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La Coctelera

Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

Categoría: Emociones

18 Octubre 2009

Eden del Oeste, nueva película de Costa Gavras

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18 Octubre 2009

Groseras lecciones de violencia de Diego Maradona

por Guillermo Jaim Etcheverry (*)

 

El bochornoso episodio vivido con motivo de las declaraciones públicas del director técnico de la selección argentina de fútbol confirma que, tal vez, uno de los signos característicos de estos tiempos sea la pérdida de la conciencia de lo que cada uno de nosotros representa para los demás. Así, por ejemplo, los padres y los maestros no estamos siempre dispuestos a hacer el esfuerzo que supone cumplir el rol que nos define como tales cuando elegimos ser los amigos, que no somos, de nuestros hijos o alumnos.Muchas veces los dirigentes políticos no toman plena conciencia de que las palabras que pronuncian y, sobre todo, la actitud y el tono en que lo hacen ejercen una poderosa influencia sobre la conducta de quienes los escuchan.

Es evidente que los medios de comunicación han contribuido a desdibujar la distinción entre la esfera pública y la privada, así como a privilegiar la expresión espontánea de cualquier persona que se acerque a un micrófono o que enfrente una cámara de televisión, sin importar, en absoluto, el modo en que se exprese o se comporte.Estas reflexiones están motivadas en el insólito episodio comentado, que, por la naturaleza de la actividad a la que está vinculado, presenció el mundo entero.

Esas declaraciones no fueron producto de un impulso, ya que se produjeron varios minutos después de concluido el partido mediante el que la selección argentina de fútbol obtuvo la bienvenida clasificación para participar en la competencia mundial de Sudáfrica. Usando expresiones que difícilmente puedan llegar a emplearse, ni siquiera en torno a la mesa familiar, y haciendo gala de una explosiva violencia reprimida, asistimos azorados a las más increíbles invectivas del director técnico contra quienes se han referido de modo crítico a su trabajo o al del equipo.

Más allá del hecho de que algunos de esos comentarios puedan haber sido injustificados, de que bajo el manto del periodismo se cubren no pocas personas sin capacidad ni formación para ejercer tan trascendente actividad, nuestra sociedad funciona sobre la base del reconocimiento de que el otro tiene el derecho a expresar su opinión. El uso de descalificativos denigrantes y vulgares, la afirmación de que se tendrá memoria de lo que alguien dijo, prenunciando alguna venganza, constituyen circunstancias alarmantes, sobre todo en la medida en que ese mensaje violento es amplificado hasta la saturación dentro de cada hogar.

De allí surge la preocupación por esa falta de conciencia del papel que a cada uno de nosotros le cabe en la sociedad. Aun si se experimenta resentimiento, aun si éste es genuino, la percepción del rol hace que no deba exhibirse en público. Hay instancias en las que las formas son el fondo. Que se lo muestre públicamente confirma que se ha perdido la concepción del límite, la percepción de la influencia que tiene la exposición de las personas ante millones de espectadores.

La intervención que comentamos, neutraliza la tarea de miles de padres y de maestros que en hogares y en aulas, cada día, tratan de hacer mejores a niños y jóvenes, intentan sacar a luz sus facetas más solidarias, corrigen con atención aquellos signos de violencia e intolerancia que advierten en sus conductas. También sugiere una peligrosa impunidad, al comprobar que esa actitud de soberbia y de grosería ha sido luego justificada por quienes están en una posición jerárquica que les permitiría sancionar a quien en ese momento representa a un país o, al menos, esbozar aluna crítica por la responsabilidad institucional que les cabe.

Asimismo, se afirma cada vez más una tendencia evidente en nuestra sociedad, y en la que ya resulta un lugar común insistir, que coloca en los demás la responsabilidad de lo que en cualquier ámbito nos sucede. Ahora se ha convertido al periodismo en el artífice de todos los males, aun de aquellos que vemos con nuestros propios ojos desarrollarse ante las cámaras de televisión.

Si, en el caso comentado, la actuación de un futbolista decepciona a millones de espectadores que lo ven moverse en directo, corresponde a los periodistas que confirman tan mal desempeño la responsabilidad de que la gente juzgue críticamente a ese deportista. Y ese ejemplo podría extenderse a muchas otras esferas de la actividad social.

Es preciso elogiar el que la furibunda y grotesca reacción comentada contrasta con los juicios que uno de los destacados deportistas que participaron en ese encuentro futbolístico expresó ante los periodistas, aún antes de abandonar el campo de juego. Las palabras del señor Juan Sebastián Verón constituyeron un ejemplo de sensatez y equilibrio, al señalar virtudes y defectos, al proponer una seria instancia de reflexión sobre lo hecho y lo que queda por hacer.

