Si fuera Berlusconi diríamos, xenofobia… pero se trata de Agassi
“Las inversiones en campos y frigoríficos se hace sobre producción instalada. Si bien se suma capital, el mismo viene a explotar lo que hemos levantado los uruguayos con gran esfuerzo y no a crear nueva riqueza”, es el cuestionamiento que realizó un economista de izquierda en una conversación privada referida a la actual política de incorporación de inversiones extranjeras. ¿Entonces?
¿Está de acuerdo con la política de prohibirle a los extranjeros, que no se nacionalicen, la compra de tierras en la franja del litoral?
“Claro”, dijo el hombre, refiriéndose a un manoseado pretérito proyecto de Ley que podría considerar el Parlamento nacional, en el que aparecen algunas ideas tradicionales, que han sido puestas a consideración de la opinión pública en varias oportunidades hasta por importantes personajes de la izquierda.
Un proyecto inspirado en un pensamiento nacionalista a ultranza, de dudosa efectividad que desde el pique colide con la política de apertura al capital privado que lleva adelante el gobierno, impidiéndose – de ser propuesto y aprobado - a los extranjeros comprar tierras en una franja de 50 kilómetros desde el comienzo del Río de la Plata, en su unión con el Uruguay, que va paralela a la frontera del litoral, hasta el Chuy.
Sin duda, esta prohibición de ser aprobada ocasionaría importantes consecuencias de carácter patrimonial para los propietarios de tierras en las zonas comprendidas por la prohibición, que no podrán vender sus propiedades, en una forma especial de confiscación casi con signo xenófobo, que parece cercenar el derecho a la propiedad. Porque lo anunciado hasta hoy sobre estas ideas nada dice del justo resarcimiento que podrían reclamar dichos propietarios ante negocios que caducarían y sobre la desvalorización abrupta de sus bienes por falta de adquirentes con niveles de solvencia, como podrían ser los extranjeros que hoy invierten en el país.
Por lo demás, un proyecto de estas características plantea, como decíamos más adelante, una contradicción flagrante con la política que está llevando adelante el gobierno en general y el Ministerio de Economía en particular, tratando de lograr la inversión extranjera productiva y de su anunció que el país se apresta a recibir 650 millones de dólares de aportes en distintos rubros y emprendimientos.
¿Qué se busca con esta presunta prohibición, que para unos es de puntual oportunidad y otros la califican entre descabellada y absurda? Es difícil saberlo. Pero una de las consecuencias de un proyecto de esas características podría determinar que solo llegaran al país capitales foráneos “golondrina”, los que no se afincan ni multiplican la riqueza, que solo especulan y se retiran con las ganancias recibidas.
Que argentinos o brasileños compren tierras para hacerlas producir, haciendo cambiar el paisaje de deterioro que tenía mayoritariamente el agro uruguayo, en que estaba caducando la esperanza de progreso de la población que lo abandonaba, hacinándose en las zonas más pobres de las ciudades, parecería que no fue valorado en sus justos términos y en lugar de fomentar esa inversión productiva, venga de donde venga, se prefiere el rumbo contrario.
Claro, hoy la producción intensiva en el campo exige poca mano de obra y por lo tanto también plantea cambios profundos en las modalidades de trabajo de la gente, que debe estar preparada para manejar maquinaria agrícola compleja, o cumplir tareas zafrales de alta eficiencia, en una alternativa laboral novedosa que hoy, en la producción agropecuaria, se verifica a lo largo y ancho del mundo y exige renovadas dosis de educación y cultura.
Preguntamos: ¿En qué está perjudicando las tierras para producción agropecuaria la evidente capitalización que le han dado la mayoría de los nuevos compradores o arrendadores, que encuentran en el Uruguay mejores condiciones de comercialización de sus productos que en su propio país, por la inexistencia de retenciones y otras yerbas?
Si bien se puede discrepar, como hacen algunos grupos ecologistas, sobre las extensas plantaciones de eucaliptus o de soya, hay importantes trabajos que muestran la evolución del país en los rubros forestales y de producción de granos, también mayoritariamente basadas en la inversión extranjera, que ha tenido como resultado, entre otras cosas, la realidad de Botnia, cuya planta elaboradora de celulosa produce al máximo de su capacidad, sino también la próxima construcción de la planta de ENCE, otro enclave de capitales extranjeros que, por supuesto, es un imán para la riqueza que poco a poco va acumulándose en nuestro país.
Y, ¿qué es eso de que los propietarios actuales de tierras en la zona que comprendería la referida Ley, de aprobarse la misma, tendrían no solo que afincarse en el Uruguay, sino gestionar la ciudadanía uruguaya? Es el absurdo sectario, cuasi xenófobo, más gigantesco que hemos leído en un presunto proyecto que se pretende sacar adelante con, no sabemos, que objetivo.
