él se quedaba en la casa de ella. Y de la noche a la mañana fue el repudio más absoluto, el desconocimiento, un momento tan doloroso: quince años de mi vida puestos ahí a pleno. Fueron quince años de mi vida que si hacía falta pagar la luz salíamos con un fierro en la cintura a buscar plata para sostener lo que las Madres necesitaban. Y de la noche a la mañana, un cachetazo en la cara, diciéndome...
Dice, y se calla. Dice diciéndome y no quiere decir traidor, ladrón, pobre tipo. Dice diciéndome y se calla.
-Pero esta misma situación yo antes la viví y se la toleré y me callé frente a infinidad de compañeros que pasaron por la vida de Hebe y que después por algún problema de protagonismo o de cartel o de capricho o de que en una marcha le habían hecho una nota a él y no a ella terminaron radiados y repudiados, después de dejar años de su vida ahí. Y frente a muchas de estas situaciones, yo tampoco fui capaz de levantar la voz y poner un límite firme. Y hoy me pasa lo que les pasó a tantos.
Schoklender mira el cigarrillo, la mano que le tiembla, y dice que de la noche a la mañana recibió ese cachetazo que le hizo entender que él no era, como creía, distinto: cualquier psicólogo hablaría de la herida narcisística y de ciertos mecanismos de defensa. Yo no, pero sí de que es duro cuando te pasan esas cosas que uno cree que sólo les pasan a los otros -morirse, por ejemplo.
-Sí, uno siempre piensa que es distinto y, de pronto, te ves en ese lugar donde habías visto pasar a tantos en la vida de Hebe, y ves que sos uno más de todos esos...
Dice, melancólico. Siempre es duro ser uno más.
De todos esos.
Le ofrezco un puro: me traje un par de puros, pensando que si la charla se hacía larga le iba a ofrecer uno: siempre es bueno compartir algún humo. Schoklender lo mira con interés, como pensando en algo que quizá no me cuente. En el piso de abajo su hijo juega a la play; Schoklender está preocupado porque tendría que ocuparse de que estudiara matemáticas -y su mujer ex mujer le puede reprochar que no lo haga. Suena el teléfono, habla con alguien que le pide algo, le dice que sí pero no todavía; cuando cuelga le pregunto por qué cree que ella -con decir ella alcanza- hace las cosas que él dice que hace.
-Ella logró llegar a un lugar de reconocimiento de la dirigencia política, y a caminar por lugares por donde jamás se hubiese imaginado. Que entre a la Casa de Gobierno y que Néstor, Cristina, los ministros la inviten personalmente a todos los actos públicos... Me acuerdo cuando vino el de los Emiratos Árabes yo le decía Hebe, mirá que éste es un esclavista, es un hijo de puta. No, no, Cristina me invitó, yo tengo que ir, decía. Ella siempre fue muy susceptible a la adulación. Así fue como se rodeó de toda una banda de parásitos aduladores, así fue expulsando a todas las Madres capaces de cuestionarle algo y terminó monopolizando la imagen de la Madres de Plaza de Mayo, así fue incapaz de sostener a HIJOS dentro de Madres, a ex Detenidos, a Familiares, o a Abuelas, o de valorar otras formas de lucha. Terminó rodeada de obsecuentes, y pasó de ser la mujer que viajaba todos los días en colectivo hasta la Plata a ser la mujer que si no viaja en primera, no te viaja. Hebe terminó tercer grado nada más, y pasó a ser una mujer que leía tres libros por día, se nutría. En una formación donde yo colaboré un poco, pero una formación muy despareja, donde te decía estos negros de mierda que se vayan a mendigar a otra parte; uy, que no te escuchen. O armarse una ensalada entre lo que era la defensa del pueblo palestino y la defensa de Hezbollah o Al Qaeda o el antisemitismo y, entonces terminaba hablando del judío de mierda.
-"Hebe era una mujer muy primitiva, de muy poca educación. Tenía muchas flaquezas humanas y yo era una máquina de tapar sus baches: había decidido sostener esa imagen falsa", decís en el libro.
-Cuando me voy encontrando con esta realidad de ella, ya era mucho lo que había hecho. Habíamos organizado una biblioteca, la universidad, el centro cultural, la radio, un montón de cosas que me parecían valiosas. Me acuerdo que con Viviana vivíamos en un departamento atrás de esta casa, y lo hipotecamos para poder pagarles los viajes a declarar en la Audiencia Nacional con Garzón. Porque Hebe a eso no le daba bola a eso, porque no lo entendía, no lo sabía. Pero vos fíjate que de ahí salieron cosas como la detención de Pinochet. Y después lanzamos el proyecto de la construcción...
