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Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

28 Diciembre 2006

¿Mercosur o TLC?: El Estado como árbitro

Por Carlos Santiago (*)

Es evidente que cada país tiene sus características propias que no se puedan transplantar a sus realidades modelos rígidos, estáticos, que funcionan en otras regiones o países, de manera automática, porque hacerlo haría peligrar un proceso de estabilidad que el esfuerzo de la gente, con su trabajo ha logrado, ingresándose en una espiral de deterioro difícil de detener.

Las opciones no son tan claras y terminantes. No se trata de TLC a la chilena “si”, y el actual Mercosur, “no”, porque ninguna de ellas son alternativas a las que el país se pueda trepar con total seguridad de éxito y, entendemos, que la ansiedad en política es un mal que se debe combatir sustituyéndolo por el más reposado análisis de la realidad y un pragmatismo a toda prueba que nos indique cuales son, meditadamente, los caminos mejores para nuestra pequeña economía en crecimiento por ahora exponencial.
En una nota anterior indicábamos la importancia del intercambio comercial del país dentro del Mercosur y hace pocas horas trascendía el déficit comercial uruguayo con Argentina y Brasil, que supera los mil millones de dólares, información unilateral esta última que ocultaba de alguna manera la contracara, que era el comercio de productos uruguayos a los países de bloque que, sin duda, tiene un volumen más que significativo.
Las cifras manejadas aparecen como contradictorias pero son contracara de la misma moneda cuyos aspectos negativos el país, evidentemente, debe ir tratando de superar dentro del marco del acuerdo regional.
Las mentes calenturientas que plantean un rompimiento con el Mercosur, parecería que no han tenido en cuenta la ubicación geográfica del Uruguay y se ubican dentro de una realidad virtual tratando de que Uruguay, quizás por “default” acomode su comercio a una situación que podría ser más fluida, la de un TLC con EEUU, pero que tiene los peligros de un crecimiento de la dependencia y la peor, un rompimiento con la región.
La desilusión que han marcado algunos economistas de una determinada tendencia con la decisión del gobierno de reducir nuestro acuerdo con EEUU a un TIFA, tratado que plantea concesiones recíprocas pero que no abre fronteras como el TLC, es un hecho significativo. Habría que preguntarse: ¿a quién le convierte un TLC “puro” firmado con el coloso del norte? Evidentemente a los sectores industriales que no tienen una mayor inserción en el Mercosur y que estiman que sus negocios se multiplicarían al abrirse aquel mercado, con arancel cero. Y también a los exportadores.
Los que utilizan a Chile como ejemplo deberían tener la lealtad intelectual de analizar aquella realidad y de señalar que en el país trasandino se llevó adelante una muy inteligente política de especialización productiva, tanto agropecuaria como industrial, de la que Uruguay ni siquiera tiene un borrador, país en donde existe un Estado respetado en sus decisiones, que sabe controlar y sancionar las transgresiones, pero además no se inmiscuye – como está insistiendo el Estado uruguayo – en tareas productivas, que en el país trasandino se han dejado exclusivamente a la iniciativa privada.
En Uruguay no sabemos siquiera que tipo de Estado queremos. El gobierno no ha manifestado cuales son los lineamientos de la proyectada reforma que está anunciando pero, a su vez, se muestran síntomas progresivos de un creciente estatismo, como el incremento de la cantidad de empleados públicos en el sector no empresarial y el inicio de tareas “productivas”, hasta ahora en actividades poco rentables, cuando no directamente ruinosas, subsidiadas o directamente dirigidas desde oficinas estatales: la puesta en marcha del proceso de plantaciones de caña de azúcar en la zona de Bella Unión, si bien de realizó con un sentido social para dar trabajo a una población con altos índices de desocupación, nunca logrará salir de su situación de actividad subsidiada en la que, además, se utilizan los métodos de producción más primitivos y, por supuesto, con menos rendimiento por hectárea.
No tecnificar esa producción significa encarecerla, aunque con ello se pretenda ampliar la base de mano de obra ocupada, y por lo tanto se está expidiendo un certificado de defunción prematuro al primer plan puesto en marcha del anunciado “país productivo” hecho público por el gobierno progresista.
