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Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

1 Mayo 2006

Dar limosna no hace justicia

¡Es increíble! Los uruguayos vivimos hundidos en la miseria, la que aparece a cada paso, en cada rincón, en cada esquina, en todos y en cada uno de los asentamientos en donde compatriotas viven los dramas de las carencias más agudas. Y lo más terrible es que no se arbitren soluciones, se siga mendigando en las esquinas, hombres y mujeres de todas las edades se metan en los depósitos de basura para encontrar algún mendrugo para comer, o llevar a sus familias, o alguna cosa para luego vender de las tantas que el resto de la sociedad deshecha por inservibles.
Por eso, cuando un funcionario de este Estado, a cargo de un organismo publico, expresa lo que dijo, de que es conveniente que no se ayude a los niños y no tan niños que piden ayuda en tantas esquinas, con esas monedas que nos sobran, es que debemos alarmarnos por la zoncera de algunos, que no entienden en que sociedad viven y que, en el calor de sus casas bien calefaccionadas, y alimentados por platos bien servidos, abren la boca para lanzarse contra un sector de la sociedad que desgraciadamente convive con todos nosotros, que existe.
Permitanme como contribución a todo esto publicar en mi blog la nota de Daniel Martínez Soto, un buen periodista, sensible, que no dejó pasar la estupidez que expresan algunos.

por DANIEL MARTINEZ SOTO

"El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo" (Jesús de Nazareth. Lucas 3, 11).

El Instituto del Niño y el Adolescente hará campaña entre los uruguayos para no dar más limosna a niños en situación de calle. Con mi mujer, venimos a trabajar cada mañana desde la Ciudad de la Costa, vía Pando (peaje obliga), a Montevideo. Al salir de Pando, por ruta 8, hay una gran rotonda con una docena de semáforos; allí el tránsito se divide hacia Camino Maldonado o rumbo al puente Carrasco. Esperando por los demorones semáforos, cualquiera puede ver a toda una familia de hermanitos. Allí se crían.

Cada mañana, durante años, el semáforo nos detiene allí, a veces un instante, a veces minutos. Mi mujer jamás esquivó darle a aquellos niños algo del "desayuno" que en el largo viaje hacemos. Cuando empezamos a conocerlos, tenían de cuatro a diez años: en total siete hermanos a quienes sus padres enviaban a mendigar, en ómnibus, desde Barros Blancos. Si les preguntabas (si aún les preguntás) por la escuela, dicen que sí, que van: los del turno matutino mendigan de tarde y los otros, a la mañana. En vacaciones, lo hacen todos juntos. Así los hemos visto crecer. Realmente. Al cabo de seis años, identifican el auto desde antes que llegue al semáforo, esperando un dulce, algo de la nada que podemos comprarles, que han pedido en la escuela y en casa no les dan. Los varones han crecido tanto en estos años, que ahora improvisan malabares para convocar la piedad adormecida ante tamaños párvulos. Las niñas, peor. Las teticas crecientes bajo las camisetas atraen ya a más de un conductor que las conversa: preadolescentes, entre timoratas e inconscientes parecen ajenas al amueblado a cien metros, que un cartel anuncia en el mismo cruce.

Cada mañana, cuando al cambio de semáforo nos alejábamos ruta adelante, les mandaba una puteada a los gobernantes de turno, a los responsables de aquel atentado a gritos, aquella ofensa a toda insensibilidad. Mi mujer lograba calmarme un rato nada más.

Cada mañana, el embotellamiento en el semáforo de Avenida Italia e Hipólito Irigoyen enfrenta a todo conductor con otra escena familiar: abuela y madre comparten la diaria mendicidad a los automovilistas camino al Centro, con media docena de niños, a todas luces sus hijos y nietos. Desde hace --cuando menos-- cinco años. Los bebés crecieron para heredar el cochecito de los mayores, que ya mendigan. Cualquiera que pase de mañana por ese cruce, los conoce. Más de uno que esto lee les habrá dado una moneda.

Ahora el INAU me pide que demos nada. A nadie. A los que he visto crecer, conozco sus nombres, comparto cada día algo ínfimo de su necesidad. A un año y dos meses de que yo soñara que alguien los iba a sacar de la calle para darles un futuro mejor, ahora, además de que siguen ahí, de que miles los vemos cada día, Víctor Giorgi, director del INAU, sicólogo, me canaliza. Me aconseja. "La solidaridad se canaliza mejor a través de otras iniciativas", dice. La campaña para acabar con la limosna está en marcha. De la otra, la campaña contra las flagrantes evidencias que miles de vecinos vemos, conocemos, compartimos, creíamos que se iban a acabar, apenas... más palabras.

Inducir el pensamiento humano es cosa de los sicólogos; inducir a no dar un pan, una moneda, un algo, es el mejor camino a endurecer el corazón. Un buen camino seguramente en la cabeza de quienes deban apagar atisbos de complejos de culpa ante algo tan básico como elemental.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Sevillana

Sevillana dijo

¡Hola Carlos! Que tal?? Tengo una amiga casada con un uruguayo y estuvo es tu País un tiempo. La verdad, es que Uruguay lleva demasiados años arrastrando una situación difícil para la mayoría de tus paisanos.
Tenéis suerte tú y tu mujer, de trabajar ambos. Espero que el empleo no sea precario, porque no sé que es lo que pasa en el sur de América, que la situación es cada vez más vergonzosa. Un saludo desde Sevilla España

2 Mayo 2006 | 03:10 AM

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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