Seguramente la desbordada demostración de grosero revanchismo de la que fue testigo la audiencia planetaria quedará como una anécdota más, ya que nos vamos acostumbrando, insensiblemente, a que en nuestro país violento, más bien violentado, todo resulte posible.

Efectivamente, con la mayor impunidad se puede mostrar a los demás lo peor de uno mismo, se pueden exponer públicamente los más bajos sentimientos Para peor, la exhibición de lo vulgar que nos ahoga se transforma en un buen negocio. Sin ninguna duda, la avalancha de reiteraciones de este episodio a la que nos veremos sometidos en las próximas horas, hasta que no quede nadie sin haber participado de él, sumará mucho tiempo de la vida de muchas personas. Ese mismo tiempo que es nuestra más preciada propiedad y que se comercializa, sin que lo advirtamos, cada vez que volvemos a escuchar las expresiones destempladas que contribuirán, de manera casi inadvertida y sigilosa, a construir el interior grosero, violento y vulgar de chicos y grandes, responsable de un entorno social en el que cada día resultará más difícil vivir.

(*) El autor es médico, científico y académico; fue rector de la UBA.

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17 Octubre 2009

Costa-Gavras y la era del compromiso

 

Constantin Costa-Gavras, referente del cine político y social, ha sido durante décadas un azote para las conciencias de Europa y América. Vuelve con Edén al Oeste, donde muestra el drama de la emigración, mientras aparece en su punto de mira la nueva "nobleza capitalista".

Por ROCÍO GARCÍA  (*)

 

Cualquier parecido con hechos reales, personas vivas o muertas no es accidental, es deliberado". Esa frase figuraba al inicio de Z, el filme que abordó el asesinato del líder pacifista Grigoris Lambrakis durante la dictadura de los coroneles griegos. Han pasado 40 años y Constantin Costa-Gavras, el director de Z, que el cineasta François Truffaut ya calificó de "filme hermoso y, al mismo tiempo, útil", sigue persiguiendo sin descanso la realidad. ¿O es al revés? ¿Es la realidad la que persigue a este eterno cronista, a este hombre comprometido, de mirada valiente y clara ante las injusticias, una especie de conciencia social colectiva? "Nosotros contamos historias y las historias muestran el mundo. Muy rápidamente me di cuenta de que el explosivo más poderoso era la injusticia y la impotencia o la incapacidad para reaccionar frente a esa injusticia. Eso es lo que lleva al terrorismo, a todas las formas de terrorismo". Es temprano por la mañana y Costa-Gavras, nacido en Atenas hace 76 años y afincado en Francia desde muy joven, está en su casa de París, en pleno barrio latino, frente a la Sorbona. Las dudas en el patio que uno encuentra desde la calle sobre hacia dónde dirigir los pasos se desvanecen rápidamente cuando, antes de hacer sonar ningún timbre, se abre a lo lejos la puerta de la vivienda y aparece un sonriente y amable Costa-Gavras. Claramente, ha estado atento a los ruidos de la entrada, a pesar de que la cita se ha adelantado unos minutos.

"¿La denuncia de mi cine? A mí, la palabra denuncia me interesa, pero yo prefiero utilizar la de mostrar. A mí, más que denunciar, me gusta mostrar para que la gente mire. Luego, si uno denuncia o no es otra cosa. Es el público quien tiene que decidir, yo sólo le muestro la realidad a través de imágenes", asegura Gavras, mientras al fondo, desde unos grandes ventanales que dan a un jardín trasero, se oyen risas que proceden de alguna escuela infantil cercana. Muchos libros, bellas pinturas, dos o tres ramos de flores sencillos y un mobiliario cálido y confortable hacen de este lugar el sitio ideal para conversar con el hombre que denunció los métodos estalinistas en La confesión; relató la acción de la guerrilla tupamara de Uruguay en Estado de sitio; mostró la colaboración estadounidense en el golpe de Pinochet en Missing; habló del conflicto entre israelíes y palestinos en Hanna K, indagó en la culpa y el nazismo en La caja de música o hurgó en el silencio cómplice del Vaticano ante el Holocausto en Amen. Ahora ha puesto su mirada en los sin papeles, no sólo en la tragedia de las miles de personas que llegan a diario a las costas europeas en busca de una vida mejor, sino también en todos aquellos emigrantes instalados ya en nuestras ciudades, con trabajo pero sin derechos, y que viven con un miedo constante de que les manden de vuelta a sus países. Edén al Oeste, que mañana se proyectará en la Mostra de Valencia, donde participa en la sección oficial a concurso y que se estrena en España el próximo viernes día 23, está protagonizada por Riccardo Scamarcio, con guión del propio Gavras y de Jean-Claude Grumberg.

