La batalla sobre la inseguridad: Tourné y una polémica inútil

La polémica sobre la inseguridad está instalada y lo malo es que ya se politizó. Unos la utilizan para “castigar” al gobierno desde la derecha y otros, para defenderse, sosteniendo el absurdo de que todo es una “sensación térmica” La realidad muestra otra cosa: barrios en que la gente teme salir de noche, donde las bandas de muchachones, adictos a la “pasta base” buscan robar “cualquier cosa” para conseguir lo suficiente para una dosis, y los delincuentes comunes cometan fechorías de todo tipo, llegando incluso a la agresión asesina, sin tener medida en su terror, metidos ellos también en un mundo de fantasía en donde la crueldad es como una “carta de presentación” en su carrera atroz hacia la degradación y la muerte.
Que existe como una especie de quiebre de los límites que antes hacían menos frecuente estas acciones que, sumadas hoy en una sucesión interminable de situaciones, está creando una situación psicológica generalizada de cataclismo de la seguridad, quizá producto de cambios sociales y culturales que no tengan solo que ver con la pobreza.
Porque – como dijo por ahí Pepe Mujica-, siempre existió, pero una sucesión tan espectacular de hechos de violencia en contra la propiedad y las personas es un fenómeno nuevo quizás vinculado con profundos cambios sociales que hay ido rompiendo o borrando los lazos de contención social que existieron en el pasado.
Todo un fenómeno dramático en el país que, evidentemente, se está latino americanizando a pasos agigantados. Por ello, qué difícil es hoy estar en el pellejo de la ministra del Interior, Daisy Tourné, que debe comandar una fuerza policial mal paga, pobremente formada para la función, disconforme, que protesta y, por supuesto, actúa – suponemos - a desgano. Pero, por las razones del artillero (o mejor, dicho establecidas en los lineamientos legales), una fuerza civil que tiene como obligación fundamental hacer observar el imperio de la Ley, en que se incorporan como efectivos, muchas personas provenientes también de la marginación, como último escalón, que ya que no tienen otra salida laboral. Una fuerza que en muchas ocasiones fue tocada por la corrupción – que la ministra está combatiendo con todas sus fuerzas – pero la que campea y reaparece por ser sus integrantes, repetimos, mal pagos y por lo tanto permeables a todo tipo de tentaciones.
Quién esto escribe no cree que bajando las exigencias para el ingreso, se mejore la situación de la Policía en su conjunto, aunque sea más sencillo para el cuerpo sumar efectivos. El camino sería otro, el de formar mejor a los policías y pagarle al conjunto dignamente, para que puedan cumplir su difícil función de custodios de la Ley, con la más ajustada capacidad. Porque, hay que siempre que recordar, que esos agentes públicos tienen el derecho a portar armas y, en ocasiones, hacer uso de ellas. Esa tarea exige tanto a ellos como al cuerpo, un nivel de responsabilidad e inserción en el entramado social que tiene su vinculación con muchos temas, pero fundamentalmente con los reseñados anteriormente.
Pero además de los problemas de la Policía, que tiene dificultades para cumplir con su difícil misión, ya que el delito creció de manera exponencial, existe – en nuestra modesta opinión – una notoria falta de acción de la Justicia, que no tiene instrumentos legales para encausar a los infractores juveniles, por carencia de una legislación adecuada a las actuales circunstancias, viéndose cosas tan absurdas como menores con cientos de “anotaciones” por distintos delitos que siguen cometiéndolos, los que son reporteados en la TV, sin que se puedan tomar medidas para reencauzar su conducta, porque como dicen los propios policías, “entran por una puerta y salen por la otra” de los juzgados.
Claro, el lector se preguntará lo mismo que nosotros: cómo erradicar al menor infractor, aplicar como se debiera la “tolerancia cero”, definición que la ministra cuestiona, pero que nosotros sostenemos, porque la función de la Policía no es otra que la de tener “tolerancia cero” con todas las personas que transgreden las leyes, si quienes deben cumplir con ese extremo no están preparados para ello, ni la Justicia, que es la “que tiene que ver” en definitiva, carece de los instrumentos legales adecuados.
De lo contrario seguiremos viviendo en esta selva absurda, ya cuestionada hoy por la situación de las actuales fuerzas policiales y las carencias de una legislación que abarque las nuevas modalidades delito, lo que hace todo más complejo, en ocasiones frustrantes muchos esfuerzos. Pero, se deben pensar soluciones e ir aplicando medidas de inmediato. Además, como punto final, ocurre otra carencia de características atroces: no existen lugares adecuados para internar a los infractores que permitan una correcta recuperación de quienes delinquen.