Sueños Compartidos empezó en 2006: un programa de construcción de viviendas populares con un par de características distintivas. Por un lado, la decisión de contratar a pobladores pobres de las zonas donde trabajaban:
-No sabés lo que fue para mí la satisfacción de ver a esas 6.500 familias rescatadas de la marginalidad más absoluta. Vos pensá que para el 90% de esos trabajadores era el primer trabajo formal que habían tenido en su vida, gente totalmente indocumentada, que por primera vez pasó a ser ciudadana cuando le tramitamos su DNI, después el cuit, después un recibo de sueldo, que los sacamos de la calle, de cartonear o de andar juntando basura o de andar vendiendo droga o estar en la prostitución o de ser carne de estas organizaciones sociales entre comillas, de vivir del plancito, en los micros para los actos, como único trabajo. Que les dimos dignidad, les dimos alfabetización, un oficio... Y de la noche a la mañana, ¡pum!, toda esa gente que trabajaba con nosotros se quedó colgada de la brocha, pataleando en el aire. Esa gente no tiene red. Nosotros sí, nosotros vamos a sobrevivir, de alguna manera vamos a seguir. Pero ellos ...
Por otro lado, dice después, está el sistema de construcción, su gran orgullo, que les permite trabajar rápido y bien, construir casas mejores y mucho más baratas.
-Y bueno, el precio para seguir adelante era sostener ese mito. Si vos querés, era tratar de darle un sentido más actual y más coherente a la lucha por los derechos humanos. Tratar de utilizar la potencia que tenía el símbolo para construir algo, no para destruir todo el tiempo. Y el precio era sostenerla a Hebe. Y qué sé yo, hicimos mucho. ¿Está bien, está mal? No sé. Hemos hecho cosas increíbles, he compartido con ella vivencias increíbles. Pero por otro lado, ¿cuánto de eso era verdad? No sé. Ahora no lo sé.
Cuando estalló el escándalo la estrategia del gobierno fue la más simple: correrse de un escenario incómodo y presentar todo el asunto como la lógica traición del parricida. Para eso tenían que olvidarse de que el parricida había sido, durante años, un invitado permanente. Y el parricida puteaba pero, en esa discusión, ¿a quién le creerían más personas, a la Gran Madre o al Asesino de la Suya?
-Es muy menor, pero me llamó la atención que en tu libro dijeras que los 30.000 desaparecidos en realidad fueron 15.000, porque...
Le digo, y me interrumpe, atropellado:
-Eso es lo que me contaba ella, no lo dije yo. Ella me lo contaba como secreto, no sé, estábamos reunidas con otras madres y entonces como la Conadep dijo 15.000 yo salí a decir que eran 30.000, dijo, y 30.000, y 30.000, y quedó 30.000. Da lo mismo que sean 30.000 o uno, es obvio que uno solo es demasiado. Pero ella terminaba siendo la primera que había ido a la plaza, la que sabía esto y lo otro, la que te marcaba las fechas, la cantidad de los desaparecidos, quiénes eran buenos y quiénes eran malos, quiénes eran traidores y quiénes no... Siempre primereando, se enfermaba si veía que le ocupaban el escenario. La postulación de Estela de Carlotto para premio Nobel la puso verde, no sabés cómo estaba...
Sergio Schoklender sabe que no le resulta fácil que le crean. O, mejor dicho: fácil que no le crean. No se engaña: sabe quién es -para millones de argentinos. Es rara esa combinación de hombre duro, pesado, que puede jactarse de sus peleas en la cárcel o un asalto pero que sabe, al mismo tiempo, que tiene límites fuertes, una debilidad muy clara. Aún en sus mejores momentos, cuando Hebe de Bonafini lo impulsaba a tener más protagonismo en los actos de las Madres, él se negaba:
-Yo siempre jugué de monje negro, porque entendía que no sumaba, que ella sola ya se ocupaba de hacer vulnerables a las Madres. Hebe podría haber sido prenda de unión de la dirigencia política argentina en determinado momento, o por lo menos de todos los sectores progresistas. Bajo el pañuelo de las Madres, ella podría haber hecho la gran convocatoria. Y en cambio fue la gran convocatoria de sí misma.
Tenía razón: su mujer ex mujer sube a preguntarle por qué no se ocupó de que su hijo estudiara matemáticas en lugar de jugar con la play; Schoklender le contesta tímido, le pide disculpas. Después prepara más café, seguimos, en el humo de los puros:
-A mí ya de por sí me pegaban por el tema de parricida, de asesino. Si encima yo aparecía como la voz de las Madres, les iban a pegar más. De hecho hubo madres que se fueron porque estaba yo, es una realidad. Si ya con los exabruptos de Hebe alcanzaba para que le pegaran a las Madres. ¿Cuántas veces las Madres se han comido críticas por eso? Si encima la cara visible era Sergio Shocklender... bueno, era pesado. Tampoco era un lugar que me gustara. Jamás tuve esas aspiraciones. A mi dejame con las experimentaciones, laburo con los barrios, las villas, organizar. Yo creo que puedo generar las condiciones para que otros sean los protagonistas a futuro. Soy un idealista en ese sentido, creo que podemos construir un mundo distinto para dejarle a mi hijo, una herencia, un proyecto. Pero con lo otro no me siento cómodo.
