Del macramé de los Fernández al fracaso de la cumbre presidencial

La situación con el paso de los días parece ir complicándose. A Uruguay la suspensión de las obras no le sirve en lo más mínimo y, lamentablemente, es motivo de una sumatoria de problemas difíciles de resolver. Somos escépticos en que los contactos entre los presidentes concreten, más allá de las declaraciones formales, porque las jugadas, dadas las posiciones adoptadas por los distintos “participantes”, parecen estar todas en manos argentinas.
Las empresas pueden, por supuesto, detener sus actividades – como lo han anunciado en el período de licencia de la construcción – pero para hacer más amplio el período tienen que rever acuerdos con los subcontratistas, ya que se alargarán los plazos de terminación de las obras y, además los trabajadores perderán jornales, no solo los que realicen labores en las obras civiles que se concretan en el emprendimiento de Botnia, sino también en los que realizan el acondicionamiento de tierras en donde se levantará la planta de celulosa de la empresa española Ence, a los que se deben sumar los que cumplen tareas de otro tipo en las empresas contratistas.
Además hay otro aspecto a tener en cuenta que, creemos, fundamental. La empresa Botnia – tal como lo anunció el martes a la media tarde – no está dispuesta a asumir “a su costo” una paralización de las obras, que si bien favorecía el curso de las conversaciones, no incidía en el fondo de la cuestión, por cuanto esa medida para nada significaba que luego de firmadas por los presidentes la declaración conjunta y su anexo técnico, los piqueteros de Gualeguaychú, no volvieran a cortar las rutas.
Por supuesto que el conjunto del costo de los trabajos, por esta paralización, se incrementaría en varios millones de dólares. Un vocero de la Cámara de la Construcción afirmó que una detención total de los trabajos demandaría una pérdida, por lo menos, de 15 millones de dólares, de los que la empresa finlandesa, obviamente, no quería hacerse cargo.
¿Por qué entonces el presidente Tabaré Vázquez habló en Santiago de Chile, al reunirse con su par argentino, Néstor Kirchner, de la suspensión de los trabajos? ¿Tenía en sus manos el informe detallado de lo que significaba una suspensión, al suponer que el contacto con el presidente argentino era un hecho indiscutible? Por otra parte si ese fue un sorpresivo planteo de Kirchner, se podría haber solicitado un informe urgente sobre el impacto de la medida, para dar una respuesta adecuada y no improvisada.
Si era evidente que se cambiaría una cosa por otra, debemos creer, porque confiamos en la inteligencia de nuestro Presidente, que no hubo improvisación y nuestro mandatario actuó sabiendo a que se exponía al plantear la suspensión. Además porque sabemos que en la oportunidad se reunió con el canciller Reinaldo Gargano y el acuerdo, más allá de su bondad o desajuste, tuvo carácter institucional.
Porque, es evidente, que la suspensión de las obras, que es realmente un trastorno para Uruguay, es la moneda de cambio que tiene Kirchner para contentar de alguna manera a los piqueteros de Gualeguaychú, una especie de necesario elemento de trueque entre el mandatario argentino y los grupos más decididos a mantener el corte de rutas, para que estos levantaran la medida que estaba provocando un trastorno impensado para los dos países.
¡No existe otra razón plausible! Además, como se ha dicho y repite hasta el cansancio la oposición blanqui-colorada, Uruguay estaba canjeando - al aceptar el extremo - el levantamiento de una acción totalmente ilegal por la suspensión de trabajos, que es una tarea lícita, ajustada a derecho, sin planos discutibles ni censurables, pues ni siquiera las plantas han comenzado a instalar las máquinas de su faz productiva. ¿En qué modifica la situación que se detengan los trabajos en obras civiles y en movimientos de tierra?
Entonces, como no estar preocupados por las informaciones provenientes de Buenos Aires que hablan de que "la negociación estába avanzada" y que en los portafolios de quienes viajarían a Anchorena este miércoles se encontraban ya inicializados los documentos a firmar. Pero, todo dependía de la decisión de una empresa, a la que se le ponía entre la espada y la pared, sin que se le mostrara un camino de solución para una situación incierta de costo millonario.
También se manejó, el lunes al mediodía, que un contacto telefónico del secretario Fernández con el jefe del gabinete argentino podría determinar que el encuentro entre los presidentes se convirtiera en un hecho de realización inminente. Hoy martes, según la prensa argentina, habría existido acuerdo en el llamado anexo técnico y sería inminente el encuentro de los presidentes en la estancia presidencial de Anchorena. Pero, obviamente, seguía faltando lo más importante: la definición de Botnia, la que recién se produjo el martes de tarde, cuando trascendió la información que la empresa finlandesa había accedido ha aplicar una fórmula para detener los trabajos por diez días, dos días más que el tiempo que dura la licencia en la construcción.
Esa información fue definitiva. La cumbre quedaba suspendida por segunda vez y los piqueteros en Gualeguaychú se reunirían en asamblea, proponiendo algunos asambleístas volver a los ilegales cortes de rutas.
