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La Coctelera

Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

27 Julio 2006

Compartiendo un cuento de Carlos Santiago

Al cierre

Las voces, desagradables, agudas
y clamorosas, crecían confusas e inarticuladas,
Las frases desagradables eran
completadas por peores gestos.

Audrey V. Beardsley

Ramírez, luego de enviar la página de cierre, solía disfrutar esos pequeños placeres que se viven en las redacciones, donde el mundo pasa rápidamente escrito sobre mil carillas de papel. Lentamente saboreaba un café, intercambiando con Cardozo y Vignolo opiniones sobre la nerviosa jornada de trabajo vivida.
Fue esa madrugada cuando la vio por primera vez, entrando del brazo de Quiroga que, con una sonrisa nerviosa, la presentó:
– Es Isabel y trabajará desde mañana en "sociales” – dijo.
La muchacha, a esa hora de la madrugada, con un vestido realmente llamativo, miraba todo con ojos entre asustados casi pícaros, y luego, turbada dio rápidamente la mano a los presentes.
Ramírez, el viejo y gastado secretario de redacción, con casi cuarenta años de oficio, habitué de las redacciones y de la noche, historiador del mundo de la prensa, sintió esa madrugada que aquella muchacha sería su última carta, la definitiva, y que tenía que hacer todo lo posible para lograrla.
En ese momento, los mil pensamientos apresurados y aquella rara sensación lo llevaron a adoptar una actitud totalmente prescindente.
Miraba a Isabel, advirtiendo una obvia relación con Quiroga, desentrañando algunos elementos que lo llevaron a sensibilizarse a flor de piel. Era evidente que la muchacha podía ser su hija, pero que sin duda era mucho más infeliz de lo que ella hubiera sido.
Al otro día, en un alto del ajetreo de los materiales, títulos, exigencias del taller; humores de cronistas, regentes y tipógrafos, Ramírez la vio entrar, subiendo la escalera que daba frente a la mesa de secretaría. Llevaba el mismo vestido de la noche, pero sobre los hombros un saco de lana.
Saludó casi sin voz.
Ramírez le pidió a un compañero que le presentara a la señora Alonso, que además de pergeñar sociales, realizaba el horóscopo diario, tarea que parecía agotarla.
Así Isabel comenzó a trabajar.
En los primeros tiempos la relación de Isabel con Ramírez estuvo únicamente vinculada al trabajo. Sin embargo el viejo secretario de redacción solía mirarla fijamente en especial, cuando ella salía con Quiroga, casi metódicamente, como un rito que se repetía todos los lunes y los jueves.
Aquella noche, el ajetreo de la redacción se había multiplicado. Un serio hecho político policial había conmovido a la ciudad y movilizado a todos en la redacción, habiendo decidido Ramírez volcar buena parte del diario para cubrir esa información, sin duda, espectacular.
– ¡Sí, Vignolo! vamos a darle las primeras ocho páginas al asunto y la última con el reportaje al ministro. Hay que levantar sociales, espectáculos, los comentarios de turf y reducir al mínimo deportes.
Pasada la medianoche, cuando se diagramaban los últimos elementos de la primera, disponiéndose las páginas para un posible "alcance" luego del primer cierre, Ramírez se enfrentó a la muchacha.
– Señor Ramírez. ¿Puedo hablarle un momento?
-¡Cómo no! Pero tendrá que esperar un rato, hasta que termine…
La muchacha, como disgustada, quería decirle que ese día había realizado su primera nota que estimaba importante y que, con los cambios dispuestos, había quedado fuera, perdiendo además, su vigencia.
Cuando Ramírez mandó su último material al taller, se lo dijo.
– ¡Tenemos que hablar bastante! Si usted quiere aprender este oficio debe saber que en un diario nunca se debe tratar de imponer una nota, un material. Nos debemos a los hechos, y éstos son los que determinan el armado. Hoy, mucho trabajo, el de muchos cronistas, ha quedado fuera.
Ramírez hablaba y hablaba, como desahogándose de algo. Se habían trasladado a una confitería, que a esa hora de la madrugada estaba prácticamente desierta.
La muchacha escuchaba, mirándolo con su
ojos grandes, de un color indefinido, que Ramírez, en una ocasión, había calificado como "agua sucia". Los temas del diario se agotaron
y comenzaron a aparecer las vidas, especialmente la de Ramírez, su viudez, sus frustraciones, su mundo atormentado, las redacciones con
sus tensiones diarias. Allí estaba ella, revolviendo su café lentamente, como abstraída, pero a la vez, sin advertirlo, ingresando en una vida, como carcomiéndole un pedazo.
– Isabel: ¿Sabes lo que no me gusta de vos?
Le dijo, como masticando las palabras, sabiendo que en la respuesta de la muchacha podría estar el fin de esa relación, o meterse él también, un poco, en una vida que desconocía.
– ¿No sé? ¡Dígamelo!
– Lo que no me gusta de vos es esa relación con Quiroga. ¡No entiendo qué ganas con eso! Es algo que para una muchacha joven como vos, no “pega”, parece mentira.
Isabel, molesta, pareció que reaccionaría, por el gesto brusco que hizo ante las palabras. Pero supo contenerse. Luego, sus ojos agua sucia se posaron sobre Ramírez, como implorando un perdón ante algo escondido, como una falta, ahora descubierta.
- Es que el señor Quiroga ha sido muy bueno conmigo. ¡Yo lo quiero mucho! Ayudó a mi familia y luego nuestras relaciones se hicieron como usted sabe… Son cosas que pasan, que nos pasan a todos. ¡Seguro, si usted revisa su vida, la encontrará llena de asuntos como éste que me une a Quiroga! ¿Verdad?
– Si, claro. Pero nada de lo que decís de Quiroga es verdad. Yo lo conozco hace muchos años y se que es una basura, incapaz de ayudar
a nadie. Estoy seguro que, simplemente, con vos se trata de refrescar, ya que para él los años no han pasado en vano,
Ramírez seguía hablando y la muchacha, como encerrada en una dura caparazón, trataba de defenderse, de defender esa relación, que
fue lo primero que resaltó en el diario.
Respondía que Quiroga siempre había sido bueno con ella, como nadie, que lo quería, pues la ayudaba y también la quería.

