Un acuerdo Uruguay-Argentina podría estar muy cerca
Botnia podría paralizar sus obras durante un breve período. El gobierno argentino garantizaría que, en tales circunstancias, se levantará el bloqueo de los puentes que unen a Uruguay con la Argentina. Una luz parpadea al final del túnel, pero la trama de la solución para el lamentable conflicto argentino-uruguayo es todavía un trajín embrionario, arduo e impalpable. El enviado real, José Antonio Yáñez, está desplegando una gestión pertinaz e incansable a cuatro puntas: Buenos Aires, Montevideo, Helsinki y la propia empresa Botnia.
Resulta que el conflicto no tiene sólo dos actores, que serían en este caso los gobiernos de ambos países. El gobierno de Finlandia es otro protagonista, pero no tiene siempre las mismas posiciones que la empresa finlandesa Botnia. Esta se convierte, así las cosas, en otro actor. Un quinto y fundamental intérprete del drama es Gualeguaychú, aunque ahí sólo cabe la decisión política del gobierno argentino. No hay diplomacia que valga en el sublevado litoral argentino.
Lo primero es lo primero. Y debe desaparecer aún el principal obstáculo, que es el recelo entre los presidentes. Tabaré Vázquez sospecha que Kirchner es un político hábil que lo está esperando siempre, a la vuelta de cualquier esquina, con una zancadilla precisa. Kirchner se muestra decepcionado en la intimidad por quien fue su amigo. Suele recordar todas las cosas que hizo por Tabaré Vázquez cuando éste era candidato o cuando ya era presidente.
Es curioso, pero ni Kirchner quiere ver a Tabaré Vázquez como víctima de un tropezón ni el presidente argentino le debería pedir a su colega rioplatense decisiones como amigo que que comprometen al Estado uruguayo. La amistad personal y la responsabilidad del Estado son dos cosas muy diferentes. Es más extraño aún que, cuando los dos presidentes están lejos uno del otro -y también del prejuicio mutuo-, retoman el diálogo conciliador y reconocen que tienen una enorme responsabilidad histórica.
Sin embargo, Kirchner acostumbra a decir que Tabaré Vázquez lo sorprendió cuando empujó la crisis a la dimensión actual, que ésta hubiera sido lógica durante una gestión de Jorge Batlle y que el conflicto nunca hubiese alcanzado tal severidad si Julio Sanguinetti fuera el presidente uruguayo. Su problema es que la vida tiene cosas inmodificables; una de ellas consiste en que Tabaré Vázquez es ahora el presidente de Uruguay.
Otra circunstancia que debería desaparecer es la dosis de frivolidad con que sectores sociales de ambos lados tratan el conflicto. Aunque no es frecuente, pueden verse en Buenos Aires algunos automóviles con una leyenda que dice "No a las papeleras". Deberían aclarar, para ser sinceros, que el "no" es a las papeleras uruguayas. La Argentina tiene una docena de papeleras; algunas funcionan muy bien y otras no tanto. Nadie dijo nunca nada de las papeleras argentinas.
Podría agregarse, además, que hay al menos dos provincias, Corrientes y Misiones, que han forestado todo su territorio a la espera de que lleguen más fábricas de papel.
A su vez, un cineasta argentino acaba de terminar una película documental sobre los argentinos, que es más bien una caricatura de los argentinos. Existen argentinos xenófobos e intolerantes, pero una amplia mayoría de la sociedad argentina, según varias mediciones de opinión pública, defiende el cuidado del medioambiente y es crítica, al mismo tiempo, de los cortes de los puentes binacionales. Esa película no hará más que exacerbar los ánimos injustamente antiargentinos en una sociedad muy sensibilizada como la uruguaya.
Uruguay ha cometido algunos errores últimamente, que comenzó a subsanar. Uno de ellos fue el envío de tropas militares para custodiar Botnia. El único lujo que argentinos y uruguayos no se pueden dar es el de militarizar sus pasajeras rencillas. Tabaré Vázquez removió luego esa decisión y la capacidad de rectificación es una virtud que se le debe reconocer.
Del mismo modo, el jefe de la delegación uruguaya ante el tribunal de La Haya, Héctor Gros Espiell, dio por "terminada" la gestión del rey Juan Carlos luego de un durísimo y vano enfrentamiento entre representantes de los dos países. Uruguay llevó ante el tribunal su legítimo fastidio por los cortes de los puentes; coligió que La Haya sólo podría declararse incompetente o amonestar a la Argentina. Nunca, desde ya, legitimará los cortes de vitales puentes internacionales.