Es el viaje de la Odisea. A semejanza de Ulises, Elías, el personaje protagonista, cruza el Mediterráneo, luchando contra tormentas y tribulaciones y enfrentándose a mitos y monstruos de ahora. Ulises buscaba el camino de vuelta a casa. Elías va en busca de un sueño y una magia: la ciudad de París. Con apenas diálogos, Edén al Oeste narra la aventura de este hombre sin nacionalidad que recorre países y atraviesa mares, que tiene encuentros fortuitos con una turista británica, un matrimonio griego, unos camioneros alemanes o una gran dama francesa, en lo que se convierte en todo un retrato de la sociedad europea a través de ese personaje. "Quiero mostrar que antes que nada los emigrantes son hombres y mujeres. No queremos saber su nacionalidad porque son eso, hombres. Si hubiera puesto una nacionalidad a Elías, ya uno especularía y la vincularía con determinada problemática social o política concreta. Lo importante en Edén al Oeste es sólo el hombre, independientemente de dónde nace o de dónde viene", explica su realizador.

París es el sueño de Elías. También lo fue del joven Costa-Gavras. Aunque Edén al Oeste no es autobiográfica, sí que hay mucho de la experiencia personal de este realizador. "Es una aventura que conozco bien", asegura. Nació en Atenas en 1933 y su padre participó de manera activa en la resistencia contra la invasión de los alemanes en 1941. "Recuerdo a los muertos que recogíamos asesinados por los nazis, el frío y el hambre. Mi padre nos envió a un pequeño pueblo y aquello fue la libertad. No había alemanes y conocí la vida del campesino, su pragmatismo, cómo guardaban el aceite necesario para el año, también el trigo o la leña. Cómo vigilaban a las cabras y se fijaban en las veces que el macho iba a ver a la hembra para calcular luego la leche y la carne que tendrían para sobrevivir. Recuerdo también las largas misas ortodoxas de tres horas en las que había que estar de pie, con los chicos y chicas separados, y los barbudos griegos, los resistentes, a los que admirábamos muchísimo". Ante la imposibilidad del joven Gavras de proseguir sus estudios en Grecia por sus antecedentes familiares -se necesitaba un certificado de buena conducta-, abandonó su país en 1952 y se trasladó a la capital francesa.

"París era el lugar mágico donde uno podía en

contrar todo, esas estatuas griegas del Louvre que yo veía en los libros, aquí estaban las cosas que a mí me interesaban, la literatura, los estudios. En aquella época, el Estado griego regalaba billetes a los jóvenes para ir a Alemania, Australia o América para enriquecerse. Yo lo que quería era estudiar. A pesar de todo fue doloroso al principio. Viví en París como extranjero, sin conocer a nadie, ni sus costumbres ni su lengua. Se produce una ruptura total con la familia, con los amigos, no teníamos muchos recursos económicos...". Gavras se detiene un segundo en su reflexión, como temiendo que el interlocutor pueda llegar a pensar o a comparar lo que está narrando con la situación que viven los sin papeles ahora en Europa. Y se explica: "En aquella época era más fácil venirse a París. Encontrabas trabajo con facilidad. Yo vine a la universidad, a la Sorbona, y en el centro de estudios había una lista enorme con puestos de trabajo, desde lavar coches, cuidar niños... Había trabajo suficiente para poder estudiar y sobrevivir al mismo tiempo".

PREGUNTA. ¿Qué le ha llevado en este momento de su carrera a fijarse en la tragedia de los sin papeles?

RESPUESTA. Lo primero de todo, yo no hablo de carrera porque un director en realidad no hace carrera. La carrera es para los políticos, los militares, los diplomáticos. Nosotros sólo hacemos películas y nunca sabemos cuándo va a llegar la siguiente. De una película a otra un realizador puede desaparecer si las cosas no van bien. Hacemos películas, no carreras.

P. ¿Cada vez es más difícil entonces hacer cine?

R. Sí, sin ninguna duda.

P. ¿Incluso para un cineasta como usted?

R. Es complicado cuando queremos tratar ciertos temas. Para las comedias, las películas de acción o los thrillers no hay problemas, uno siempre encuentra dinero. Las televisiones que están detrás de muchos de nuestros títulos aquí en Francia, y en España probablemente también, aplican la filosofía del señor Le Lay [ex responsable de la primera cadena de la televisión francesa], que decía que ellos hacen cine para preparar a sus espectadores para comprar coca-colas y no los pueden enfrentar a temas demasiado complicados. Como cada día hay más y más cadenas de televisión, la calidad está bajando.