Hoy la situación de la agropecuaria ha mejorado en base a niveles de exportación récord de carne que tiene y de la ágil venta de otros “comoditis”, como todos sabemos, por elementos coyunturales que las impulsan, como la epidemia de aftosa en Canadá, la prohibición del gobierno argentino de exportar carne, las masivas compras de China, etc. Sin embargo, si no se cometen errores, si el producto que llega a los mercados compradores es de una calidad sostenida, igualmente se habrá logrado un piso para ventas futuras que podrá mantenerse aunque se modifiquen las actuales circunstancias favorables a nuestro país.
Por otra parte el mercado internacional se encuentra en una etapa de voracidad por el crecimiento de las importaciones chinas, un país gigantesco que todavía por algunos años tratará de mantener su expansión interna pues su objetivo es eliminar las zonas más deprimidas de su población, otorgándoles la posibilidad del consumo. Serán muchos años más de bonanza en el mercado internacional para ciertos tipos de producciones-
Pero a la vez China, es un país que tiene una producción para la exportación realizada a escala inimaginable para las otras industrias del mundo, con la que no se puede competir mano a mano. Uruguay, pese al desarrollo desordenado que ha tenido la industria en la última etapa producto del mejoramiento de la capacidad de compra del mercado interno, que ha logrado suprimir su capacidad ociosa y, en algunos sectores, incluso incorporar nuevos bienes de capital, no está planificada para los negocios a mediano y largo plazo.
Tampoco se ha buscado especializar al país en algunos productos de alta calidad, pese a que se menciona insistentemente al software, que nos permitieran, como en es el caso de Chile, tener un fluido comercio con el mundo. Si existe una característica chilena en el mundo son las ventajas comparativas de algunos de sus productos (vinos, frutas, etc.) que logran que el país trasandino tenga nichos prácticamente inconmovibles, a los que sus flujos de producción le son permanentes, además de contar con un alto nivel de industrialización que le hace producir a escala logrando precios internacionales competitivos y que no son consecuencia, como en algunos casos los de Uruguay, de una combinación de marketing con exotismo publicitario.
Si supuestamente firmáramos un TLC con EEUU, ¿en que rubros Uruguay podría incrementar su producción a tal punto como para cumplir la exigencias de un mercado de esas características, atraído por los aranceles 0?
Quizás la industria láctea, que está instalada, podría desarrollar una producción más intensiva y exportar mucho más, quizás la hoy en crisis industria textil y de la vestimenta. Pero firmar un TLC, con lo que ello conlleva como elemento negativo dentro del marco del Mercosur, para especializar al país después, es una especie de acción suicida que determinaría – parece evidente – que los logros se comenzaran a verse al largo plazo, fecha – como decía el maestro, John Maynard Keynes – en que ya estaremos todos muertos.
El camino que nos queda es el del pragmatismo, el de la constante negociación, el de tratar de lograr que la propuesta de Brasil de aceptar que los productos de exportación uruguayos tengan hasta un 70 por ciento de elementos importados (no solo el 30% como ahora), prospere, el de tener una política industrial coherente a las necesidades del país y a un Estado, que además de defender las inversiones que se hagan en bienes de producción, tanto extranjeras como nacionales, atienda los problemas de quienes ya instalados tienen coyunturas internacionales desfavorables, como es el caso de la industria textil.
Nadie podría entender, de lo contrario, que el Estado uruguayo le diera apoyo a emprendimientos como el del Bella Unión, claramente antieconómico y de muy difícil autofinanciación ni siquiera a mediano plazo y se abandonara a su suerte a la industria textil jaqueada por los productos chinos que ingresan a nuestro mercado a precios realmente ruinosos y con los que no se pueden competir en las góndolas de los supermercados.
Claro, el sector privado debe asumir sus riesgos y no puede depender siempre para solucionar sus crisis del apoyo del Estado. Pero si es obligación de este reorientar la economía para posibilitar que quienes han invertido en el país no caigan en el abismo ante las coyunturas adversas que, en otras zonas de mundo – como Chile – se han podido mitigar. Ello también en un marco de defensa del consumidor, porque defender a la llamada industria nacional no puede significar en ningún caso que esa política recaiga en los hombros de la población que se convierta, en definitiva, en la víctima y financista del “salvataje”.
El Estado debe arbitrar soluciones, para impedir, en todos los casos que se dilapiden los esfuerzos y que las “modas” o los “caprichos” se impongan sobre las razones vinculadas a la conveniencia nacional.

(*) Periodista.

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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