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Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

16 Noviembre 2006

Sobre la reforma del Estado Descabezar un monstruo ineficiente e incapaz

Por Carlos Santiago (*)

La actual estructura del Estado es deficiente y negativa para los intereses nacionales. Además de corporativista, onerosa: ¿cómo es posible que el fisco requiera los niveles de imposición que se tienen en Uruguay, con el fin primordial de sostener a un mounstro de mil cabezas, ineficiente e incapaz de renovarse a si mismo?

Por ello son bienvenidos los anuncios que llegan desde el gobierno de que se iniciarán los estudios correspondientes para meter bisturí a fondo, modificar esta situación y crear un Estado al servicio de los ciudadanos y no uno – como nos está ocurriendo – que vive gracias a una presión impositiva insoportable y a tarifas por sus servicios y productos que están fuera de todo nivel de costos reales pero que, además, rompen el equilibrio de las economías familiares mes a mes.
Muchas veces nos preocupó – y lo hemos reiterado en notas publicadas en Bitácora - que por decisiones tomadas ligeramente o por la mecánica de una situación heredada de la que los directorios no fueron mayormente responsables, las empresas estatales comenzaran deslizarse hacia una privatización por el camino de la “asociación” porque, entre otras cosas, nos había ganado ideológicamente el concepto de los “monopolios naturales”, una peregrina construcción teórica muy al servicio de la burocracia uruguaya, que sirvió para que aquí durante años pasara mucha agua sucia bajo los puentes del Estado, aparecieran privilegios hoy insoportables y, por supuesto, los usuarios fueran los que pagaran el pato de todo ello con tarifas por servicios, no del todo buenos, a precios insoportables y, por supuesto, su correlación de ello en el resto de la economía.
La privatización de las empresas fueron caminos trazados desde los organismos multilaterales de crédito y tomados por algunos de los gobiernos anteriores como “palabra divina” que debía ponerse en marcha y concretarse, inclusive, a niveles de resultados ruinosos para las propias empresas y para el país.
Siempre hemos apoyado las movilizaciones populares en defensa de ANTEL y de ANCAP, en que el pueblo uruguayo se definiera con claridad meridiana. Pero, eso es bien claro, ni unos ni otros (los que apoyaron un camino o el otro) queremos que esas empresas públicas, los llamados “monopolios naturales”, mantenidas en la esfera estatal, le hagan pagar a los usuarios por sus servicios, medidos a niveles internacionales, los precios más altos. Pierden su sentido esas empresas cuando deben recurrir a la expoliación del empobrecido usuario con tarifas fuera de toda medida y además engrosadas por la presión impositiva de un Estado nacional que para subsistir debe obtener recursos cuantiosos.
Recordemos las crisis sucesivas que debió soportar el país y la deficiente relación entre muchos organismos de producción con la sociedad misma, que mientras – muchos en el pasado reciente – desarrollaron construcciones faraónicas, parecieron olvidarse que lo hacían con los recursos que obtenían de una población que soportó, desde la devaluación brasileña en 1998, el “tobogán” más agudo de una crisis que culminara en el año 2002, con la caducidad de la totalidad de los bancos privados de capital nacional en el marco de un sector privado que pudo sobrevivir, en la mayoría de los casos, gracias a la sangría de gente que quedó por el camino y que pasaron a engrosar ese fatídico grupo de población – un tercio de ella – que quedó por debajo de la línea de la pobreza, cuando no en la indigencia.
Desde aquellos tiempos, cuando ya tiene un buen período de asumido el gobierno popular, el mecanismo de incremento de las tarifas públicas sigue siendo el único recurso de ajuste de esas empresas que, por ese arbitrio, nos hacen pagar los combustibles más caros de todo el continente, un ojo de la cara por utilizar el teléfono y tarifas de Internet, sin relación con las que se manejan ni en los países vecinos ni en los del primer mundo. No negamos que el proceso especialmente en estos últimos 20 meses y luego de asumido el gobierno progresista, se adobara con medidas de buena administración, con cortes de gastos superfluos y comenzaran ha aparecer los grandes desaguisados en algunas reparticiones estatales, como el Banco Hipotecario, que fue utilizado como coto de caza de un grupo de políticos de segunda línea que encontraron allí la posibilidad de realizar lo que su ambición siempre les había planteado.
Utilizaron los dineros públicos en beneficio propios, adjudicando viviendas construidas por la Institución –en las más cotizadas zonas del país- a los familiares directos de algunos de ellos, o con fondos también que no les pertenecían viajaron por el mundo o se pagaron servicios médicos, en los centros especializados de mayor renombre a nivel internacional, sin entender en ningún momento que lo estaban haciendo con el dinero que recaudaba el Banco para construir viviendas de carácter social.