P. Volviendo a la pregunta de antes, ¿qué le ha llevado a poner su mirada hoy en los emigrantes?

R. En París hay unas 400.000 personas sin papeles que están trabajando, que tienen familias, que llevan una vida normal. Para hacer Edén al Oeste yo me entrevisté con algunos de ellos. Una señora latinoamericana me contó que para llegar a su trabajo tenía que caminar una hora diaria de ida y otra de vuelta, que no se subía ni al metro ni al autobús porque allí hay controles policiales permanentes. "¿Y cuando llueve?", le pregunté. "Cojo un paraguas", me contestó. Y me lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja. A los emigrantes se les presenta muchas veces como una molestia, y discursos en Francia como los de Le Pen van generando un miedo contra ellos. El hecho de recibir a alguien de fuera siempre es positivo, nunca es negativo. Con Edén al Oeste he querido mostrar que los emigrantes, los sin papeles, son gente como cualquiera de nosotros, son personas luminosas, que tienen luz propia.

P. ¿Cree entonces que ahora hay más miedo en Europa hacia la emigración?

R. Más que nunca, porque nos los presentan como si fueran una masa de gente que llega, como si fuera una invasión, nunca nos los presentan como individuos, nunca como una sola persona con sus problemas. Lo que está claro es que uno se identifica más fácilmente con una persona que con miles. Ese miedo también responde a una realidad, porque Europa tiene problemas económicos y no puede recibir a todo el mundo. Michel Rocard dijo una vez que Europa no podría recibir todas las miserias del mundo, pero que Francia debería recibir una parte de ellas. Ésa es la verdad. Ahora se suele recordar la primera parte de la frase, pero nunca la segunda, cuando la realidad está ahí, en la que cada país tiene que asumir una parte, según sus posibilidades económicas o sociales.

Habla pausado y sonríe en muchas ocasiones. Sentado en el sofá, se incorpora y se adelanta cuando quiere que sus reflexiones lleguen claro. No tiene Costa-Gavras una buena opinión sobre la política europea. Dice que la conciencia la lavan enviando dinero a dictadores africanos, un dinero que, en muchas ocasiones, va a parar a cuentas en Suiza o paraísos fiscales. "El drama europeo es que no hay una filosofía política, no hay una política única, al contrario que en la línea económica que funciona bastante bien. Tampoco la política cultural se ha desarrollado".

Todavía quedan muchos temas en la recámara de este retratista de las miserias y las injusticias, pero hay uno que le tienta especialmente. "El capitalismo, esa pasión por el dinero. Dinero, dinero, tener más coches y más grandes, una casa en el campo, piscina, eso es lo que mueve hoy al mundo. En el pasado hice una película, Consejo de familia, que creo que no me salió bien del todo porque lo que yo quería era mostrar que ahora la sociedad piensa más en la cantidad que en la calidad de la vida. ¿Y dónde está esa calidad? En las relaciones, en el amor, en el humor, en cómo recibimos al extraño. Es aquí donde Europa puede representar un papel importante y es lo que yo les reprocho a los dirigentes y políticos europeos. Europa ha vivido todo lo peor, las masacres, las guerras más terribles, junto a lo más maravilloso, el arte, la filosofía, la literatura. ¿Y qué hacemos ahora que estamos juntos en la Unión Europea? Hablar de economía, ver dónde se gana más dinero. Cuando cayó el muro de Berlín pensamos que por fin el mundo iba a ser diferente, pero no, es peor. ¿Qué le estamos diciendo a la juventud sobre la necesidad de crear un mundo mejor? Que todo, el medio ambiente, el paro, la economía, que todo es peor, que no hay esperanza. No proponemos una vida mejor, sólo que cada vez vamos hacia un mundo más oscuro".

Se interesa por la política española, por Zapatero, también está al tanto de la pensión millonaria y vitalicia de la que va a disfrutar el ex directivo del BBVA José Ignacio Gorigolzarri. "Es inaceptable cuando hay gente que tiene que vivir con 400 euros. Tengo la sensación de que estamos echando marcha atrás, de que volvemos a los años previos a la Revolución Francesa, en los que una minoría, la nobleza, lo tenía todo. Hoy parece que estamos reviviendo aquello, hay una mayoría de gente que es la que hace todo el trabajo, que es la que permite que la sociedad siga funcionando, frente a los capitalistas que son la nueva nobleza. Necesitamos otra revolución, sin sangre, para cambiar esta situación".

