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La Coctelera

Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

25 Agosto 2006

Compartiendo un cuento de Carlos Santiago

Miguel y María

A Miguel se le ocurrió mirar nuevamente a María, abandonando por un momento el rectángulo multicolor que ofrecía sus cuotas de destellos para la alienación. “Qué vieja está. Han pasado tantos años y todo sigue igual. Solo más arrugada y más cerca de la muerte”, pensó encogiéndosele el corazón. Le pasó por la cabeza también el tema de la vida y de la muerte, que hasta el momento lograron gambetear pese a que en los últimos meses debieron dejar de pagar a la mutualista. “No importa”, había dicho María: “Si nos pasa algo nos vamos al hospital. Y si nos morimos, en cualquier lado será igual”.

Los ojos de Miguel retornaron al brillo del rectángulo sumergiéndose nuevamente en la vida de otros, siempre frente a dos constantes: la violencia inaudita o la felicidad extrema, esa que solo puede ser imaginada por algún libretista bien pago, para qué el público de la hora pico, puntualmente se coloque frente al mostrador”. ¿Por qué siempre tendrán tantos problemas del “corazón” los personajes de TV y nunca con el salario o la jubilación?

En la tanda de las 20, María pareció desperezarse, estirándose en la silla, se restregó los ojos y sin mirar a Miguel, dijo:

-¿Quieres un poco de vino fresco antes de cenar? Hace mucho calor, ¿verdad?

-Bueno, ya vienen las noticias. ¿Tienes pronta la cena?

-Sí, aproveché el mediodía.

Miguel puso otra silla enfrente de él y colocó las piernas sobre ella. Luego comenzó a desprenderse la camisa.

-Siempre lo mismo – dijo María – Nunca aprenderás que no me gusta verte sin camisa cuando comemos.

-Está bien mujer, no te enojes.

La actividad de María era apenas evidente en la cocina. Transitaba sin ruido, colocando al momento sobre la mesa un hule coloreado, vasos, una botella. Luego trajo los platos y una fuente con comida.

Miguel tomó un trozo de pan, lo abrió y dentro colocó un trozo de carne.

-¿No te podes sentar a la mesa? ¡Siempre lo mismo!

-Comienza el noticiero y espero que te calles. No me jodas cuando quiero escuchar.

El último jingle de publicidad preanunció que comenzaba el noticiero. Primero las noticias oficiales, luego algunos reportajes a economistas que repetían las mismas cosas de otros economistas que habían sido reporteados ayer, o antes de ayer o hacía un mes. Miguel se sirvió otro vaso de vino.

-Seguí, más y más vino. ¡Sos un borracho!

-No jodas María, que vienen las noticias policiales. ¡Cállate!

“En la intersección de General Flores y Domingo Aramburú – dijo un atildado locutor de vos ronca - un ómnibus del recorrido urbano, luego de realizar una brusca maniobra, se fue sobre la vereda atropellando al matrimonio de Miguel González y María Martínez de González. La señora falleció en el acto y el señor González, cuando era trasladado a un nosocomio. El conductor del rodado se encuentra detenido”

Se hizo un largo silencio. Ya no importaba lo que seguía contando el locutor. Miguel y María parecían congelados frente al aparato. La mujer atinó a decir:

-¿Oíste bien, somos nosotros los muertos?

-Es una equivocación. Se llaman igual. González y Martínez son muchos los que hay – dijo Miguel sin cambiar de posición, agregando- Ni parientes son.

Luego Miguel pensó en la tontería que había dicho, afirmando que era una equivocación, como si esa palabra tuviera valor para una cosa así. Era más bien un disparate, algo para la risa. Un chiste macabro.

María pareció tranquilizarse. Sin embargo su actitud no fue la misma. En sus oídos seguían resonando las palabras del locutor que había marcado el destino final de dos personas: Miguel y María.

-Pero Miguel, si pasamos por esa misma esquina.

-Fue ayer, cuando fuimos a cobrar a la Caja- ¿Tenés algún hueso roto, te duele algo, te reventó un ómnibus contra una pared, estás metida en un ataúd? Me parece que no ¿verdad? Estamos comiendo y viendo televisión, no muertos. Así que quédate tranquila. Parece increíble que te preocupe algo así, que otro González y otra Martínez, de los miles que hay, mueran atropellados.

Miguel hablaba como molesto por la preocupación de su mujer. Mientras la miraba con dureza, se sirvió algo más de vino y dijo:

-¿Querés que llame a la funeraria, así nos entierran mañana? Podremos elegir el ataúd, el cementerio y hasta la empresa que nos haga el servicio. Si estamos muertos, ¿no sería lo mejor?

