¿Qué ocurrió con la madre de todas las reformas?
Políticamente lo entendemos pero, atendiendo el devenir del país y su necesaria inserción en el mundo, no lo justificamos. Por ello las definiciones realizadas por altos funcionarios del gobierno, inclusive por el propio Presidente de la República sobre la necesidad de poner en marcha, lo que llamó "madre de todas las reformas", o sea la reforma del Estado, es un saldo en el debe, difícil de superar.
¿Por qué lo entendemos? Porque la batalla sería larga y difícil en contra de intereses creados que se expresan en corporativismos de todo tipo, algunos tan ominosos como los existentes en ciertos organismos públicos, difíciles de combatir por sus inter relacionamientos con sectores políticos que funcionan dentro del propio partido de gobierno.
Lo que ocurre en la enseñanza, la que vive en conflicto tras conflicto, sector qué obtuvo uno de sus reclamos históricos, un presupuesto abultado y al parecer suficiente, en algunas empresas públicas, en el sistema financiero que se ha convertido en enormemente oneroso en razón de un muy "pesado" mecanismo de beneficios funcionales, son situaciones ejemplarizantes que está provocando el desánimo de muchos porque - evidentemente - no pueden, en las actuales condiciones, la imposibilidad de llevar adelante políticas de modernización en ningún tipo, pues las mismas chocan en ocasiones contra intereses corporativos muy fuertes.
El fenómeno que se vive en la enseñanza es ejemplarizante. El esfuerzo realizado por el Estado para favorecer a un sector que vivió por años en una situación presupuestal lamentable, sin duda, no es recompensado con la lógica contrapartida de que se establezca en esos ámbitos un funcionamiento armónico, creativo, que habilite a que los uruguayos reciban una educación moderna y adecuada.
La visión que tuvo la izquierda en el pasado, que hoy debería estar claramente revisando, vinculaba los avances sociales a la expansión del sector público. Ello llevó a grandes sectores de izquierda a considerar la defensa de las empresas estatales - y las políticas keynesianas de impulso a la demanda - como elementos que debían ser el eje de una nueva gestión en respuesta a la crisis en que el país se debatió, por razones exógenas y torpezas propias, durante el gobierno de presidente Jorge Batlle.,
Crisis cuyo comienzo podríamos extender al año 1998, cuando se produce la devaluación en Brasil y el ministro Mosca y el presidente Sanguinetti, en un grado superlativo de soberbia e irrealidad, no adoptaron medidas sosteniendo que este país estaba en condiciones de "aguantar con éxito" la debacle del cierre del mercado brasileño que afectó drásticamente la competitividad del país, proceso en el que nuestros productos "carísimos" no podían entrar por razones de precio al que era nuestro principal mercado comprador.
La visión irreal de muchos fue la de sostener lo único que prácticamente quedó en pie luego de las crisis, o sea las empresas públicas y los organismos del Estado que, obviamente, siguieron adelante gracias a los mecanismos de extracción de fondos que se utilizaron con el pueblo uruguayo. El panorama fue atroz: mientras el Estado mantuvo sin sobresaltos sus empresas y también algunas "cuevas" tradicionales de burocracia, el sector privado se achicaba como resultado de la crisis atroz que vivía el país.
Claro, el Frente Amplio se encontró en su gobierno con un país funcionando, con las corporaciones ya establecidas, defendiendo sus intereses, con vicios enquistados en el cuerpo social y con un proyecto quizás poco factible de concretar en el mundo moderno, con enunciados generales que culminaban - como decíamos en los primeros párrafos - demasiado confusos, poco concretos que, en definitiva, se sublimizaron en la defensa de las empresas públicas en contra de las "malditas" privatizaciones, como si estas, por si mismas, fueran un pecado de "lesa humanidad"
Sin duda el gobierno, más allá del grueso tomo de lo establecido en los estatutos del Frente Amplio, ha debido asumir una estrategia económica de realismo, o de rigor, que significa recorrer el camino de la competitividad, el crecimiento de la producción, el mercado interno por la vía de la suba de salarios y jubilaciones, reduciendo la marginalidad y la pobreza, dentro de una lógica de hierro. Hoy, quizás, el basamento de una utopía socialista moderna puede estar - aventurando una opinión- en comprender el significado de algo tan obvio como que el socialismo es el crecimiento del control social sobre la producción, y no al colapso de la producción, como siguen aventurando en un esquema catastrófico algunos sectores concretos, hoy altamente conflictivos a los que nada les sirve.
Quizás, como sostiene Paramio (1), el fundamentalismo marxista todavía no ha desaparecido y, para quienes se mueven en ese marco, el socialismo factible no sería sino la tardía coartada ideológica de una política de traición a los intereses de clase.
Por aquí lo estamos viendo casi a diario en la prédica de algunos sectores políticos prácticamente testimoniales, sin responsabilidades ejecutivas en ningún frente, por lo cual solo les queda la diatriba subida, sesentista, adjetivando en contra de luchadores en largas batallas por imponer los derechos objetivos de todos. Por suerte en su momento dieron un paso al costado, sin advertir que en el "descampado" tendrán menos posibilidades de desarrollo pese - lo debemos admitir - a que existe una potencial cantera de confundidos y descontentos de la cual estos sectores pretenden sacar rédito.
¿Es necesario un cambio de paradigma para la izquierda? En algunos casos puede ser equiparable a una conversión religiosa. Invocar al marxismo como religión, es un intento absurdo. Sin embargo hay quienes lo hacen y quieren cumplir sus preconceptos. Algunos de ellos enseñan que para construir lo que podríamos llamar la "hipótesis revolucionaria", la idea es la destrucción revolucionaria del Estado.
Parecería que conceptos como éste se dan de bruces contra las acciones de la propia izquierda que han sido, en los últimos años, los principales defensores del Estado, casi congelado dentro de un esquema en que cualquier retoque (como el que se plantea, por ejemplo, para AFE de asociarla con capitales privados), provoca indisimulados escozores. Por supuesto, las corporaciones reaparecen, se defienden y lo seguirán haciendo.
Por ello, sabiendo que la pelea será larga y difícil, que sostenemos la necesidad imperiosa de que con seriedad y profundidad se encuentren salidas a una situación inapropiada, en que las corporaciones tienen un poder agobiante e incluso le imponen lineamientos, por las razones del artillero, al propio gobierno.
La reforma del Estado, madre de todas las reformas, se impone.
Nota
(1) Ludolfo Paramio (Tras el diluvio. La izquierda ante el fin de siglo)




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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