Nos falta mucho tiempo para llegar al "nunca más"
La investigación de los casos más aberrantes de violaciones de los derechos humanos sigue estando en el centro de la atención y, por supuesto, los supuestos éticos y morales que están en juego son permanentes y no finalizarán cuando dejen de existir quienes protagonizaron directamente los hechos
Esta es una certeza que se multiplica cuando por una vía u otra se conocen nuevos detalles de las investigaciones, de las declaraciones de quienes sufrieron las consecuencias de aquella bárbara represión y hoy han entregado a la justicia nuevas pistas que deberán ser investigadas por la magnitud de la trasgresión que significan. Hace pocos días LA REPUBLICA publicaba un trabajo del periodista Roger Rodríguez, afirmando que el ex dirigente del PVP y del sindicato de FUNSA, León Duarte, fue identificado en un campo de concentración clandestino, de los tantos que se utilizaban, este dependiente del Batallón No.13.
De confirmarse la información el destacado militante social, que se creía había sido asesinado en la Argentína, luego de su pasaje por “Automotores Orletti”, habría sido ultimado en nuestro país y sus restos, como los de tantos otros, no se han podido encontrar todavía.
Pero ese hecho determinaría más cosas, por ejemplo que Duarte habría sido trasladado a Uruguay en el llamado “segundo vuelo” junto, se supone, con la joven María Claudía García de Gelman que, luego de dar a luz una niña, fue vilmente asesinada por los esbirros de la dictadura.
Toda es información que se sigue sumando al cúmulo de hechos que hacen a la historia más negra del país, la de la dictadura militar, en que el gobierno de facto – porque aquí no podemos señalar solo responsabilidades personales de quienes ejecutaron los asesinaros – determinó una política basada en la Doctrina de la Seguridad Nacional, que tuvo como parámetros operativos la tortura y el asesinato.
Esperemos que la justicia actúe a la altura de su cometido fundamental para el afianzamiento de la democracia, determinando hechos y sancionando a los responsables de las aberraciones. Por supuesto que es mucho más difícil probar la responsabilidad intelectual de un hecho aberrante, pero realmente nos sentimos casi agraviados cuando asistimos al archivo de la causa del matrimonio Martírena-Giménez, ocurrido en 1972, asesinato que fue concretado en el marco de un gigantesco militar y policial, en el que no solo participaron Hugo Campos Hermida y Víctor Castiglioni, sino muchos otros uniformados con distinto grado de responsabilidad que, obviamente, se debiera desentrañar, para que la justicia imperara finalmente.
Martirena y su esposa seguramente no habían empuñado un arma en toda su vida, sin embargo por pertenecer a una organización política determinada, fueron el objetivo de una furiosa acción de venganza en respuesta a atentados habidos por esas horas en contra miembros del llamado Escuadrón de la Muerte. Martirena fue acribillado cuando abría la puerta de su casa y su esposa asesinada, con un tiro en la boca y otro en los genitales, cuando se levantaba de la mesa donde estaba almorzando.
¿Cómo puede ser que hechos de esa magnitud se archiven? ¿Qué no se trate de profundizar la investigación, si los sicarios están muertos, para saber quienes dieron las órdenes que determinaron esa barbarie atroz?
Podríamos seguir enumerando hechos atroces, como el ocurrido en la seccional 20 del Partido Comunista, donde fueron también asesinados ocho trabajadores, en una acción incomprensible, que mostró un odio insólito producto de parámetros políticos alejados totalmente de la vida en sociedad. Hoy se cumple otro aniversario de aquella jornada luctuosa, en que los terroristas de Estado se sintieron, en un marco de impunidad, dueños de la vida de los uruguayos.
Por supuesto, es loable que el gobierno trabaje para arribar a una situación en que la sociedad pueda mirar el pasado y, en conjunto, decir “nunca más”. Pero para que ello ocurra todavía tendrá que seguir avanzando la justicia.
Sin que esta impere, la meta buscada se alejará cada vez más en el tiempo.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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