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La Coctelera

Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

25 Junio 2005

Cuento: Sonidos leves y armonía

por Carlos Santiago

Esa noche debía resplandecer el amor. Luis miraba a Elena con ojos curiosos, sabiendo que la muchacha trataba de excitarlo con sus desplantes y sus risas en los semitonos de aquel rancho en Polonio, donde la desnudez de su malla la hacía más bella. Sus miradas se cruzaron otra vez y Luis lo supo. Ella también quería hacerlo.
La noche estaba estrellada y la luna - en ese marco de soledad y fuerza natural, pleno de los sonidos lejanos y cercanos de la lobería – provocaba una luminosidad blanca pero despareja. Estaba allí colgada como un foco enorme que solo hesitaba los sentidos. También se escuchaba, tenue, el sonido del viento que movía las hojas de los achaparrados arbustos del monte natural.
Luis había llegado esa mañana luego del largo peregrinar, sin un objetivo cierto. Por ello, cuando apareció Elena, el esfuerzo sobre la arena de aquella playa inclinada llena de fetidez de animales muertos, tuvo un sentido.
Sus miradas se cruzaron unq vez y otra en la pequeñez de aquel rancho, tan vetusto como deprimente. A Luis le asombraba la boca de aquella muchacha, esa alegría sensual que le surgía en cada movimiento, cuando se acercaba para llenar una y otra vez su vaso con vino.
-¿Tú eres Elena? – inquirió Luis, tratando de entablar un primer contacto con la hermosa muchacha.
-¿Y tú Luis?
-¡Tú eres la luna, la que está arriba no compite!
Ella se alejó con una sonrisa alegre que fluía también desde sus ojos cafés. El pensó en besar sus senos redondos, en extraerle de alrededor de su cuerpo aquella pequeña braga para sucumbir en su sexo.

2

No brillaba la luna. No más. El cielo parecía una cúpula oscura que se convertía en un gigantesco círculo. Allí bajo la pequeña lona estaba la desolación que viene después de la desesperanza. La quietud bajo la enormidad, en aquel lugar remoto. La soledad buscada, la paz ronroneante arrullada por el sonido de las monótonas olas de un mar en calma. El mundo estaba fuera, allí dentro la paz, una tranquilidad infinita que tiene al final un punto. Solo había que esperar el momento, envolviendo la mente en volutas extrañas para aplacar los sentidos, para que ningún hálito de vida quisiera resurgir haciendo reaparecer alguna necesidad vital. Lentamente ese todo llegaría, metiéndose definitivamente en esa cúpula oscura, infinita. ¡Para siempre!

3_

El vino era mucho, pero no suficiente. Luis seguía deseando, cada vez más y más a Elena. El brillo de sus ojos cafés, la fuerza de su alegría; se imaginaba sobre ella, besándola hasta que el sueño todo lo aplacara, haciendo olvidar por un momento la pasión. Fantaseaba con los dos cuerpos envueltos en sudor y babas, ya sentía aquel olor a sexo, a felicidad inmoderada, reflejo de una pasión que llega, se mitiga en el sueño, pero nunca se va. Queda para siempre gravada en los recuerdos para resurgir, de golpe, en cualquier momento de una existencia quebrantada por la soledad.
La noche languidecía. La luna había girado de su pedestal tratando de encontrarse otra vez su diario destino, ese círculo lejano pero firme en su contorno, en que todas las mañanas se zambulle. Elena se acercó lentamente con sus cafés cansados, pero resplandeciente. Todavía allí estaba la mujer con sus turgencias maravillosas. Me miró, quiso hablar, dudó, y prefirió el silencio. Estiró su mano y tomó una mía. Quería que juntos saliéramos del rancho. Fuera se modificaron los olores. De la mugre ácida y los sudores al fuerte aroma a mar, al inconfundible de los lobos.
Elena en silencio se acurrucó bajo uno de mis brazos. Caminábamos sin rumbo, reconociendo nuestros cuerpos, haciendo escapar por sada uno de nuestros poros los fluidos del deseo.

4_

Había que dar el paso sublime, olvidando a los demás. Tratar de que cada sentido se fuera aplacando dentro de una lenta y vetusta monotonía. Como deteniendo por partes un reloj que igualmente seguía latiendo pero cada vez más lentamente, hasta que el fin se convirtiera en un todo y la paz en la gloria alcanzada. No había que confundirse, el dolor del cuerpo o los temores de la desdicha de los demás eran flaquezas a combatir. Como la luna había que hundirse en ese fin, para no reaparecer ni la mañana siguiente, ni la otra. Nunca más.

5_

Los cuerpos estaban enredados y sudorosos. Elena, se mostraba espléndida, me había halagado, superando mis mejores ensueños. El aroma del amor surgía del entremezclado de los sexos, ella en el mío, con una pasión desbordada, yo en el de ella. La única testigo de todo aquello había sido la luna que ya se zambullía en su fase final, preanunciando la aparición de la luz y con ella la vida.

6

Olvidar a los demás, aplacar todos los sentidos para sosegar lentamente el tic tac. En el momento final hacer un esfuerzo supremo para acallar todo, buscando en ese punto el destino definitivo. ¿Para qué esta existencia? La paz definitiva deja cerradas todas las posibilidades del sufrimiento, de la traición, del dolor por los demás. El hombre debe desaparecer solo, igual que cuando nace, abriéndose camino desde el útero materno. ¿Para que continuar esa lucha desigual, esa loca carrera hacia la misma nada, si el final siempre es el mismo? Mimetizarse en la gran y nocturna campana que solo es surcada todas las noches por la luna. Acallar de una vez por todas el tic tac.