-¿Puedes pensar eso en serio? ¡Ese viejo no quiere a nadie! Solo a si mismo. ¿O no te das cuenta?
Ya habían dejado la confitería para, luego de llegar a la esquina, comenzar a cruzar diagonalmente la plaza en dirección al hote1 en
donde Ramírez, desde que se le había muerto Nora, se había ido a vivir.
El silencio, en la melancolía de otra madrugada, los mantenía callados. Se había creado como una dificultad de comunicación entre los dos.
Ella se acurrucaba dentro de su saco rojo de lana, estirando los bolsillos con las manos y Ramírez, fumando, parecía observar con detenimiento cada lugar que pisaba.
No sabía como proponerle a la muchacha que lo acompañara a su habitación, lo que deseaba ardientemente. Cuando estuvieron en la puerta
del hotel, él la miró largamente mientras ella estiraba su mano para saludarlo, la que Ramírez retuvo entre las suyas.
-- 1sabel, no sé lo que me pasa. ¿Será que la vejez trae la locura? Quiero proponerte que subas a mi habitación y no sé cómo hacerlo. Me siento muy solo, sabes, y hoy necesito tu compañía.
La muchacha, denotando también su cansancio, mirándolo a los ojos un instante comenzó a caminar por el pasillo hacia el ascensor.
Había aceptado lo que Ramírez muchas veces soñara en la soledad de su habitación. Eso estaba pasando. Isabel caminaba junto a él, hacia
una felicidad que a Ramírez le parecía infinita.
En la habitación, Ramírez, nervioso, se puso a buscar en una alacena vasos para servir whisky, mientras la muchacha había dejado el saco rojo sobre una silla, junto a la cama.
-- Isabel, no sabes lo que te agradezco esto, que me hagas compañía, que pases conmigo un rato esta noche. Siempre esperé que ocurriera pero nunca había sabido cómo proponértelo. ¡Te tengo que confesar algo! Desde que se me murió Nora nunca estuve con una mujer.
La muchacha se había sentado en la cama, mostrando sus hermosas piernas, largas, dejando sus zapatos a un lado. Ramírez, nerviosamente, sirvió la bebida y se miraron.
– Vos podrías ser mi hija. ¡Te das cuenta!
– Claro - dijo Isabel, con una voz que parecía surgir de una boca pegajosa, mientras colocaba su cabeza sobre la almohada, estirándose en la cama. Y agregó:
– ¡Y sé otra cosa! ¡Que con usted no va a pasar nada! Es un viejo solo, que quiere compañía, pero ya no puede más. Los viejos necesitan
cosas de nosotros, los jóvenes, pero nos devuelven muy poco.
Ramírez había comprendido que Isabel se daba cuenta de su situación, de su soledad, de su incapacidad.
– ¿Por qué eres tan agresiva? Yo he sido amable.
-¡Es que tengo esa desgracia con todos los hombres! A Quiroga le pasa lo mismo. Ahora quiero descansar.
- Un movimiento, un golpe sobre el hombro y nuevamente el sonar rítmico de la teletipo. Desde más lejos el teclear de los linotipistas.
-Che Ramírez – dijo Vignolo – salió el cable con las declaraciones del ministro. Léelas, son una “chaucha”. ¿Hacemos el alcance?
-Antes de contestar, Ramírez, despejándose, pensó un momento.
-¿Qué te parece si nos vamos?
- A un costado, sentada en un sillón, Isabel todavía estaba esperando.

