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La Coctelera

Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

2 Junio 2006

Reflexiones de Cristina Peri Rossi

En uno de sus principales libros, John Kenneth Galbraith -el gran economista y humanista socialdemócrata recientemente fallecido- contaba, con un estilo delicioso, cómo el tulipán se convirtió en la flor emblemática de Holanda. No fue gracias a un enamorado romántico que llevó el primer bulbo desde lejanas tierras tropicales al hielo, no fue tampoco por un fanático de las flores dispuesto a plantarlas en la estepa, ni siquiera por un científico dado a los transplantes; los bulbos de tulipanes fueron vendidos por marineros nórdicos a grandes y pequeños ahorristas locales, dispuestos a especular.

En lugar de invertir sus ahorros en bancos que pagaban escasos intereses, los ciudadanos holandeses compraron bulbos de tulipanes, cuyo precio comenzó a subir con la demanda de tal manera que muchos los guardaban en la caja fuerte. Hasta el fatídico día en que ya no hubo más compradores al alza dispuestos a invertir y entonces, súbitamente, los bulbos perdieron todo su valor; nadie quería comprarlos, todos querían deshacerse de ellos. Hubo ruinas y suicidios, y el bulbo de tulipán pasó de la caja fuerte al jardín, que era su lugar natural: la especulación había creado una falsa ilusión de burbuja y muchos quedaron atrapados en ese sueño de ganancias y de riqueza.
Una de las críticas más certeras del eminente profesor -y al final de sus días, novelista- al capitalismo salvaje es que se basa mucho más en la especulación que en la productividad. Para especular, tiene que haber algunos tontos e ingenuos, y son ellos quienes alimentan una de las ilusiones más despiadadas del capitalismo: hacerse rico con toda clase de productos, sean éstos bulbos o sellos filatélicos. Una de las leyes psicológicas más certeras del póquer es que si en una partida no has descubierto todavía quién es el tonto, es que ése eres tú.
Un sello de correos tiene un valor facial (el que viene impreso en la superficie) y un valor filatélico diferente, que se puede consultar en catálogos especializados, como el Yvert y Tellier o el Edifil. El valor facial y el filatélico no coinciden. En general, un sello común, es decir, de amplia circulación, tiene escaso valor, porque la emisión es muy numerosa. Con los sellos, ocurre como con las patatas: a mayor cantidad, baja el precio.En cambio, un sello muy antiguo, de alto valor facial y de tiraje muy escaso, puede tener un precio mucho más alto que el facial.Aun así, se trata de un bien fungible: es necesario que alguien esté dispuesto a pagarlo. Una de las leyendas presumiblemente cierta de la filatelia es el caso del primer sello de Cabo Verde, uno de los más antiguos del mundo. Aparentemente, sólo existía uno, guardado en un banco por su propietario. Hasta que Southebys, la empresa de subastas más famosa del mundo, anunció que tenía otro a la venta. Se pujó por él una suma muy importante y el comprador no quiso revelar su identidad. Poco después se supo que era el dueño del primero, y que incineró el segundo para que el anterior no perdiera su valor.
El secreto del capitalismo es que todo lo escaso es caro y todo lo abundante es barato. En China o en España. El valor filatélico de un sello, por lo demás, tampoco responde al que figura en ambos catálogos: depende de la cotización que la casa compradora haga del franco filatélico, siempre a la baja.
¿Por qué invertir, entonces, en sellos? ¿Cómo es posible que haya empresas en España que puedan montar un imperio económico vendiendo sellos completamente sobrevalorados y pagando el doble de interés que un banco o una caja? ¿Cómo llegó Fórum a convertirse en una de las empresas financieras de mayor prestigio, patrocinadora de deportes y de obras culturales, propietaria de muchísimos inmuebles y con un patrimonio de más de 100 millones de euros, más todo lo que pueda aflorar en la investigación?
En principio, no hay nada extraño ni aparentemente fraudulento.Un cliente entrega dinero y le dan sellos de correo. Cuando quiere venderlos, la compañía se los compra pagándole, además, un interés del 6%, cosa que no hace ningún banco ni ninguna caja. Para cubrir esta demanda, es necesario que la compañía disponga de una gran cantidad de sellos sin usar que compra, a su vez, en el mercado internacional, y que su cartera de clientes vaya constantemente en aumento, para poder construir la pirámide. Lo único falso e irreal de todo este asunto es la sobrevaloración completamente artificial del sello en cuestión. Quiere decir que sólo la compañía, mientras funcione y tenga fondos para ello, puede recomprarlos con el interés añadido: si el ingenuo inversor quiere vender sus sellos en una casa filatélica, comprenderá, súbitamente, que su precio es infinitamente menor, y en algunos casos, ni siquiera cubre el valor facial. Ha comprado humo y tiene que vender papelitos de colores. (Sin contar con otro factor sospechoso: hasta ahora, no se sabe si todos los sellos que Fórum y Afinsa han vendido a sus clientes son auténticos, o buenas reproducciones.) Como ha denunciado EL MUNDO en su edición del jueves 25 de mayo, en el año l999 se conoció la expedición en la aduana del aeropuerto de Múnich de seis envíos de sellos para la empresa Katrion (del grupo Fórum), cuyo remitente indicó un valor de 280.000 euros; pero un perito filatélico los valoró en sólo 255 euros. El blanqueo ha sido colosal.
El fenómeno de las compañías financieras que captan el dinero de ahorristas a cambio de sellos no es muy frecuente en el mundo; sin embargo, en España había antecedentes. Me ha asombrado mucho que pocos periodistas hayan recogido durante los días que dura este escándalo que en la década de los 80 sucedió algo igual.En efecto: Cafisa, Caja Filatélica de España, Gestora de Valores Filatélicos, Cafisa Cataluña y Cafisa Canarias captaron muchísimos inversores y por la cantidad de afectados y la estafa el asunto fue llevada hasta la Audiencia Nacional. Los numerosos trabajadores de las empresas no recibieron indemnización alguna, y tampoco los inversores. Existía, pues, un precedente muy cercano como para investigar con especial cuidado y controlar minuciosamente las cuentas de Fórum y de Afinsa, aunque estos entramados financieros suelen contar con asesores tan hábiles que seguir la pista cuesta mucho tiempo y tenacidad.
Pero el problema económico y social que revela este escándalo es lo más preocupante. En primer lugar, los pequeños ahorristas, después de una larga vida de trabajo, saben que sus pensiones y jubilaciones no alcanzarán para una vejez digna y están acuciados por la angustia del futuro. Los bancos y las cajas pagan unos intereses por debajo de la inflación y sin atractivo alguno, y la inversión en Bolsa, sin asesoramiento y con la onda especulativa que padecemos desde hace muchos años, es tan o más arriesgada que invertir en sellos. El desastre de las tecnológicas todavía se hace sentir. Por otra parte, es una prueba de la escasa información y de la ignorancia que todavía impera en temas económicos para el ciudadano. Comprar sellos para especular es hoy una operación difícil e incierta, que depende de un pequeño mercado muy especializado: el de los grandes coleccionistas, que no compran en Fórum, sino en Southebys. Coleccionar sellos puede ser una afición instructiva, estética e interesante y llena de anécdotas, pero los ciudadanos tienen que saber que la especulación siempre tiene víctimas, que son, precisamente, los inexpertos, los cautos, los ingenuos La pirámide se cae y sólo se salvan los primeros.
Y no me parece nada oportuno culpabilizar a quienes han querido para sus ahorros un interés más alto que ofrecen los bancos y las cajas. El sistema capitalista instruye a todo el mundo para competir, especular e intentar hacer de papelitos de colores una fuente de riqueza. O de bulbos de tulipán una fortuna. Al final, adornan los jardines de Holanda.

