Hospital de Ojos: magnífica realización que se debate entre el sectarismo y el corporativismo

¡Basta de enfrentamientos corporativos y de sanciones disciplinarias por faltas infundadas! Quién escribe esta columna, en otras tareas periodísticas anteriores, había advertido que no era fácil imponer a ningún grupo humano, de alto nivel profesional, la presencia de otros profesionales extranjeros que vienen a ocupar lugares que a los uruguayos les cuesta acceder. Cuando en una columna del diario LA REPÚBLICA alerté sobre la operación “Milagro”, la describí en base a la escasa información que pude extraer del hermetismo oficial, debí pagar un alto precio personal, con “tirones de orejas”, desmentidos, versiones contrapuestas, etc. Un feo escenario para un periodista que adelantaba desde la columna a su cargo una información que era, sin duda, el prolegómeno de otra trascendente: la creación del “Hospital de ojos”.
Por supuesto que en aquel momento hice un alto en el caudal informativo, sabiendo que el tema había sido advertido, como erosionante, porque era zanjado y manejado entre “gallos y media noches”.
Entonces comenzamos a conocer también los temas ocultos, las mentiras, las medias verdades y las verdades completas. Entre estas últimas la gran cantidad de enfermos de cataratas y otros males visuales que son operables, que en nuestro país no tenían atención. Pero, ¿por qué? Y allí comenzaron las falsedades y las medias verdades. En los hospitales del Estado se operaban a algunos enfermos con “cuentagotas”, en el Clínicas siempre que el Club de Leones proveyera de las lentillas y algunos otros elementos imprescindibles para el trabajo quirúrgico. En las mutualistas las operaciones, por la decisión de estas mismas, no era para nada prioritaria y los enfermos pasaban meses o años esperando ser llamados para solucionar un problema de cataratas.
Entonces comenzaron los entreveros justificativos. Se acusó al barrer a los oftalmólogos de no querer operar, porque su "gran negocio" estaba en que los enfermos emigraran y pagaran entre mil y tres mil dólares por ojo en una clínica privada. Una acusación al barrer que englobaba a todos los especialistas, inclusive a los de los hospitales públicos, a los de las mutualistas, cuando los propietarios de las clínicas privadas son contados con los dedos de las manos y acceden a ellas solo quienes pueden disponer de las abultadas sumas.
Se hizo una mezcolanza propia de un puchero, se enfiló contra la generalidad de los médicos y nada se dijo de una política de salud que había estado de espaldas, por años, a la cirugía de ojos, ni de la falta de respuesta del sistema mutual a este tipo de enfermedad. Solo se habló del corporativismo médico, de los oftalmólogos (en general), englobando en la diatriba despectiva de “médicos ricos”, no solo a los dueños de las clínicas, que por la falta de una adecuada política, realmente lucraron durante años, juntando en la mezcolanza a los demás oftalmólogos, que no tienen nada que ver con el deformado sistema anterior, en que ni el Estado ni las mutualistas operaban, entreverando todo en un menjunje lamentable, poco claro, que creó divisiones artificiales.
La operación “Milagro”, en que se llevaron a miles de pacientes a operarse en Cuba se debió armar sobre ese escándalo que mostró falta de manejo político, y por parte de la sociedad de oftalmología, una defensa sectaria, poco clara, con personajes al frente del gremio profesional parados en intereses dobles. (Qué lo entienda quién lo quiera entender)
La verdad es que en Cuba se operaron pacientes que aquí nunca habrían podido concurrir a una clínica privada, ni recibir en un hospital del Estado se les diera quirófano, para una intervención que era mirada por encima del hombro, despreciativamente.
Y en el Uruguay el escándalo seguía creciendo en un estéril enfrentamiento que se hubiera resuelto si se hubieran arbitrados los medios en los hospitales públicos para esas operaciones, y se “apretaba” a las mutualistas para que rompieran su modorra.
En ese nivel de “escandalete” mediático, con invocaciones políticas de por medio, de un mal entendido “internacionalismo solidario”, se comenzó a crear lo que es una necesidad nacional, que hoy ya está en funcionamiento: el Hospital de Ojos.