Todos conocemos las asignaturas pendientes que existen y una de las principales es la situación carcelaria, sin duda, tremenda, violatoria de convenciones de derechos humanos y además inefectiva para solucionar el problema de la delincuencia: las cárceles han llegado a una situación tan grave que no sirven para cumplir con la función de reeducación y transformación de quienes delinquen en personas útiles para la sociedad. Son exactamente lo que la Constitución les niega como cometido: lugares en que se mortifica a seres humanos, se los deposita burocráticamente para que cumplan con las penas que establezca la justicia y que luego abren sus puertas para hombres y mujeres que salen, sin la reeducación adecuada, sin hábitos de trabajo porque ni siquiera existe masivamente el trabajo tomado como terapia para mejorar a los seres depositados en ellas, etc., reintegrándose el liberado al mismo cuadro social que lo llevó al delito pero llevando sobre si un resentimiento que lo convierte en otro de los seres inadecuados para la convivencia en una sociedad democrática.
A ello sumémosle los problemas del INAU, el organismo específico para el tratamiento de menores infractores, que por infinidad de carencias no puede cumplir tampoco con su tarea específica, lo que también es lamentable. Otra cárcel que no reeduca, sino que se convierte en un foco de resentimiento, aprendizaje del delito y de caída en la drogadicción. Sabemos bien que la ministra Tourné y el director del INAU han quebrado lanzas a favor de mejorar las partidas presupuestales para dar fin a estas problemáticas que, junto con los temas de la energía, deberían estar en los primeros lugares de la atención del gobierno. Sin embargo el drama persiste y se agrava día a día con el incremento, también exponencial, de la población carcelaria.
Un frente en el que se hace más dramática e injusta la discriminación: si uno es autor de delitos económicos, que le han hecho perder millones de dólares al país, logra una situación carcelaria de relativo prtivilegio. Si es, en definitiva, un delincuente que en su antigua denominación se catalogaba como de “cuello duró”, cumplirá su pena de reclusión o la etapa de procesamiento en lugares especiales, con otro tratamiento. Si tiene la injustificable decisión de cometer delitos comunes, de robar “gallinas” como se dice popularmente, irá a dar a uno de los depósitos de seres humanos a los que nos referimos antes.
¿Entonces, qué hacer? Es un tema complejo, plagado de connotaciones y claros y oscuros vinculados con los cambios culturales de una sociedad en donde persistentemente se maneja la pena de muerte como alternativa, y además muchos indican abiertamente que las cárceles deben ser lugares de castigo, verdaderas mazmorras medioevales donde se haga pagar con sufrimiento a quienes cometieron transgresiones.
No en vano en esta sociedad hubo expresiones de apoyo al atroz linchamiento en una cárcel del interior del presunto “entregador” de una menor para que fuera abusada por mayores, que no solo fue asesinado, sino que antes fue objeto de una larga etapa de tortura que culminó hasta con la quemadura de sus genitales. Un acto bárbaro que fue posible gracias a la pasividad de la guardia, que miraba para otro lado mientras se produjeron los hechos.
Las formales etapas de la rendición de cuentan parecen cerradas a cal y canto. El Ministerio de Economía ha pasado raya a su cuenta y sus prioridades, por supuesto, son otras. No se tuvo en cuenta la situación salarial de los policías que está en los cimientos de todo el problema. La batalla de Tourné en tal sentido ha recibido como respuesta la negativa, pese a que se debe reconocer que los sueldos de los policías, dentro de su escualidez, han recibido un incremento significativo. Pero al partirse de una base tan paupérrima, la situación de sub consumo y pobreza es la característica más acuciante entre estos uniformados.
Los grifos presupuestales están cerrados y no habría un peso más para nadie. Por todo ello somos personalmente escépticos: las familias continuarán enrejando sus casas, seguirán prosperando en la sociedad las acciones de “justicia por mano propia” y la calidad de vida del conjunto continuará cayendo. La Policía seguirá, dentro de su modestia, con su personal mal pago, luchando contra la creciente delincuencia cada vez más violenta, azuzada en algunos estamentos por la “pasta base”, esa brutal lacra que parece que no se tiene la intención de erradicar.
Para demostrar de manera algo simplista esta afirmación, anotemos una comprobación final: lo logrado por el país en la lucha contra este flagelo se debe adjudicar esencialmente a la propia Policía. En materia de tratamiento del mal que destruye a los jóvenes, degradándolos hasta la muerte, se ha creando un organismo en que se puede realizar el tratamiento intensivo de esta adicción (internación con cama), de algunas pocas decenas de enfermos. Debemos reconocer, eso sí, que existe una tarea más ajustada buscando soluciones en tratamiento ambulatorios de efectividad, según algunas opiniones, dudosa.
