Uruguay: un país que nos debe doler a todos
Hay datos de la realidad social uruguaya que son escalofriantes por su magnitud negativa y que explican, por supuesto, muchos de los extremos de violencia, drogadicción, avance del analfabetismo, y ¿por qué no?, de la desculturización de la población que están convirtiendo a barrios de nuestras ciudades en “junglas” cada vez más inhóspitos por los niveles de delincuencia que se registran, sin que haya ya sectores de la producción que estén libres del robo y su inmediata consecuencia, la sensación de inseguridad.
Y hablamos de Uruguay, el país que según la CEPAL, es el que tiene la mejor distribución del ingreso de América Latina. LA REPUBLICA publicó hace algunos días un trabajo explicativo sobre la reforma tributaria, de los técnicos Alberto Barrieux y Jerónimo Roca, que nos ilustra sobre esa realidad que nos debe alarmar a todos, no para que reforcemos las rejas alrededor de nuestras viviendas, sino para que encontremos soluciones de consenso que comiencen a revertir una situación que es intrínsicamente explosiva.
Algunas de las cifras dadas por los dos analistas muestran la profundidad de la crisis de la distribución en el ingreso del país – repetimos- el considerado como el de “mejor distribución del ingreso de América Latina”. Uno de esos datos es que el 50 por ciento de los niños de 1 a 5 años vive por debajo de la fatídica línea de la pobreza, con lo que ello significa en carencias nutricionales, cuidados médicos, desarrollo educativo, retraso intelectual, etc.etc. Los autores del trabajo en base a esos datos tratan de demostrar que el grueso del ingreso nacional es absorbido por las generaciones mayores, estimando que tan solo un 5 por ciento de los mayores de 65 años se encuentran en esa situación extrema.
Claro está, pero el proceso que llevó a esta situación brutalmente explosiva no está justificando por si solo que se decrete, de una vez por todas, el comienzo de un trasvasamiento de ingresos de los sectores de personas mayores a las más desamparadas, en base a una norma impositiva que progresivamente grava de manera más pesada a las pasividades más altas, porque ya conocemos cuales son algunos de los destinos que se le darán a los dineros que se recaudarán que, con claridad, no modificarán esas coordenadas lamentables existentes en nuestra sociedad.
Lo que ocurre en el país es producto de largos años de políticas equivocadas, de políticas dirigistas, luego monetaristas y otra casi neoliberales, que en lugar de impulsarse desarrollos homogéneos de sectores de producción, apuntalando la modernización básica del país. Se prefirió mover los hilos de las finanzas, enriqueciendo aun más a los que ya estaban ricos y, por supuesto, haciendo crecer la cantidad de pobres, porque nunca se intentó favorecer la trasformación vertical de la producción primaria, contentándonos – en los momentos de auge de los mercados internacionales, como el que se vive por estos días – a vender masivamente al extranjero materias primas sin elaborar, al igual de lo que ocurría a principios de siglo.
El viejo tasajo (que todavía se exporta), se fue sustituyendo por carne madurara que tiene como único proceso de industrialización, que se coloca en bolsitas de nylon y se clasifique por cortes. En general no se exportan hoy las medias reces, como otrora. Sin embargo la industria frigorífica en los años 50 pergeño un camino de industrialización, que fue relativamente exitoso a tal punto que todavía algunos veteranos gourmet europeos recuerdan la carne uruguaya que llegaba a su mesa enlatada. Luego sobrevino un proceso inverso. El de destrucción industrial al que asistimos en la industria textil, del calzado, de la vestimenta, de auto partes, etc.
Una situación que está determinando que el país crezca año tras año, montado en la coyuntura internacional, pero en que sus niños sigan estampados dramáticamente en la más cruda pobreza y que la capacidad ociosa de alguna parte de la industria se haya colmado con el creciente requerimiento del mercado interno.
Un país con empresas públicas brillantes, ricas que cubren las necesidades de un sector de la sociedad, pero que no pueden evitar, como UTE, que buena parte de su producción energética se pierda porque existen barrios enteros que están “colgados” al fluido eléctrico, que, de otra manera les sería inaccesible a los vecinos.
Un país que debemos repensar entre todos, sin sectarismos, ni partidismos inconducentes. Un país que requiere soluciones, de lo contrario tarde o temprano, se volverá en una tierra ingobernable.





"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


GeoBitácoras:



Unmatecito dijo
que paradojico y brutal.. verdad?? ahora ando por otros lugares del mundo y al leerlo coincido.. por suerte nos queda el mañana y la utopia posible..
28 Abril 2007 | 07:14 PM