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Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

18 Octubre 2006

Libertad de prensa en el Uruguay

Joaquín Morales Solá fue el centro de la atención de los periodistas uruguayos en un agasajo dado por una entidad de nuestro medio, la B’Nai B’Rith, porque había prometido exponer sobre el periodismo y los periodistas. Claro la convocatoria y la expectativa superó al resultado de la misma, ya que el columnista de La Nación, pese a haber sido conceptualmente correcto en sus apreciaciones, no llegó a contentar a una ansiosa audiencia que esperaba más, especialmente respuestas a una problemática, la de la prensa, que también se traslada a nuestra tierra.

Para algunos colegas que practican desde hace años la profesión este es el momento de menor libertad de prensa desde la salida de la dictadura y ello lo avalan en varios elementos y especialmente uno: el juego de las tensiones que se verifican hora a hora entre el periodismo y el poder que trata de encubrir, casi siempre, todo aquello que los periodistas tendríamos la obligación de descubrir y exponer ante la opinión pública.
El periodista argentino Alfredo Leuco dice en una interesante nota publicada en el diario La Nación de Buenos Aires, que cuando se le pregunta si existe libertad de prensa en la Argentina, siempre hace el mismo chiste. Mira su reloj y dice: “A esta hora…sí”. Es que el nivel de la libertad de prensa se juega minuto a minuto en la lucha entre el poder (todos los poderes) que trata de encubrir todo aquello que los periodistas debemos revelar, descubrir y trasmitir. Del resultado de esa tensión permanente y necesaria surge el tipo de libertad de prensa que tiene el país.
Leuco sostiene que en la Argentina existe una suerte de “libertad de prensa de baja intensidad”, categorización que sin mayores dificultades se podría aplicar a nuestra realidad, en donde ya nos estamos acostumbrando a los cachetazos del Presidente de la República a los medios de prensa críticos, que engloba en la categoría más restrictiva de opositores, o del vicepresidente de la república, que cuando un programa periodístico denuncia una falencia en la seguridad del Palacio Legislativo, arremete contra todos los periodistas, en una reacción extemporánea pero de evidente censura informativa, restringiéndoles la entrada sin una identificación y un cacheo policial que no se utiliza con otros visitantes.
La libertad es el principal insumo del periodismo. Es la condición necesaria. Sólo después viene la noticia como eslabón de la cadena mediática. Es un lugar común, pero realmente veraz, decir en las facultades de ciencias de la información que con libertad es posible practicar un periodismo bueno, malo o regular. Pero que sin libertad, sólo es posible la propaganda. Es que se lesiona el derecho de los ciudadanos a estar bien informados y a tener la máxima variedad de opiniones para tomar todas sus decisiones con la mayor madurez cívica posible.
Cuando, en lugar de adoptar medidas para “blanquear” la información, que la misma trascienda sin ningún tipo de obstáculo para que llegue a la gente a través de los periodistas, que además tienen derecho a opinar sobre ella, el gobierno prefiere armar mecanismos propagandísticos propios, se está lesionando ese todo. Lujosas revistas, absurdas en sus objetivos comunicacionales, que solo pueden funcionar como un ejemplo de esa carencias de conceptos claros sobre el valor de la información y el papel crítico del poder que debe tener, necesariamente, el periodismo.
Existe esa contradicción que muchas veces no se advierte. Cuando nuestro presidente se molesta por las críticas que se le hacen a su gobierno y reclama información veraz sobre los logros, no adopta seguidamente ninguna medida para que sus afirmaciones tengan el correlato adecuado.
Se sigue manejando el “secretismo” como lenguaje idóneo en los organismos de gobierno y se utiliza a la custodia presidencial, desproporcionada para un país sin mayores dificultades como es Uruguay, con el objetivo central de aislar al periodismo del presidente de la República, ofendiendo a los periodistas con acciones nimias, pero graves en el contexto general, como la desconfianza visceral que se tiene sobre ellos en todas las ocasiones.
En la visita a FUNSA no se dejó pasar a los periodistas y luego el presidente de agravia porque los medios no informaron fehacientemente sobre aspectos de su encuentro con los trabajadores de la planta. En Colonia, cuando Vázquez recibió una condecoración por su acción contra el tabaco, los periodistas casi no se pudieron acercar al presidente, lo que también ocurrió en la bodega Stagnari. Se los mantuvo encerrados hasta que el presidente partió en su vehículo, evitando el momento de las preguntas.
La información es un bien público y colectivo. No puede ser utilizada como botín de guerra entre los medios obsecuentes y los consecuentes. No resiste el menor análisis que, desde la Presidencia, se determine qué periodista debe ingresar o no a la Casa de Gobierno y su sala de prensa, o al avión presidencial, ni quienes deben integrar las plantillas de los medios de comunicación del Estado, como ocurriera en las emisoras del SODRE, en que se llamó a “los amigos”, sin el más mínimo pudor.
Por otra parte hay temas impensables en el Uruguay. En casi todo el planeta las máximas autoridades deben someterse a las preguntas sorpresivas de los periodistas de todos los medios. Y, sobre todo, a las repreguntas. Es una de las formas más transparentes y directas que tienen los ciudadanos para conocer más a fondo a sus gobernantes.
La palabra presidencial negada (que también debería ser patrimonio de todos) se expresa muy de vez en cuando y ante reportajes que, por lo general (no en todos los casos), son realizados por periodistas o medios que por convicción ideológica, conveniencia económica o una mixtura de ambas, están predispuestos a potenciar los logros del Gobierno y a minimizar sus asignaturas pendientes.
Hay ejemplos notables de autodenominados periodistas que arrojan alfombras rojas para que el Presidente se luzca arrojando gacetillas verbales.
Llamar a un periodista para rectificar una información o para criticar su punto de vista es razonable si no se convierte en una metodología asfixiante. Pero comunicarse con los dueños de los medios para que castiguen a los audaces cronistas que se atrevieron a opinar diferente es un sablazo autoritario casi sin antecedentes en democracia pero que se ha practicado reiteradamente en nuestro país.
Por suerte, de este último elemento no tenemos ejemplos reciente, lo que es un punto positivo.
Este es un tema que seguiremos abordando, porque sin duda, está en la base misma de nuestra profesión que, obviamente, es nuestro sentido de ser.
De existencia.

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Periodista

Periodista dijo

El tema de la libertad de prensa es muy dificil de englobar para algunos que ven en la gente que trabaja en los medios a enemigos y no a instrumentos de un derecho que tiene la gente. Pero ese concepto es muy dificil de erradicar y van a ver como en la cumbre de los presidentes, con zonas de exclusión, también se limitará a límites insoporables las posibilidades de trabajo de los periodistas. Tengo la seguridad de ello, porque siempre ha ocurrido con este gobierno, que la seguridad se hace para evitar que la gente se prensa se acerque a la noticia.

19 Octubre 2006 | 12:48 PM

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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