Un ala del viejo Hospital Español se iba dedicar a esa tarea: no sabemos en que está ese proyecto. Ahora, en poco tiempo, se afirma que quedará libre el Edificio Libertad, donde se construiría un hospital de alta complejidad. ¿No podría analizarse si allí no sería el lugar adecuado para poner en marcha este esencial servicio que le devolvería la vida a miles de jóvenes uruguayos? Porque, ¿es verdad o no que el edificio del cercano Hospital Policial está sub utilizado?
Los familiares de los afectados, con desesperación, buscan soluciones que nadie les puede brindar: menos los que solo hacen discursos, afirmando cosas tan banales y poco prácticas, como que la tarea debe ser de la sociedad en su conjunto, o acentúan el papel de los familiares.
Algunos de ellos, las provenientes de grupos que están correctamente constituidos, están dispuestos a cualquier tarea solidaria. Pero la realidad que se les plantea a diario es que no saben lo que hacer cuando los adictos se llevan de sus casas todo lo vendible, hasta los cables enhebrados de electricidad, para tratar de conseguir otra dosis de la maldita droga.
Por eso decimos, como corolario, de toda una situación descripta a vuelo de pájaro, que los ataques de la oposición política a la ministra Tourné son inútiles y mal intencionales. Se debería gastar materia gris en llegar a acuerdos para apoyar salidas que llevaran a solucionar toda la dramática problemática.
De lo contrario, estos fuegos artificiales, lo único que lograrán es un mayor deterioro de una “clase política” que cada día se entierra más en el descrédito. No hemos escuchado a ningún senador cuestionar el regalo que recibirán, que pagaremos todos los uruguayos, de un costoso “Laptop” por cada miembro del cuerpo, un privilegio más que debe sumarse a tantos otros. Es un tema muy menor, pero un símbolo al fin. Recordemos que cualquier legislador recibe por el rubro “compra de diarios” una suma que es casi el doble a la del sueldo actual de un Policía.
Sin embargo el doctor Lacalle y otros que hablan de la inseguridad pública se olvidan de las hondas diferencias culturales que están siendo el caldo de cultivo a toda esa violencia. La ministra Tourné no es responsable de una situación que es de una gravedad inusitada, que tiene vinculación con una honda disgregación social que quizás esté vinculada al desánimo, a la falta de estímulos, a esa injusticia intrínseca que se sigue comprobando a cada vuelta de la esquina. Qué quizás, sea la responsable también del mantenimiento incambiada de la intención de abandonar el país de nuestros jóvenes más ilustrados. Es un tema para sociólogos y sicólogos sociales, que esperemos lo análisen y nos ilustren con sus conclusiones a corto plazo.
Pero la oposición, en una acción que parece concertada, tomó como blanco a la ministra del Interior, tratando de ridiculizarla, sin percibir que con moverle el piso nada conseguirá, más allá del cuestionamiento del funcionario. Que en el caso de Tourné, como dice el dicho popular, es un “hueso duro de roer”, porque responde a los embates con fuerza sorprendente y sin claudicaciones.
La oposición no entiende que por este camino nada gana, que más bien paraliza acciones a las que se debería sumar su contribución proactiva para encontrar soluciones a la problemática, errándole hoy feo a lo importante, pegándole de mala manera solo a lo superficial.
Lo que salta en evidencia de lo que está ocurriendo es que la crítica por la derecha aparece como tan infecunda como epidérmica. Lo que es necesario es un análisis serio, profundo, para reestructurar muchas cosas, para que en el país los zapallos de la injusticia se comiencen a ajustar dentro de un carro que nos debe, obligatoriamente, llevar a todos.
(Publicada en el portal de Montevideo.com)




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


GeoBitácoras:



nestor dijo
Buen artículo, completo a pesar de lo superficial,tema muy complejo este, no olvidemos que en el país mas rico es donde suceden la mayor cantidad de crímenes, pienso al igual que el sociólogo Bauman que toda la estructura social se licuó, no existen las solideces de antaño, el entramado social se rompió y ahora con la globalización se hace mas difícil por no decir casi imposible volver a tejer y también es evidente que quién con sus actitudes desde el máximo poder construyeron este sistema, seguirán aprovechando las inseguridades que el mismo produce, para con el miedo, seguir perpetuandose y ampliando escandalosamente la brecha entre ricos y pobres.Vitriolo
8 Agosto 2008 | 08:13 PM