Yo tampoco: le tengo que preguntar, de algún modo, por el asesinato de sus padres. Ya es hora. Pero no sé cómo: me da pudor, no veo por qué tendría derecho -yo, cualquiera- a preguntar cosas como ésa. Y sin embargo no puedo no hacerlo. Intento, por el momento, formas muy laterales:
-¿Y cómo es cargar con esa historia? La sensación de que todos tus compatriotas te piensan primero como un tipo que mató a los padres, digo, más allá de que lo que haya pasado...
-Pesado, muy pesado. En alguna época yo vivía tratando de convencer a todo el mundo de que era bueno. Hasta que dije bué, más vale hago lo que se me ocurre, y a otra cosa. Pero es pesado, en cualquier momento te podías encontrar con alguien que te podía rajar una puteada...
-Pero, digo, más allá de la cuestión pública, de estar delante de gente que te puede decir esto o lo otro, ¿para vos, frente a vos mismo, cómo es cargar con todo eso?
Su voz se va haciendo cada vez más oscura, grave, baja. Una mano en la frente, la otra en el cigarro, y dice que es pesado, pesado, y va a seguir siendo pesado hasta el último día de su vida -y creo que lo dice en serio. Que habla en serio.
-Muy duro. No desaparece, ni va a desaparecer nunca. Siempre hay una cosa reparadora en uno, de querer dejar algo mejor para el futuro, ayudar, hacer el bien, sentir que tenés una deuda con la humanidad, con la vida, que no se va a ir nunca. Pero bueno, qué sé yo...
Dice, y espanta con la mano. Debe ser espantoso tener que volver -no tener más remedio que volver- una y otra vez a esas mismas dos horas, a un momento que, desde hace 30 años, te marca la vida: que, por más que hagas, sigue siendo lo que te define. Yo sigo dando vueltas:
-Estuve leyendo sobre la muerte de tu padres. Hay cosas muy raras. ¿Es verdad que quisiste huir a caballo?
Schoklender me mira seco, para dejar las cosas claras. Me pregunto si así miraba en Devoto, en Caseros:
-De toda esa historia, toda esa parte, yo no hablo
Y después, para suavizar el corte brusco: que no habla porque es muy doloroso. Se oye, al fondo, el ruido de unos pasos subiendo la escalera.
Su mujer ex mujer llega entre dos pacientes, hablamos de pavadas. Sergio Schoklender disfruta el puro, lo chupetea, lo mira; después ella se va. En su libro, él dice que "todo entrevistador tiene su precio"; yo le pregunto cuándo me va a pagar el mío. Se ríe: reírse suele ser una salida. Pero Schoklender cree saber que los medios argentinos "viven de la extorsión y de la compra de los espacios por parte de la dirigencia política".
-Todos tienen que aportar para que no hablen mal de ellos. Si vos sos gobernador o intendente de una ciudad grande y no aportaste tu cuota mensual, mañana salen artículos pegándote o, mejor dicho: mostrando la realidad de tu provincia, escrachándote a los cuatro vientos. Solo para que no te mencionen, tenés que pagar. Y eso lo aprendí tarde, eh. Yo cuando empecé en esto era el tipo más ingenuo del planeta, no conocía nada. Yo me acuerdo de estar con alguna consultora, por ahí Doris Capurro, que está como una gran asesora de Cristina, y escuchar que la llaman por teléfono y cómo, ¿todavía no te llegó lo de este mes? Ah, esperá que ya lo llamo, y llamar al gobernador tal para decirle que no había mandado la cuota para el medio tal del aporte mensual de publicidad oficial... Eso es para que no hablen mal. Si vos además querés que hablen bien, y empezar a existir en el imaginario popular, ya es otro precio distinto. Dos líneas en un diario, donde se mezcla la necesidad de este modo de hacer política con el narcisismo que todos tienen, son precios altos. Esas dos líneas son carísimas. Y así es, en general, el tipo de periodistas y de prensa que tenemos.
-Sin embargo, cuando las Madres hicieron aquel "juicio ético a los periodistas" dijiste que no estabas muy de acuerdo.
-Yo no estaba de acuerdo en esas movidas de Hebe. Eran medidas consensuadas con Mariotto para pegarle a tal grupo, al grupo Clarín, a fulano o mengano, y aprovecharlo como una tribuna para salir en defensa de la ley de Medios y en contra de fulano de tal, y no una reivindicación de otro modo de hacer periodismo y de hacer justicia. Y esta cosa indiscriminada de Hebe de son todos una mierda, no sumaba nada. Pero era su manera, ella siempre redoblaba la apuesta. Por supuesto desde el gobierno la alentaban, le daban manija. Cuando la llamaban y le decían Néstor y Cristina te vieron, se emocionaron, se les caían las lágrimas con lo que decías, te podés imaginar que ella se hinchaba como un pato. Y al día siguiente, quién carajo le pone el bozal.... Seguía diciendo boludeces.