Se entusiasma con Obama -"su elección es algo formidable, no sólo para Estados Unidos, sino para el resto del mundo"-, aunque no oculta sus temores. "Es el político más moderno, el que se ha preocupado por todos los temas, ha tocado las cosas que verdaderamente interesan a la gente, con un enfoque positivo y sin demagogias. Pero igual que Obama ha conseguido ganarse a los estadounidenses, no lo ha hecho en Washington, que es donde está el verdadero poder. Me temo que acabe siendo aplastado por Washington". Y también aborda el espinoso y delicado tema Polanski: "Lo que sucedió en su día es algo inaceptable que hay que condenar, pero ya han pasado 30 años y los delitos prescriben. Hoy esa mujer, la víctima, ha retirado la denuncia y ha habido acuerdo. Polanski tiene casa en Suiza y va muy a menudo. ¿Por qué ahora las autoridades suizas detienen a Polanski? ¿No será que quieren mejorar su imagen internacional, después de que se haya demostrado que guardan dinero robado, riquezas de todos los dictadores del mundo?".

No le importa que le recuerden como el director de Z -"una vez comiendo con Orson Welles me habló de ello y yo le dije que sí, pero que a él le pasaba igual con Ciudadano Kane, terminamos riendo"- y habla con devoción del cine europeo. Tiene en un rincón las películas que le han enviado de la Academia de Cine Europeo para la votación de los premios del próximo mes de diciembre y asegura haberse topado con auténticos tesoros. "El cine en Estados Unidos está perdiendo terreno en cuanto a la calidad y contenido, se ha convertido un poco como el fútbol, un mero espectáculo. En cambio, en Europa hay un deseo y una voluntad de hacer cosas grandes".

Aún se oyen los gritos lejanos de los niños en la escuela. Costa-Gavras sale de nuevo hasta la puerta para la despedida. En el patio de la casa descansa un triciclo. La vida está ahí.

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Edén al Oeste se presenta en la XXX Mostra de Valencia, en la que participará en la sección oficial a concurso, y se estrena en España el viernes 23 de octubre.

 (*) El País de Madrid.

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1 Agosto 2009

Refugio nocturno (por Bertolt Brecht)

Die Nachtlager

Refugio nocturno

 

por Bertolt Brecht

 

 

Me han contado que en Nueva York
en la esquina de la calle 26 con Broadway
se pone cada atardecer un hombre
durante los meses de invierno
y, pidiendo a los que pasan,
consigue un techo para que pase la noche
la gente desamparada que allí se reúne.

Con eso no cambia el mundo
no mejoran con eso las relaciones entre los seres humanos
no es ésa la forma de acortar la era de la explotación.
Pero algunos hombres tienen cama por una noche
se les abriga del viento durante toda una noche
y la nieve a ellos destinada cae en la calle.

No abandones el libro, tú que lo estás leyendo.

Algunos hombres tienen cama por una noche
se les abriga del viento durante toda una noche
y la nieve a ellos destinada cae en la calle.
Pero con eso no cambia el mundo
no mejoran con eso las relaciones entre los seres humanos
no es ésa la forma de acortar la era de la explotación.

 

Die Nachtlager

Ich höre, daß in New York
An der Ecke der 26.Straße und des Broadway
Während der Wintermonate jeden Abend ein Mann steht
Und den Obdachlosen, die sich ansammeln
Durch Bitten an Vorübergehende ein Nachtlager verschafft.

Die Welt wird dadurch nicht anders
Die Beziehungen zwischen den Menschen bessern sich nicht
Das Zeitalter der Ausbeutung wird dadurch nicht verkürzt
Aber einige Männer haben ein Nachtlager
Der Wind wird von ihnen eine Nacht lang abgehalten
Der ihnen zugedachte Schnee fällt auf die Straße.

Leg das Buch nicht nieder, der du das liesest, Mensch.

Einige Menschen haben ein Nachtlager
Der Wind wird von ihnen eine Nacht lang abgehalten
Der ihnen zugedachte Schnee fällt auf die Straße
Aber die Welt wird dadurch nicht anders
Die Beziehungen zwischen den Menschen bessern sich dadurch nicht
Das Zeitalter der Ausbeutung wird dadurch nicht verkürzt.

 

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26 Julio 2009

París, noche y día en Champs-Elysées

Postales de la avenida más famosa en la capital francesa; desde el Arco del Triunfo hasta las tiendas exclusivas y los vecinos célebres, un recorrido cuadra por cuadra

Por Pierre Dumas (*)

 

 

                                                                            Foto: Carlos Santiago

PARIS.- Ingrid Bergman y Humphrey Bogart felices, dejando atrás el Arco del Triunfo mientras suena la Marsellesa . Sacha Guitry, encarnando para el cine a un maestro que cuenta la historia de los Champs-Elysées desde 1617 hasta 1938, con su estela de asesinatos, favoritas de los reyes y terror revolucionario. Una pegadiza canción de Joe Dassin, que corea Aux Champs-Elysées... . Miles de personas en las calles, celebrando la liberación de París en 1944. Y otros tantos miles celebrando, hace exactamente veinte años, el bicentenario de la Revolución Francesa. Instantáneas de una avenida de París que durante siglos fue testigo y protagonista.

