Cuando "Bush salvó al Uruguay"

Armar el rompecabezas de la historia no es una tarea fácil, requiere de documentos de distintas fuentes que van formando ese todo que es le verdad histórica. La importancia de George W. Bush para Uruguay, en la crisis del 2002, es señalada por personalidades como el ex ministro de Economía, Alejandro Atchugarry, como un hecho esencial que impidió el derrumbe final del país. Más allá de las contradicciones existentes, de las visiones encontradas, es bueno recurrir a todas las fuentes. Por ello me atrevo a presentar hoy este interesante trabajo aparecido en EL OBSERVADOR.
POR ALEJANDRO NOGUEIRA DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR
Tenemos la orden del presidente Bush de solucionar esto y ayudarlos”, dijo el viernes 26 de julio el secretario del Tesoro de EEUU, John Taylor, a una exhausta y deprimida delegación del equipo económico de Uruguay que había intentado, infructuosamente en los días previos obtener US$ 1.500 millones del FMI y los organismos de crédito para cubrir, al menos, los depósitos a la vista de un sistema financiero que se desangraba desde febrero y lograr un shock de confianza que acotara el desastre.
Los uruguayos sintieron que aún quedaba una brizna de esperanza. El director de Planeamiento, Ariel Davrieux y el jefe de asesores de Economía, Isaac Alfie, encabezaron la delegación que fue recibida por el embajador en EEUU, Hugo Fernández Faingold. Todos se fueron a dormir unas horas porque el fin de semana les esperaban maratónicas reuniones con funcionarios de la administración Bush.
Aquellos tremendos días en que Uruguay casi colapsa por efecto de la crisis financiera y cambiaria argentina, relatados minuciosamente por el editor general del semanario Búsqueda, Claudio Paolillo, en su libro Con los días contados, se recordarán como uno de los más graves de la historia Algunos de sus actores evocaron para El Observador más detalles de la vertiginosa carrera de episodios que llevó a Uruguay a solucionar la crisis.
El lunes 22, el ministro de Economía, Alberto Bensión, abrumado, le presentó al presidente Jorge Batlle su renuncia luego que el Partido Nacional le quitó el apoyo.
Bensión ya tenía los pasajes para ir a Washington y hacer un último intento en pos del apoyo del FMI. “El presidente quiere que tu vayas”, le dijo Bensión a Alfie, quien aceptó y salió, convencido de que Bensión se iba.
“¡Consíganme pasajes que me voy mañana!”, casi ladró Davrieux a sus secretarias que, baqueanas asumieron, que era a Washington y le sacaron pasaje en American Airlines. Alfie se fue en United. No pudieron aprovechar el viaje para coordinar el trabajo.
Davrieux llegó esa noche a los postres de una cena con gente del Banco Mundial a la que debía ir Bensión, para excusarlo por una supuesta indisposición. Lo miraron como a un marciano. Sabían que Bensión había renunciado, pero nada dijeron. Davrieux se enteró de la renuncia a medianoche, en su casa.
En tanto, con los números frescos, Alfie trazaba su plan en el vuelo de United, consciente que iba a encontrar a la gente del FMI con una postura rígida: feriado bancario, “corralón” para los depósitos, Plan Bonex para pagar con papeles a los ahorristas y un default de la deuda. Batlle no quería eso, rechazaba terminar cono su par argentino Francisco De la Rúa.
Dos chilenos –el número tres del FMI, Eduardo Aninat, y el jefe de la misión para Uruguay, Marcelo Figuerola– no cesarían de poner piedras a la estrategia uruguaya de una salida digna de la crisis.
A Alfie las cuentas le daban unos US$ 1.500 millones para cubrir los depósitos a la vista y revertir las horrorosas expectativas de los depositantes. En un pizarrón resumió la propuesta a los técnicos del Fondo. El argumento clave era el mantenimiento de la cadena de pagos. El fundamento; que Uruguay no era Argentina; era un país serio. El objetivo, además, era salvar al Banco República.
Cuando tiró la cifra a los del FMI, éstos reaccionaron: “Ustedes están locos, no hay ninguna posibilidad de que esto funcione y el Fondo no está para prestar dinero a los bancos. Esto no lo aprueba el Directorio del Fondo”.
Esa noche la delegación uruguaya cenó con el presidente del BID, Enrique Iglesias. “Más que una cena, parecía un velorio”, recordó uno de los asistentes. Iglesias hizo denodados esfuerzos por Uruguay, pero al otro día se iba para Ecuador y luego a Panamá. El viernes la delegación uruguaya se aprestaba a volver con el fracaso en la valija.
La llamada salvadora. En dos autos los uruguayos regresaban a la residencia del embajador en Maryland, cuando, con el arresto que da la desesperación, el embajador Fernández Faingold llamó al despacho de Taylor y habló con uno de sus más directos asistentes, Jeb Gotlieb.
Fernández Faingold recibió al poco rato una llamada de Taylor expresando la disposición de ayudar a Uruguay. El embajador telefoneó a quienes iban en el primer auto. “¡No se vayan! ¡Taylor es de Peñarol!”, les dijo, según evoca el libro de Paolillo.
Esa misma noche, con más de 40 grados en Washington, Taylor convocó a su despacho a la delegación y les transmitió la voluntad de Bush de darles una mano. Les dijo también que una corrida bancaria como la que había en Uruguay solo se paraba “con un cerro de billetes plata en la puerta de los bancos”.