-Decías que Néstor era el que alineaba los medios.
-Néstor era el que los llamaba y les decía déjate de joder con este tema porque te corto las patas, te saco la pauta oficial y además te volteo tres empresas.
-¿A Clarín?
-A Clarín, a La Nación, a Haddad, todos los medios. En el caso de Cristina es distinto. Porque Néstor te utilizaba la caja más el poder político. Cristina delegó todo eso en Abal Medina, y él maneja con pauta: te retraso los pagos, te libero los pagos. Pero no es lo mismo Abal Medina que Néstor, claro. Hoy verlo como jefe de gabinete es un escenario trágico, al 2015, porque no veo recambio. Te pueden construir un candidato mediáticamente todavía, pero no hay una generación política y una organización. No hay debate de ideas. No hay un proy
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11 Septiembre 2011

El escenario
Por Joaquín Morales Solá (*)
La política sería frívola si tratara sólo en clave electoral el escándalo que vincula a Sergio Schoklender con Hebe de Bonafini y con funcionarios nacionales. Schoklender lo está haciendo, porque la extorsión es su estrategia. Poco importa, por lo demás, si semejante caso de corrupción y deslealtad moral afectará o no a la Presidenta en las elecciones de octubre. Es probable que no la perjudique. ¿Sería eso suficiente para que la política y, sobre todo, la Justicia indulten al Gobierno y a Bonafini de una trama que pone bajo sospecha la moral de los funcionarios públicos y el uso promiscuo de la digna causa de los derechos humanos?
Schoklender le dijo a la revista Noticias que el secretario de Obras Públicas, José López, autorizaba o negaba los contratos de viviendas según dos condiciones: el grado de adhesión política de los intendentes o gobernadores y el "arreglo" económico (un eufemismo de coima) que el funcionario hiciera. ¿Novedad? No. Hay innumerables testimonios de intendentes del conurbano bonaerense que sitúan a López como el representante del gobierno nacional con más capacidad de presión política, a cambio de obras públicas, sobre los municipios bonaerenses. El que presiona es López y no De Vido , dijo a La Nacion, hace poco, uno de los más conocidos intendentes del Gran Buenos Aires.
¿Es una novedad que la obra pública se haya convertido en una de las covachas más destacadas de la corrupción? ¿Podría serlo después de innumerables denuncias políticas y periodísticas en los últimos años? No. De hecho, un ex gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo, renunció cansado de homologar precios desorbitados en su provincia cuando contrataba obras públicas ordenadas por el gobierno nacional. La única novedad que ofrece Schoklender es que la confirmación surge de una voz demasiado cercana, hasta hace muy poco, al oficialismo y al trasiego del dinero público. Schoklender podría ser un arrepentido si no fuera un extorsionador. Más allá del propósito de sus actuales denuncias, seguramente espurio, lo que importa es la veracidad de sus aseveraciones.
Todos lo que han conocido a Schoklender coinciden en describir a una persona perversa y brillante al mismo tiempo. Es capaz de perpetrar el daño y de explicar el daño como la obra de un corazón bueno. Fue capaz de salir de la cárcel con el estigma de haber matado a sus padres y de haber edificado, desde la nada, una considerable fortuna personal. Yo tengo un muy buen pasar y no me preguntes por qué , le contestó a un funcionario, en sus tiempos de gloria al lado de Bonafini, que lo interrogó sobre su tren de vida. Cambió la mirada. Esa mirada fría me dio miedo , recuerda ahora ese ya ex funcionario.
Pocos días antes de que Schoklender contara sus secretos (o parte de ellos), instancias judiciales que habían tenido acceso a la investigación del juez Norberto Oyarbide quedaron petrificadas de asombro. Las pruebas acumuladas en la causa sobre los manejos deshonestos de los fondos girados a la Fundación Madres de Plaza de Mayo son de una inconmensurable vastedad. Eso no puede limitarse a Schoklender. Una pesquisa judicial correcta debería avanzar sobre Hebe de Bonafini y sobre los funcionarios que le enviaron dinero estatal sin control , dijo el funcionario judicial que vio el expediente.
Oyarbide, en cambio, tuvo dos actitudes. Primero se sentó sobre el expediente, prorrogó sin explicación el secreto del sumario y todavía tiene a las Madres de Plaza de Mayo como querellantes de la causa. Querellante puede ser sólo quien probadamente no tiene ninguna vinculación con el delito que se investiga. Oyarbide recibió, en retribución, el elogio público de Bonafini. El juez nunca explicó del todo por qué razón se desplaza en un auto oficial que está a nombre de la Jefatura de Gabinete.
La segunda etapa de Oyarbide comenzó después de la espectacular irrupción de Schoklender en las últimas horas. Allanó a diestra y siniestra, prepara ahora la convocatoria de testigos y de indagados, y, por fin, encendió el motor de la causa. Las palabras de Schoklender parecen haber producido, en algún lugar al menos, el efecto que buscaba. El contraste habla del juez tanto como de Schoklender.
