La necesidad de una "cuota pantalla"
¿La Televisión existe realmente en el Uruguay?
Por Carlos Santiago (*)
"El periodismo no es algo que uno
se pone encima a la hora de ir al trabajo.
Es algo que duerme con nosotros, que respira
y ama con nuestras mismas vísceras y
nuestros mismos sentimientos"
Tomás Eloy Martínez
Tratar de lograr algún insumo cultural, informativo o, tan siquiera, medianamente entretenido en la televisión abierta uruguaya, es misión prácticamente imposible. Quienes tenemos la suerte de tener una casa de fin de semana en la zona balnearia y habitualmente vivimos en Montevideo, nos enfrentamos a una situación que nos modifica las costumbres como tele espectadores que somos. En la ciudad podemos, al tener sistema por cable, un cúmulo de propuestas mayor y de distinto tipo, especialmente películas, que sirven para llenar muy "relativamente" nuestros momentos de ocio y de descanso.
Sin embargo, en la zona balnearia, donde recibimos solamente las señales de la TV abierta, nos hemos dado cuenta que este maravilloso medio de comunicación es absolutamente prescindible, sin profundizar el análisis sobre el papel que podrían jugar en diversos órdenes de la vida nacional. Los tres canales privados, lamentablemente, muestran a quién lo quiera ver que no realizan inversión alguna en su programación, llenando horas y horas de aburrimiento con locutores sentados frente a las cámaras, algunos con un humor "tinellisado", y otros programas específicos de producción propia en que, es evidente, que el espacio es contratado y que en general no tienen el más mínimo interés para el público en general. Los únicos que sobresalen de esa medianidad abrumadora son algunos programas periodísticos de opinión cuyo esquema, por repetido, tiende también a banalizarse.
La chatura y la tontería es el denominador común, ello mechado con flashes informativos, en que la TV siempre va detrás de las noticias que dan las emisoras de radio y en una cantidad de ocasiones de la propia prensa escrita que sigue creando la "agenda". Muchas veces enfrentarse al noticiero central de un canal es ver imágenes muy parciales (o no) de informaciones que generalmente ya se conocen, tomadas después que los hechos ocurrieron y que, por lo tanto, no tienen oportunidad periodística. Cuando aparece una película de ficción, ésta es elegida sin ningún criterio artístico ni de otra puntualidad expresiva. Lo lógico es suponer que las gerencias de programación buscan materiales baratos o quizás gratuitos, para achicar presupuestos. Se acabaron los ciclos artísticos, apareciendo los vergonzantes y vetustos ejemplos del cine de Porcel y Olmedo o las películas de Cantinflas.
¿Me gustaría saber que señal reciben en sus casas los ejecutivos de los canales? Pienso que, seguramente, no las que emiten los canales que ellos dirigen. Estimo además que les prohibirán a sus hijos, por una razón de salud mental, enfrentarse a la programación de los canales que ellos mismos dirigen.
El canal oficial tampoco se salva de caer en esta bolsa de mediocridad, porque allí tampoco se explotan todas las virtudes de comunicación que tiene ese maravilloso medio que es la TV. También se reitera repetidamente y de forma poco televisiva (locutores plantados delante de las cámaras) noticias sin trabajar, telegráficas y programas de opinión fuera de contexto, que, en muchas ocasiones los periodistas se colocan en posición de ser las figuras descollantes de la emisión, cuando el tema es al revés. El ejemplo contrario y aleccionante, nos parece, se verifica en varios programas periodísticos del canal "Todo Noticias" argentino, es en ese sentido aleccionante.
Por supuesto que no le pidamos a la emisora oficial que trasmita por sus pantallas las representaciones que se realizan en el propio SODRE, como conciertos, espectáculos de ballet, ciclos del cine... Parecería que le única expresión cultural que trasciende en alguna oportunidad es el carnaval, como ocurrió en el canal de la Intendencia, que al comienzo de sus emisiones por cable sorprendió por la gran cantidad de producciones nacionales y de nivel que realizaba. Un día cambió la dirección y claro, había que hacer trascender "lo popular", poniendo su programación al servicio de murgas, parodistas, lubolos, etc. Resultado, la audiencia de ese canal se redujo de manera abismal.