Los uruguayos llamaron a Aninat para ponerlo al tanto de la gestión. Con inocultable ironía el chileno intentó desinflar el optimismo oriental. “Hablan mucho pero ya van a ver que no pasa nada. Pregúntenle a Taylor de dónde va a salir la plata”, dijo más o menos.
Para colmo, ese viernes se disparaba una cláusula gatillo del acuerdo de Uruguay con el FMI y lo hacía caer porque las reservas llegaban a un punto crítico. Quedaban US$ 665 millones, la cuarta parte que había en diciembre de 2001.
El fin de semana en el despacho de Taylor la delegación uruguaya fue sometida a riguroso examen. Jerarcas de primer nivel de diversas reparticiones gubernamentales hicieron preguntas y miraron cifras. Taylor, remangado y con una fuerte gripe, seguía la reunión calculadora en mano. Cotejados los números el funcionario arriesgó que se iba a necesitar más dinero del que pedía Uruguay (más de
US$ 2.000 millones). “EEUU no puede correr el riesgo de ayudar en esto y que luego, igualmente, se caiga todo”, razonaba Taylor.
El domingo 27 El Observador daba una primicia alentadora: “El gobierno explora un préstamos puente de EEUU”.
¿Dónde está el dinero? La salida era lograr un nuevo acuerdo con el FMI, el BID y el Banco Mundial, pero, además de la resistencia de los chilenos, jugaban en contra los tiempos burocráticos de estas decisiones.
Taylor hace saber a los uruguayos, ya en el pasillo y de manera informal que mientras se procesaba la decisión del FMI, podía haber un préstamo de su gobierno.
El problema era de dónde saldría el dinero. En 1995 Bill Clinton había socorrido a México con una cifra 15 veces superior y los republicanos se habían escandalizado. Bush y el propio Taylor juraron que no habría más dinero publico para rescatar bancarrotas privadas. “Esto déjenlo que lo arreglamos nosotros”, dijo Taylor, dándole tranquilidad a los uruguayos.
Ninguno de los actores uruguayos consultados por El Observador saben a ciencia cierta de dónde vino la plata. Todo radicaba en hacer la operación aprovechando el receso veraniego del Congreso y devolver el dinero con fondos de los multilaterales en pocos días. “Los dueños del FMI le torcieron la mano a los gerentes”, resumió a El Observador uno de los actores,
El grueso de la delegación regresó a Uruguay al comienzo de esa semana negra en que se verificaron saqueos a supermercados.
Los medios de comunicación daban cuenta de la llegada de un avión lleno de dólares y de raudos camiones de transporte de valores que circulaban por la rambla. Fue una sencilla transferencia electrónica a la cuenta de Uruguay en EEUU, pero por esos día si llegaban aviones con dólares para el resto de los bancos.
El sábado 3 Alfie regresó a Uruguay y se encontró con Aninat en el aeropuerto. El alto funcionario chileno empezaba, tarde, por culpa de Uruguay, sus vacaciones y regresaba a Chile. No dejó de tirar mala onda. “Si consiguen esto, lo que tienen que hacer es quedarse con el dinero, no pagar a EEUU y ver si pueden salir de la crisis”, dijo. Esa posibilidad, manejada maliciosamente por el chileno, llegó a a oídos del Tesoro, y Uruguay tuvo que desmentirla.
La semilla en Roma. ¿Qué llevó a que Bush intercediera a favor de un país minúsculo? Para EEUU no era buen negocio que se expandiera la crisis argentina, especialmente si pegaba en Brasil. Paolillo evoca en su libro la Cumbre de Presidentes en Quebéc el 21 de abril de 2001. Allí Batlle, sentado por razones alfabéticas entre Bush y Hugo Chávez, vio la oportunidad de decir lo que siempre había pensado: que la salida para países como Uruguay era el ALCA y el libre comercio y que el Mercosur no era de fiara. Batlle sentía que había plantado su semilla en “Roma”, relata Paolillo. Y la semilla dio frutos a los 14 meses.
Tras argumentar a favor del ALCA y presentarse como un aliado de EEUU, Batlle fue invitado por Bush a la Casa Blanca.
Fue en aquellos días de agosto cuando se selló el ya previsible triunfo electoral del Frente Amplio. También quedó sentado que, tras el préstamo de Bush y la presión sobre el FMI por un nuevo acuerdo con Uruguay, los buenos vientos a la economía soplarían sobre una sociedad menos fracturada, en un país que se mantuvo confiable pese a todo, lo cual sería un gran capital aprovechable para el gobierno siguiente.





"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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Señora Nostalgia dijo
Hola Charlie: Gracias por traer a la palestra un artículo tan interesante. Bueno es que de vez en cuando se le refresque la memoria a muchos y se diga algo en pro de los Estados Unidos..., la mayoría de las veces es sólo fango lo que recibe. Sí, salvó a Uruguay en ese momento, y no importa que el objetivo no hubiera sido totalmente desinteresado (de todos modos Estados Unidos no es una institución de caridad y también tiene que velar por su conveniencia). Encuentro magnífico tu blog y aunque el mío nada tiene que ver con la política, voy a añadirte a mis amigos para seguirte leyendo. Un saludo. Madeleine
10 Marzo 2007 | 03:33 PM