Aquella personalidad de Schoklender, astuta y maliciosa, lleva a la conclusión de que lo que dice está debidamente probado en su reciente presentación ante Oyarbide. Es abogado, además, y sabe que las mentiras ante la prensa, sin respaldo judicial, podrían agravar su situación. ¿Cómo explicar, entonces, que Bonafini fuera titular (hasta 2009, según él) de una cuenta en el exterior con dos millones de euros? Bonafini replicó que esa cuenta en Asturias se cerró en 2006 y que nunca tuvo tanto dinero, pero Schoklender precisó que le entregó documentación al juez que demuestra que la cuenta existió hasta hace dos años y que guardaba la cantidad de dinero que él sostiene.
Una parte de la versión de Bonafini es de dudosa veracidad. Ella señaló que a esa cuenta iban a parar donaciones y premios que las Madres recibían del exterior. En rigor, las Madres comenzaron a dejar de percibir ayuda del exterior después de dos notables exabruptos de Bonafini. El primero fue en el año 2000, cuando respaldó públicamente el proyecto criminal de la terrorista ETA. Casi todas las donaciones españolas cesaron en el acto. El segundo fue cuando festejó un año más tarde, en 2001, también públicamente, el atentado devastador a las torres del World Trade Center, en Nueva York.
Después de esos dos episodios, Bonafini se quedó con poca audiencia en el exterior y con menos caudal de recursos desde fundaciones internacionales. ¿De dónde provenían, entonces, los dineros que se depositaron en esa cuenta hasta 2006, según Bonafini, o hasta 2009, según Schoklender?
Sea como sea, lo más notable del caso de ese dinero, según cualquiera de las dos versiones sobre el monto, es que se manejó como plata negra, sin control financiero ni de los organismos impositivos argentinos. Quizá sea consecuencia de los modos kirchneristas: nadie en el Gobierno está en condiciones de supervisar o de impugnar a los retoños de la cima.
El extraño manejo de dinero no termina ahí. Personas que estuvieron vinculadas a la Universidad de las Madres aseguran ahora que renunciaron a sus tareas docentes cuando intuyeron que una parte importante de la financiación corría por cuenta del gobierno de Hugo Chávez. Rectores y decanos iban y venían a Venezuela con viajes pagos incluidos , señaló uno de esos renunciantes.
La otra espectacular denuncia de Schoklender (que probó ante Oyarbide, según aseguró) consiste en que las Madres financiaron con 1.500.000 pesos la campaña electoral de Amado Boudou cuando éste soñaba, hasta hace poco, con ser jefe del gobierno de la ciudad. Es muchísimo dinero para un precandidato. Boudou nunca llegó a ser candidato. En realidad, se trató, más que de una campaña clásica, de un casting ante Cristina Kirchner, quien fue la que decidió, a última hora, que el candidato sería otro.
Tampoco era dinero de las Madres. Era dinero del Estado que fue a las Madres y volvió a manos de Boudou para financiar su corta campaña. Boudou va camino de ser el vicepresidente de la Nación. Será, dentro de poco, una figura de relevancia institucional. Debería cuidarse un poco más de la ostentación de riqueza que hace. Se acaba de mudar a otro departamento en Puerto Madero, más lujoso que el que tenía antes. El ministro dijo que no era de su propiedad. ¿Quién es el dueño, entonces? Boudou también descansa en lugares caros y se traslada en motos más caras aún.
Las Madres cumplieron un importante rol de coraje y decisión durante los años de la dictadura. Algunas de sus integrantes prefirieron perseverar en la austeridad y la coherencia, pero debieron romper con Bonafini. Existe, es cierto, un pasado de valentía cuando ésta escaseaba. Esos pergaminos no habilitan a nadie, sin embargo, a la retórica de la arbitrariedad ni al manejo inmoral del dinero público.
Bonafini llamó "traidor" a Schoklender. Esa calificación pertenece al territorio de la política o al de los sentimientos. El problema tiene otra categoría: es moral, pero sus raíces más profundas llegan hasta el eventual delito..
(*) Tomado del diario La Nación de Buenos Aires
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29 Agosto 2011
Peripecias de los despojos de El Lupo. Néstor. El Furia.

escribe Serenella Cottani
Interior-Provincias, especial
para JorgeAsísDigital
RIO GALLEGOS (de nuestra corresponsal itinerante, S.C).- "Cuerpo muerto", como concepto, resulta menos impresionante que "cadáver".
Tal vez, las peripecias del "cuerpo muerto" de Néstor Kirchner, El Furia, merezcan una novela. Como aquella de Tomás Eloy Martínez, sobre el cuerpo muerto de Evita Perón.
Pero legitima, preferiblemente, una crónica. Donde conste, en principio, el valor básico de la negación. La no aceptación del cese de la existencia del otro.