Su trazado, de casi dos mil metros, va desde el Arco del Triunfo, levantado por Napoleón para celebrar la victoria en Austerlitz, hasta la Place de la Concorde, pacífico nombre elegido con el fin de atenuar los sangrientos recuerdos de la época en que aquí se levantaba la guillotina. Hoy, la avenida de los Champs-Elysées es la más conocida de París (los parisienses dirían que es la más conocida del mundo) y se enorgullece de su carácter ecléctico: fue el escenario de las celebraciones populares por el Mundial de Fútbol de 1998; es la elegida para sus compras por turistas de todas partes del mundo; atesora el recuerdo de notables personajes que vivieron en sus edificios; y entre una cosa y otra sigue decidida a hacerle honor a su nombre, a aquellos Campos Elíseos que los antiguos prometían, como un paraíso, a los virtuosos.

La Place de l´Etoile

Las fotografías aéreas revelan con maestría la forma de estrella de la plaza donde se levanta el Arco de Triunfo, y de donde parten radialmente doce grandes avenidas: Marceau, Iéna, Kléber, Victor Hugo, Foch, de la Grande Armée, Carnot, McMahon, Wagran, Hoch, Friedland... y los Champs-Elysées. Aquí está la estación Charles de Gaulle-Etoile, donde se cruzan en un laberinto subterráneo las líneas 1, 2 y 6 del metro y el RER (Red Expreso Regional, que va hasta las afueras): no es raro ver a los turistas llegar aquí directo desde el aeropuerto, arrastrando valijas y mirando extasiados la larga hilera de árboles, terrazas de cafés y luces que jalonan la avenida. La foto del millón es ponerse en medio de la avenida con el Arco del Triunfo como telón... Quienes se alojan en los hoteles cercanos tienen (además de un buen poder adquisitivo) un vecino ilustre: en el cercano Palacio del Elíseo, construido en el siglo XVIII para Madame de Pompadour, amante de Luis XV, se encuentra la residencia del presidente de Francia. No es mucho el camino que tiene que hacer, entonces, cada 14 de julio para el desfile oficial que recorre la avenida...

Los audaces que se animan a manejar en el centro de París tienen también su bautismo de fuego si se lanzan a buscar su rumbo en torno de la Place de l´Etoile: es toda una aventura rodear el Arco de Triunfo y encontrarse con una avenida tras otra, en un río de autos que van en todas direcciones. Quien dude, podrá probar algo de la impaciencia de un parisiense al volante. Pero probablemente, sorteando autos no tenga ni tiempo de imaginar que tal vez en el vehículo de al lado viaja alguna estrella del cine francés, un magnate del petróleo árabe o algún noble europeo, habitués de la fascinante avenida donde se oyen todos los idiomas del mundo. Sin duda, el aire popular de otros tiempos está cada vez más lejos de los Champs-Elysées actuales, de la mano de los precios astronómicos: en lo mejor de la crisis financiera que se desencadenó el año pasado, sus habitantes y visitantes habituales parecían los menos afectados por los vaivenes económico-bursátiles.

Shopping y tradición

La rubicunda María de Médicis, última mujer de Enrique IV, decidió hacer abrir la calle para poder pasear en su coche, desafiando la fama de zona peligrosa que la acompañaba en el siglo XVI. Los Campos Elíseos de aquel entonces eran verdaderamente campos... Con el tiempo, el paisajista André Le Notre plantó una doble hilera de castaños sobre este camino de la reina , y en tiempos de Napoleón la calzada fue levantada para permitir el paso de los carruajes. En ese siglo, los Champs-Elysées concentraron todo lo relacionado con el comercio de caballos en París, en un desordenado vaivén de animales y accesorios. Hasta que intervino el barón de Haussmann y París dejó de ser una ciudad de resabios medievales con laberínticas callecitas para convertirse en una capital de avenidas majestuosas a la altura de las pretensiones de grandeza que la distinguen hasta hoy.

