Sobre tarifas públicas y "yuppies"
Reeleyendo viejos editoriales que hemos escrito en LA REPUBLICA, me encuentro con este que, más allá de otras consideraciones, mantiene una estricta actualidad. Por ello me atrevo a reiterarlo en mi blog.

Las empresas públicas están actualizando continuamente sus tarifas, en una política que tiene bastante de recaudatoria y que va en ocasiones más allá de sostener solo equilibrados sus presupuestos. Este tema nos preocupa porque desde estas páginas siempre hemos defendido la vigencia del actual esquema de propiedad estatal de dichas empresas, apoyando y peleando editorial tras editorial, titular tras titular, a favor del voto popular que impidió que en el referéndum realizado, en definitiva, que Ancap, peligrosamente, comenzara a deslizarse hacia el sector privado.
Sin embargo desde aquellos tiempos a los actuales, cuando tiene ya casi un año de asumido el gobierno popular, el mecanismo de incremento de las tarifas públicas sigue siendo el único recurso de esas empresas que, por ese arbitrio, nos hacen pagar a los uruguayos, los combustibles más caros de todo el continente, un ojo de la cara por utilizar el teléfono y pagar tarifas de Internet, sin relación con las que se manejan ni en los países vecinos ni en los del primer mundo. Ni hablar de la energía de UTE o del agua que provee la OSE.
¡A los uruguayos!, que si bien en el sector privado hemos recuperado algo de nuestro poder de compra por la puesta en vigencia de los Consejos de Salario, en el sector público se mantienen dentro de márgenes de absoluta orfandad. Hablamos, por supuesto, de algunos sectores especialmente de la administración central, de Salud Pública, de la Enseñanza, policías y militares, que no han visto recompuestos sus ingresos y siguen sorteando a duras penas una situación de crisis que para ellos sigue vigente.
A nuestra mesa de trabajo nos llegan además algunas informaciones de las propias empresas públicas, las que utilizan sus tarifas como única variable de ajuste, que dan cuenta de la existencia de situaciones de privilegio. Funcionarios con nivel de gerentes, que en algunas de ellas suman cientos, de dudosa eficacia funcional, que como "yuppies" del primer mundo cobran como si trabajarán para empresas de países altamente desarrollados, sueldos y compensaciones que poco tienen que ver con la realidad cotidiana de la mayoría de los uruguayos.
Ni hablar de los jubilados y pensionistas sería una muy odiosa comparación -, cuyas remuneraciones fueron recortadas por resoluciones del gobierno de la dictadura, y todavía a nadie se le ha ocurrido que eso es una afrenta para la sociedad toda y que nuestros viejos no merecen seguir en esa situación, muchos de ellos en el más abierto subconsumo.
Muchas veces se habló de una reforma del Estado seria y justa, que tenga en cuenta las absurdas disparidades existentes y el despilfarro que significa la existencia de algunos privilegios inaceptables y que además, entre los gobernantes, haya quienes justifiquen esa disparidad hablando de capacidades, formaciones y los atractivos de esos señores que, de no ser contemplados, serían atraídos por el sector privado.
Todo es discutible y la mayor parte no es cierto, especialmente en el Uruguay, en donde el sector privado vivió sus crisis y su bonanza es producto del manejo adecuado de las variables de los negocios. Sabemos, eso si, de algunas instituciones financieras internacionales que pagan altos salarios gerenciales, pero en general las mismas ponen plazos a la función, no admiten transgresiones y, establecen recambios reiterados, los que determinan que el ejecutivo hoy siempre tiene sobre su cabeza la espada del despido, del traslado a otro país (con lo que ello significa) u otras contingencias de inestabilidad.
No nos negamos a que el Estado o una empresa pública, para una acción puntual, pueda contratar a un técnico del más alto nivel, en base a valores internacionales. De otra manera no sería posible concretar algunas tareas. Pero lo que no es adecuado, como política general, es mantener una situación salarial de privilegio, alejada de la realidad que además sea posible por la existencia de tarifas públicas, como las que pagamos los uruguayos, que están entre las más onerosas del continente. La reforma del Estado se impone. Pero para dibujar el futuro de las empresas públicas, debemos dejar de encandilarnos por el papel de esos "yuppies" del primer mundo, que nada tienen de uruguayos, y entender cual es nuestra realidad.
Los funcionarios públicos sumergidos y los jubilados y pensionistas lo están esperando, además se lo merecen.
¡La eficiencia del país también! *




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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