Significa confirmar que el cuerpo de El Furia había llegado muerto al hospital que enorgullecía a El Calafate.
De todos modos, al infortunado, se le practicaron innumerables ceremonias de resucitación.
Pero los esfuerzos resultaron, según nuestras fuentes, técnicamente perjudiciales. Aceleraron el proceso interior de descomposición.
La cronista juzga conveniente omitir las barbaridades que se emitieron al respecto. El aluvión de las explicables fantasías. Imaginaciones escabrosas. Versiones conspirativas que aluden al escepticismo tradicionalmente cultural. Consecuencias, en definitiva, de un culto excesivo hacia la reserva. Al secreto. Suele confundirse con el misterio.
Tampoco la crónica debe detenerse en la desesperación previsible de la viuda. O en la trascendencia internacional que adquiría el episodio.
Los protagonistas casi anónimos debían imponer la lucidez. Para activar los trámites vulgarmente mortuorios. Es la frialdad del turno fúnebre. La desazón de los responsables de la Cochería Ilhero para conseguir, en principio, un "cajón presidencial".
Interna de cocherías
"El cajón presidencial, Serenella, no es solamente el más caro", confirma la Garganta. "Para servicios muy especiales. Uno, por lo menos, para exhibirlo, la cochería debe tenerlo. Cuesta alrededor de 50 mil pesos".
Sin embargo la Cochería Ilhero, escogida por la familia del extinto para el servicio -sucursal Calafate, calle Los Gauchos-, no tenía ningún cajón presidencial.
Pero tampoco lo tenía en Río Gallegos, donde se encuentra la Casa Central, en 25 de Mayo 143.
La señora María Inés Ilhero, la dueña, se encontraba francamente conmovida. Con El Lupo -como lo llamaban al extinto en Santa Cruz- habían sido compañeros de colegio de andanzas.
María Inés -aquí coinciden las Gargantas- debió comunicarse con Juan Carlos Rams. El Gordo Rams, el principal competidor. Propietario de la Cochería del Sur, de la calle Ameghino. En Río Gallegos.
"Como sabés, murió El Lupo. Me encargaron el servicio pero no tengo un cajón presidencial. ¿Vos tenés?".
"Sí, tengo uno", respondió Rams.
"¿Me lo podés prestar para llevarlo a Calafate? Para El Lupo. Después te lo repongo".
Las Gargantas confirman que la señora Ilhero también -ya que estaba- le pidió un par de automóviles. Acordes con la magnitud solemne del acontecimiento.
"Sí, te los doy, pero el servicio también es mío", le habría dicho -aproximadamente- Rams.
Lo importante es que acordaron María Inés y El Gordo Rams.
Pronto partió, desde Río Gallegos, hacia El Calafate, el cortejo que encabezaba la "ambulancia". Contenía el cajón presidencial, seguido de algún auto lujosamente negro.
Completaban los 300 kilómetros de distancia. En medio del dolor, de la inmensidad desértica. Sobre todo de la incertidumbre.
Aún nadie sabía adónde iban a velarlo a El Lupo. En El Calafate, en Río Gallegos. O si lo trasladaban hacia Buenos Aires.
Para mayor complejidad, mientras el cortejo, con el cajón presidencial, se trasladaba hacia El Calafate, volaba, desde Buenos Aires, también hacia El Calafate, Aníbal Fernández, El Premier. Acompañado por el doctor Bonomo, el médico de la Unidad Presidente. Con la ostensible sensación de ser testigos del momento sustancial de la historia, trasladaban, también, otro cajón presidencial. Con algún reconocido especialista en el arte funerario.
Altura
Reitérase: aquí se omiten los detalles macabros. Tampoco siquiera se sobrevuelan las versiones delirantes.
Para sintetizar, alrededor del mediodía del 27 de octubre del 2010, en la bella residencia de El Calafate, para el mismo cuerpo muerto, había dos cajones presidenciales.
El féretro más lujoso, era -según nuestras fuentes- el que procedía de Buenos Aires. Pero presentaba un inconveniente insoluble. Quedaba chico para el cuerpo muerto.
El Lupo era demasiado alto.
"El Lupo -pobre- no entraba. Pero en el cajón presidencial del Gordo Rams sí entraba. Justo".
Hacia Buenos Aires, para rendirle los honores multitudinarios, a cajón cerrado, trasladaron, en avión, el cuerpo muerto de El Furia. En el cajón presidencial del Gordo Rams. Para ser sepultado, posteriormente, en Gallegos. Con el servicio a cargo de la Cochería Ilhero. Compartido, fraternalmente, por la infraestructura de El Gordo Rams, de Cochería del Sur.
La gobernación de Santa Cruz asumiría los gastos elementales. La efectividad a facturarse. El dolor, además, se institucionalizaba.
La vulgaridad del cobro
Aunque no trascendió, en el sepelio de Gallegos, se registró algún lógico desorden.
