Algunos problemas que aparecen con el crecimiento
Si me permiten los que están envueltos en la bandera
es la esfera del capitalismo neoliberal. La esfera
de ese capitalismo es la mercantil,
la de transformar todo en mercancía…”
Emir Sader
Decía Edgar Morin (1) que no deberíamos ser solo pasajeros en un Titanic que navega a ciegas y sin radar, sino, intentando cambiar en el desarrollo, “ser sujetos de la aventura humana”. Una afirmación que podríamos internalizar todos quienes tratamos de incidir durante años de esfuerzo y militancia, (aunque la nuestra no fue siempre pegando afiches ni haciendo pintadas, sino ocupando papeles con letras que algunos consideran solo “dignos” para otra cosa) en el camino que llevó al Frente Amplio al gobierno.
Esto lo decimos porque el esfuerzo debe seguir. El haber logrado un gobierno popular no es todo el objetivo, hay que continuar avanzando por etapas para mejorar la sociedad y hacer del Uruguay un lugar digno para que todos sus hijos puedan vivir dentro de contingencias que les posibiliten el desarrollo, la prosperidad y de paso – en una etapa más avanzada- la felicidad como sociedad moderna y avanzada.
En este planteo, por supuesto que aparece (releyéndolo no lo puedo dejar reseñar), un atisbo de mi formación marxista, de aquel lirismo revolucionario que hizo sufrir a tantos, culpables e inocentes, dejando por el camino en girones la democracia uruguaya que era un logro que todos debimos defender hasta con nuestra vida. Pero en el momento oportuno los hechos nos superaron y muchos compañeros de ruta, los que propugnaban que lo “peor era lo mejor”, nos descolocaron políticamente.
En el hoy, en el momento en que se están comenzando a tensar las cosas, la mediocre lucha por los “lugares” se hace a “brazo partido”, apareciendo la “benditas” encuestas como reinas de la acción de unos y otros, sin que las mismas tengan otra importancia (cuando son serias y responsables y no falsas o manejadas) que ser fotografías del momento de la realización del muestreo en el marco de una opinión pública cambiante.
Esas encuestas ayudan pero por las malas costumbres de las mediatizadas dirigencias políticas, hacen malgastar fuerzas, movilizar militancia, tratando de modificar perfiles de opinión, cuando lo que valen son los hechos y nada más que los hechos.
Porque los logros que se han tenido con alguna de las medidas del gobierno, que la gente vive y disfruta están internalizados ya en la vida cotidiana, por lo cual es casi “llover sobre mojado” insistir explicitando los mismo, dejando en el tintero los escollos que nos obligan a torcer rumbos, aunque algunos parados en el fanatismo sigan sosteniendo que el juego dialectico dentro de la causa del pueblo es como “poner palos en la rueda”. Son los hinchas que envueltos en la bandera tricolor y con las mejillas coloreadas mimetizando su piel a una lucha con objetivos desdibujados, no advierten que pueden ser pasajeros de segunda clase en ese Titanic, acercándose peligrosamente a un mar de sargazo burocrático que todo lo hace más lento, trabajoso y si se hunden, luego de rozar el iceberg en la niebla, pueden encontrar todas las salidas bloqueadas.
En ese rumbo, para revertir a las encuestas, es injusto y profundamente desgastante, que se siga “sobre utilizando” al doctor Tabaré Vázquez, que mantiene intacta su comunicación con la gente, como casi único mecanismo para trasmitir los logros de este gobierno, como si ello fuera necesario, distrayéndole de su fundamental actividad, que es la de gobernar lo mejor posible estos dos difíciles años. Que allí sí está la mejor respuesta para que el rumbo sea el indicado y saber que se llegará a puerto con felicidad.
Todo es “Tabaré”. Cuando se maneja públicamente una posible fórmula, potable o no para la generalidad de la gente, con posibilidad de triunfo o de derrota, lo que primero se dice para logar un supuesto aval para la misma que “la que propone Tabaré”. Se afirma que Astori es el delfín de Tabaré, quién no ha dicho nada sobre el tema. Claro, cuando al Presidente se le pregunta ante un mar de micrófonos y cámaras, responde lo obvio, elípticamente contesta que tal “candidato” tiene condiciones para serlo.
¿Qué puede hacer el Presidente ante esos micrófonos, grabadores y cámaras? Decir lo contrario sería defenestrar políticamente a un secretario de Estado, rompiendo quizás la solidez del actual gobierno. Sin embargo el tema sigue en los pasillos y pasa a los titulares, aunque en la calle las preocupaciones sean otras, distintas, que son las que está enfrentando el gobierno con éxitos desiguales, pero en todos los casos buscando soluciones tendiendo a que sean definitivas. Ello no lo podemos negar.
El producto interno bruto del país (PBI) está creciendo año a año, en conjunto con el de los demás países productores de materias primas (commodities) Un crecimiento de la riqueza que sin duda debería provocar exultantes reacciones pero que no ocurren porque, al persistir problemas en la distribución de ese ingreso, hay mucha gente que no puede superar apreturas y angustias (sensación térmica, ¿quizás?) de que paulatinamente “no llegará a fin de mes”. Es que desde el gobierno se tiene una visión del poder de compra de los sectores medios que es más optimista a la real. La mayoría está al borde del colapso y la política de los traspasos de recursos horizontal, de un sector a otro, vía impuestos (una sui generis forma de redistribuir dentro de la misma clase, igualando para abajo), parece que no es de recibo de la opinión pública.
