Qué siga el corso…
Las particularidades de nuestra sociedad y, por consiguiente en ella de la superestructura política, son más que sorprendentes. Por supuesto que el sayo también nos los debemos colocar los periodistas que no estamos exentos de culpas para manejarnos dentro de una realidad rocambolesca, con absurdos e insólitas caracterizaciones más imaginarias que reales que, parece mentira, nos hacen vivir en un país que – si no tuviéramos los problemas de la gravedad que sufrimos – abría que tomarlo como una fantasía.

Resumamos algunos puntos de los últimos días, como por ejemplo la gigantesca polémica que envolvió al gobierno, a sus más importantes ministros, a los sectores de la izquierda y a muchos políticos sobre un presunto tratado de libre comercio con EEUU, el que no existe, no se está discutiendo, ni siquiera está en carpeta para una próxima consideración.
Por supuesto, un ministro – el de Economía – abriga la esperanza que el mercado más importante del mundo se abra a nuestra producción, lo que determinaría -¿quizás si o quizás no? – una etapa de progreso sostenido que determinaría que – piensa Astori – el fatídico 12% en que se encuentra clavado el porcentaje del desempleo, se abatiera
Pero, ¿hay algo al respecto? El pasado lunes en el Consejo de Ministros que se reunió en la residencia de Suárez y Reyes, de alguna manera, el presidente Vázquez aventó el malestar que se había planteado luego de que se hicieran públicas lo que no eran más que expresiones de deseos impulsadas, eso si (¿o posiblemente?), por los propios EEUU que, al parecer, están buscando en el continente oídos abiertos a propuestas en ese sentido. Pero que hasta ahora no son más que susurros interesados es algo más que evidente.
Sin embargo el presidente Vázquez, alentó a todos sus ministros a analizar sin prejuicios las ventajas de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, porque a su juicio no hay posibilidades de que eso se logre mediante un tratado del tipo "cuatro más uno" con todo el MERCOSUR.
De todas maneras, Vázquez advirtió que para eso deberán obtener un apoyo de “toda la fuerza política de izquierda que gobierna el país, el Frente Amplio, y también de los socios del bloque regional” En este encuentro, instruyó a sus ministros a que no se demoren los contactos con la administración de George W. Bush en la reactivación de una comisión bilateral, para discutir la apertura del comercio entre ambos países. ¿Está claro?, entonces.
No vale la pena juzgar la oportunidad de las anteriores declaraciones de algunos ministros que agitaron las aguas, manejando sábanas que ni siquiera llegan a fantasmas pero, eso si, que igualmente afectaron a la ultra sensibilizada izquierda.
Chile tiene su tratado de libre comercio con el país del norte y el pasado domingo triunfó en elecciones libérrimas Michelle Bachelet, una socialista con credenciales suficientes para que nadie la tilde de pro yanqui, pro imperialista, o le endilgue algún otro mote por el estilo. Deja la presidencia Ricardo Lagos, otro socialista – un lujo de primer mandatario, democrático y justo- que encaminó su trabajo a intentar limar las aristas más agudas del modelo chileno que excluye del progreso económico que muestra el éxito en la macroeconomía, a un porcentaje importante de la población.
La economía chilena en términos generales es altamente exitosa. El crecimiento en el 2005 superó el 6%, sin embargo la miseria está consolidada en algunos sectores que siguen marginados de ese progreso constante. Es una deficiencia del modelo que Lagos conoce muy bien y que Bachelet ha prometido tratar de revertir, porque no existe democracia sin justicia social.
Muchos uruguayos admiran el modelo trasandino, se identifican desde la izquierda, el centro y la derecha con ese camino que, entre otras cosas, ha rubricado un acuerdo de libre comercio con EEUU, que favorece su comercio de manera indiscutible. Por supuesto que Chile – por algo lo ha hecho – se negó a ser miembro pleno del MERCOSUR, lo que le hubiera impedido las negociaciones con terceros países, como por ejemplo – ello está bien claro – se lo impide a Uruguay, además a Argentina, Brasil, Paraguay y ahora también a Venezuela. Los integrantes del MERCOSUR solo pueden llegar a firmar un tratado de libre comercio con un tercer país si lo hacen en conjunto con sus socios regionales, lo que significa – dadas las condiciones del acuerdo – una larguísima y, decimos nosotros, posiblemente infructuosa negociación, de pronóstico desconocido y de culminación positiva improbable.
Por ello, cuando esa es la realidad, es que nos parece insólita que en nuestro país, el elenco gobernante, los sectores políticos, la prensa, los militantes de base de la izquierda y voceros que aplauden los éxitos de la macroeconomía, gasten horas y horas planteándose contradicciones a favor y en contra de las palabras de Astori, de Gargano, suponiendo que los lineamiento del Presidente de la República son tales o cuales.
Todo ello, cuando lo objetivo es que no han nada de nada, quizás, solo un murmullo de un funcionario del Departamento de Estado en un oído bien dispuesto de algún colega uruguayo, lo que tampoco significa nada, porque existe en los gobierno todo un mecanismo para las decisiones, una metodología para adoptar las políticas comerciales, un análisis de los pro y contras. Si una frase o dos dichas por un ministro a un periodista de un semanario alcanzan para determinar una hecatombe nacional, provocan la enemistad objetiva de ministros y una polémica pública, estamos mal. Se muestra que carecemos de la adecuada ponderación y la madurez, tan necesaria en la política, brilla por su ausencia.
Y el acabose político culmina – como realmente ocurrió – en una especie de apaciguamiento, por lo cual – se dice – que el presidente, debió recurrir a compresas y paños fríos, haciendo exhortaciones y prodigando consejos de buenos modales a sus secretarios de Estado.
¡Muy fuerte!, casi un absurdo. Que se haya gastado tanta saliva, litros tinta, horas de micrófono y cámara, periodistas, energía, para la consideración de un tema que no existe, porque tratado no hay, ni se está proyectando, ni existe intención del gobierno de romper con el MERCOSUR para lanzarse solo a una aventura de estas características. Ahora aparece solo una indicación del presidente de la República para que se analice, “sin prejuicios” la conveniencia de un acuerdo de libre comercio, teniendo en claro que existen dificultades difíciles de vencer.
Lo anterior, el acuerdo ya casi terminado que han anunciado algunos, sería un hecho tan desubicado como la impertinente calificación que un subsecretario les prodigó a los activistas de FUCVAM, o la resolución del INAU, que le prohibió a una modelo – de 14 años – a actuar en un desfile de modas en Punta del Este. Algunos se preguntan si hará lo mismo con todos los niños que son utilizados en las comparsas del carnaval.
Mientras tanto, que siga el corso.
Como me duele Chile
Chile -que bajo los gobiernos de la Concertación tuvo un crecimiento económico promedio del 5,8 por ciento en la última década- presenta uno de los peores índices de distribución del ingreso del mundo. El 10 por ciento más rico gana quince veces más que el 10 por ciento más pobre. Las grandes ciudades exhiben prosperidad económica en determinados niveles, pero esa bonanza no ha llegado a la mayoría de sus habitantes.

