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Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

24 Julio 2005

Libertad de prensa o libertad de empresa

La polémica sobre la prensa que ha provocado el desvelo de algunos dirigentes
políticos y periodistas en Uruguay, corre el peligro de desvirtuarse por
los efectos de la campaña electoral, donde los argumentos se modifican y
pierden sustancia como consecuencia del interés de los candidatos de quedar
bien perfilados en lo que suponen es la visión del elector promedio.

Por ello, a esta altura y antes que sea tarde, es oportuno profundizar
en algunos conceptos, sobre libertad de prensa y/o de empresa, antes que
todo se entrevere en la vorágine electoral y se modifique la esencia de
elementos que son fundamentales para el análisis.

Pero antes un subrayado imprescindible que tiene relación con las criticas
realizadas por Julio María Sanguinetti, cuestionando a Tabaré Vázquez, en
razón de sus protestas en razón de algunos "manejos" informativos. El ex
presidente y líder de lo que queda del Partido Colorado, se agravia por
lo que considera un ataque del candidato de la izquierda a propietarios
de algunos medios de comunicación, afirmando que Uruguay es un país en que
existe la más amplia pluralidad de prensa.

Claro, Sanguinetti, cuando utiliza su lenguaje florido y repentino, buscando
las palabras más adecuadas, olvida muchas veces la realidad. Por ejemplo
que fue durante su gobierno que los medios de comunicación, fueron
reiteradamente
invitados a tratar deferentemente al gobierno, asignándoles cuotas publicitarias

que, por su monto, hoy asombran. También olvida que desde la Secretaría
de Prensa de la Presidencia de la República (Sepredi), se llamaba y presionaba
a los medios con el fin de castigar a periodistas que, de alguna manera,
habían cuestionado al poder.

El oportunismo en política se basa, entre otras cosas, en el olvido propio
o ajeno. No es una ofensa para nadie que se diga que en nuestro país es
dudosa la existencia de una libertad de prensa plena, afirmación que surge
de razonar en reflejo de una realidad que rompe los ojos. Pero nos preguntamos:
¿es eso malo para la sociedad? Para definir el concepto - lo que no hace
Sanguinetti -hay que realizar algunas consideraciones, advirtiéndose desde
el pique que la indiscutible "libertad de empresa" que impera, como está
de moda caracterizar a nuestra realidad, no parece se una mala palabra.
Que en este mundo tan desigual, tan altamente politizado y lleno de
intolerancia,
distintos sectores puedan expresarse a través de los medios que poseen,
no parece un síntoma preocupante para una sociedad imperfecta, pero democrática
que - por una concatenación lógica de elementos - está cambiando para bien.

Pero, por supuesto, libertad de empresa no es, ni se le parece a la libertad
de prensa. Una tiene una definición acotada a los grupos sociales y políticos
que pueden poseer medios de comunicación, quienes con el libre albedrío
que les da la imperfecta democracia que funciona en el país, trasladan la
información acotándola a los intereses que representan. La libertad de prensa,
en cambio, es una definición más abierta, un concepto libérrimo, que da
cuenta de un funcionamiento ideal en base al cual todos los sectores de
la población, todas las clases sociales, tienen los mecanismos para trasmitir
su visión.

De aquí surge la caracterización y por ello es importante diferenciar "libertad
de empresa" y "libertad de prensa", qué nada tiene que ver con el concepto
que defiende la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la anquilosada
institución que agrupa a los propietarios de los grandes medios del continente,
que no hace otra cosa que cruzar espadas de papel en defensa de esa corporación
empresarial que, de hecho, nunca se jugó en defensa de la expresión libérrima
de los pueblos, sino contra las cortapisas con que muchos gobiernos censuraron
a empresas periodísticas.

Se dirá que si no existen empresas libres para expresar las distintas
posiciones,
nunca habrá un periodismo que sea el soporte de la libertad de prensa, para
que esta utópica expresión de deseos, se convierta en una necesaria realidad.

Y para calificar de utopía ese concepto de libertad de prensa y para tender
a que en alguna ocasión lo veamos como un elemento enclavado en un horizonte
cercano, por ahora, nada más que imaginario, nos parece que debemos clarificar
algunos condicionamientos que existen y que han mudado de carácter durante
la historia.

La recuperación de la democracia en Uruguay fue testigo de una singular
expresión, que se desencadenara en los primeros años de la
reinstitucionalización
del país. Allí florecieron los semanarios, mostrando la necesidad de expresión
de diversos sectores políticos que retomaron su vigencia legal luego de
la tormenta oscurantista.

Fue un proceso además de aluvional, democratizador. Luego de la noche de
la dictadura, de los operativos "Mordaza" que acallaron las últimas expresiones
de prensa de oposición, del tiránico período de la censura y la autocensura,
hubo un renacer a mediados de la década del '80. La dictadura no había ocultado
nunca sus intenciones y, por eso las reglas del juego para los medios de
comunicación, estaban bien claras y debieron vivir, durante más de una década,
la pesadilla de la obediencia. El poder totalitario pretendió siempre
universalizar
la sumisión al aparato del Estado. Ocurrió en todas las dictaduras y también
en Uruguay. En ese período aciago se había perdido la libertad y, con ese
proceso, los medios que perduraros se convirtieron en adocenados soportes
de los deseos del régimen.

