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La Coctelera

Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

16 Mayo 2008

El conservadurismo uruguayo

Un país que crece pero que no entiende que lo está haciendo

Hay elementos que muestran, con total claridad, algunas determinantes de nuestra sociedad, que más allá de los innegables avances económicos, de notables logros como los que cualquiera puede advertir en el puerto de Montevideo y en algunos sectores más de nuestra economía, como la evidente inversión extranjera en el rubro agro industrial, aparecen como los síntomas más perniciosos de una sociedad que vive una enfermedad paralizante.

Podríamos sumar y sumar elementos positivos que se han ido dando a través de la favorable coyuntura internacional y, ¿cómo no reconocerlo?, de un mejoría objetiva en la distribución del ingreso que de manera indiscutible ha provocado una mejoría en la calidad de vida a nivel general. Hay índices fehacientes que así lo indican.
Esa política de crecimiento del ingreso, en base a los consejos de salario y otros arbitrios que han jugado en la misma dirección como la ayuda social para los sectores más desamparados determinó claramente una mejora singular del consumo y puso en marcha a la industria nacional, que en la crisis del 2002, llegó a límites de una subsistencia nada más que virtual.
Sin embargo todo el esfuerzo hecho por el gobierno sigue chocando contra una sociedad paralizada por una estructura que nos parece profundamente conservadora, con temas que por años no se solucionan e ingresan ya – si el propio gobierno de una vez por todas no toma cartas en el asunto - en un anecdotario que más serviría para los comentarios humorísticos que para los análisis políticos.
Uno de ellos es el conflicto permanente en la enseñanza, en donde – obviamente – las razones le asisten a todos, porque los problemas salariales de los maestros y profesores persisten y ni hablar de la situación edilicia del conglomerado de institutos oficiales, muchos en estado prácticamente ruinoso, con niveles de deterioro y obsolescencia que se extienden por años. Es que esto escribe no hace mucho tiempo tuvo la oportunidad de visitar la escuela pública a la que cursó la enseñanza primaria hace muchos años. Los recuerdos al ingresar al recinto se multiplicaron en minutos, porque lo que encontramos allí no difería en nada a lo que estaba estampado en nuestra mente, con una diferencia. Hoy la vieja casona en Sayago estaba más vetusta, pero los bancos, la sillas nos parecieron las mismas de hace 50 años. Por allí pasaron miles y miles de alumnos, quizás también una cantidad apreciada de maestros, pero nunca las autoridades pudieron modificar una estructura que se mantiene igual a la del pasado aunque las necesidades de todo tipo hoy deben ser muy otras.
Y ni hablar con el edificio del viejo IAVA, que ahora es el centro de un reciclaje. Sin embargo por años el notable edificio, una joya arquitectónica que de estar en una ciudad del primer mundo sería mantenido en regla, se fue destruyendo por ese “no-hacer” tan uruguayo, llegando a un deterioro atroz. ¿Y si hablamos de lo ocurrido en la Biblioteca Nacional?, en donde se han tenido que reciclar baños en donde las aguas servidas estancadas hacían imposible la labor de lectura en la sala central. Pero el problema de los baños no es reciente: su director explicó que existe hace más de veinte años.
¿Qué podemos decir sobre la construcción del edificio del SODRE? A esta altura nada más que pensar en los síntomas de la parálisis uruguaya. Nos esperanza la promesa del presidente Vázquez al respecto del SODRE, pero la verdad es que no vemos en el lugar que ninguna empresa haga avanzar las obras, por lo que tememos que las buenas intenciones, como las de muchos mandatarios, queden estancadas en el mar de burocracia, porque parecería que los organismos de irradiación cultural no son tan importantes como otros. ¡Qué diferencia con lo que ocurre en el puerto de Montevideo en donde los planes se llevan a cabo y se ejecutan con una progresión que, a ojos uruguayos, es verdaderamente espectacular!
