La necesidad de un nuevo paradigma social
El mundo ha ingresado en callejón que para el hombre no tiene salida
Por Carlos Santiago (*)
Hay pensadores de la enjundia y profundidad del desaparecido André Gorz, que tienen una visión aguda y prospectiva, estampada en negro sobre blanco en uno de sus últimos trabajos conocidos, que ya hemos reseñado en trabajos anteriores, reflejando una realidad incontrastable: la producción en el sistema capitalista necesita cada vez menos trabajadores activos, afirmación qué perfectamente podemos trasladar con lo que ocurre en nuestra producción agropecuaria, en que la mano de obra permanente, el viejo campesino, es sustituido de manera creciente por empresas que realizan tareas zafrales, con el dramático proceso consiguiente de la emigración del campo a la ciudad.
La producción - dice Gorz - utiliza cada vez menos trabajo humano, distribuye cada vez menos poder de compra y necesita cada vez de menos trabajadores activos. Este es un primer el mal síntoma para la salud del actual sistema, hoy envuelto en otras de sus crisis, quizás de una profundidad desconocida, e inmerso ya en la etapa recesiva.
Por ello en las sociedades como la nuestra crece el rubro servicios, a nivel de gigantismo, que parasita a su vez a los rubros productivos y de alguna manera suple, en materia de ocupación rentada, lo que las otras actividades han destruido.
El trabajo aparece hoy en el sistema cómo cada vez más discontinuo, disperso entre prestatarios de servicios externos o zafrales sin comunicación entre sí (en nuestro país tenemos más ejemplos insipientes al respecto), relacionados por el contrato comercial en lugar del contrato de trabajo. (Las tercerizaciones, los contratos de obra, etc., modalidad inclusive utilizada para el rubro servicios por empresas y organismos públicos)
Gorz no es nada optimista en este proceso, dice: Las promesas y los programas de retorno al pleno empleo son espejismos, cuya única función es mantener el imaginario salarial y mercantil, es decir, mantener la idea de qué el trabajo debe ser necesariamente vendido a un empleador y los bienes de subsistencia comprados con el dinero ganado. Para el pensador, esto está demostrando que dentro del sistema no hay otra salida que no sea el sometimiento del trabajo al capital, y que no hay vida y sociedad más allá de las necesidades del consumo de mercaderías No hay vida ni sociedad más allá de la sociedad de consumo y del trabajo mercantilizado, ni otro modelo que no sea el del capitalismo, agrega.
Esta realidad que, sin duda, es la hegemónica, e impide vislumbrar cualquier posibilidad de salir rápidamente del capitalismo cerrando, también, todo camino distinto, inclusive alguno construido en un imaginario anticapitalista.
Un sistema, claro, con pies de barro. Con una vida claramente limitada por la necesaria reestructuración ecológica que se producirá indefectiblemente en el planeta, rompiendo la lógica económica del crecimiento permanente que se mantiene desde hace 150 años. Verdadero paradigma del capitalismo en el que se avanzó mecánicamente y que, parece, está llegando a etapas finales.
Si la tendencia actual del crecimiento se prolonga, el Producto Interno Bruto (PIB) se multiplicará por un factor de 3 o 4 de aquí al año 2050. Pero, ahí está la cosa: Según el informe del Consejo sobre el Clima de las Naciones Unidas, las emisiones de C02 deberán reducirse en alrededor de un 85% hasta esa fecha límite, siempre que antes de esa fecha no se supere un calentamiento climático a 2°C como máximo.
Más allá de esa temperatura, las consecuencias serán irreversibles e incontrolables para la vida sobre el planeta tierra. Este tema fue abordado hace algún tiempo en una conferencia del Grupo Montevideo por el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, en el marco de una reunión que se realizara en Punta del Este.
De seguir las cosas como hoy, la reestructuración del sistema se hará imprescindible y con ella un cambio en las condiciones de vida, que no podrán seguir atadas al consumo. Ello supone otra economía, otros objetivos de sociedad, otro estilo de vida y, quizás, otro tipo de civilización. En ausencia de esa reestructuración, el decrecimiento corre el riesgo de ser impuesto por la vía de los hechos, a fuerza de restricciones, racionamientos y asignaciones de recursos características de una economía de guerra.
Sin embargo las advertencias que van y vienen en todo el mundo en Uruguay son tomadas como triviales. En las esferas de la producción de energía todavía se mantiene la posibilidad de levantar una central para la producción de energía a carbón, el combustible más contaminante que se conoce.
¿Cómo será el futuro? Lo decimos porque el 2050, si bien es inalcanzable para nosotros, no lo es para muchos de nuestros jóvenes, quizás nuestros nietos. Faltan tan solo 41 años de la fecha límite manejada por los teóricos del cambio climático, entre los que se encuentran los más conservadores estudiosos que arribaron alarmados a estas conclusiones. El sistema de sociedad basada en el crecimiento continuo, no tiene futuro, de no adoptarse medidas de fondo que contengan el calentamiento climático.
Sin embargo, la base del capitalismo financiero, sus formas y mecanismos, hacen muy dificultoso el camino de la contención de las emisiones de C02. El ejemplo está incluso entre nosotros, en donde las fuentes de energía son administradas monopólicamente por un organismo del Estado (UTE), que no tiene en claro todavía la necesidad que existe de no contaminar la atmósfera con emanaciones indeseables de C02.
Incluso, actualmente, mientras tímidamente levantó algunos parques de producción eólica, tarea que se encargó además de restringirle a los privados, prefiere la instalación de diez pequeñas centrales movidas con combustible diesel (altamente contaminantes), además de interconectar a nuestro sistema de alta tensión con el brasileño, con obras millonarias en dólares, por la cual recibirá kilovatios producidos en base a combustibles no renovables, reforzando la soldadura de nuestra dependencia energética a otro país vecino.
No es nada fácil entender la problemática planteada y su significado de cambio hacia el que camina indefectiblemente el sistema capitalista. Es que la sociedad de consumo nos acompaña desde la infancia. Es ella nos ha dado referencias que nos permiten situarnos, compararnos y valorizarnos y la que moldea nuestras costumbres y formas de vida, construyendo un sistema de socialización completo que ahoga el sentido de la adquisición y corrompe, como dice Gorz, la noción del deseo.
El capitalismo provoca en esencia necesidades y objetivos para el ser humano que hacen a los objetivos de toda una vida. La lógica de las necesidades se extiende a la totalidad de las necesidades humanas, distorsionándolas, transformándolas y situándolas en objetivos de consumo.
Los seres humanos se transforman en productores/consumidores. En alguna manera no es aventurado señalar que se pasa toda la vida tratando de satisfacer esos objetivos de consumo, cuya no satisfacción provoca graves consecuencias en la sociedad misma, pues los excluidos sienten la necesidad de lograr algunos símbolos que el consumo otorga, violentando las leyes de convivencia. E aquí una de las razones de la delincuencia.
El condenado al trabajo y los forzados al consumo son dos caras de un mismo rostro, el del homo economicus - dice Paul Aries, agregando Se comienza por consumir objetos, luego otros seres humanos (violencia, presiones) y finalmente se consume a sí mismo en drogas, sectas y suicidios.
No cabe duda, como dijimos en alguna anterior, el consumo se ha transformado en el nuevo opio de los pueblos. Y la cultura del ser humano está diseñada para no poder escapar del paradigma actual, callejón sin salida en que está metida la humanidad toda.
¡Veremos!
(*) Periodista.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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