Militantes compungidos pretendieron trasladar a pulso el cajón presidencial. Desde el aeropuerto, hasta el cementerio.
Por los forcejeos, los intentos de llevarlo a pulso, se le ocasionaron severos daños al vehículo que hacía de cureña.
"Querían sacarlo. Pero el cajón se traba desde adentro, desde la cabina", confirma el que sabe.
Hubo que reparar los daños, ocasionados al vehículo fúnebre. "Salió bastante".
El problema de Rams, después del acontecimiento magistral, de la conmoción política y social, fue demasiado vulgar. Consistió en cobrar.
En la gobernación -coinciden las Gargantas- le bicicleteaban el pago.
Sin novedades en el frente, transcurrieron los meses. Y transcurrían también, los homenajes. Pero nadie se hacía cargo. No aparecía quien abonara las cuentas del sepelio.
Para colmo Lázaro Báez, El Resucitado, avanzó para construir la sobreactuación del monumento. Para inaugurarlo el 27 de octubre del 2011. Es donde van a reposar, hasta la eternidad, los despojos de Néstor. El Lupo. El Furia.
Mientras tanto Rams trataba de cobrar. No sólo el asunto de los daños. También el propio cajón presidencial. Crecían los desacuerdos.
Trascendían los detalles en El Mónaco. Es el café obligado de la actual Avenida Kirchner, donde suele concentrarse la actividad. Como en El Británico.
Los parroquianos solían burlarse, sigilosamente, de la triste coyuntura de los empresarios.
Hasta que, nueve meses después del acontecimiento, el gordo Rams pudo sorprenderse con el golpe de efecto. Carlitos Zanini, aquel Ñoño, el López Rega sin magia, le hizo pagar.
"Al contado. Todo".
Hasta -incluso- la última corona.
Serenella Cottani
copyright by JorgeAsísDigital
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19 Agosto 2011
Material tomado del portal Leakymails
FONDOS DE LA PROVINCIA DE SANTA CRUZ EN EL EXTERIOR
ASUNTO: MONTOS, LOCALIZACIONES Y PLANES DE REPATRIACIÓNVIE16SEP05TEXTO
De acuerdo a la información reunida hasta el momento procedente de las interceptaciones de los Correos Electrónicos (CC.EE) pertenecientes a la casilla personal del ex Secretario de Inteligencia de Estado (SIDE)y actual Gobernador de la Provincia de Santa Cruz, Sergio ACEVEDO
en relación con los tan mentados fondos que la Provincia de Santa Cruz posee en el exterior desde el período en el cual por aquel entonces el actual Presidente de la Nación Argentina, Néstor Carlos KIRCHNER era gobernador de dicha provincia, y cuyo monto se desconociera en su totalidad como así su ubicación y utilidad; al respecto se informa que desde el pasado 07JUL04, momento en que la incógnita de dichos fondos trasciende al orbe público, la situación es la siguiente:
De los aproximadamente
U$S 498
millones de dólares estadounidenses en el exterior, los mismos se encontrarían distribuidos de la siguiente manera:
-U$S 38 M
en el fideicomiso PCR.
-U$S 50 M
. en títulos argentinos: en un 75 % BODEN en U$S 2012 o 2008 o LEBAC en U$S y el restante 25 % en el discount en U$S (tal vez queden, además
U$S 10
Millones en PRO 12 2% mas CER)
-U$S 200 M
en títulos de la FED (USA)
-U$S 50 M
en títulos en U$S supranacionales AAA (Consejo de Europa, Banco Mundial)
-U$S 150 M
en títulos en U$S soberanos europeos AAA de 5 países a razón deU$S 30 M c/uno(conformado con deuda de Dinamarca, Suecia, Austria, Finlandia).
Si bien la cantidad precisa de los fondos además de ser una probable estimación, nunca fue de público conocimiento pese a los pedidos de investigación y causas judiciales impulsados por distintos sectores políticos de oposición al oficialismo, entre ellos el ARI de Elisa CARRIO, una vez tomado esta situación estado público, se ha llevado a cabo desde el oficialismo una campaña política-mediática destinada a camuflar y justificar la verdadera situación con una variada gama de argumentos carentes de sustento. Es de esta forma que desde el momento en el cual la incógnita sobre la ubicación y el porque los fondos públicos de una provincia se encuentran en el extranjero comienza a hacerse eco en los medios masivos de comunicación y en algunos sectores de la oposición, que los asesores del gobierno de la Pcia. De Santa Cruz y hombres del entorno del Gobernador Acevedo y el Presidente Néstor KIRCHNER, entre éstos Daniel CALDERON y Enrique HIDALGO, sugieren al primero a los efectos de evitar la repercusión negativa sobre la imagen del oficialismo en
2
general, generar una contra-campaña mediática y la adopción de diversas medidas, las cuales se transcriben tal cual fueran captadas al momento de la interceptación el 04JUL05
:
CC.EE. Interceptado entre Daniel CALDERON y Sergio ACEVEDO
"Estimado Sergio: La radio acaba de anunciar una denuncia contra K y Cristina para que digan dónde está el dinero de la provincia de Santa Cruz y qué intereses ha devengado. Creo que ellos saben que son denuncias en vía muerta y que se puede explicar. Pero logran dos cosas nada despreciables:
1.