En todo este panorama depresivo hace alguna semana reapareció el programa de Marcelo Tinelli. Un muy lamentable ejemplo de trivialización de la cultura y de la política, que no solo logró el primer lugar en los ratings argentinos sino que se trasladó a los uruguayos, donde ganó horarios centrales de trasmisión, no solo el programa o fragmentos del mismo, sino también las resultantes en los programas de chismes y enfrentamientos entre las vedettes, generalmente lamentables en su trivialidad. Claro, algunos dirán, es el espectáculo televisivo que consumen los uruguayos. Pero, nos preguntamos: ¿Alguien se ha detenido en los valores negativos que del mismo se desprenden?
La cuestión a llegado hasta tal punto que muchos personajes de la TV uruguaya son los que han aparecido en la TV argentina, catapultados por el programa de Tinelli y no justamente por sus cualidades artísticas.
Hasta hoy no recordamos (claro que no somos espectadores consuetudinarios de esa programación) que en algún programa del locutor argentino, hoy devenido en "hombre fuerte" en su país, apareciera algún personaje de la cultura, entroncando realmente en el ser argentino o uruguayo. Siempre el mismo y mediocre esquema en una competencia por el ratings. Golpes bajos, mediocridad y tontería revestida de "glamour". Por supuesto que cada empresa tiene el derecho de armar su programación con entera libertad, pero los propietarios de las ondas que son del pueblo uruguayo, obviamente, también tenemos el derecho de exigir (a través de los organismos adecuados que estudian el tema) contrapartidas adecuadas a las grandes necesidades nacionales.
En más de una oportunidad hemos analizado la situación de estas empresas de la TV nacional que, en el régimen abierto, ni siquiera han logrado exhibir la gran pasión de todos que es el fútbol, que usufructúan ondas del Estado, con las que obtienen ganancias de diverso porte. Ese deporte, así como el basquetbol, son exclusivos de un canal cable que compró derechos y que hace y deshace, pero al que solo tienen acceso los que pagan la cuota de pantalla. Actualmente, debemos señalarlo como algo positivo, existe un proyecto del Ministerio de Educación y Cultura para establecer una "cuota pantalla" con la que los canales deberían contribuir por el usufructo de las ondas. Pero, lo sabemos, la aplicación de un mecanismo de ese tipo - como existe en España, por ejemplo - exige de la existencia de un organismo especializado que tenga en sus manos las políticas a aplicar y el control de las mismas.
Allí, para ir a un país con cercanía cultural al nuestro, los medios audiovisuales tienen estrictas contrapartidas que cumplir. Programas de diversa índole, música nacional, defensa de valores como los del multiracismo, de la integración de la mujer a la sociedad, de la elevación cultural, etc. Y todo realizado con calidad profesional para que esos programas no sean un relleno aburrido que lleve al teleespectador a buscar otra opción.
Pero en Uruguay todavía nada de ello ha sido posible. La TV abierta es una especie de "agujero negro", que resta en lugar de sumar, que no tiene una función real en nuestra sociedad y sobre la cual los uruguayos debemos discutir y profundizar. Porque además no es una TV que se abra a la libertad: una demostración de ello es haberse negado a propalar el cuasi tonto e inofensivo aviso que abogaba por la igualdad de las opciones sexuales.
Y para colmo, estas empresas, este monopolio que explota la TV por cable, es el favorecido por el gobierno para integrar junto a ANTEL el llamado Plan Cardales que puede tener como resultados indeseables una programación muy poco atractiva que lo haga fracasar y, en segundo lugar, una detención de las inversiones de las empresas que han convertido al sector de las comunicaciones en uno de los más pujantes del país y que ha tenido un desarrollo espectacular.
(*) Periodista. (Nota publicada en Bitácora, el domingo 24 de mayo)




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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