-¡Pero Miguel!, hablaron de que estábamos muertos. Lo dijeron por televisión y ahí no se equivocan. Habrán tomado los datos de la Policía y ellos tampoco se equivocan. Algo está pasando. Le voy a rezar a la virgen para que me ayude. Tengo mucho miedo, quiero saber lo que pasó.

Lánguidamente, habían transpuesto la medianoche mientras seguía brillando frente a ellos el rectángulo alienante. Se aplacaban fuera todos los demás sonidos. Solo se destacaba algún desafinado bocinazo que parecía multiplicarse a la distancia o algún escape ruidoso de automóvil. Comenzaba a llover y todo parecía estar cambiando esa noche, la noche en que se había anunciado la muerte de Miguel y María.

-Miguel, no quiero que estés muerto. Te quiero tanto.

-Yo también, mi querida…

Desde afuera se oía como en sordina el ruido del agua que caía, canalizada desde el techo por un grueso caño que dejaba estallar un chorro en las baldosas del patio. Los ruidos del ámbito se apagaban y se multiplicaba la soledad del silencio. El televisor había dejado de trasmitir y la estática producía ruidos que parecían voces roncas. El tic tac del reloj amplificaba su sonido, mientras a la distancia gimoteaba un niño.

Miguel y María se habían quedado absortos frente a un destino que los incluía en un descenlance, pero que a la vez los excluía sin una explicación válida. Miguel recordó que en ocasiones se daba por muerto a alguien que estaba vivito y coleando. Incluso sabía de las flores mandadas a tipos cuyos nombres coincidían con el de algún finado. Pero en este caso, sin duda – como en sacar la lotería – ocurrían hechos fortuitos. Y por ello era lógico que María estuviera impresionada.

Ahora, el aullido del viento hacía golpear en los vidrios de la ventana los goterones de la lluvia que se ponía más y más intensa. La noche los tragaba y con ella aparecía y desaparecía un mágico ámbito, lleno de fantasmas, extraños sonidos, formas que cambiaban y se diluían. Todo en medio de esa aplastante desdicha que produce la aproximación a la insondabilidad de la vida y de la muerte.

-¿Esto será la muerte? – dijo María con voz sorda.

-Basta de tonterías. ¡Basta de tonterías!, mujer…

-¿Cómo sabes que esto no es la muerte? Todo se está acabando, solo se escucha el ruido de la lluvia y al viento. ¿Percibís algo humano? Tengo miedo, Miguel, de estar muerta, de no saberlo. ¡La muerte puede ser así!

Miguel en esa oportunidad no contestó también impresionado por la oscuridad de la noche y de la vida. No había en la enorme ciudad nadie que se ocupara de ellos, a quién le importara su destino, su muerte. Nadie había golpeado a la puerta luego que se diera la noticia. Nada había en la inmediatez del destino, en esa mediocridad que se multiplicara enormemente luego de la jubilación. Pero él siempre había tenido fe en la vida, la que era una fiesta. Esas pequeñas cosas que podía concretar. Por ejemplo arreglar las plantas del jardín o mirar envejecer a María.

El tema de la muerte se lo había planteado algunas veces, especialmente después de su segundo infarto. Nadie daba una moneda porque superara el trance. Sin embargo, luego de la terapia intensiva, todo siguió adelante.

María era una espléndida mujer, pero tenía esas cosas raras cosas… ¿Ingenuidad?, seguramente que sí.

Miguel tomó su último cigarrillo, hizo una bola con la cajilla. Las cenizas se diluían antes de caer sobre el enorme cenicero de cristal que María había comprado alguna vez. Todo estaba como detenido, congelado en un punto de la noche. El mundo ya no giraba, el viento no aullaba, la lluvia había dejado de mojar y los otros hombres y las otras mujeres no existían, desaparecidos junto con todos los sonidos. El hombre se miró la mano, desdibujada en la semioscuridad y vio que la mujer estaba como envuelta en un halo mágico, con un humo mágico que aclaraba su contorno.

Se levantó lentamente, apagó el televisor que sólo trasmitía las rayas horizontales de la estática y lentamente se acercó a María, ayudándola a ponerse de pie.

-No te preocupes más mujer, mañana en el noticiero, seguramente dirán si estamos muertos o no.

Carlos Santiago (1984)

Tags: carlos, cuentos

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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Impresionante! Cortázar es un bebé de pecho frente a estos textos!
Ya tenés una nueva fans, "pidecuentos"
un abrazo orgulloso, como coterránea, gracias por la buena lectura

26 Agosto 2006 | 02:25 AM

Armando

Armando dijo

Carlitos, sin duda que es uno de tus mejores cuentos. Por favor tratá de agrupar algunos y publicarlos en un libro que, pienso, es un crímen que sigan circulando en las catacumbas de la literatura y no en los anaqueles de las librerìas donde - lamentablemente - tendrán la compñía de todos los chantas del mundo que buscan esa trascendencia que, al parecer, vos mantenes en reserva.