Era la necesidad que tenía la dictadura para que se afirmara su tendencia
oscurantista, la que se afianzó desde el poder estatal, utilizándose los
soportes informativos solo para distorsionar y ocultar hechos, intentando
condicionar las voluntades en la opinión pública.

Me gustaría saber donde estaba la SIP en ese momento. ¿Con que fuerza condenó
esa censura y cuantos comunicados, redactados desde la bucólica Miami, habrá
emitido para describir lo que estaba ocurriendo en nuestro continente?

Es sorprendente comprobar como son tan pocos, en algunos organismos que
afirman defender la libertad y la democracia, los que se rebelan en contra
de las pretensiones de los Estados de imponer su voluntad mediática a cualquier
precio.

Con la reformulación libertaria de mediados de los '80, la influencia del
Estado, primero de manera tímida, y luego en un proceso de avance potente,
fue recorriendo nuevos caminos. El de la "compra" de los medios, a través
de una política de avisos de dependencias estatales, creando una dependencia
económica que - en la mayoría de los casos - intentó limitar mensajes y
acallar voces. También se utilizó la intimidación. No son excepcionales
los gobiernos que a través de diversos funcionarios presionaron a los medios
o dan a conocer su descontento con el expreso objetivo de amedrentar a los
periodistas y reencausar la prédica empresarial.

Tan grave como la manipulación es el sistema que establece la autocensura,
cuyos mecanismos esenciales están basados en el miedo. Temor a que los
propietarios
actúen de hecho a través del despido, temor a despertar los odios de los
llamados "poderes ocultos", sean instancias del Estado o simples organizaciones
mafiosas que buscan imponerse a través de la intimidación. La autocensura
es eficaz porque al fin de cuentas funciona como un sistema de inducción
que garantiza la domesticación de los periodistas.

Que distintos grupos económicos con distintas definiciones políticas y sociales,

se expresen con la más absoluta libertad, es realmente bueno, pero no es
todo lo deseable en una sociedad democrática. También lo deberían hacer
los que hoy no tienen voz. Porque, hoy en este país, aunque Sanguinetti
afirme tener una visión distinta, el pluralismo no es una característica
que está generalizada ni el mecanismo utilizado por todos.

Además, que el ex primer mandatario se rasgue las vestiduras en defensa
de los propietarios de los medios, qué desde sus páginas o espacios editoriales
muestran, sin discusión alguna, lo que es el ejemplo más acabado de lo que
se da por llamar "libertad de empresa", es un exceso - sin duda- producto
del momento en que se vive.

¿Qué tipo de libertad de prensa existe en nuestro país? En Uruguay, salta
a la vista, ese bien pertenece al propietario del periódico (o canal de
televisión, radio o revista) Porque quienes deciden sobre el perfil de la
noticia no son generalmente los periodistas, sino que estos - que alguien
lo discuta - concientes o no se amoldan a las decisiones de las empresas.

Claro, no debe interpretarse esta afirmación como que no existen al interior
de los mismos medios, menos rígidas y más libertarias, y que no haya periodistas

con la libertad de escribir sin ninguna censura. Pero, digámoslo con palabras
que se entiendan. ¿Esa libertad podría llegar al extremo de plantear una
confrontación con personas o intereses vinculados estrechamente al propietario
de la empresa periodística?

Así ocurre no solo en el Uruguay. Podríamos manejarnos en este análisis
con ejemplos concretos los mismos que cualquier lector atento tiene a la
mano. Que se sostenga que en este país no existen restricciones y que las
empresas se definen como adalides de las libertades, es un exceso.

Las empresas de la información pueden tener pautas distintas en su trabajo
comunicacional. Son los propietarios de estos medios quienes deciden cuál
es la pauta o principio que regirá la noticia.

Dentro de la profesión es posible encontrar algunos de los críticos más
acérrimos, periodistas que conocen más a fondo las decisiones de ética y
las prácticas de sus colegas, pero incluso éstos basan sus críticas en
principios
propios de la industria de las noticias.

Por lo cual la caracterización es definitiva. En Uruguay impera, con claridad,
la "libertad de empresa" que es un mecanismo propio de una democracia, todavía
imperfecta. Lo demás es pura cháchara.

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Facundo Cabezas

Facundo Cabezas dijo

Amigo. Sigo tus reflexiones desde tu vieja ciudad, Río Cuarto. Pienso que cada vez estás más maduro. El tema de los medios de comunicación es fundamental para nuestras democracias y, por supuesto, no hay que confundir libertad de prensa con libertad de empresa.

24 Julio 2005 | 12:43 PM

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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