Los Champs-Elysées también cambiaron, y empezaron a sumarse los cafés de lujo, las embajadas, las grandes tiendas. Actualmente, para existir, hay que tener una sede a la sombra del Arco de Triunfo. Lo saben desde McDonald´s hasta Disney, desde Virgin hasta Sephora, que tienen aquí sus locales insignia, junto a muchos otros que rivalizan por un lugar en la atención de los transeúntes (sobre todo las tentaciones de la mesa: de un lado y otro de la avenida, cerca del Arco del Triunfo, se pasa de La Pomme de Pain a La Brioche Dorée, del bistro Romain a Ladurée, de Paul a Fouquete_SSRqs y otras pastelerías o restaurantes tentadores). Hay algunas condiciones: McDo , por ejemplo, tuvo que limitar el tamaño de sus arcos dorados en el frente después de la última gran reforma y embellecimiento de la avenida, en los años 80, cuando Jacques Chirac aspiraba a conquistar la presidencia francesa partiendo de la alcaldía de París. Además, los tiempos cambian: la nueva prohibición de fumar en lugares públicos multiplicó las mesas de café en las calles, las animadas terrasses , sobre los Champs-Elysées y las principales avenidas de París. También hay cines y teatros, preludio de los grandes centros de exposición del Petit y Grand Palais, y sobre todo las casas de moda y prêt-à-porter, cuyas vidrieras atraen tanto la atención de los visitantes como las casas históricas que, a un lado y otro del paseo más bello del mundo, proponen también una mirada hacia el rico pasado de París como capital de arte y cultura.

 (*)  LA NACION

Placas, números y personajes

 Bajando casa a casa los Champs-Elysées, se puede tener un variado pantallazo de la historia de París. Por las dudas, no hay que dejarse engañar por la numeración, que no corresponde a la división en cientos de metros que expresan las cuadras argentinas: por eso números pocos distanciados pueden obligar a caminar un buen trecho. Para empezar, la avenida no tiene un número 1, pero antiguamente esa dirección existía y era la del empresario de origen español Joseph Oller (hoy sepultado en el Père-Lachaise), que pasó a la historia por haber fundado el Moulin Rouge. Vivía cerca de uno de los grandes rivales modernos de su cabaret: el Lido, famoso por sus bailarinas y espectáculos musicales. Oller no era el único famoso de la avenida: en el 140 vivieron la poeta Anna de Noailles y su familia; a pocos metros está también la casa donde vivió el explorador Henri de La Vaulx, uno de los fundadores de la Federación Aeronáutica Internacional y autor de un fascinante Viaje a la Patagonia , publicado en 1901. Otro pionero de los viajes aéreos, el brasileño Alberto-Santos Dumont, fue residente de la cuadra, muy cerca del Aviation Club francés.

Los vecinos célebres no quedan ahí: en el N° 82 (en un edificio que ya no existe) vivió Sarah Bernhardt, la célebre Berma proustiana; Clark Gable solía alojarse en el antiguo Hotel Claridge, y el Hotel Astoria (donde hoy está el Drugstore Publicis) vio el paso del general Eisenhower, cuando allí funcionaba el cuartel general aliado en tiempos de la Segunda Guerra Mundial (después de la Liberación, uno de los primeros restaurantes americanos en París abrió en el número 123 de la avenida). Tras la desaparición del hotel Astoria, el complejo fue abierto en 1958 como Drugstore Champs-Elysées, el punto de reunión preferido de los jóvenes de los 60 y el único abierto toda la noche (lo recuerda La bande du drugstore , una película de François Armanet). En 2004, Alain Delon fue el anfitrión de lujo de su reapertura. Su modernidad atrae, pero no puede rivalizar con la distinción de uno de los edificios más bellos de Champs-Elysées, de la vereda de enfrente: la elegantísima Maison Guerlain (naturalmente, uno de sus perfumes se llama Champs-Elysées).

 Alternativas low cost

 En estos tiempos de euros y tasas de cambio desfavorables, cualquier precio en París es caro. Pero para quien sabe buscar -y encontrar- hay muchas opciones gratis en la capital francesa, tanto para sus habitantes como para los turistas. Para descubrir estos secretos gasoleros, sin embargo, hay que hacer una última compra: la guía del Paris Vraiment Gratis (El París verdaderamente gratis), por Valérie Appert, Editions Parigramme, www.parigramme.com . Cuesta 6 euros y es la puerta de entrada a muchos consejos tanto para disfrutar de la buena vida como para conocer la ciudad desde otra óptica. Por ejemplo, para conseguir un nuevo look en la capital de la belleza, las sesiones de maquillaje en los stands de las Galerías Lafayette son sin cargo.

Para recorrer la ciudad de otra manera, se puede participar gratuitamente del gran paseo en roller que se organiza cada viernes (sale a las 22 desde Montparnasse, dura tres horas y recorre unos 25 kilómetros). También hay muchas opciones para los chicos (la Granja de París en Vincennes, por ejemplo), para practicar deportes, iniciarse en actividades tan distintas como jardinería o tomar clases de física, sin olvidar la posibilidad de asistir a conciertos y visitar monumentos como Notre Dame de París. Hasta se ofrecen trucos para comer un cous cous gratis el sábado por la noche (en el Tribal Café, en el 10º Arrondissement) y catar vinos sin tener que pagar un centavo.

