Las dificultades para conquistar el 55 por ciento
Sobre estrategias electorales y el valor supremo de la democracia
Por Carlos Santiago (*)
Luego del desfleque público de las empresas encuestadoras que no valoraron la gigantesca abstención del 55%, las especulaciones han vuelto al ruedo y los análisis empíricos a llevar agua a los distintos molinos...
"De tanto ver triunfar las nulidades, de tanto ver prosperar
el deshonor, de tanto ver crecer las injusticias,
de tanto ver agigantarse el poder en malas manos,
el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse
de la honra y a tener vergüenza de ser honesto"
Ruy Barbosa de Oliveira (1849-1923).
Luego del desfleque público de las empresas encuestadoras que, más allá de las proporciones de votos, no valoraron el tema central que signó a las elecciones internas de los partidos, o sea la gigantesca abstención que llegó al 55%, las especulaciones han vuelto al ruedo y los análisis empíricos a llevar agua a los distintos molinos aunque en octubre el resultado final del comicio presidencial, en definitiva, no se ajuste ni a esos análisis ni a los más sesudos y técnicos (en apariencia) de esas empresas.
En las discusiones previas hay argumentaciones de todo tipo, desde las más favorables a un triunfo frenteamplista, que sostienen que la coalición de izquierda tuvo la adhesión en el piso de sus posibilidades mientras al Partido Nacional lo votaron todos, los mismos que lo van a votar en octubre. ¿Será así?
Sobre el punto sostienen que la interna nacionalista por ser incierta fue altamente competitiva y la del Frente Amplio por estar resuelta de antemano, como establecieron la mayoría de las empresas encuestadoras, provocó la inmovilidad de muchos de los adherentes y ello no se repetirá en octubre ocasión en la cual es voto es obligatorio.
Existen otras versiones menos positivas en torno al funcionamiento electoral de blancos y frenteamplistas, las que le asignan indiferencia electoral a grandes sectores de la clase media y sostienen que ese 55% de votantes que el 28 de junio no concurrió a los circuitos, habrá que conquistar uno a uno a cada ciudadano, con un discurso claro y contundente, que aclare líneas políticas y económicas, abriendo esperanzas para el futuro y aventando -en la mayoría de los casos - las viejas contradicciones que no hacen más que separar a los uruguayos.
Este camino, por supuesto, más realista y menos contemplativo que el otro que se abre a una solución indefectible, requiere de campañas políticas inteligentes, metódicamente dirigidas a los sectores que no votaron sin olvidar a los que lo hicieron, como muchos ciudadanos que votaron a Astori en la interna en contra de Mujica y a Larrañaga, con el fin de que este se impusiera a Lacallle. ¿El voto de estos ciudadanos se repetirá automáticamente a favor del Frente Amplio y del Partido Nacional, habiendo sido derrotadas sus respectivas opciones? ¿Algunos no votarán fuera de esos lemas en donde, en teoría, encontrarían más tranquilidad para sus conciencias o integrarían la legión de quienes podrían eventualmente votar en blanco?
Por otra parte parecería que los discursos escuchados hasta el momento de los distintos candidatos, algunos de los cuales se han ido a los extremos del ámbito ideológico, parecerían integrar una estrategia equivocada, confrontativa que poco tiene que ver con recorrer el camino que, al parecer, sería el denominador común de los sectores medios. El candidato del Partido Nacional, por ejemplo, es el más claro exponente de lo que indicamos en estas líneas, con discursos que calientan los oídos de muchos de sus actuales seguidores pero que parecen inconvenientes para los que, con una visión de centro, buscan soluciones para el país, en que reine la concordia política y no se convierta en una vorágine de conflictos indeseados.
Podríamos dar cuenta de varios deslizamientos del candidato nacionalista hacia un discurso claramente de derecha que le debe rechinarle hasta a su compañero de fórmula. ¿Es que no ha analizado con los técnicos de opinión pública que lo han asesorado sobre como está socialmente compuesto el 55% de la ciudadanía que no votó?
Algo parecido podríamos decir de lo que está ocurriendo en filas de la izquierda en donde el discurso del candidato, qué es prácticamente el único que habla, continúa manteniéndose contradictorio, poco claro, levantando oleadas de críticas y resentimientos. También, tenemos un rosario de ejemplos para ejemplarizar lo que decimos. Uno de ellos es lo declarado en la visita a la Bolsa de Valores, que más allá de que mucha gente puede estar de acuerdo con que allí se comercialicen obligaciones negociables de las empresas públicas que funcionan en régimen de derecho privado, obligó a que hasta altos dirigentes del PIT-CNT debieran salir que esa "idea" no era de recibo para el movimiento obrero nacional.
El candidato del Frente Amplio en el camino de tratar de lograr tranquilizar a los empresarios afirma algunas cosas que rechinan en el seno de su organización y crean una polémica pública que, evidentemente, no lo favorece. Los integrantes del 55% que se abstuvo a votar, que lo miraban con recelo en junio, luego de esa afirmación, parecería que lo siguen mirando de la misma forma. ¡Es evidente! Por otra parte los integrantes de la Bolsa de Valores no deben entender un planteo en el que coinciden pero el que levanta la dura polémica en el bando del proponente.
Lo que parece que ninguno ha entendido que lo qué quieren las clases medias no es parecerse a modelos conflictivos de nuestro continente que hacen culto en una lucha por una hegemonía continental. Es evidente que el viento a favor no corre a favor de esas experiencias como para enarbolar los velámenes para poner la proa hacía esos rumbos como bien el matrimonio Kirchner pueden ejemplificar.
