Compartiendo otro cuento
Límites
—Para la muerte de Anhedonia—

Bajo la luz amarillenta que trasponía la ventana de la habitación la miré extendida sobre la cama. Su fina piel me hizo temblar de sensualidad. Hubiera querido, en ese momento, ser ave para echarme sobre ella y saciarme en su carne. ¡Desesperadamente!
Pocos minutos antes de las diez, cuando me disponía a bajar, sentí unos leves golpes sobre la puerta... Era ella.
— ¿Me crees loca?— dijo.
Sin esperar mi respuesta continuó:
— ¿Quien está sano de espíritu? ¿Quién es vicioso o quién es virtuoso? –pensé para mi.
Estaba hermosa, mucho más que siempre. Un largo silencio se produjo. Enlacé mis dedos en los de ella y caminamos por la habitación sin decir palabra, en un placer silencioso, mutuo. Su cabeza se inclinó sobre mi hombro.
El silencio se alargaba con el abrazo. Nuestros ojos se encontraron nuevamente y se produjo una corriente más agresiva.
— ¡Seremos amigos! —dijo. ¡No me traicionarás! ¿Verdad?
—Sí —dije.
Me apretó contra su pecho y murmuró a mi oído palabras, en un tono tan bajo y musical, que me parecieron un canto del cielo.
— ¿Qué significa? —dije.
—Mi corazón suspira por ti, —contestó bobalicona.
Fue una noche de excitación y fiebre, con ensoñaciones lascivas. Ella estaba allí, bajo la luz amarillenta que la envolvía, Yo flotaba entre el cielo y la tierra soñando despierto, pasando ante mis ojos confusas escenas. Me retiraba de su prisión, escuchando ruidos en la habitación. Una luz más brillante me pareció blanquear la escena, una mano tocó mi espalda. Mi nombre fue pronunciado en voz alta.
Era María, para mi vergüenza.
—Francisco, ¿qué te pasa? ¿Estás enfermo?
En ese preciso instante la realidad reaparecía y allí estaba Elena, más hermosa, con una languidez haragana, que al verme desvelado puso su mano fresca sobre mi frente afiebrada. El contacto me tranquilizó, haciendo regresar aquella torpeza voluptuosa, deshonesta.
Sí, deshonesta. Todo aparecía y desaparecía. Fue una noche sudorosa, interminable. Con el amanecer los nombres resonaban en mi oído, mis labios los murmuraban. Pero los pensamientos volaban hasta olvidar esos nombres, confundir los rostros, imaginar otros ámbitos.
Veía su calidez en mi departamento de Montevideo pero también estaba esta calidez.
Ella se levantó y la miré, reteniendo indolentemente esa visión, intentando reconstruir otros rasgos— que se confundían en mis recuerdos. Tenía la conciencia de un vago malestar mezclado con inquietud. Sentía una sensación de abandono. La imagen de María seguía asediándome mientras las confusas formas de la noche comenzaban a desaparecer.
Ella se movía en silencio. En mis labios se recomponía el sabor de sus besos, esa dulzura... Me levanté, sin prisa, casi con una absurda negligencia. Me encontré horrible frente al espejo.
Ella estaba vestida. Se acercó por detrás, abrazándome.
—Hasta luego —dijo.
—Hasta luego Elena —dije—, hasta luego María, —pensé.
(Dibujo Caarlos Giorgis. Río Cuarto, 1984)




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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Ursula dijo
Un cuento en dos planos, encantador y bien escrito. Me parece que los tendrías que publicar en un libro, aunque estás utilizando Internet. ¿Será un buen sustituto del papel con letras?
24 Marzo 2006 | 08:19 AM