Obligan a K a dar explicaciones.
Explicar siempre significa defenderse.
2.
Cuando uno se defiende, es porque hay una acusación mediante, y siempre hay gente que cree en las acusaciones. Causa desgaste. Y le da "miga" a los medios opositores para seguir batiendo el parche con el tema. lo interesante es que la denuncia abarca a Cristina, que en técnicamente no tiene nada que ver con el tema. ¿La mano del duhaldismo?
Las declaraciones - fuertes - de Alfonsín en España, en las que además de pedir mano dura con los piqueteros pone de relieve el liderazgo de Duhalde. ¿La mano del duhaldismo?
Yo recomendaría tener elaborada una respuesta contundente por parte del gobierno provincial que se remitiera exclusivamente a dos puntos:
Información detallada de la calidad de las instituciones bancarias en las que se encuentra el dinero. Los intereses devengados ( sin demasiadas explicaciones de cuánto por año)Su inclusión dentro del presupuesto provincial. La presentación ante el Tribunal de Cuentas provincial.
Explicar que se tomó la decisión de explicarle a los medios nacionales, desde la provincia, algo que es público y que se lo viene levantando en contra del Presidente pero que, al tratarse de un tema que atañe únicamente a la provincia, el gobierno de Santa Cruz se siente involucrado. A esto se le agrega el discurso fuerte del dinero al servicio del desarrollo provincial, la importancia de la confianza que crea en inversores internacionales, la posibilidad de créditos blandos, y demás arsenal argumentativo que ante el público porteño y de las clases medias provinciales (de provincias agobiadas por el endeudamiento) tendrá "per se" una opinión pública predispuesta a aceptar la argumentación.
Se puede tener una segunda línea argumental, que contemple los logros en el campo de la infraestructura en salud, en educación y medios de producción.
Me refiero a "tener" preparada una respuesta y no a "dar" una respuesta porque este es siempre una decisión política que obedece a una multiplicidad de factores. Muchos de ellos escapan a mi conocimiento y sobre los mismos no puedo hacer análisis.
Aunque mi recomendación es instrumentar esta línea de acción mediática a la brevedad.
Yo recomiendo estar preparados para una larga etapa de convulsiones donde los ataques a la figura presidencial van a involucrar al gobierno provincial en general y al gobernador en particular.
Entiendo, y es la filosofía de esta línea estratégica de comunicación, que no se debe mantener silencio, funcional a los que, por intereses o por ignorancia informativa, sostienen la existencia de un manejo sospechoso de los fondos.
Seguramente el tema seguirá en discusión, pero en un ámbito más transparente que abrirá un nuevo espacio de discusión: falta de confianza en el país, centralismo en el manejo de las divisas etc. Pero alejado de sospechas. El punto excluyente de los que lo sostienen.
Un abrazo.
Daniel R. Calderón"
Así mismo la incertidumbre y el miedo provocado por los probables ataques desde la oposiciónal oficialismo obligó al Gobernador de Santa Cruz, Sergio ACEVEDO a plantearle a sus consultores la necesidad de generar diversas alternativas, tanto argumentales que sirviesen de descompresión ante la opinión pública como prácticas en el sentido de la repatriación de dichos fondos al país; motivo por el cual se plantean diversas alternativas e inconvenientes; las cuales se transcriben a continuación sobre un CC.EE. interceptado con fecha del 25AGO05 , y cuyo remitente es Enrique HIDALGO al destinatario Sergio ACEVEDO
:INFORME SOBRE FONDOS; ALTERNATIVAS DE REPATRIACION
A partir de la decisión de mantener las inversiones con calidad AAA en bonos de tal carácter ya radicados en la Argentina en Cta. custodia en BSCruz. informo el estado de los trámites.
1.
Se remitió proyecto de nota del Mtro. Economía (Luis V.) instruyendo al BSCruz para que gestione: ante BCRA la autorización para mantener en divisa los fondos "cash" en Cta. custodia en esa institución (donde también se acreditarían en igual divisa los cobros de los títulos) yante el Mrio. de Economía de Nación se aclare que no rige el D. PEN 616/2005, por lo que se podrán adquirir bonos con esas sumas aun si correspondiera girar las divisas (que el BCRA tendrá en custodia, depositados en la cuenta del BCRA en Basilea como las reservas nacionales).
2.
Una vez radicados en la Argentina, conformada la cartera de títulos y depositados en la cuenta custodia del BS Cruz éste deberá, a su vez, seleccionar: a) un depositario-custodio de los títulos y b) un operador para la adquisición y venta de los mismos.
servido por Carlos
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