Pero como siguieron sin explicarse bien las cosas, se manejó la política de los hechos y no del convencimiento, el referido hospital que tiene un equipamiento de última generación, comenzó a ser manejado en los mismos términos que la operación “Milagro”. Oponiendo a los cirujanos cubanos, que llegaban al país para dar el “punta de pie” inicial al emprendimiento, con los oftalmólogos uruguayos que se inscribieron en el llamado a concurso y ganaron, en buena ley, sus lugares. De nuevo apareció el sectarismo de un lado y el corporativismo del otro, choques absurdos, que si se hubiera canalizado todo en forma medianamente civilizada, sin anteojeras políticas, se podría haber evitado.
Por esa situación, tan “irregular” fue que los cirujanos que operaron a los pacientes fueron siempre los cubanos. Nadie reparó en que esa debe ser una actividad reglada por normas académicas estrictas y cuando ya iban como mil pacientes pasados por el quirófano, se conocieron las tardías dudas de la Comisión Evaluadora de la Facultad de Medicina, que encuentra en los currículum de los médicos visitantes falencias, o no comprenden un léxico no muy académico para probar los estudios que los habilitaban a la tarea, que en los práctico cumplen con total solvencia. Pero aquí un paréntesis: los especialistas cubanos no están al tanto de la utilización de algunas de las técnicas que les permite el moderno equipamiento del Hospital de Ojos, pero que si es conocido por la mayoría de los uruguayos.
El decreto del Poder Ejecutivo, permitiendo que los cubanos ejerzan, era una necesidad para aclarar el rumbo en un camino que se internaba en una noche llena de niebla. Pero un mecanismo que no puede repetirse, para lo que deberán tomarse las providencias del caso, porque en estos temas es el conocimiento el que vale y no la necesidad política. Nada que ver con algunas situaciones planteadas, como quién estudia conducción en una Academia, pero finalmente debe ser aceptado por una Intendencia.
O sea que en el nuevo Hospital hay maquinaria moderna ociosa, que no cumple ninguna tarea, por esa incomprensión, por ese manejo equivocado que en lugar de un trabajo mancomunado, solidario, logró una separación abrupta entre unos y otros. ¿Cómo se puede entender que la dirección del Hospital de Ojos adopte medidas disciplinarias contra los médicos uruguayos que reclaman las condiciones de asepsia, las mismas que son las habituales en todos los nosocomios serios del país? ¿Qué haya una evidente mala voluntad de parte de las autoridades para llegar a acuerdos de horarios de trabajo, u otorgar quirófanos a los especialistas uruguayos? ¿Por qué se supone que son enemigos de la política que creó el Hospital de Ojos, quienes buscan condiciones adecuadas en su trabajo?
Ahora hay que poner un punto final a este conflicto artificial. Lo que importan son los enfermos, que deben ser atendidos por los especialistas capacitados, sean cubanos mientras dure su misión, y por los uruguayos que bien conocen su profesión. Bajar la pelota al piso, llegar a acuerdos, adoptar las medidas administrativas adecuadas para que se cumplan todas y cada una de las condiciones de asepsia, y que todo el plantel de médicos de ese nuevo Hospital, que podría ser mostrado como un logro magnífico de esta administración, trabaje en las mejores condiciones para cumplir una función que cuando se encause será inestimable para nuestra sanidad pública.
Y, por favor, que no se continuen con campañas que tienden a desprestigiar la profesión médica ante los ojos de la población. ¡Hacerlo es un absurdo contrario a los intereses de todos!




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


GeoBitácoras:



sherlock dijo
hola scherlock, ¿ya tomaste tu vasito de vinagre y te quedaste mirándote frente al espejo un rato largo? Te imagino diciendo, qué lindo soy y que clara la tengo.
preguntale a los pobres que no tenían algunos miles de dólares para pagarse su operación, y tuvieron limitaciones graves de visión graves durante años qué opinan de tus comentarios.
scherlock, scherlock, ¡que feo es llegar a vejete y cosechar lo que se sembró en tantos años!
7 Junio 2008 | 01:56 PM