El Uruguay en un sistema en crisis
Los peligros de una pequeña economía
de la gente, no el progreso de las cosas. ¿Es que
la riqueza es todo y los hombres no son nada en absoluto?”
Jean Charles de Sismondi.
¿Qué nos pasaría a los uruguayos que medimos los logros políticos con una visión siempre triunfalista, si los índices que miden el crecimiento, la inversión, la desocupación y la salud comenzaran a deteriorarse como resultado indeseado de otra crisis del capitalismo? Sería un tema para analizar en profundidad con una visión madura, sin resquemores ni superficialidades que enturbien de mala manera el análisis. Porque un país pequeño como Uruguay, con algunos problemas estructurales endémicos, y a merced de un mundo convulsionando, en donde se está produciendo una brutal caída de la moneda norteamericana y, hasta el momento, un crecimiento del precio de los alimentos, puede comenzar a sufrir etapas negativas que se presenten por esa vulnerabilidad indiscutible, más allá de las adecuadas políticas y las mejores intenciones.
Nos hacemos esta pregunta porque sabemos bien que por aquí tenemos la costumbre de personalizar los hechos, asignándole los positivos a las gestiones de grupos o personas, castigando por los negativos, muchas veces de mala manera, a quienes tienen responsabilidades transitorias, efímeras, como las que se otorgan a los mandantes en un régimen democrático y republicano, donde los gobernantes no son eternos ni se mantienen en sus cargos durante décadas.
El pasado miércoles se conocieron algunas previsiones de los más altos capitostes del FMI que, sin pelos en la lengua, hablaron de un mundo que había detenido su crecimiento, asignándole a la crisis en EEUU, en contundente nombre que, evidentemente, muchos de los analistas internacionales no se han dignado pronuncian: recesión.
Por supuesto que no somos ingenuamente idílicos y hace tiempo que hemos abandonado el concepto de relaciones perfectamente armoniosas entre individuos, grupos y sociedad. La sociedad no es otra cosa – y esta no es una conclusión mía – que una constelación de grupos, de redes de interacción y de normas, algunas permanentes y otras móviles, y no parece que pueda ser unificada dentro de un sistema plural democrático. Ello podría ocurrir, como tristes experiencias hemos tenido en el mundo, cuando aparatos del Estado quiebran normas de convivencia y se convierten en aparatos de dominación. Los uruguayos saben muy bien de lo que hablamos en estas líneas y todavía lloramos aquellos años de noche cerrada en que el país retrocedió de manera todavía no aquilatada en toda su profundidad.
Pero para dejar de irnos por las ramas, pasemos a los que queremos expresar en estas líneas. Es un hecho que el precio de los productos agrícolas subió en el último semestre y con ello, la comida.
La versión preferida de los analistas económicos atribuye el aumento al consumo de cereales para producir etanol y a que los chinos e indios comen mejor. Como ambos hechos han sucedido gradualmente, la explicación no es adecuada para un alza súbita.
Más parece la sólita desinformación que oculta especulaciones. Podemos señalar - y pocos analistas lo hacen - que el súbito aumento del precio en productos agrícolas, petróleo y materias primas coincide con el súbito colapso del dólar y que esos productos se cotizan internacionalmente en dólares. En un año el precio global de alimentos subió 40% en dólares, el dólar cayó un 28% ante el euro y un 130% con respecto al oro (+$900/onza). ¿Hay una relación allí?
Claro, cuando Astori sostiene que Uruguay mantiene su competitividad y que el dólar, la moneda fundamental para un país en que casi todo su comercio se realiza en esa moneda, de alguna manera se está refiriendo de manera oblicua a ese proceso de caída de la moneda norteamericana que, en los bolsillos de los exportadores, gracias a la suba de los alimentos, una contrapartida que ¿se mantendrá?, todavía determina que los términos de intercambio sean favorables. Pero, si nos atenemos lo que dicen los capitostes del FMI, la “crisis es global” y comenzará a afectar a unos y otros de manera indefectible.
Otro factor a tener en cuenta es el que nunca debimos olvidar y que estos años de crecimiento no han ido borrando de los análisis. Uno de ellos, entre muchos otros, es la desigual participación en la construcción del precio final que paga el consumidor. Un estudio de un organismo internacional muestra el poder de las transnacionales para reducir las oportunidades a los pequeños productores en los países en desarrollo: “Entre 2004 y 2006 – dice el informe - el gasto global de alimentos creció un 16 %: de U$$ 5.5 millardos a 6.4. En el mismo período las ventas de los insumos agrícolas creció 8%, la de procesadores de alimentos un 13% y las de los principales distribuidores finales crecieron un exorbitante 40%.”
Por supuesto que en estas afirmaciones no hay nada nuevo que no supiéramos y que manejáramos por muchos años, cuando la lucha política era más confrontativa, se profundizaba de otra manera la incidencia del poder económico internacional, de los grandes negocios de los países industrializados que siempre juegan contra los intereses de los pueblos productores de materias primas que no han sabido o podido, por décadas, tener industrias verticales, transformadoras de su propia riqueza, que les sirvieran para aumentar el trabajo (mano de obra) y, por supuesto, el bienestar.
El caso de Dancotex, para manejar un caso ocurrido hace pocas horas, es significativo: una empresa “de punta” productora de productos textiles de alta calidad se vio contreñida en sus planes de optimización por incomprensiones, visiones de un pragmatismo perimido sobre el lugar del empresario, los trabajadores y el Estado, y quienes debieron intervenir en su momento para poner las cosas en su lugar prefirieron no hacer nada y ahora, por supuesto, cuando se perdió todo y se destruyó toda ese potencial de riqueza, llegó el momento de responsabilizar al empresario, sin duda con errores propios, pero también a merced de fuerzas que actuaron con visiones confusas sobre las necesidades del país y el papel de una empresa de ese volumen en el desarrollo nacional.
Lo de la industria textil es de una gravedad que quizás no se aquilate en toda su magnitud, porque es un tipo de empresa que podría explotar directamente la materia prima nacional, transformándola, siempre y cuanto hubieran mecanismos que la hicieran competitiva, tanto en lo interno como en lo externo, quizás imponiéndose por la calidad de sus productos, sin olvidarnos que hoy la industria china produce a una escala que abarata sus costos de forma insólita.
Ahora el combate del gobierno se centrará, al igual que en otros países de la región, en tratar de contener el flagelo inflacionario fogoneado, sin ninguna duda, por la crisis del dólar a lo que se suma la necesidad de los exportadores de “hacer diferencias” para evitar entrar en una espiral que los llevaría, por carencia de competitividad, a la parálisis. El camino que emprendería el Ministerio de Economía tendría dos aspectos: la utilización de subsidios a algunos alimentos de la canasta básica y sosteniendo la cotización del billete verde, esperando que su crisis comience a revertirse, con compras masivas por parte del Banco Central.
Esperemos que el mecanismo funcione, que se pueda mantener la inflación en los parámetros estipulados y se aventen bien lejos las tesis de algunos analistas de visiones estrechas e interesados en las “pequeñas ganancias”, que siguen afirmando que la demanda interna es uno de los ingredientes del proceso de suba de los precios. Y ello por una razón elemental, porque “el objetivo de la sociedad debe ser el progreso de la gente, no el progreso de las cosas” Además, porque el objetivo de este gobierno frenteamplista está en la redistribución de la riqueza, no en mantener un statu quo rígido, que a esta altura, sería incalificable.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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