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Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

22 Julio 2005

La mano no debe temblar más

El comandante del Ejército, Angel Bertolotti y la totalidad de los generales en actividad se reunieron el miércoles con quienes violaron los derechos humanos y son acusados de crímenes aberrantes, algunas de lesa humanidad y otros - quizás dentro del mismo marco - que todavía se están cometiendo ya que se trata de la desaparición forzada de personas cuyo destino todavía se mantiene en el más insondable misterio.
¿Es posible que la cúpula de generales, nombrados en sus cargos por las instituciones de la democracia, dialogue con presuntos criminales? Recordemos que para ostentar el grado de general es necesaria la nominación del Poder Ejecutivo y la posterior venia que otorga el Senado de la República.
¿Es posible apuntalar la democracia con un trámite tan vergonzoso por parte de los más importantes militares que hoy se encuentran al frente del arma Ejército?
Si a estos criminales, “presuntos” hasta que se pruebe lo contrario, se les debía comunicar una resolución en torno a su presentación ante la Justicia, bastaba con enviar a un subalterno para que les realizara la comunicación, o en un trámite más simple, se los llamaba por teléfono. Porque, además, lo que se comunicaría no era otra cosa que debían presentarse a declarar cuando la Justicia lo estableciera. ¿Habrán existidos otras consideraciones que no conocemos?
¿Qué significado tiene esa aberrante decisión de otorgar un plazo al grupo de los violadores de los derechos, muchos de ellos criminales de lesa humanidad, cuando el comando solo puede hacer cumplir lo que dispone la Ley?
Muy floja la actitud de los generales y peor la del comandante del Ejército, que evidentemente trata de maniobrar para lograr un equilibrio, objetivo más que evidente que está mostrando su falta de poder real.
El tema de los violadores de los derechos humanos es demasiado claro en el Uruguay. La pomposamente llamada Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, votada por el Parlamento post dictadura y luego ratificada en un plebiscito por la mayoría de la ciudadanía, fue un texto malo, que en lugar de pacificar logró que las heridas nunca se cerraran. Los familiares, esposas, hijos y nietos de las víctimas siguen pidiendo justicia, la que no existe ni existirá pues el país con esa Ley de "impunidad", se cortó el único brazo que podría haberle servido para que las cosas volvieran a su lugar.
Los militares involucrados en las violaciones de los derechos humanos reclaman una impunidad irrestricta alegando que cumplían órdenes. Sin duda, fue así, porque además de los gendarmes pretorianos que agredieron al pueblo, estuvieron quienes impulsaron el quebranto de las instituciones y dejaron que la Doctrina de la Seguridad Nacional de convirtiera en un texto de cabecera de los represores.
Todo ello para imponer un modelo económico, el neoliberal, en el marco de la guerra fría. Cuando los enfrentamientos entre las dos potencias "autorizaban" las transgresiones, la tortura era un método de trabajo e, incluso, se manejaba el asesinato y la desaparición de las personas como un mecanismo político idóneo para establecer, por intermedio del miedo, un modelo económico favorable a los intereses de la banca “internacional” enclavada en los EE.UU.
Los encargados de la aplicación de estas políticas fueron gobiernos, cívicos, cívicos-militares o militares de la época. Y los encargados de la represión funcionarios del Estado que vestían para su función específica, uniformes militares o policiales.
El pueblo, la gente, fue la víctima de todo aquello, de un Estado ilegal que hizo primar la agresión, la injusticia, buscando al “enemigo” en donde no estaba y lapidando a las personas no por sus acciones, sino por sus ideas.
La Ley de caducidad quiso poner punto final a la protesta que creció en intensidad cuando se recuperó la democracia. Fue un juego de complicidades y cobardías. Y hoy, cuando han pasado tres décadas de todo aquello, de la vigencia de esa impunidad, las heridas siguen abiertas y nadie puede aventurar un pronóstico.
Por supuesto que la jugada final la tiene en sus manos el gobierno que encabeza el doctor Tabaré Vázquez, con la posibilidad de terminar la deliberación en los cuarteles, alejando del cargo al permisivo comandante del Ejército, un contradictorio personaje, con actitudes claudicantes frente a los "retirados", a quienes acoge en su despacho del Comando del Ejército, actuando como una especie de "mediador" entre los que quieren mantener eternamente la impunidad y el Presidente de la República.
Pero, además, lo más grave es la enormidad de la injusticia que determinó la caducidad. Esa Ley sigue vigente y los militares y policías que han delinquido durante los plazos establecidos en la misma, no serán castigados por sus delitos. Solo se les pide que concurran a declarar en los estrados judiciales sobre lo que saben.
¿Es posible aceptar que se nieguen a declarar?¿Es posible que generales traten de amparar a otros militares, los que asesinaros a la nieta del poeta Juan Gelman, los que secuestraron y también asesinaron al químico chileno Eugenio Berrios, acción tardía del "Plan Cóndor", en que coordinaron sus acciones represivas ejércitos el cono sur? Decimos que tardía porque fue posterior a que caducara la vigencia de la referida Ley.
¡Es evidente! Hay que restablecer el orden en los cuarteles, evitar el estado de asamblea permanente, que tienen un tono claramente conspirativo. Y ello, no está en manos del endeble y contradictorio comandante del Ejército.
Lo está - es evidente - en las del presidente de la República.

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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