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21 Julio 2009

"Mario y Onetti se reconfortaban"

 

Por JUAN CRUZ (*)

 

Como si se hubiera producido una carambola maldita, el 28 de abril, el día en que empeoró en Montevideo la salud del poeta Mario Benedetti, moría triste en la misma ciudad uruguaya la poetisa Idea Vilariño, la autora de No, gran amor que fue de Juan Carlos Onetti, cuyo centenario estaba próximo.                                                                                       

Era como si sobre Uruguay pendiera en ese instante la ceremonia de una devastación. Aquel mediodía del 28 de abril, cuando falleció Idea y circuló la noticia del agravamiento de Benedetti, que moriría el 17 de mayo, la melancolía habitual de Montevideo se concentró aún más en los cafés y en las librerías.

De esas coincidencias hablamos con Dolly Onetti, o Dorotea Muhr, la viuda del autor de La vida breve. Fue su compañera durante más de cuarenta años, y aquí, en esta casa en la que hablamos, vivieron la última década de la existencia de Onetti. Aquí venía a verle Benedetti; era su amigo y su colega, e Idea Vilariño vino en 1989. "A Juan le hizo mucho bien esa visita".

Mario y Juan Carlos "se reconfortaban el uno al otro de la ausencia de su maravilloso Uruguay. Mario fue más consecuente, porque volvió". ¿Y Onetti no tuvo ganas de volver? "Sí y no. Pero el no era tan fuerte...". Mario inició el desexilio, como él decía, pero nunca se recuperó del todo de la persecución que los militares practicaron contra tantos uruguayos. "Pero Juan Carlos no quiso volver. Era perezoso para el avión, lo odiaba, y siempre decía: 'Estoy viejo, estoy feo, la mitad de la gente que yo conocí se murió ya. No le entusiasmaba la idea de volver".

Mucha gente ha vuelto, dice Dolly, "y no siempre les fue bien". Benedetti regresó del todo cuando empeoró la salud de su mujer, Luz, que murió de Alzheimer, hace tres años, en Montevideo. Llevó consigo una tristeza honda que aliviaba escribiendo.

Se reconfortaban "sobre todo por teléfono". Benedetti regresó con cicatrices. El exilio, la persecución, y después la vuelta con su mujer ya tan ausente convirtieron el último periodo de su vida en una experiencia difícil que agrandó la melancolía a veces huidiza de su carácter.

Dolly los retrató alegres, un día, "contra esa biblioteca, los dos riendo, linda foto". Y se decía que Onetti no reía. "Un tópico más. Era huraño, sí. Era irónico y sarcástico, y a veces el sarcasmo se interpretaba mal. Creo que en Uruguay se usa más la ironía que acá, o por lo menos eso es lo que pasaba antes".

Pero Onetti no era tan huraño; "era muy simpático con los humanos, sobre todo con los niños, y con los animales. ¡Acordate de lo que era con La Biche! Era una adoración con la perra".

Él decía, de broma, que no se levantaba de la cama (donde la leyenda dice que vivió los diez últimos años de su vida, hasta 1995, cuando murió) "porque La Biche me muerde las canillas". En realidad, recuerda Dolly, se metió ahí primero porque le pusieron una inyección que tuvo malas consecuencias. Y también porque era perezoso. "Leía acostado. Estaba cómodo en la cama para leer. Como leía todo el tiempo, estaba mucho en la cama. Y luego tuve ese problema con la inyección. Ya eso no fue su culpa".

Idea Vilariño vino a verle en 1989. "Y fue importante para él. Como él no iba a volver, verla aquí era muy importante. Una gran poetisa, maravillosa... Ella era más intelectual, estaba a la altura de Juan en la literatura, yo estaba en otra cosa". ¿Y cómo fue el encuentro? "No sé; yo sabía que era una relación entre ellos, había sido una relación apasionada, quizá la más apasionada de Juan. Y cuando llegó, yo me fui. Estuvieron juntos, solos".

Dolly y Onetti se juntaron en 1955, "y Juan dijo que era para siempre. Y era verdad, yo lo sabía. Y yo sabía también que no iba a ser la única mujer de Juan a partir de entonces, eso era absolutamente absurdo. Él me contaba, no había secretos. Había algo así como de conspiración. Ésta es tu vida, yo la comparto desde fuera. Y, por suerte, no soy celosa. Nunca lo fui. Si no, no habría funcionado". Era generosidad. "No, no. Lo que me importaba era que él me amaba a mí. Éramos casi como uno. Muchas veces decía: 'Vos sos un brazo mío'. Lo fui".

(*) El País de Madrid.

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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