¿Una política distinta?: La reducción del precio de los combustibles
En varias ocasiones desde estas páginas afirmamos que, como un camino idóneo para emprender una insipiente reactivación, aparecía como necesaria la rebaja de los combustibles. Ahora el gobierno, en una modificación más que evidente de su política de precios, redujo de manera significativa este necesario elemento para movilizar la economía, como un lógico resultado de la caída internacional del precio del petróleo.

¿Por qué decimos que hubo una modificación en la política oficial? Lo afirmamos porque en ocasiones anteriores, y no hablamos de lo ocurrido durante la actual administración del doctor Tabaré Vázquez, la “tajada” impositiva que obtenía rentas generales por las gabelas que se extraen de los combustibles, provocaban resistencias para cualquier reducción de precios.
En una sola ocasión anterior, cuando ocupaba el Ministerio de Industrias y Energía, Pedro Bordaberry, se produjo una pequeño descenso de los precios, que según cuenta el ex funcionario, fue una medida que “no le fue perdonada” por el ministro de Economía de la época ni por otros “teóricos” neoliberales, que hablaban de la libertad del mercado, pero que en los hechos siempre practicaron el peor estatismo, fagocitando al máximo los dineros de todos.
El efecto en aquella oportunidad, cuando existía un sobre stock de naftas, fue que mejoró sensiblemente el consumo, incluso un poco más allá del nivel de la rebaja, en un sorprendente efecto combinado en el cual factores psicológicos - ¡por qué no! influyeron en las alternativas del proceso.
Sin embargo el afán fiscalista impidió en adelante que se mantuviera esa política de reducción de precios. Históricamente luego de aquella, concretada durante el último gobierno colorado, recién han aparecido otras rebajas que son las que han sido aplicadas en esta etapa, en razón – objetiva – de que los precios del petróleo se han reducido y siguen cayendo, previendo los analistas que el piso del barril de petróleo se situará entre 50 y 55 dólares, lo que determinaría, de mantenerse la misma política por parte de ANCAP y del Poder Ejecutivo, otra rebaja.
Es evidente que en una economía en crecimiento, como es la que vive Uruguay en esta etapa, a lo que se suma esta baja de los precios de lo combustibles, servirá para reactivar la actividad y, evitar, por la via de un mayor consumo que ANCAP deba seguir exportando excedentes de naftas, a precios ruinosos.
Lo que resta, parece evidente, es realizar una política de compensación de precios, para la que ya existen algunas propuestas, con el fin de reducir los precios del combustible que se utilizan en la producción que debería, por razones obvias, tener un costo mucho más acorde con las necesidades del desarrollo nacional. Lo que ocurre, concretamente en torno al gasoil, es que las malas políticas, llevaron a que en el país – por el precio excesivamente alto de las naftas – los particulares se volcaran a vehículos de paseo que consumen ese combustible menos refinado que siempre tuvo un precio más bajo, distorsionado así la producción de ANCAP y provocando la super abundancia de combustibles “livianos” y carencia de los llamados “pesados” que, en ocasiones, debieron importarse.
Es muy difícil en un decreto o una ley modificar un estado de cosas que se remonta a la aplicación durante años de malas políticas que llevaron a la super abundancia de vehículos a gas oil. Sin embargo, ¿qué hacer?, porque ese es un dato de la realidad y no se debiera hoy castigar con precios más onerosos del combustible a los mismos, sino impedir, en base a una adecuada política impositiva, que estos vehículos sigan proliferando, dejando de ser como hasta hoy económicamente tan accesibles como los nafteros, pero que luego se conviertan, vía consumo de combustible, en mucho más económicos.
Hay que afinar las cuentas, barajar las diversas posibilidades y en un marco de justicia, reducir de manera sustancial el peso de los productos que comercializan las empresas públicas. Ese sería un primer paso para la necesaria reestructuración que debe desembocar, eso si, en una sustancial Reforma del Estado.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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Unkas dijo
Al fin alguien dio vuelta la tortilla y se dio cuenta que también la baja de los precios se convierte en un beneficio económico. Antes, lamentablemente, ningún ministro de economía lo entendía y su único objetivo era recaudar y recaudar de manera directa. Ahora, creo que es así y espero que se confirme (lo peor sería estar equivocado), la rebaja del precio de los combustibles redundará en una serie de beneficios para el país que podrá crecer, obviamente, mejorando su actividad por esa objetiva reducción del costo del transporte.
2 Octubre 2006 | 03:25 PM