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Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

21 Junio 2008

FÚTBOL PERPETUO

En Suiza y Austria comenzó, el 7 de junio, la Eurocopa

por Ignacio Ramonet
Director de Le Monde diplomatique, España.

Es un mes futbolero. Se enfrentan 16 selecciones nacionales, en 31 partidos, hasta la final del 29 en Viena, en el remozado Ernst Happel (antiguo Estadio Prater, usado durante la Segunda Guerra Mundial como campo de detención de judíos austríacos...). Para el autor, el fútbol es una metáfora de la condición humana. Con más perdedores que ganadores.

Austria espera la llegada de entre 1,5 y 2 millones de visitantes. ¡Un incremento del 25% de su población! Poca cosa sin embargo, comparado con los quince mil millones de telespectadores que verán la competición en sus televisores (1). Esa colosal masa de consumidores constituye el Eldorado que muchos codician. El fútbol se ha convertido en un espectáculo de pantalla. Pertenece menos al mundo del esfuerzo físico que a la esfera de la cultura de masas. Sus estrellas son las personalidades mediáticas más universales. En el reciente Festival de Cannes, el “futbolista del siglo” Diego Maradona –a quien el cineasta Emir Kusturica ha consagrado un documental– ha sido el “divo” más aplaudido.
Y Ken Loach, uno de los más prestigiosos directores cinematográficos (ganó en Cannes la Palma de oro en 2006 con El Viento que agita la cebada), está realizando, con otro jugador mítico, Eric Cantona, una película sobre los hinchas del Manchester United, vencedor de la última Liga de Campeones.
El fútbol es más que un deporte. Como dicen los sociólogos, es un “hecho social total”. Traduce la complejidad de una época. Seduce por sus reglas sencillas. Por su combinación de talentos individuales y de esfuerzo colectivo. Es una metáfora de la condición humana. Con más perdedores que ganadores. Donde no todo es épica. Los más afanosos, como en la vida, no siempre ven sus esfuerzos recompensados. Hay reveses de fortuna, fullerías, injusticias. A menudo también malos tragos y desesperación.
Asimismo, es una alegoría de la guerra (o de la lucha por la vida). Su terminología lo delata: “atacar”, “defender”, “disparar”, “contratacar”, “resistir”, “fusilar”, “matar”, “vencer”, “derrotar”. Ver un partido puede provocar ansiedad, estrés... y hasta infartos (2).
Es también el deporte político por antonomasia. Se sitúa en la confluencia de cuestiones contemporáneas como la pertenencia, la identidad, la condición social, e incluso –por su carácter victimario y místico– la religión. Con sus graderíos abarrotados, los estadios se prestan a los ceremoniales nacionalistas y a los rituales identitarios o tribales que desembocan a veces en enfrentamientos entre seguidores fanatizados.
Algunos califican al fútbol de “plaga emocional” o de “peste delirante”. Otros siguen considerando que es el deporte-espectáculo más fascinante. Aunque no ignoran sus lacras que la globalización ha agravado. Porque ésta enardece la pasión por el dinero y valoriza sobre todo los aspectos económicos.

El negocio

A propósito de la Eurocopa, los patrocinadores (bebidas, ropa deportiva, automóviles, etc.) han pagado más de 400 millones de euros. Y los derechos de difusión por televisión y telefonía móvil, adquiridos por 170 países, se han vendido por más de mil millones de euros. La FIFA dispone de un presupuesto superior al de un país como Francia, y espolea el proceso de liberalización económica del fútbol.
Adidas, Nike, Puma y Umbro inundan el planeta con sus mercancías fetiche: botas, camisetas, balones, fabricados en las zonas más empobrecidas del mundo, por obreros sobreexplotados, y vendidos a precio de oro en los países ricos. Una camiseta deportiva, que cuesta en España unos 75 euros, equivale a tres meses de sueldo de un niño trabajador de la India. El fútbol deja ver así las contradicciones y las explotaciones que singularizan a la globalización, y sus desigualdades más manifiestas.
Algunos equipos se cotizan ahora en Bolsa como cualquier valor. De modo que lo que está en juego en ciertos partidos, sin que lo sepan los aficionados ni los futbolistas, es el alza o la baja del precio de la acción del equipo-empresa. Por ambición de lucro, muchos millonarios invierten en clubes de fútbol. Sobre todo de la Liga inglesa. El más conocido es el ruso Roman Abramovich –el ciudadano de menos de 40 años más rico del mundo (13,7 mil millones de euros)–, propietario del Chelsea. O el multimillonario estadounidense Malcolm Glazer comprador, por más de mil millones de euros, del Manchester United. O el también ruso, Alexandre Gaydamak, de 32 años, dueño del Portsmouth, ganador, en mayo pasado, de la Copa de Inglaterra. El objetivo de estos inversores es el de aumentar al máximo la rentabilidad. Imitando el modelo del capitalismo deportivo estadounidense.
Resultado de esta globalización del fútbol inglés (que quieren imitar las demás Ligas europeas): los equipos británicos acaparan a los grandes jugadores. En el Mundial de Alemania 2006, la Liga inglesa aportó el mayor número de seleccionados internacionales (14%). Y los clubes ingleses han dominado este año la Liga de Campeones. Revés de la medalla: algunos de los conjuntos más célebres, como el Arsenal, no alinean a ningún jugador inglés. Peor aún, el equipo nacional de Inglaterra no consiguió ni siquiera clasificarse para la fase final de la Eurocopa.
El mercado, el dinero y la ausencia de escrúpulos están imponiendo en el fútbol la ley del más rico. Aunque –por un mes– la Eurocopa haga ilusión, el patriotismo de las marcas privadas se está imponiendo. Así lo determina la tiranía del mercado.
A veces se califica de “opio del pueblo” a la religión para subrayar su función alienante y su vocación de distraer a la gente de la explotación a la que es sometida. El fútbol tiene hoy idéntica función. Por eso la globalización quisiera condenarnos, en cierto modo, a fútbol perpetuo. Para domesticarnos. Para que nunca despertemos de la nueva enajenación. ¿Hasta cuándo?