Todo esto para desembocar en un tema paradigmático, que nos parece demostrativo de otro aspecto de esa enfermedad, que es la parálisis política que se verifica en el tema de las patentes de los vehículos. El ridículo que sigue haciendo el Congreso de Intendentes cada poco tiempo cuando continúa sin ponerse de acuerdo en el tema, en donde los 19 “lores mayores” del país siguen encarnizadamente luchando por sus chacritas, cuando la solución para el problema está al alcance de la mano, con un sistema probado en su bondad por su aplicación en muchos países, que determinaría que el usuario pagara el gravamen con un plus adicionado el combustible. ¿Por qué no hay acuerdo al respecto? Seguramente porque algunas intendencias temen ver reducidos sus ingresos porque los uruguayos viajamos mucho y, por ejemplo, en un fin de semana, miles de automovilistas cargarían sus tanques de combustible en departamentos de la zona este, etc.
Por otra parte – obviamente – para aplicar el gravamen de esa manera es necesario homogeneizar el tributo, lo que parecería una decisión difícil para algunas intendencias que – por su peso burocrático – necesitan cuantiosos ingresos que castigan, entre otros, a quienes tienen un vehículo. Entonces los intendentes, en su desacuerdo crónico que también se extiende a décadas prefieren amenazar con “rayos y centallas” a los usuarios, quienes impulsados por lo que es “la lógica del sistema” cometieron el “pecado mortal” de empadronar sus vehículos donde los costos de la patente son menores.
Este es un tema en que el gobierno debiera intervenir para ahuyentar a los que quieren victimizar a los inocentes, que son los que pagan las patentes, enviando un mensaje al Parlamento para abrir la mente de quienes la tienen contagiosamente obturada desde hace décadas. Obviamente buscando un sistema justo, adecuado y moderno que sirva a todos, aunque algunos deban ajustar los gravámenes a la baja y otros -¿por que no?- en alza, para que el sistema sea de estricta justicia en todo el país. Si el asunto queda en manos de las intendencias y particularmente de los intendentes estaremos una o dos décadas más escuchando amenazas en contra automovilistas, asegurándose en el desiderátum de la ridiculez, que se le solicitará a quienes manejan, para circular, una constancia notarial de residencia, además de recibos de antel, ute, etc. Y viviremos cada poco tiempo con pujos fiscalizadores en contra los “pecadores”, que serán excomulgados, quemados en un infierno económico en base al que le cobrarán como multa una tasa de circulación y, al parecer también, el valor de una patente de rodado.
Podemos tomarnos el trabajo de leer los diarios de varios años (no recomiendo hacerlo en la Biblioteca Nacional hasta que finalicen las obras de los baños), y cualquier lector de Bitácora podrá seguir detalladamente los tiras y aflojes de esa ridícula polémica que, además, muestra como en el Uruguay uno de los elementos que más se utilizan es la saliva y pocas veces (hablamos especialmente de los intendentes) llegan a un acuerdo en algo. ¿Qué diríamos de establecer un registro nacional de infractores a las leyes de tránsito, o de homogeneizar las exigencias para la expedición de los permisos para conducir?
Por supuesto que todo acuerdo exige concesiones, muchas de ellas trabajosas y difíciles. Pero, ¿veinte años no es un plazo suficiente para solucionar un tema tan acuciante como el de las patentes de rodado?
Entonces, más allá de que este trabajo es producto de un análisis “al correr de la pluma”, es el reflejo claro de lo que parte de la sociedad percibe sobre un país que, pese a su positiva coyuntura actual, sigue sin quebrar el espinazo de uno de sus vicios más acendrados: el conservadurismo más sorprendente. Si no hablamos de él – auque sea “al correr de esa pluma” no se contribuirá a que superemos una parálisis que en ocasiones nos parece aterradora de la que podríamos, obviamente, manejar infinidad de otros ejemplos.
Y los muchachos se seguirán yendo.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

nestor

nestor dijo

Pero será posible, que se sigan usando rios de tinta y siempre la culpa la tiene el otro, que educación de responsabilidad(habilidad para responder y hacer) han tenido los uruguayos, con que espejos se han reflejado, como alguien dijo la culpa es del espejo, y, si, los muchachos se seguirán yendo y si lo dejamos para mañana........
vitriolo

30 Junio 2008 | 11:38 PM

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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