Si esta fue la ética de los directores, ¿cómo se pretende que el cobro de las cuotas fuera normal y que la morosidad se redujera? La crisis del país desde el `98 en adelante había empobrecido a los uruguayos y además, en el propio Banco, existía un directorio que actuaba de esa forma. ¿Era éticamente aceptable castigar con el desalojo y luego el lanzamiento por el atraso en las cuotas a los deudores del BHU, cuando en su dirección, quienes accidentalmente detentaban los cargos, hacían lo que la Justicia probó?
Los uruguayos en estos últimos dos años, si bien en el sector privado, especialmente luego de la vigencia de los Consejos de Salario, hemos recuperado algo de nuestro poder de compra. Sin embargo otros compatriotas en el sector público y los integrantes de la clase pasiva – los no privilegiados - conviviendo con otros marginales, se mantienen dentro de márgenes de orfandad.
Hablamos, por supuesto, de algunos sectores, especialmente de la administración central, Salud Pública, Enseñanza, policías y militares, que no han visto recompuestos sus ingresos y siguen sorteando a duras penas una situación de crisis que para ellos sigue vigente. Funciones necesarias e imprescindibles para el funcionamiento del país, pues en cada rubro de los que mencionamos no pueden existir falencias de ningún tipo.
Sin embargo si comparamos los ingresos de los funcionarios de estos sectores con los de las empresas públicas nos daremos cuenta de la enorme disparidad, absurda y negativa, que existe en el país. Y por ello se hace imprescindible una reforma del Estada seria, responsable, que valore las actividades y no premie a las organizaciones que tienen capacidad de recaudar en base de tarifas que hicieron avanzar sin escrúpulos y medida.
Muchas veces se habló de una reforma del Estado seria, que ahora el gobierno promete encarar, que tenga en cuenta esas disparidades salariales existentes y el despilfarro que significa la existencia de algunos privilegios inaceptables. Hace pocas horas el ministro de Transportes y Obras Públicas, Víctor Rossi, sostenía que había llegado el momento de encarar este problema en profundidad dejando para mucho más adelante algunas propuestas reformas constitucionales para posibilitar la reelección presidencial.
Emprender el camino de la reforma del Estado, lo sabemos, será un esfuerzo titánico, porque significará tocar intereses y mentalidades. No en vano en los últimos días asistimos a inscripciones de cientos de miles de jóvenes para ocupar unas decenas de cargos en la Intendencia de Montevideo. Ello muestra, además de las dificultades que siguen existiendo en el mercado laboral, ese flechamiento de los uruguayos que seguimos entendiendo que metidos en la función pública (claro, si no es de maestro, policía, enfermero o soldado), se logra la anhelada seguridad que todos buscamos en la vida.
Entre los que se resistirán a los cambios están los privilegiados de siempre y, para colmo quienes justifican esa disparidad hablando de capacidades, formaciones y que algunos, de no ser contemplados, serían atraídos por el sector privado.
Todo es discutible y la mayor parte de lo que se dice no es cierto, especialmente en el Uruguay, donde el sector privado vivió su crisis y su bonanza en algunos sectores es producto del manejo adecuado de las variables de los negocios. Pero, nos preguntamos: ¿Qué empresa del sector privado paga hoy sueldos de más de 100 mil pesos como hacen algunas empresas del Estado? Claro, en algunos casos están las que unen al usufructo del cargo una permanente inestabilidad en la función. ¿O ese rubro no lo tomamos en cuenta cuando hablamos del tema?
La reforma del Estado se impone. Pero para dibujar el futuro de las empresas públicas debemos medir nuestra humildad y entender cual es la realidad cotidiana y las ventajas que, de alguna manera, ha tenido para algunas actividades el quebrar la explotación monopólica como ha sido, por ejemplo, en la telefonía móvil, que se ha desarrollado en el país en progresión exponencial gracias a la existencia de la competencia.
Se impone, entonces, descabezar un monstruo que es ineficiente e incapaz.

(*) Periodista.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

luisa

luisa dijo

me parece interesant la manera de interpretarlo...deseo registrarme ensu pagina y recibir acrchivos.

14 Junio 2007 | 05:18 AM

Preocupado

Preocupado dijo

Veremos que nos pasa, pero no hay que ser muy optimista. La situaciòn del país es compleja y el gobierno es débil para encarar algunos temas que son claves como, por ejemplo, el de la nueva oligarquía de hecho existente en estos países, que es la burocracia enquistada en las empresas pùblicas. ¿Qué otra oligarquía existe? Los terratenientes han perdido su poder real, los dueños de las fábricas también. Qudán los empleados públicos, en particular de las empresas públicas, que hoy por hoy darán una batalla descomunal contra cualquier cosa que cuestione su poder.

15 Junio 2007 | 04:00 AM

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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