Publicado en “Contornos Imprecisos y otros cuentos”, Libros del Astillero (1983)

Tags: cuentos

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NORBERTO LÒPEZ CORA

NORBERTO LÒPEZ CORA dijo

A CARLOS SANTIAGO CAMINANTE INCANSABLE EN BUSCA DE LA VERDAD , SALUDO Y DIGO: NADA ME DOLERÌA MÀS QUE LASTIMARTE CON UNA PESIMA INTEPRETACIÒN A MI MODO, DE TU HERMOSÌSIMO CUENTO EN OPINIÒN PERSONAL SOBRE EL CUENTO DEL AMIGO DE TODOS , AMIGO MÌO, NO DESEO TAL COSA Y RUEGO A DIOS QUE NO OCURRA.AHORA A EXPRESAR MI OPINIÒN SOBRE EL CUENTO. LO QUE CARLOS TAN BIEN DESCRIBE, DÀNDOLE EL NOMBRE DE CUENTO. SIN DUDA EL CUENTO DE CARLOS ES, PERO PARA MI ES UNA NARRACIÒN REAL Y VERDADERA, PUES TAL VEZ SEA EN PRIMERA PERSONA QUE ESCRIBA , COMO EJEMPLO: (PLACERES QUE SE VIVEN Y NO EN TERCERA PERSONA , PLACERES QUE DICEN QUE SE VIVEN) CLARO ESTO ES UNA SUTILEZA DE LA RETÒRICA, QUE ESCONDE LA PRIMERA PERSONA EN FORMA MUY HABIL. Y ASÌ COMENTA EL MARTIRIO ESPIRITUAL Y CORPORAL
DE TRES PERSONAS DE LAS POCAS QUE COMPONEN EL CUENTO. (RAMIREZ<<<
TAL COMO AL PRINCIPIO AUDREY V. BEARDSLEY PUSO CUATRO EXCELENTES RENGLONES, YO AÑADO AL FINAL UNA CUARTETA, ESTRIBILLO , SEXTETO Y ESTRIBILLO DE NADA MENOS QUE JOAQUÌN DICENTA:
!QUE DOLOROSO ES AMAR Y NO PODERLO DECIR...

SI ES DOLOROSO SABER
QUE VA MARCHANDO LA VIDA
COMO UNA MUJER QUERIDA
QUE JAMÀS HA DE VOLVER
SI ES DOLOROSO IGNORAR DONDE VAMOS AL MORIR,
MÀS DOLOROSO ES AMAR...Y NO PODERLO DECIR.

TRISTE ES VER QUE LA MIRADA HACIA EL SOL LEVANTA EL CIEGO,
Y EL SOL LA ENVUELVE EN SU FUEGO,
Y EL CIEGO NO SIENTE NADA,
VER SU MIRADA TRANQUILA A LA LUZ, INDIFERENTE
Y SABER QUE ETERNAMNTE
LA NOCHE VE EN SU PUPILA BAJO EL DOSEL DE SU FRENTE.

PERO SI ES TRISTE MIRAR Y LA LUZ NO PERCIBIR,
MÀS DOLOROSO ES AMAR....Y NO PODERLO DECIR.

4 Abril 2009 | 05:45 PM

NORBERTO LÒPEZ CORA

NORBERTO LÒPEZ CORA dijo

Yo mil perdones pido,
Por sentirme irreverente,
Yo nunca ofendo a la gente,
Y hoy me siento exigido.

De tan noble cuento perdì,
Razòn y entendimiento,
Por eso mucho lamento,
Primera vez que perdì.

Yo no me siento molesto,
Pero si acongojado,
Pues esta vez he fallado,
Por haber perdido en esto.

4 Abril 2009 | 08:11 PM

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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