El caso Berríos y las extradiciones
Desde hace varios días estoy tentado en escribir sobre la extradición de los tres militares implicados en el affaire Eugenio Berríos, porque las intervenciones publicadas de Eleuterio Fernández Huidobro me están conmocionando. ¿Cómo es posible que un veterano militante social, un hombre que vivió largamente la lucha por reconquistar la democracia, que fue víctima de quienes actuaron cumpliendo los mandatos del Departamento de Estado, dieron el golpe de Estado y aplicado la Doctrina de la Seguridad Nacional, entre otra lindezas, se introdujeron de pies y cabezas, en el Plan Cóndor, cuya expresión tardía fue el secuestro y el asesinato del químico chileno Eugenio Berríos en Uruguay.

Un delito que se cometió durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle, luego del de transición a la democracia encabezado por Julio María Sanguinetti. Una acción coordinada entre los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas, evidentemente dentro de los lineamientos de ese Plan Cóndor, que involucró a muchas personas y, por supuesto, a las instituciones militares. ¡Ello es innegable!
Fernández Huidobro dice que si los tres militares que serán extraditados son culpables de algo, también hay más culpables en nuestro país, que podrán seguir durmiendo tranquilos, sin intranquilidades, porque nadie los juzgara ni, siquiera, investigará. Pero, a diferencia de unos y otros – no discutiendo la razón que le asiste al destacado senador – los tres militares que serán extraditados, no por una razón caprichosa de algún jerarca, sino por una acordada de la Suprema Corte de Justicia que por unanimidad de sus integrantes resolvió aceptar la solicitud de la Justicia chilena, siempre y cuando, se cumplan con los extremos dictados por el juez interviniente en Uruguay, que reclama que los militares tengan instancias para defenderse ante la Justicia del país trasandino.
Por razones periodísticas en el momento en que se produjo el secuestro y el asesinato de Berríos, trabajábamos en una empresa con cronistas policiales con buenas fuentes informativas quienes lograron, antes que el propio gobierno de la época, la información precisa de lo que estaba ocurriendo. Por decisión de la secretaría de redacción del diario en que cumplíamos funciones, entendimos que debíamos – dada la importancia del tema – antes de publicar los hechos informar a las autoridades. En aquel momento se llamó al ministro del Interior, doctor Juan Andrés Ramírez, que luego de un largo silencio agradeció que se lo impusiera de un tema que desconocía. El velo que todo lo ocultaba comenzó a descorrerse cuando Berríos escapara de la vivienda en que se encontraba confinado en el balneario Parque del Plata, pidiendo ayuda en la Comisaría del lugar. Ello determinó que la información comenzara a circular por otros conductos y llegara incluso a algunas fuentes periodísticas mucho antes, incluso, que al propio Ministerio del Interior.
Por supuesto que el propio, Ramírez, llamó, de inmediato, al presidente Lacalle, que se encontraba de gira por Europa, quién resolvió volver de inmediato al país para ponerse al frente de una situación absolutamente desconocida para el Gobierno, producto – se entendió en aquel momento - de acciones de aplicación tardía del Plan Cóndor, en base a las cuales, sordamente se estaban moviendo los servicios de inteligencia con el conocimiento pleno – estimamos – de mandos de las Fuerzas Armadas. Posteriormente supimos que el ministro de Defensa Nacional, doctor Mariano Brito, vivía en el mismo limbo informativo que su colega del interior y que todo el resto del gobierno.
Se trataba, entonces, de una operación enteramente de los “servicios” que utilizando su compartimentación habitual, mantuvieron un “secreto” absoluto sobre el operativo ordenado desde Chile. En lo formal, por supuesto, fue mucho más que un secuestro: lo que ocurrió fue una acción de terrorismo internacional, llevada adelante por integrantes de servicios de inteligencia de dos o tres países (al parecer funcionarios argentinos también habrían tenido su papel en todo el asunto), que en lo formal concretaron varios delitos penales, cada uno de ellos de una peor tipificación, que culminaron en el asesinato de la víctima que estuvo secuestrada durante largo tiempo.
¿Cuál fue el papel de los tres militares que serán extraditados? Formalmente no podemos ponernos a tipificar delitos, porque no sabemos nada del código penal y menos de los agravantes y atenuantes que puedan tener, pero lo que es cierto e indiscutible, que estos tres personajes (2 en actividad y 1 retirado), que al parecer partirán a Chile en los próximos días, estuvieron directamente involucrados en las acciones vinculadas al caso Berríos. Tampoco hemos tenido acceso al expediente respectivo.
Por supuesto, que fueron peones de brega, pero – más allá de que haya otros militares y también civiles, vinculados también a los “servicios”, responsables y quizás con culpas aparentemente más graves – estos tres señores aparecieron vinculados directamente en el caso porque la fiscalía chilena manejó pruebas concretas contra ellos que determinaron su procesamiento (en ausencia) en los Tribunales chilenos y el consecuente pedido de extradición.
Proceso judicial, además, cuya documentación llegó a Uruguay, fue analizada por un juez competente que habilitó el pedido chileno, estableciendo algunas condiciones que les dan garantías a quienes serán extraditados, tramite que fue además ratificado con el voto unánime de los cinco miembros del máximo órgano del poder judicial de nuestro país.
