La marihuana: según pasan los años disminuye la condena social
por Domina Ryan (*)
Como disminuye la condena social, cada vez más adultos consumen marihuana en forma cotidiana
Como un efecto residual del paso del tiempo, cada vez son más los adultos que fuman marihuana en forma habitual. La mayoría empezó a consumir cuando era adolescente y siguió haciéndolo el resto de su vida. Otros, al disminuir la condena social ante este tipo de sustancia, se animan a probar o quisieran hacerlo. Dos artistas, un psiquiatra y un físico cuentan cómo cambió el consumo con el paso del tiempo y las diferencias que existen para ellos entre el fumador de marihuana ocasional y el dependiente. Qué opinan los organismos que tratan a los adictos.
JULIO. Tiene 64 años y fuma marihuana junto a su hijo, de 25. Empezó a consumir cuando tenía 30.
Es probable que Julio, Hernán, Raúl y Sebastián se hayan cruzado en los años 70 en recitales de rock al aire libre y centros culturales de moda. Después de atravesar la mitad de sus vidas, coinciden en que muchos de sus gustos cambiaron pero fumar marihuana se mantuvo en la lista de los inamovibles.
Julio empezó consumiendo cocaína, a los 16 años: “El polvo rosado del laboratorio Merc era el más preciado, con poca cantidad estábamos varias horas de fiesta, en especial en el ambiente del tango. Pero después me di cuenta de que la merca es una puta muy traicionera porque no le podés decir que no”, dice. A los 30 conoció la marihuana. Fue en 1972, en la plaza San Martín. “La Policía nos pedía documentos cuando escuchaba las carcajadas”, recuerda. A los 64 años, con el pelo ya blanco, sigue fumando en forma habitual, incluso con su hijo y los amigos de éste. “Hoy me pone melancólico, no es el mismo placer que antes, pero sigue teniendo que ver con el ambiente un poco trangresor en el que siempre me gustó moverme”, dice. Distinta fue la iniciación de Hernán, que empezó a fumar marihuana con sus compañeros de la Facultad de Medicina, cuando tenía 22 años. “Todo me parecía divertidísimo, fumar e ir al supermercado era una aventura”, cuenta. Para él la marihuana es una especie de ansiolítico para las últimas horas del día, no interfiere en su trabajo de psiquiatra ni lo considera peligroso. Del mismo modo consume Raúl: “El porro forma parte de muchos de mis encuentros sociales, como el mate”. Si bien empezó a fumar a los 16 años, nunca quiso probar otro tipo de drogas porque piensa que no tienen nada que ver con el ritmo de vida que está acostumbrado a llevar. “Las drogas sintéticas son para estar saltando en un boliche y ese tipo de algarabía no me atrae”, dice. Sebastián, físico y docente universitario, se considera adicto sólo a la cafeína y consumidor habitual de marihuana desde que comenzó a fumarla por curiosidad, siendo ya adulto: “No soy adicto porque si no tengo un porro estoy bien igual”.
Hábito vs. adicción.
El número de adultos que consumen drogas legales e ilegales en el país ha crecido con el paso de los años, pero Julio, Hernán y Raúl coinciden en que “la dependencia es otra cosa y muchos se han perdido en el camino”. “Cuando veo gente en las camas de los hospitales me doy cuenta de que para otros la marihuana funciona como una especie de llave hacia otro tipo de sustancias mucho más nocivas”, admite Hernán. Graciela Ahumada, licenciada en sociología e investigadora del Observatorio Argentino de Drogas, dependiente de la Secretaría para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), opina que “hay consumidores de drogas en toda la población pero se estigmatiza a los adolescentes. Si bien la preocupación mayor se orienta a los jóvenes de entre 17 y 25 años, un tercio de los tres mil pacientes bajo tratamiento son adultos que llegan muy deteriorados a pedir ayuda, aunque prepondera el alcoholismo”. “En el caso de las mujeres en tratamiento, la mayoría sufre adicción a los tranquilizantes y comenzaron a consumirlos a los 30 años aproximadamente”.
Patricia Segovia, titular de la Subsecretaría de Atención a las Adicciones de la Provincia de Buenos Aires, confirmó que aumentó un 5% la cantidad de adultos de entre 40 y 50 años bajo tratamiento por adicciones (8,3% en 2003; 8,7% en 2004 y 12,1% en 2005). “Es una buena señal, ya que se trata de personas que en su mayoría son adictas desde hace muchos años pero que ahora reconocen el problema y acceden a recibir ayuda”, explicó. “La desintegración social como país y como sociedad influye claramente y la falsa creencia de que las drogas pueden ser una solución abona este tipo de conductas. Con el paso de los años terminan en una intoxicación en lugar de solucionar sus problemas”, asegura.
Calidad y cantidad.
Raúl asegura que la marihuana que se consigue ahora es “menos efectiva y por eso se fuma mucho más”. “Cuando era chico nos quedábamos en una casa, ni se nos ocurría salir a la calle; hasta desconectábamos el teléfono. Antes te enloquecía y hoy apenas te saca la careta”, grafica. Julio también lo percibe con la cocaína: “Los chicos se meten cualquier cosa en el cuerpo, por eso terminan tomando mucho más que lo que consumía yo hace 40 años”.
“No hay alarma social porque existe el mito de que la marihuana es manejable. Sin embargo, genera patrones de consumo peligrosos. Por ejemplo, muchos adolescentes piensan que es necesario obtener un estado particular para bailar o para vincularse con el otro sexo”, advierte Patricia Segovia (SADA). Sin embargo, ninguno de los adultos consultados tiene previsto dejar de fumar marihuana y perciben que hay mayor tolerancia social hacia esa sustancia, como le sucede a Marisa, psicóloga de 54 años y madre de cuatro hijos. “Cuando era joven tenía miedo de probar y quedar pegada. Hoy sé que tiene que existir una predisposición psicológica para que esa dependencia se genere y no es mi caso”, explica. “Quiero saber qué son esos efectos de los que se habla pero no probaría una droga pesada, sólo marihuana”, dice.
Diario "Perfil"




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


GeoBitácoras:



Urri dijo
Interesante el comentario sobre la condena social a la marihuana y sobre la reducción de los perjuicios sociales ante su consumo. Pero, lamentablemente, debemos preguntarnos: ¿qué se busca con su consumo? Las respuestas son siempre lamentables, porque nos damos cuenta que en general quienes se fuman un porro lo hacen para escapar de una realidad que nos agobia. Eligen el camino del escapismo en lugar de tratar de modificar la realidad. Claro, ese es un dato de la realidad y es mejor, quizás, que la juventud cosuma marihuana que otras drogas mucho más "pesadas" que crean fuerte adicción y que introducen al consumidor en conductas antisociales.
Es un tema para discutir.
30 Septiembre 2006 | 12:40 PM