De todos modos, la decisión anunciada por Gros Espiell no fue nunca una decisión del gobierno uruguayo, que debió luego relativizar con moderación las palabras de quien es el jefe de una delegación con misión en el extranjero. Sólo el embajador uruguayo en Buenos Aires, Francisco Bustillo, que ha hecho más de lo que parece para serenar el conflicto, desmintió en el acto esa afirmación.
La gestión del rey Juan Carlos terminará cuando lo decidan el monarca o el gobierno argentino. Jamás será una decisión de Uruguay. Una alta fuente de la administración de Tabaré Vázquez explicó en esos términos, claros y definitivos, la posición de su país. Con todo, existe la decisión del gobierno uruguayo, inmodificable por ahora, de no negociar con la Argentina mientras estén cortados los puentes. Los cortes son el error argentino que Kirchner nunca pudo resolver.
El presidente argentino no reclama ya el traslado de Botnia; sabe que las obras están demasiado avanzadas como para pedir eso. Sólo imagina una solución que incluya un acueducto para derivar las aguas de la empresa lejos de Gualeguaychú y una obra de ingeniería forestal para tapar naturalmente el efecto visual de la fábrica. Su gobierno escribió un plan maestro que haría de Gualeguaychú un polo industrial y turístico importante, quizá con la participación de capitales españoles y finlandeses.
Siempre quedará un sector minoritario de intransigentes que no estará conforme con ninguna solución que contemple la existencia de las papeleras; Kirchner es consciente de que deberá remar contra ellos. ¿Les hará frente? A Tabaré Vázquez puede reclamársele que ceda, aunque fuera por algunos días, la decisión de no dialogar con los puentes cortados. Es, quizá, la tarea paciente y reservada que está haciendo el enviado del rey Juan Carlos.
La condición de Tabaré Vázquez cierra por ahora todas las puertas del laberinto. Pero Kirchner dice necesitar un argumento para convencer a los asambleístas de Gualeguaychú. El presidente uruguayo debería permitir que se entreabra esa hendija. Si lo hiciera, Tabaré Vázquez reclamará, razonablemente, un compromiso del gobierno argentino de que impedirá nuevos bloqueos si sucediera el acuerdo. En ese enredo de garantías y contragarantías se cifra ahora el destino del conflicto.
Kirchner deberá optar, entonces, entre el interés nacional argentino y el poder de veto que retienen de hecho los asambleístas de Gualeguaychú. Deberá, en fin, confirmar que la democracia argentina se gobierna a través de los representantes de la sociedad, legítimamente elegidos, y no por asambleas populares, siempre minoritarias - y, por lo tanto, arbitrarias- frente a los intereses del conjunto de la Nación.
Es probable que la pequeña luz del túnel sea atizada también por cierto eclipse que se abatió sobre los funcionarios más duros de la administración argentina: el embajador Raúl Estrada Oyuela, encargado en la cancillería de las cuestiones medioambientales, y de Romina Picolotti, secretaria de Medio Ambiente. Para peor, ellos mismos andaban a los codazos en los pasillos del poder. Según buenas versiones, el canciller Jorge Taiana fue encomendado por Kirchner para que se encargue personalmente del conflicto con Uruguay.
La Argentina y Uruguay necesitan reconciliarse no sólo porque la pelea de ahora es un agravio a la historia y a los sentimientos; también porque otros y peores desafíos los aguardan a los dos países. Bolivia está a un paso del abismo. Un 62 por ciento de su geografía, que alberga al 34 por ciento de su población, está más cerca de la secesión que de la conservación del país tal como es.
Los cuatro distritos con vocación separatistas (Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni) producen el 50 por ciento del PBI boliviano y poseen los principales yacimientos petrolíferos y gasíferos. Bolivia no perderá su condición de país estratégicamente central del sur de América sin los aprontes, por lo menos, de una guerra civil y sin poner en crispación a toda la región.
El norte argentino debería enfrentar entonces una migración desbocada y podrían tambalear las importaciones de gas boliviano. Hasta Hugo Chávez le comentó a Kirchner, hace poco en Buenos Aires, su preocupación por la peligrosa crisis boliviana.
En ese contexto, la reconciliación de argentinos y uruguayos, casi al alcance de la mano ahora, significaría la recuperación del elemental sentido de las proporciones.
Joaquín Morales Solá (LA NACION)




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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