¡Cómo se pretende que se rompa una modalidad productiva, que no necesita hoy del hombre “pie a tierra” utilizando el arado o arriando el ganado, porque esa tarea la realizan empresas contratadas en cada circunstancia!
¿Es que hay gente que sueña con volver a la vieja estancia cimarrona, al minifundio o a la estancia en que peones, altamente explotados, sin derechos a nada, viviendo en ranchos de barro y paja, o en pueblos “fantasma”, cumplían casi como esclavos sus tareas a las órdenes de otros uruguayos, eso sí, que integraban una clase explotadora, y recibían las ganancias en sus casas de Carrasco, Pocitos, Punta del Este o paseando por París?
Confiamos en que el ministro del ramo, el ingeniero Agassi, que es un hombre inteligente, no se inspire en esa pieza única de Atahualpa Yupanqui, “Los ejes de mi carrera”, que describía con su innata sabiduría la situación de nuestra campiña: “Las penas son de nosotros las vaquitas son ajenas”, ni permita que muchos de nuestros canta autores tengan nuevo material para sus nostálgicas creaciones, propias de nuestra idiosincrasia algo “agrisada” y continúe habilitando el progreso para el campo uruguayo, no negándose al ingreso de tecnología en base a capitales, vengan de donde sea, claro, que estos deberán ajustarse a las normas estrictas de nuestro país y, eso sí, se combata a los aventureros, a esos inversores “golondrina” que para nada nos sirven a los uruguayos.
Desde nuestro papel de legos pero con alguna orientación en temas altamente disonantes, tememos que una disposición que propone un proyecto como el que se maneja, sería además violatoria del régimen jurídico vigente, motivo por el cual resultaría de muy difícil y costosa aplicación para el Estado: no sólo implica una restricción para los extranjeros, sino también para los uruguayos – repetimos este concepto - quienes se verán imposibilitados de ejercer libremente el derecho de vender sus propiedades a cualquier persona que les realice una oferta de compra, lo cual afecta directamente el valor actual de sus bienes.
¿O es que el derecho de la propiedad pasaría a ser letra muerta en nuestra Carta Magna? Pero además el articulado que se analizaría – se indicó también – incurriría en otros errores jurídicos sustanciales, al ignorar principios establecidos en el Código Civil, pues algunos parecen interpretar que persiste el temor de que manos extranjeras se apropien del monumental Acuífero Guaraní, olvidando que las aguas subterráneas, independientemente de la nacionalidad del propietario del suelo, ya constituyen bienes públicos del Estado nacional y su uso se encuentra sujeto a los permisos que éste otorgue.
Parecería que nos encontramos frente a un falso nacionalismo y una xenofobia encubierta, que no sólo viola el principio constitucional de propiedad e igualdad de derecho y tratamiento entre uruguayos y extranjeros, sino que impone la premisa, éticamente inaceptable, de que los extranjeros son peores que los uruguayos.
Estas posiciones, lejos de preservar nuestras riquezas naturales y de suscitar comportamientos tendientes al bien común, no crearían sino dudas en quienes quieren invertir genuinamente en nuestro país, sean uruguayos o extranjeros, con la consiguiente pérdida de la oportunidad de instrumentar mecanismos adecuados para promover un desarrollo sustentable y conservar verdaderamente los valiosos recursos que tiene el país y que se han desarrollado, justamente en la zona que se indica por el proyecto, por el ingreso de productores vecinos que han sabido, en base a capitales frescos y en algunos casos cuantiosos, darle a los lugares señalados un desarrollo productivo que, obviamente, también fue ayudado por la coyuntura internacional en que las materias primas agropecuarias se venden a precios cada día más altos.
Insólitamente hay concepciones ideológicas que buscan cerrar las fronteras, hacer que el Uruguay, país formado por una aluvional migración venida del mundo entero, que hoy está prácticamente vacío de población, se niegue a recibir a la gente que llega con dinero para trabajar en él; ¡es incomprensible!
Si estas ideas procedieran de un Berlusconi, diríamos que es una medida típicamente xenófoba, pero como proviene de algunos veteranos dirigentes frenteamplista, solo decimos que no es posible que a esta altura de los acontecimientos se tengan conceptos tan equivocados de la realidad y ese secentismo nacionalista, superficial y poco serio, que conspira contra el futuro del Uruguay en su conjunto.
¡Parece increíble!





"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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Toni Nievas dijo
DESHIELO, mi primer largometraje en doce capitulos en youtube. http://www.youtube.com/user/toninievas
La historia de un padre, un hijo, y de sus conflictos.
Saludos y paz en el mundo.
2 Septiembre 2008 | 02:39 PM