1 En audiencia acumulada.
2 “Prueban que el fanatismo en el fútbol aumenta el riesgo cardíaco”, Clarín, 19-6-08.

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Manya auténtico

Manya auténtico dijo

El fútbol no es el opio de nada, sino la alegría. Si ese tipo no fuera francés, seguro que era hincha de los bolsos.

22 Junio 2008 | 12:03 AM

Enrique

Enrique dijo

La posición de Ramones es la de un intelectual fuera de todo sentimiento popular, porque el fútbol no es como la religión, es simplemente un entretenimiento que le sirve, eso si, a mucha gente, como escapismo de sus problemas de todos los días, se la vida absurda que se vive en este mundo globalizado, en donde se trabaja, se come y se duerme y no mucho más. Por lo menos está la distracción del fútbol, que como el de los gladiadores, es un espectáculo que deja también sus víctimas y que tiene a sus victimarios.
Si prosperara el pensamiento de Ramonet que aburrido sería todo. ¿Qué nos quedaría?

23 Junio 2008 | 10:01 PM

Viva Peñarol

Viva Peñarol dijo

Vieron como se la dimos a Bertolo. Asi se la vamos a dar también a todos los bolsos hijos de puta que quedan en este país. Así que, para el próximo campeonato, a no ir a la cancha para no recibir la salipa que se merecen. Fascistas.

25 Junio 2008 | 10:54 AM

nestor

nestor dijo

Si, la verdad siempre duele, no es para cualquiera entender el artículo siempre el espectáculo de grandes masas se crea para distraer a las mismas,cosa de perogrullo, pero la violencia que engendra esta directamente ligada al espíritu de masa ,cualquiera puede gritarle al juez lo que se le ocurra sin consecuencias, diferente es a uno de la justicia penal o civil, cualquiera sin tener responsabilidad alguna con el partido que se esta jugando,puede opinar sobre como dirigirlo mejor,que lugar en la sociedad se pueden identificar el dueño de la fábrica que se va del estadio en su mercedes con el último de sus empleados que se va colgado del omnibus y con el triunfo del mismo equipo llegar a abrazarse aunque a fin de mes le pague chirolas?
Perogrullo

27 Junio 2008 | 09:06 PM

Anti fanático

Anti fanático dijo

La nota de Ramonet, por hacerme razonar sobre el fútbol, se convirtió en un revulsivo elemento que me deprimió al comprobar toda la razón que tiene. Los fines de semana nos ponemos la camiseta de un equipo, o el gorro, o llenamos nuestro corazón con los colores de ese cuadro, y de nada vale el juego deportivo, el espectáculo. Lo que importa es vencer y a toda costa, con tal fanatismo que no somos objetivos en nada, ni siquiera muchos admitimos los fallos de los jueces, pobres tipos que tienen que lidiar con la más fea y para los hinchas siempre se equivocan.
Obviamente que este campeonato uruguayo, tenía un valor comercial para la empresa de Paco Casal y era importante que lo ganara Peñarol, que ese mundo "aurinegro" se reactivara para que el negocio, en adelante, fuera más próspero. Qué se vendieran más espacios en TV, etc. y más jugadores al exterior. Sin embargo se encontraron con un equipo competitivo, muy inteligentemente dirigido por Da Silva, que les ganó la final que la AUF tuvo en tupé de esconder un miércoles a las 3 de la tarde, viendo que se venía el desastre para los manyas.
Sin embargo al día siguiente el carnaval siguió, aparecieron afiches de Nacional contra Peñarol, como antes habían aparecido de Peñarol contra Nacional, y los fanáticos de los dos clubes siguen juntando bronca para expresar cuando se juegue el "clásico". Las dos "murgas" se enfrentaran un domingo de estos (con el perdón de los carnavaleros) y seguirá el corso de la estupidez y la alienación.
Claro, a Casal, que debe millones de dólares a la DGI, el gobierno le ablandó la mano, no faltaría más, y seguramente se preocupara en que su situación de moroso contumás se comience a revertir en la visión del Hernández y otros tipos, que siempre miden con varas distintas.
Es que el carnaval tiene que seguir. Se acercan las elecciones y hay que hacer olvidar que los precios se han multiplicado muchas veces, aunque obviamente para hacer las mediciones se deben tomar los de la canasta subsidiada.
Es para estar deprimido, ¿o no?

30 Junio 2008 | 01:52 AM

Bolso indignado

Bolso indignado dijo

Al manya que se burla y que le parece bien que una patota haya agredido a Bertolo, debería mandarlo a la ................, pero nosotros los bolsos somos todavía educados. No facinerosos, estúpidos, microcéfalos, como ese tipo. Debe decir que conozco a muchos hinchas de Peñarol que son correctos y pelean por el triunfo de su equipo y sufren cuando las cosas no andan bien. Pero eso tarados, hay que erradicarlos de raiz de todos los estadios.

30 Junio 2008 | 01:57 AM

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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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