Lo que quieren los uruguayos es más simple, es integrarse a la modernidad, mejorar sus niveles de seguridad, lograr que los bolsones de miseria desaparezcan aumentando de manera aguda la mano de obra ocupada, tratando que el deterioro social manifiesto, de hurgadores, niños y mayores en situación de calle, jóvenes vencidos o desaforados por la pasta base, sean amparados y sus problemáticas resueltas.
Quieren además integrarse al mundo. Meterse de lleno en la modernidad, con ciudades bien iluminadas, en las cuales la producción de energía no esté limitada por la presión de alguna corporación, en que las conexiones por Internet funcionen a velocidades adecuadas, como ocurre simplemente en los países vecinos. Con una enseñanza competitiva en que los niños aprendan, estudien y salgan hablando un idioma y ese no sea un pasaje de años perdidos, inútiles, enfrentados a docentes desganados. Una Universidad que avance y no se siga deshaciendo en luchas infecundas sobre gratuidades que en lugar de democratizarla la hacen más exclusiva en su pobreza crónica y de menor calidad. Por una Universidad que sea orgullo en el continente y que pueda competir dignamente con las de los demás países como se merecen las nuevas generaciones de muchachos que se integran a ella para recibir enseñanza.
Los uruguayos quieren también vivir en un país en donde salir al atardecer por un parque no sea, como hoy, estar arriesgándose a un robo o una agresión. Un Uruguay en el que las cárceles sirvan para recuperar a los que han delinquido, no para mortificarlos. En definitiva, un Uruguay moderno, en que todos tengamos libertad para llevar adelante nuestras iniciativas y quienes, desde cualquier lugar del mundo, pretendan insertar sus negocios en nuestra economía que lo hagan, siempre que se atengan estrictamente a las estipulaciones de funcionamiento que también regirán para nosotros. Un Uruguay en donde impere la libertad irrestricta y funcione con absoluta rapidez la justicia que deberá laudar en cada conflicto. Queremos también que la salud funcione sin conflictos y nos alarma que se nieguen tratamientos, como pasa hasta hoy, por razones ideológicas y burocráticas.
Por ello, nos parece, en este Uruguay electoral rechinan los discursos confrontativos y extremistas, los que oponen a Carrasco con La Teja, o los que dicen que borrarán una ley de negociación colectiva que, más allá de ajustes, es una clara apertura de un necesario dialogo entre los trabajadores y los empresarios.
Lo qué ocurrirá en estos menos de cuatro meses que van hasta octubre proporcionará elementos ricos para el análisis mesurado pero, en el que, creemos, tendrán un papel decisivo las aspiraciones profundas de una sociedad que obviamente rechazará los extremismos y también la insustancial ideologización de las polémicas, especialmente de quienes plantean en este pequeño país la necesidad del ahondamiento de la confrontación o la lucha de clases.
Cuatro meses en que podrían estar nuevamente sobre el tapete los temas de la democracia y de la libertad, elementos sin los cuales todo lo demás es imposible. No hay progreso posible sin esos fundamentos esenciales. Algunos intolerantes no les gustan visiones que difieran de las "verticales" y reclaman que quienes planteamos caminos en ocasiones contrapuestos a los "oficiales", nos acallarnos o nos dediquemos a escribir de temas primaverales.
Al igual que siempre seguiremos defendiendo en cada uno de nuestros ámbitos nuestra libertad editorial. Sabemos que el Uruguay luego de la salida de la dictadura está viviendo un largo proceso de aprendizaje, el que tiene avances y retrocesos, sobre lo que significa ser y comportarse como un demócrata.
Quizás si alguien no les pone coto, los altos niveles de intolerancia que aparecen, de acuerdo a su índole intransigente, multiplicarán su acción cuando falte menos tiempo para las elecciones. Esperemos que no lleguen al delirio de volar a más altos niveles de confrontación, reclamando silencios o censuras, como ocurre en otras geografías continentales.
Recordemos que en regimenes lamentables que han fracasado y lo siguen haciendo, se le niega al ciudadano el derecho a elegir entre opciones multipartidistas. Allí es el Gobierno-Estado que se erige en el único capaz de decidir sobre lo que más le "conviene a la población" y por lo tanto el único que decide lo que la gente puede recibir a través de "su" prensa.
Ello no lo queremos para nuestro Uruguay; ya al respecto tenemos la triste experiencia militar. Aquí, obviamente, se debe profundizar la democracia.
Porque el progreso, en todo sentido, está atado a la libertad.
(*) Periodista.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


GeoBitácoras:



nestor dijo
Muy bueno el encabezado de Barbosa de Oliveira;ya que teniendo el derecho a la duda y mirando la historia reciente, que seguridad tenemos de que ese 55% piense y actúe en forma criteriosa, con ecuanimidad, etc? y sobretodo de que quiera integrarse a la modernidad, cuando esta exige preparación, innovación y rechazo a toda forma de acomodo, creo modestamente, que ya Freud escribió bastante sobre la psicología de masas en tiempo de crisis. Teniendo cuidado en no depositar valores, en grupos humanos cuyos mecanismos de defensa desconocemos.Por último, veremos en el futuro cercano, como influyen los medios de incomunicación, hoy con la pandemia de la peste(Camus)y la inseguridad,mas tarde con otros temas que serán dictados por la avanzada restauradora que como dice el Profesor:Cafassi, nos dejará en" la calle".-
21 Julio 2009 | 05:50 PM