Desde ese día estalló la campaña de los “patriotas” que pretenden que no se viole la soberanía nacional, extraditando a estos militares. Por supuesto que encabezada por los “nostálgicos” del golpe de Estado y repetidores hasta el cansancio ¡todavía!, de la doctrina de la seguridad nacional, que justifican todo lo ocurrido, hasta los asesinatos más crueles, escudándose que eran “soldados” que actuaban en una “guerra”, aunque los contendientes fueran niñas de 18 y 19 años, desarmadas, que fueron asesinadas brutalmente con ametralladoras pesadas, o personas como Luis Martirena y su señora, que si bien pensaba distinto y creía que el camino era insurreccional, era un hombre pacífico que fue masacrado aquel 15 de abril como respuesta a otras acciones armadas. O el escribano Fernando Miranda, cuyos restos acabamos de sepultar hace pocas semanas, luego de estar desaparecido por muchos años, asesinado seguramente de la peor manera en una sesión de tortura dentro de una unidad militar. Y, ¿que podemos decir de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz? Y de tantos otros…
Los señores que actuaron directamente en esas acciones – claro que en algunas, las más complejas, porque se ensuciaban los calzoncillos – recurrían a bestias como Anibal Gordon para que les resolviera su cobardía, son lo que encabezan la lucha contra las extradiciones. Los mismos que pisotearon todo, que se llevaron por adelante todo, que poco les importó la Constitución de la República y las demás instituciones de la Nación y que el pasado 14 de abril – lo que es increíble – encabezando actos presuntamente privados recordaron a los “caídos en defensa de las instituciones”
También los derechistas más recalcitrantes, como el diputado Daniel García Pintos y su grupo “palo y palo”, se están movilizando contra esas extradiciones, hablando de que se está violentando la soberanía y, además, sosteniendo que a estos militares se los deberían haber juzgado los uruguayos, olvidando que el expediente durmió por más de una década en un juzgado de Pando, cuyo último titular, resolvió archivarlo, por no encontrar mérito para iniciar una investigación sobre el tema.
Pero ahora viene lo difícil. ¿Cómo analizar que también un sector del MPP, encabezado en lo visible por el senador Eleuterio Fernández Huidobro, plantea prácticamente lo mismo? Porque, es evidente, no podemos igualar una cosa con la otra, no entreverar termos con alfajores, y decir que el planteo del senador del MPP en la superficie es coincidente con los de esa derecha apátrida, es demasiado fuerte y quizás un análisis injusto para quien desde siempre ha sido un baluarte de la lucha del pueblo por sus libertades democráticas. Pero es justo que planteemos nuestra perplejidad sobre el tema y la polémica pública que se ha planteado.
Pero no podemos dejar pasar algunas cosas. Por ejemplo la afirmación de otro viejo dirigente tupamaro, Julio Marenales, que entiende que el meteórico viaje que tuvo a nuestro país la presidente de Chile, Michelle Bachelet, que pasó algunas horas en Montevideo, tenía el objetivo de “presionar” a Tabaré Vázquez para que habilitara la extradición de los militares a Chile. Por supuesto, el tema nos preocupó e hicimos averiguaciones. Se nos indicó que ese tema nunca estuvo en las conversaciones entre los dos mandatarios.
¿Entonces que es lo que pasa? Por supuesto que lo tres militares que serán extraditados no son todos los responsables de lo ocurrido con Berríos, que hay muchos más. Puede que sean “perejiles”, como los califica Fernandez Huidobro, nosotros preferimos el término, “peones de brega”. Recordemos que hasta quién en aquel momento era ministro de Relaciones Exteriores, Sergio Abreu, fue quién aseguró que la fotocopia manejada, con una fotografía del químico chileno leyendo un diario italiano, con fecha posterior a la que después se supo era la de su asesinato, evidentemente falsa, era real. Que él la había hecho analizar la carta que acompañaba dicha fotocopia por el perito de la Policía, Washington Curbelo, el que determinó que la firma del químico era la “auténtica”.
¿A qué queremos llegar? Qué al igual que lo que dice Fernández Huidobro, es evidente que también existen civiles que son responsables, como los hubo durante el golpe del Estado, que es injusto que esa “factura” le sea solo pasada a los que llevan uniforme aunque, haciendo un análisis fotográfico de los actos en que se recuerda – reiteramos ese insólito titulo, “a los caídos en defensa de las instituciones”- allí se encuentren muchos, faltando los civiles y por supuesto quienes, en el Departamento de Estado, comenzando por el mandamás de ese momento, Henry Kissinger, siguen dando vueltas por el mundo sin tomar conciencia de lo que le hicieron a los pueblos del continente.
De la argumentación que utiliza Fernández Huidobro, contraria a las extradiciones, no nos queda nada… No hay un solo argumento que no convenza y, muchos menos – en lo que no estamos de acuerdo – es en el llamado que hizo a los mandos a tener una actitud firme y expedirse en torno al tema. En esto discrepamos totalmente con el senador, del que siempre leemos sus contratapas de LA REPUBLICA, porque esos señores jefes de las Fuerzas Armadas tienen solo que acatar al poder civil y cumplir, al pie de la letra cada una de las directivas que les trasmite la autoridad ministerial. Esto está en la esencia del funcionamiento institucional del país y una trasgresión no deberá ser tolerada en ningún caso.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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Pepon dijo
Un tema dificil, pero me parece que todos tenemos que masticarlos para tomar posiciòn. No es posible que luego de tantos años, cuando actúa la Justicia en torno a gente con uniforme, desde la derecha y desde la izquierda se pongan piedras.
17 Abril 2006 | 04:37 PM