28 Agosto 2006 | 12:19 PM

Fernando Rubilar

Fernando Rubilar dijo

Señor

Director de tan prestigioso medio de comunicación.

Soy un ciudadano de Chile
La historia es larga, pero resumiré: En calle Freire XXX Concepción, País
Chile, yo tenia una propiedad donde yo tenia Ocho arrendatarios, es asi que,
en
esa fecha yo ganaba 1 millón doscientos míl pesos por concepto de arriendos.

Luego un falso corredor de propiedades Don Claudio Nuñez Rebolledo él me
contactó con Héctor Seguel Arévalo y este último prometió hacerme unos
departamentos nuevos; ahora Don Claudio Nuñez Rebolledo puso cómo abogado
"nuestro" para ver si estaban bien los papeles al abogado Hernán Meger
Navarrete, este cobró dos millones de pesos tengo la boleta en mis manos) Don
Claudio Nuñez Rebolledo se le canceló la suma de 5 millones de pesos para
buscar un buen comprador y este comprador era cliente V.I.P del Banco de
Crédito E Inversiones y El ejecutivo de apellido Cataldo del Banco más con la
aprobación de Manuel Ulloa Pinto Gerente del Banco de Crédito e Inversiones,
dieron la aprobación para pasarle 80.millones de pesos a Héctor Seguel Arévalo
donde este se comprometia a cancelarme 1 millón doscientos mil pesos mientras
duraba la construcción de los departamentos

Resumen: Don Héctor Seguel Arévalo hipotecó mi bien raíz y arrancó con el
dinero, y cómo el hilo se corta por lo más delgado entonces comenzaron a
hostigar a mi esposa; para tales efectos el Gerente del Banco BCI, Manuel
Ulloa Pinto, amenazó a mi Señora que reconociéramos una deuda que contrajo el
reo Héctor Seguel Arévalo,cliente VIP del Banco BCI(actúalmente profugo),de lo
contrario nos rematarían la propiedad en cualquier momento,pues bien;Don
Manuel Ulloa Pinto Gerente del BCI, se reunió con los altos ejecutivos y
llegaron (entre
ellos a un acuerdo) y urdieron la trama para que mi Señora firmara y para esto
tuvo una alta participación don Manuel Ulloa Pinto. Gerente del BCI,...luego
contraté los servicios de Hugo Díaz Uribe y este no nos defendió a nosotros,
al contrario, incluso ni apeló,y opuso una defensa muy débil (a todo esto un
funcionario judicial, me confidenció que Hugo Díaz recibió dinero por debajo
la mesa del banco, en palabras más simple el tipo se vendió.

Entonces me remataron la propiedad,y ahora mi Señora y yo estamos de
arrendatarios y con una diabetes profunda y una hipertensión severa (mi
Señora.)

Entonces en este fraude y ESTAFA urdida vilmente los protagonistas son varios
personajes, pero los que dio la autorización para el prestamo al reo Seguel
fue el Gerente del Banco de Crédito BCI fue Manuel Ulloa Pinto: en
consecuencia, que mi Señora 'jamás' solicitó dicho dinero, y más encima el
abogado Hugo Díaz Uribe ni detuvo el remate de mi propiedad,al contrario, ni
acudió a los tribunales para detener dicho fraudulento remate:

Tengo en mi poder los cheques sin cobrar que se comprometió a
cancelar mensualmente el reo Héctor Bernardino Seguel Arévalo. Dicha estafa se
gestó el año 1998, pero ningún abogado nos defendió al contrario, pues el
abogado Don Hugo Antonio Díaz Uribe, nos derivó donde "otro abogado" que
actualmente está preso con una condena de cinco años,por el bullado caso
Bilbao y Mercado Municipal de Concepción.Carlos Worner Tapia (reo y preso)

En ese momento, la propiedad estaba a nombre de Seguel,
percibiendo èste las rentas de arrendamiento, hipotecada por éste a
favor del Banco, con prohibición de venta e incluso embargada por un
acreedor de Seguel. Me contacté con el abogado Jorge Bécar y gracias a
su intervención y esfuerzo personal recuperamos la propiedad a nombre
de mi señora y su administración, manteniéndose la hipoteca a favor
del Banco que garantizaba la deuda del reo Seguel y que éste no pagaba y
que cada día subía por los intereses. Ante esta situación asumimos el
pago de una deuda que no era nuestra; de lo contrario el banco iba a
proceder a ejecutar la hipoteca del reo Seguel, perdiendo toda posibilidad
de mantener nuestra casa. La realidad económica de la època era
difícil, los intereses eran altos . Iniciamos una carrera contra el
tiempo para los efectos de poder vender la propiedad.por lo tanto,el
profesional Don Jorge Becar Pereira me fué de mucha ayuda,tanto judicial cómo
humanitaria

Es por eso si con todas las fuerzas que denuncié esta estafa (cosa que
continuaré),pues con esa misma fuerza le solicito mis disculpas públicas al
Profesional,al Padre de familia,al ciudadano Don Jorge Becar Pereira, le
solicito perdón por mi torpeza de "generalizar" y en ello yo lo involucré en
forma despiadada.

