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Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

14 Junio 2006

A 20 años, hoy, de su muerte: "Me reconocí de inmediato en Borges"

Hoy se cumplen veinte años desde que Jorge Luis Borges entró en la inmortalidad. Inmortalidad no sólo en un sentido espiritual, sino también en su sentido estrictamente literario.

No debe de haber escritor más estudiado, citado, analizado e interpretado por la gente de letras, universitarios y críticos.

Ya en los años ochenta y antes de su muerte, hablar en Iowa con autores de China, Nigeria o Nueva Zelanda era escuchar preguntas incesantes sobre Borges y su personalidad. El tiempo transcurrió para todos nosotros. La vida dio sus mil cabriolas. Entre las cosas que Buenos Aires perdió para siempre están los imprecisos pasos de un Borges ciego por sus calles preferidas; su figura por entonces polémica, amada o vilipendiada con igual fervor; su voz con su leve tartamudeo enfrentando con fina mordacidad y singular modestia a sus más variados y heterogéneos interlocutores.

Ese Borges, el de la persona y del personaje, se fue de entre nosotros el 14 de junio de 1986, en Ginebra. Pervivió , sin embargo, aquí y en todo el mundo, el Borges de la esencia, de la palabra, de la reflexión filosófica, del juego intelectual, del misterio, de la metarrealidad. Ese Borges que, en su decir, se asombraba más que con la bomba atómica con el hecho de que una llave pudiera abrir una puerta. Ese Borges, de los emblemáticos tigres y de los míticos laberintos, de los espejos y del islandés antiguo; el lector de los anglosajones, el hombre en cuyas pesadillas, tan porteñas, confundía las calles y los lugares de esta ciudad y se encontraba tantas veces en su querido Sur. Ese Borges, en cuya originalidad podemos destacar la que pudiera convertir cada poema o cuento en un ensayo.

Hoy, ese "fenómeno Borges" de la erudición, de la historia y de las etimologías, se transformó en un ídolo, requerido por multitudes. Basta haber estado en la sala de la última Feria del Libro, donde se le rindió homenaje, para experimentar su poder de convocatoria, el culto a su figura. De antihéroe, de escritor elitista, pasó a ser un héroe popular.

Quizá por eso, por su inconfundible estilo, su refinamiento, su sagaz ironía y la peculiaridad de sus temas, los grandes escritores de nuestro tiempo reconocieron y reconocen en él a un maestro, y lo erigieron así en un paradigma, considerándolo uno de los autores más trascendentes del siglo XX.

Marguerite Yourcenar lo admiraba. Cioran lo definió como el último de los delicados. Y agregaba el pensador rumano-francés en una carta a Savater: "El juego de Borges recuerda la ironía romántica, la exploración metafísica de la ilusión, el malabarismo con lo Ilimitado". Cioran ponderaba, además, esa facultad para referirse con una misma sutileza al eterno retorno y al tango.

Otra maestra que reconoció el magisterio del escritor fue Susan Sontag; ella lo retrató como un experto viajero mental hacia otras eras. Eugène Ionesco le confesaba a Claude Bonnefoy su preferencia por el cuento "La biblioteca de Babel" con estas palabras: "Lo que me fascina es el infinito, es el laberinto que es la imagen del infinito, ese infinito que encontramos también en Chirico, en Kafka".

Umberto Eco dijo haberse "enloquecido" con el libro "Ficciones". "Me pasaba noches y noches leyéndoselo a mis amigos. Me reconocí de inmediato en Borges", reveló.

Para Antonio Tabucchi, Borges es "una fe soberana en la literatura y, al mismo tiempo, paradojalmente, su radical negación: una solemne lección de escepticismo (...) Borges adhirió solamente a su inteligencia". Quiso significar que el escritor es, ante todo, un personaje de sí mismo.

Hoy tengo en mis manos el último libro de John Berger, "Aquí nos vemos". Hay un capítulo entero dedicado a Borges y a Ginebra. Rebasa de citas de sus poemas, de comentarios personales: "Borges amaba la exactitud -nos dice Berger-; cuando escribía quería llegar hasta donde había elegido llegar [...] Cuando era director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, su imaginación se convirtió en la infatigable coleccionista de objetos olvidados, de reveladoras anotaciones rotas, de fragmentos perdidos. Su gran obra poética es una especie de catálogo de los artículos que componen la colección: un hombre que recuerda a una mujer que lo abandonó hace treinta años, un llavero lleno de llaves, una baraja, una violeta descolorida entre las páginas de un libro".

Entre nosotros, Alberto Girri sostenía que Borges era el Stendhal y el Flaubert de los argentinos. "El nos mostró -escribió Girri- cómo alcanzar concisión epigramática, una sintaxis inédita en español, de puro estricta", concluye el poeta.

Borges por Borges

Son muchos otros los maestros que le rindieron tributo al Maestro. Espero que esta selección haya sido, si no completa, al menos elocuente.

Pero ¿qué opinaba Borges de sí mismo? Este tema es abordado a lo largo de su obra, y aquí elegimos unas pocas líneas.

En su texto "Borges y yo", el autor cree que Borges es una imagen, un nombre que aparece en el sobre de una carta o en un diccionario biográfico. El otro, el profundo, el íntimo, el "yo", es el que en su juventud se demora para ver el arco de un zaguán y la puerta cancel. "Nada me cuesta confesar que he logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición.(...) Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra."

Hoy recuerdo un momento que viví hace muchos años y que habla de la grandeza del escritor, de su proverbial humildad. Titubeante, llamé por teléfono a su casa para pedirle un primer encuentro, esperando oír la voz de un asistente. Me topé con su voz, en persona, y entonces murmuré confundida: "Hola, maestro". A lo cual él contestó con esa modulación tan suya, vacilante por naturaleza, aunque sí imperativa: "Maestro, no. Llámeme Borges".

Por Alina Diaconú

Tags: literatura

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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