servido por Carlos 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

admirador

admirador dijo

Lo más interesante y sensato escrito hasta ahora.

18 Junio 2006 | 10:27 PM

MARIA

MARIA dijo

ESTO ES VERGONZOSO YO ESTOY CON DEPRESION POR ESTO POR QUE NO SABEMOS SI EL GOBIERNO SE VA A PASAR POR ALTO TODOS NUESTROS AHORROS .QUE LOS DEJEN TRABAJAR CON LA SUPERVISION DE ADMINISTRADORES JUDICIALES Y NOS PAGEN ORDENADAMENTE GRACIAS

18 Junio 2006 | 10:38 PM

JUANA

JUANA dijo

¿Por qué escribes si no no tienes el concimiento suficiente sobre el tema de los valores filatélicos y su trayectoria histórica? Mira que comparar bulbos de tulipanes, de producción incontrolada e infinita con un lote de valores filatélicos que a 10 años se revaloriza por encima del petróleo y del oro...Por favor, un poco menos de imaginación y más rigurosidad al expresar nuestras ideas.

18 Junio 2006 | 10:48 PM

Pirulín

Pirulín dijo

Si tendrás razón: la especulación siempre tiene víctimas, que son, precisamente, los inexpertos, los cautos, los ingenuos. Yo soy quizas un ejemplo de las tres cosas, por ello me fue tan mal con mis pobres dinerillos que, algunos de ellos, todavía están atrapados en alguno de los bancos caídos del 2002. La especulación no lleva a nada, es un mal del capitalismo que hace perder dinero a los más débiles y llena los bolsillos de los mismos de siempre.

18 Junio 2006 | 11:33 PM

Azul

Azul dijo

Así es el intercambio capitalista, y en este mundo globalizado ello se está imponiendo cada vez más. Especulamos con sellos, con tulipanes, con trabajo, con regalìas impositivas y demás. En el medio estamos nosotros, los seres humanos, con nuestras miopìas, reumas, cánceres, sidas.

19 Junio 2006 | 12:35 AM

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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