7_

El sol estaba reapareciendo por el este, lanzando un cúmulo de iniciales rayos verdes. La luna había cumplido nuevamente su ciclo y ganaba tiempo para resurgir junto con la noche próxima. Luis y Elena sobre la húmeda arena de la playa, tomados de la mano, repasaban un intercambio lleno de sensaciones, una relación vital pluna, exclusiva de la noche donde la apariencia de soledad acerca más a los humanos. Llegaba el día y con él las vicisitudes de la vida. Obligaciones viejas y nuevas, olores aplacados por una sociedad que uniformiza hasta los fluidos humanos. Convenciones y conveniencias, dramas y monedas, colores y brillos. Luis y Elena comenzaron recién a verse. Los cafés de ella eran algo más oscuros. Sus labios, que había besado infinitas veces, más gruesos. Era bella, grandiosamente bella, pero la luz comenzó a envolverlo todo.
-Me tengo que ir...es otro día...
-Claro – dijo Luis.
Aquí La vida continuaba.

8

Más allá en una carpa metida entre dos achaparrados arbustos Sebastián había logrado acallar para siempre su tic tac.

(*) Escritor y periodista uruguayo que estuvo radicado largos años en Río Cuarto. Este cuento forma parte de su nuevo libro “Claros y Azules”

Tags: cuentos

servido por Carlos 13 comentarios compártelo

13 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Antonio Elias

Antonio Elias dijo

Calidez, sensaciones envolventes. Espero que tenga más cuentos en esta linea que realmente me parecen esplendidos.

26 Noviembre 2005 | 12:43 PM

María

María dijo

Quisiera saber si puedo encontrar sus cuentos en alguna publicación. De lo contrario pienso que debiera realizar una publicación de los mismos. Son magníficos.

26 Noviembre 2005 | 12:45 PM

María del Carmen

María del Carmen dijo

Tu cuento sobre Polonio me dejó exitada. Es de esos transcurrires que, si se manejan con el tono adecuado describiendo las situaciones, llevan al lector a meterse en las mismas y a reedicar sus propias experiencias. Ese cuento tuyo es algo de eso, una especie de revulsivo. Lo fue para mi, por lo menos.

27 Noviembre 2005 | 10:34 AM

Marisa

Marisa dijo

Mi Cabo Polonio. Cabo Polonio, centro convergente de mis pasiones, de mis placeres. Allí he vivido, muerto al irme y revivido con la esperanza de volver.

27 Noviembre 2005 | 10:49 AM

Andrés

Andrés dijo

Gracias Carlos. Tu sensibilidad es un don maravilloso que has logrado trasmitir y que no muchos pueden hacer. Es un cuento magnífico, lleno de ternura, climas e incognitas. Además la noche de Polonio, a quienes hemos vividos allí etapas de nuestra juventud, está descripta de manera contundente.

15 Enero 2006 | 09:15 PM

Eloisa y Anibal

Eloisa y Anibal dijo

Me gustó tu cuento y esa pátima de sensaciones que hacen que los sentidos personales surjan, reaparezcan como en ocasiones del pasado. Polonio tiene una virtud y es esa, la que trasmitis conciente e inconciente en tu cuento, la de las sensaciones que van más allá de lo racional. Es que allí la naturaleza es tan fuerte que se aplaca la conciencia y solo aparecen los goces, las comunicaciones piel a piel, boca a boca, las de los "sudores y las babas" Lastima que hoy Ni Eloisa ni Anibal, que nos identificamos con tu cuento, estemos en condiciones de reeditar nuestro pasado en Polonio. Pero, ganas no nos faltan.

16 Enero 2006 | 10:35 AM

Veronica

Veronica dijo

Tu cuento tiene la virtud de pintar exactamente el clima de Polonio, de esas noches de enero, bochornosas, en que el vino y la piel pasan a ser protagonistas y en la que somos los que hemos estado metidos bajo ese cielo, parte de un todo en que también cumplimos con nuestro papel.

10 Febrero 2006 | 10:25 AM

Angela

Angela dijo

Tengo más de 50, pero viví en Polonio algunas experiencia de amor y placer como la que contás. Me dan ganas, pese a que estoy algo pasada para eso, volver al lugar y hacer el amor como una loca con alguien que conozca por una noche.

11 Febrero 2006 | 01:21 PM

Armando

Armando dijo

Angela, apuntame en tu libretita.

11 Febrero 2006 | 04:18 PM

María José de Barcelona

María José de Barcelona dijo

Quiero conocer estos lugares y esas situaciones tan sensuales. Creo que el escritor logró una notable composición estilistica.

11 Febrero 2006 | 06:15 PM

Maneco

Maneco dijo

Muy bien. Sin peros de ningún tipo-

11 Febrero 2006 | 06:19 PM

Marcela

Marcela dijo

Divino cuento, sensual y que produce cosas inenarrables entre quienes, como yo, tenemos bellas experiencias en Polonio.

18 Marzo 2006 | 12:31 PM

Armando

Armando dijo

Describis muy bien una de esas madrugadas de vino y sensualidad que se dan en ese ámbito maravilloso que es Cabo Polonio.

8 Julio 2006 | 02:56 PM

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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