Don Jorge Becar,le reitero mis más sinceras disculpas de corazón de mi
parte,sé y me asiste la plena seguridad que el daño causado no se borra con
unas disculpas públicas,pues el daño ya se hizo,pero si hay una cosa que tengo
es saber tener mi dosis de humildad y reconocer este grave error..
Insisto,podré decirle mil palabras Don Jorge Becar,pero que le causé un daño
moral a su persona eso lo tengo claro.
Por eso finalizo Don Jorge Becar, solicitándo mil perdón de lo más profundo de
mi corazón,sé Don Jorge que si Ud me perdona,así podré recuperar esa paz que
la perdí cuando me estafaron y donde Ud Don Jorge NADA tuvo que ver en este
fraude.

Finalizo mis palabras Don Jorge Becar,que cómo sanidad mental Ud me perdone
para así poder yo poder mirar a los ojos de mis hijos.

Ahora a mi Señora la enviaron a Dicom, con la deuda de 85.000.000 de $, en
consecuencia que, mi Señora jamás pisó las oficinas de dicho Banco. La estafa
es de 165.millones de pesos a la sazón el año 1988 En la actualidad estamos
literalmente en "la calle" sin departamentos, y más encima con una deuda que
jamás se contrajo

Fernando Rubilar Valenzuela.
C.I.6578467-K...Concepción

3 Septiembre 2006 | 06:29 AM

montevideana

montevideana dijo

Carlos estoy no sé...tan rara......
Hoy es un día raro, no sè como ni porquè llegue a un cuento tuyo el de Luis y Elena, al leerlo no sentì lo que otros plasmaron en los comentarios.
Recordè el Polonio, reconocì esos vinculos fugaces y pasionales de algunas noches allà y acà pero no en mì, en otros, yo las tuve pero con un amor, con alguien conocido, nunca vivì ese cuento tal cual, desde el verse por primera vez y terminar amando en cuestiòn de horas.
Pero no sè si es que obviamente me encuentro triste, muy triste y sin quererlo, hasta sin entenderlo que no lo disfrutè tanto, el cuento me doliò, parece tonto y no tengo claro como explicarlo, pero hubo momentos en dònde logre desde la conexiòn sentir lo que sentìa Luis no Elena. Te pido disculpas porque escribo acà el comentario, el del cuento està cerrado y porque quizàs no te guste lo que escribo, supongo tiene que ver con mi dìa y con que en realidad me trae por mi historia recuerdos no tan buenos.
Seguramente tiene que ver con el sentirme"utilizada" en hechos similares, que se rozan con la noche, la luna, los olores, las miradas, pero que en el despuès yo no vivo tan felizmente porque los resultados, porque el nunca màs, porque la despedida, no me conforma.
Otro cuento tambièn con comentarios cerrados, me impactò mucho, para aquellos que alguna vez sufrimos algùn tipo de abuso sexual es fuerte, es cierto.
Este cuento de Miguel y Marìa està genial.
Encuentro tristeza, amor, soledad, vejez, ternura, humildad, muchos sentimientos encontrados y por eso son buenos, porque me hacen sentir, porque me movilizan, no importa desde que lugar.
Estoy de acuerdo en que serìa genial el poder leerte desde alguna recopilaciòn de cuentos, no lo has pensado? que pasò con Andrès, que te invitò a contactarlo?
No te detengas, siempre es bueno leerte y espero que èste comentario, aunque entreverado como la mayorìa de mis intervenciones se haya entendido.
Un abrazo.
Caro.

11 Abril 2007 | 04:46 PM

montevideana

montevideana dijo

Carlos contestò acà tu comentario en Montevideana.
Gracias por entender.
Lo de la imperfecciòn en los resultados, por suerte Carlos por suerte!!!!
Creeme que a pesar de como pueda "caer" lo que digo soy realmente sincera, y segùn algùn amigo generalmente me expongo demasiado en èsto del blog, pero no sè "vivir" de otra manera.
Lo de tus libros lo sè, pero la pregunta ès, tenès algùn libro de cuentos???
De hecho cuando hablas de vos en la presentaciòn del blog, contàs que estàs escribiendo otro libro, pero no sè si tenès alguno de cuentos.
Seguimos en contacto.
Un abrazo, buena tarde de lluvia.
Caro

11 Abril 2007 | 07:57 PM

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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