La amenaza de la fealdad, aquí y ahora
por Carlos Maggi (*)
Algunas palabras cargadas de ternura refieren a la pobreza y aluden a sentimientos superiores. Pienso en misericordia y en conmiseración.
Conmiseración, dice: ponerse en el lugar de los pobres, estar con ellos, ser uno más entre quienes deben soportar el flagelo de la indigencia.
Misericordia, dice tanto o más; dice: sentir la miseria en el corazón.
Son palabras latinas y todo indica que fueron creadas en el siglo primero de Cristo, para expresar el sentimiento fraterno que caracteriza a Jesús de Nazaret.
Carlos Vaz Ferreira creó la palabra "pobrismo", para nombrar una filosofía que arrancó entre nosotros, en los primeros años del siglo pasado, con la eclosión del novecientos, cuando don Pepe Batlle, hizo época.
Ahora, el Frente Amplio puso de moda la solidaridad (asociarse a la causa) un término menos compadecido, estrictamente político. Los frentistas se asocian a los reclamos de los pobres.
El abuso de este pensamiento humanista, consiste en asociarse (al mismo tiempo) al pobre y a la fealdad, la suciedad, el desorden, la dejadez que padecen los barrios más humildes.
El gobierno es feísta y contagia el alma y la vida de todo lo que toca, con el look "plancha".
La cumbia villera canta su amor y dice : Cómo te jiede la tanga; y Hugo Achugar, Director de cultura del Ministerio de Cultura declara:
-¿Quién me puede asegurar que esta cumbia villera que hoy muchos desprecian y es el ejemplo de lo deleznable para la elite cultural o la ciudad letrada, como decía Ángel Rama, no sea el equivalente a lo que fue el tango en 1900, que se bailaba en los prostíbulos y no tenía valor para la clase media?... Y agrega: -Tinelli es cultura en un sentido amplio de la palabra. ¿Es alta cultura? No, para los estándares de lo que es alta cultura.
El profesor Hugo Achugar es un típico representante de la alta cultura.
Es escritor, docente, ensayista, doctorado en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Pittsburgh.
Su nombramiento fue un acierto. Pero no está libre de los fanatismos que corresponden a su capilla: ser solidario, igualitario y emparejador. Afirma:
-Cuando se dice "somos cultos", "somos más cultos", "somos menos cultos"... No existe un metro, no se inventó todavía, para medir quién es más culto que el otro.
COMENTO: La inteligencia actual afirma que el capital humano determina el desarrollo de los países y por consiguiente se preocupa en cuantificar la evolución de la gente. El Ministerio de Cultura tiene como tarea sumar metros que puedan medir la distancia entre la tosquedad natural y la buena formación de las personas. Este logro debe ser verificado y apreciado. El dinero destinado a cultura, no es un gasto ocioso, es una inversión de las más provechosas, hace mejores ciudadanos.
La tesis del Director de Cultura lleva a pensar que todo es igual, que nada es mejor, "lo mismo un burro que un gran profesor." El Director de Cultura mantiene una tardía impronta posmoderna.
Felizmente se registran cambios plausibles, que atenúan el afán de imponer la rasura, con la cual debutó el Frente en el gobierno.
La designación de la Ministra de Cultura, María Simon, es parte de un giro auspicioso y varios de sus nombramientos confirman un refinamiento no compatible con la lírica de "Los Pibes Chorros": Mario Sagradini, en el Museo Nacional de Artes Visuales; Claudio Invernizzi, en Canal 5; Azucena Berrutti, en el Sodre; Mariana Waingstein coordinadora de los nuevos Fondos de Incentivo Cultural; el propio profesor Achugar, Director de Cultura.
La explosión del lumpenaje barrió el lindo ambiente que la movida había creado en la Ciudad Vieja. La sana diversión fue fumigada por la teoría de la inclusión.
En vez de colonizar la zona roja del puerto, se abrió el barrio renovado, al malevaje. El trabajo policial implicaba vigilar, prevenir, reprimir y excluir. Pero ¿quién tiene un metro para diferenciar a las personas? Lo "bueno" fue dejar correr. Y la movida tuvo que retirarse.
Miré el campeonato de fútbol-playa por TV; pero cuando pasé por Pocitos me sobresaltó el medio ambiente en gestación.
El paisaje "playa Pocitos" empieza a cambiar para peor, desde los falsos cuadros del Louvre.
Francia, antes de exportar sus posters, debiera instalar una similar seguidilla de mamparas a orillas del Sena. (No le hagas a otro lo que no deseas para ti mismo).
Esa sucesión de copias, fuera de lugar, culmina con el embotellamiento del beach soccer stadium; un asentamiento irregular (deportivo) que quiebra la belleza natural de esa preciosa playa.
Las gradas degradan y los espacios libres se llenan de gente que se incomoda. A la polución visual se suma la polución sonora. Y se ve como inminente la aparición de los medio tanques y el consabido olor a chorizos.
Empieza en Pocitos un proceso similar al que padecen las veredas de 18 de Julio; y al que padeció la explanada del BPS. Edificios con vista al talud y presencia de las barras bravas que se presienten. Las autoridades como no pueden controlar la violencia en las canchas, la llevan a pasear por las mejores playas.
La estética plancha incluye el subsidio a la cerveza: el gobierno invita a marearse; paga tres pesos ochenta de cada litro que se manden los hinchas en el Teatro de Verano o en el talud del mar. Sol y birra; pan y circo.
El encadenamiento simpático con las lacras de la pobreza, provoca un resultado contrario a la solidaridad. A los hurgadores no hay que halagarlos por su condición de hurgadores, hay que sacarlos de ese modo de vivir para que vivan de otro modo, mejor.
Agregar a la carencia de medios, el regodeo, es la peor de las actitudes.
Resulta inadmisible que en los barrios más pobres, el Estado se desentienda de la seguridad. Los cantegriles debieran ser los más atendidos. Ya que no tienen dinero, que por lo menos estén libres del miedo y de la ignorancia. Ese es el lugar donde debieran abundar los agentes del orden y las escuelas de tiempo completo. Pero no. La solidaridad frentista consiste en la inversa: diseminar la inseguridad, ensuciar los sitios pulcros, repartir la fealdad propia de los tugurios.
Los hurgadores, que ya son 15.000, antes de la intendencia frentista de Montevideo, no existían.
Ninguna ciudad normal del mundo evolucionado, tiene hurgadores en circulación.
La clasificación de la basura empieza en cada una de las casas particulares y culmina en lugares especialmente acondicionados, para la recuperación de lo que sirve.
En los diarios del martes pasado, se vio un caballo muerto en medio de un charco de sangre, caído en la rambla Sur; y un poco más atrás una camioneta volcada. El carrito quedó con una vara sola, apuntando al cielo. El hurgador se escabulló. Como en Guernika, quedó sobre el asfalto la imagen de "Mateo", un símbolo: el matungo querido al cual mató el progreso mecánico. Lo vi y era el afiche del sainete famoso que le dio nombre a los carruajes de plaza, en Buenos Aires. Sólo un detalle resulta inquietante: "Mateo" se estrenó el 14/3/1923 y este accidente sucede en Montevideo... ¡86 años después! Es la medida del atraso que puede producir una filosofía crasamente equivocada.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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nestor dijo
Patria, familia y propiedad; es evidente que con los años las neuronas se van muriendo.
30 Marzo 2009 | 07:32 PM