La ONU de espalda a las hecatombes bélicas
Por Norberto Firpo (*)
Han pasado 61 años desde su fundación, de manera que ya es tiempo de sospechar que casi no hay organismo más inútil que la Organización de Naciones Unidas (ONU; en inglés, UN). Fue fundada el 24 de octubre de 1945, al calor de los ensayos atómicos perpetrados a expensas de Hiroshima y Nagasaki, en el agosto previo, con la bendita intención de asegurar una paz duradera.

Pero como el destino es rigurosamente incierto, muchos de los 50 países que dieron origen a la ONU auspiciaron cruentas hecatombes bélicas y dieron prueba de su vocación por el ejercicio de un dudoso patriotismo a mano armada. Empresa burocrática (con unos 23.000 empleados) que no atiende asuntos comerciales (aun cuando el Fondo Monetario Internacional figura entre sus dependencias), sólo excepcionalmente la ONU atinó a prevenir o sofocar una guerra.
Bajo su tonto imperio, el planeta no tuvo siquiera un año de sosiego y fue anegado de sangre en Corea, Vietnam, Irlanda, Bangladesh, Afganistán, Chechenia, Kosovo, las islas Malvinas y, todavía, en Irak y en el patético Oriente Medio, por sólo citar algunos de los más inflamados focos de combate. Esta nómina, por demás concisa, no menciona los nombres de unos cuantos países africanos enfrentados por odios étnicos y prolijamente ignorados por las agencias noticiosas en tanto no cometan verdaderas masacres.
El estatuto de la ONU, de 111 artículos, declama garantías de paz que se prestan a difusa interpretación y pueden ser cómodamente vulneradas. Ese mamotreto define las prerrogativas de un indecoroso Consejo de Seguridad, en buena medida responsable de las barbaries que sufre la humanidad.
Delegados de quince países integran tal consejo, pero sólo cinco, atornillados a sus bancas, son inamovibles y pueden vetar cuanta iniciativa les resulte molesta o inconveniente. Ese raro privilegio, que incorpora anacronismos monárquicos a un ámbito de debate supuestamente democrático y republicano, lo ostentan Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, China y Rusia.
Predecesora de la ONU, la Sociedad de Naciones, fundada en 1919, al cabo de la Primera Guerra Mundial, cayó en absoluto desprestigio por igual motivo: disponía también de un Consejo de Seguridad de cinco miembros perpetuos (Francia, Italia, Gran Bretaña, Japón y Estados Unidos) y se diluyó sin pena ni gloria no bien la Alemania nazi comenzó a dar muestras de prepotencia. Grandísimo favor a la humanidad haría la ONU si volviera la mirada a los prepotentes de la historia para no incurrir en los mismos estúpidos errores.
(*) LA NACION




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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