El politólogo Emir Sader (2) , en el “Ágora” organizada por el diario LA REPÚBLICA con motivo de su 20° Aniversario, puso a su manera el dedo en la llaga de la polémica que debemos plantearnos los uruguayos, metidos en un desarrollo sostenido y que todavía no comprendemos en toda su cabalidad. Sostuvo la necesidad de una moderna lucha contra el neoliberalismo, ya agonizante, y que es necesario “desmercantilizar”, o sea sacar algo de la esfera del mercado y ponerlo en la esfera de los derechos.
Los clásicos en danza
Pero además, nos preguntamos con Iván Illich (3), para que no digan que despreciamos a los “clásicos”, si alguien se ha planteado en los tantos grupos de discusión que gastan horas de reflexión, ¿cuál es la temática incluida en los temas del desarrollo? El teórico que citamos observaba que en los países en desarrollo económico acelerado, existe también una disminución del sentido de la responsabilidad personal, además de otras falencias a tener en cuenta como “la polución urbana, la burocratización de las actividades, la híper especialización de la medicina, que olvida a las personas, sus defectos y afectos, y enfermedades de la vida cotidiana, pero fundamentalmente el alejamiento de funcionarios de los gobiernos de una visión aggiornada de los problemas de la gente”.
Al respecto, si se nos permite una digresión al margen; el miércoles tuvimos una visión de las dos caras del problema que nos aflige y que nos seguirá afectando porque no existe claridad de cómo combatir una realidad brutal, peor que la más dañina droga, el burocratismo.
Fuimos a visitar al compañero Miguel Flores, un entrañable amigo periodista, que se repone gracias a su lucha y al trabajo de los médicos de un hospital de Salud Pública, el Pasteur. Miguel está internado en el CTI de dicha institución, bien atendido. Pero, no se imagina el lector cual es la visión que persona no vinculada habitualmente vinculada a esos niveles de la salud, la fuerza que significa el golpe con la realidad que tiene alguien que no haya visitado casi nunca antes un hospital público.
Paredes con revoques caídos, escaleras en estado calamitoso, vetustez en todo, pese a que se nota que el edificio está en obra buscándose lo que a esta altura nos parece un poco posible aggiornamiento.
La alegría de haber encontrado bastante bien al amigo, dentro de su gravedad, no me hizo superar la impresión que me causó la visión de aquel dantesco edificio destinado por este país a que se atienden los que están afiliados a ASSE, quizás “los más pobres”. Todavía no me he podido sacar de adentro esa visión y el contraste que sufrí al ver, unas horas antes, los mármoles, los lujos orientales que tapizan los interiores y los exteriores del edificio central del Banco de Seguros, o la belleza arquitectónica y los “chiches” electrónicos con que funcionan los servicios en el edificio de las Comunicaciones de ANTEL. Y podríamos seguir.
Ese es el Uruguay real, el que hay que cambiar, para lo que se ha luchado desde hace tanto tiempo, el que se debe cambiar hasta desde las raíces, pero que todavía está allí, presente, golpeándome con violencia de “apercaut” a la mandíbula, desde un mundo que conocemos solo en ocasiones, pero que debiéramos ver más a menudo. Es el mundo asignado a cientos de miles de uruguayos, los más pobres, el que sigue estando presente pese al crecimiento sostenido que marcan los cómputos…
El desarrollo es necesario y bienvenido, es una carta de presentación insuperable para un gobierno que sabe aprovechar las oportunidades que el mundo en estos momentos nos está proveyendo, con un viento a favor que, pese a la crisis que comenzó en EEUU y se extiende por Europa, sigue haciéndonos navegar en un buen derrotero hacia un puerto que parece seguro. Seguro, siempre y cuanto la ola que se levante ante un posible cataclismo de la totalidad del sistema, no tienda a ahogarnos.
Pienso (si me permiten que lo haga quienes están envueltos en la bandera) que la incapacidad profunda de algunos tipos de desarrollo es estar basados únicamente en la cuantificación y el cálculo, considerando al bienestar humano únicamente en términos cuantitativos y monetizados, midiéndolo estadísticamente. No ven o no se han tenido en cuenta los problemas de la calidad de vida, del hombre de carne y hueso, que escapa de la cuantificación técnica. Pero, no somos tan idealistas ingenuos como para sostener que esa mejor calidad de vida no está basada en el cuantificable aumento de la riqueza.
Por ello el necesario objetivo de crecimiento debe estar acompañado por políticas que midan y resuelvan las problemáticas viejas y nuevas que comienzan a vivirse dentro de los nuevos marcos ampliados por ese crecimiento, que es una alternativa que el país no conoció por décadas. Por ello, es bien claro, que mientras consideramos la totalidad del problema a resolver, se debe de igualar para arriba y que las dependencias de Salud Pública sean dignos lugares de asistencia y no lamentables estampas de las políticas erradas durante años, que ahora se están modificando, pero que todavía persisten mostrando sus brutales contrastes.
1) Edgar Morín: Filósofo y político francés de origen judeo-español (sefardí), nacido en París el 8 de julio de 1921, su nombre anterior era Edgar Nahum. 2) Emir Sader: Doctor en ciencias políticas y filosofía, fue presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología y profesor de la Universidad de Río de Janeiro. Además es periodista. (Participante del “Agora” organizada por LA REPÚBLICA) 3) Ivan Illich (Viena, 4 de septiembre de 1926 - Bremen, 2 de diciembre de 2002), pensador austríaco polifacético y polémico.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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