Así quedaron por el camino los planteos de Uruguay de que técnicos argentinos participen de una comisión de monitoreo permanente de las plantas y de su producción, es una posición que desde siempre fue la de Uruguay que admite, por supuesto, que el país que comparte el río Uruguay tiene pleno derecho a controlar cada detalle, para que no hayan errores y las plantas de celulosa no contaminen ni el agua ni el aire.
Otros puntos planteados por el gobierno argentino, muchos de ellos de máxima, estaban más bien destinados a poner piedras en el camino y a estirar los plazos, pues casi ninguno de ellos era de recibo para Uruguay, convirtiéndose algunos en no pertinentes exigencias que, obviamente, los autores de las mismas, debían estar contentes de que no serían aceptadas. Todos ellos destinados a ganar “confianza” entre los piqueteros de Gualeguaychú, tarea que parece una de objetivos más difíciles que ha emprendido el gobierno de Néstor Kirchner.
La Cancillería, si bien es informada de los pasos de la negociación, por razones obvias no está directamente involucrada en los detalles de la misma, como en la Argentina no lo está tampoco en canciller Taiana.
Entendemos que en un tema de estas características es necesario unificar opiniones, “juntar cabezas”, coordinar acciones en base al conocimiento que tenga cada uno de los actores que, en su determinado frente de trabajo, debe tener un cometido determinado. La política exterior del país, en un caso de esta trascendencia, tiene que ser llevada adelante por todos los organismos pertinentes y especializados, y no solo recaer en el propio presidente de la República y por un par de “asesores” Es imprescindible no cometer errores.
Uno de ellos fue, por ejemplo, que el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Eduardo Bonomi, con el obvio visto bueno – entendemos - de alguna otra persona con nivel decisivo en el gobierno, afirmara públicamente que los trabajadores de los emprendimientos que se levantan en la zona de Fray Bentos, de paralizarse las obras, “no dejarían de cobrar sus salarios”
¿Por qué hizo tal afirmación? Obviamente, porque tuvo la guiñada de alguien “superior a él” que expresó lo que creyó más conveniente, sin consultar previamente a los organismos correspondientes. ¿Quién pagaría el costo de ese dinero para pagar los salarios caídos? ¿El Ministerio de Economía? ¿El Banco de la República? ¿El Banco de Previsión Social, aunque a estos trabajadores, por el tiempo que llevan en la función no les corresponda el seguro de desempleo? ¿Se sacará del rubro 0 de la Presidencia de la República? ¿Se votará un fondo especial en este caso?
Cuando se le pidieron precisiones al ministro Bonomi, este dio un paso al costado y eludió la respuesta, por lo cual el SUNCA, comenzó a preocuparse sobre la situación planteada, que no es nada fácil.
Ahora, luego de una enormidad de tiras y aflojes, se presionó a la empresa finlandesa a paralizar las obras para que Kirchner mejorará su perfil ante los piqueteros y quizás se sirviera la mesa que está tendida en la estancia presidencial de Anchorena desde el pasado miércoles, para un encuentro entre los presidentes.
Pero nada de eso ocurrió. Los hechos se desarrollaron de otra manera. La empresa finlandesa no está dispuesta asumir costos y nadie le brinda soluciones alternativas para ello. ¿Qué pesará en las próximas semanas? Existen especulaciones de todo tipo, desde el definitivo retiro de Botnia del país, con el abandono de las obras, hasta que se negocie una financiación binacional de la paralización de los trabajos…
Todas parecen alternativas difíciles, demasiado complicadas y muchas de ellas que requerirían acuerdos políticos que los países, en esta etapa de relacionamiento, es muy difícil que puedan negociar.
Si hay algún camino que aquiete las aguas, muy bien, sobresaliente y felicitaciones de la mesa. Si ello no ocurre… tendremos de nuevo puentes cortados, volverá la tirantez y se habrá perdido un precioso tiempo en idas y venidas inútiles.
Tememos que cualquier avance o retroceso, no contemplará en ningún caso la posición de los piqueteros más duros de Gualeguaychú, que seguirán reclamando que las plantas no se construyan, utilizando ahora como último y novedoso argumento, que “deterioran” el bucólico paisaje turístico de su provincia y que hay que plantear la inmediata realización de un estudio de “impacto económico” de las mismas.
Piqueteros que más tarde o más temprano en lugar de seguir tomando mate al costado de las rutas, lo intentarán hacer en el centro de las mismas, reiterando los cortes. Y nuevamente Uruguay quedará aislado, siempre y cuando no ocurra que el “macramé” trabajosamente concretado entre los Fernández, no impulsa al gobierno argentino a tomar el toro por las astas, utilizando a la fuerza pública para hacer cumplir la ley, lo que parece difícil en las actuales circunstancias.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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Crítico dijo
La empresa Botnia, le guste o no al señor Gonzalo Fernández, es la única que se opone a acatar el chantaje argentino. Es evidente, porque ese es el camino de siempre de Kirchner al que se sumaron los piqueteros de Busti.
6 Abril 2006 | 10:37 PM