El ingreso per cápita chileno es alto: seis mil dólares. Sin embargo, la desigualdad distributiva es tremenda. Muchísimo para muy pocos y muy poco, casi nada, para la mayor parte de la población. El dólar está a 520 pesos y el salario mínimo es de mil pesos; es decir, menos de dos dólares. La mitad de lo que cuesta un kilo de cobre.
Cuarenta por ciento de las grandes reservas mundiales de este metal se encuentran en territorio chileno. El país produce cerca de cinco millones de toneladas anuales, equivalentes a 36 por ciento de la producción mundial. Su explotación, manufactura y exportación representan casi 20 por ciento de su producto bruto, pero sólo una tercera parte genera royalties. Una parte va a las fuerzas armadas y otra parte ingresa a las arcas fiscales del Estado.
El resto de los dos tercios no tributa y se lo llevan empresas extranjeras, dueñas de las minas gracias a la dictadura pinochetista.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


GeoBitácoras:



Miguel Espino dijo
Estimado periodista. Yo he seguido sus notas en Bitácora y ocasionalmente en el diario La República donde, lamentablemente, deben convivir con muchas otras cosas repudiables. En torno a Chile y a la nueva presidenta, debo decirle que tengo actividad en ese país y la ealidad social que allí se vive, si bien está acotada y no se ve en las grandes ciudades, es realmente calamitosa. El modelo neoliberal llegó para quedarse y de nada han servido los gobiernos aparentemente progresistas que no han podido torcer el brazo al poder real, el de los empresarios, de los exportadores y de los militares. El desarrollo desigual de la sociedad chilena es su talón de Aquiles. Por un lado determina que la macreconomía tenga logros que parecen espectaculares, por el otro en forma paulatina de va quebrando una sociedad que, como diche Bachelet, si no es solidaria y justa, no es democrática. Esperemos que la señora pueda cumplir.
18 Enero 2006 | 02:42 PM