Los dilemas que tiene que resolver la educación
Entre los muros de la exclusión
Por Carlos Santiago (*)
"Creyendo hacerlo para construir un mundo de
veras libre, sin represión, ni enajenación, ni
autoritarismo, los filósofos libertarios como
Michel Foucault y sus inconscientes discípulos
obraron muy acertadamente para que, gracias a
la gran revolución educativa que propiciaron,
los pobres siguieran pobres, los ricos ricos, y
los inveterados dueños del poder siempre
con el látigo en las manos"
Mario Vargas Llosa
Caminar por Montevideo observando el drama social que aparece a cada paso, es aleccionante para cada uno de nosotros que debiéramos comenzar a desentrañar las bases del descalabro, porque en ellas se encontrarán las explicaciones de todas y cada una de las razones de los problemas que hoy nos desvelan y qué, en buena medida, también nos separan en bandos que parecen inconciliables. Pero hay que saber que unos y otros estamos inmersos en el mismo lodo pegajoso, que de no ser removido, aprisionará al país en un retraso difícil de superar.
Ante la visibilidad de la marginalidad de un grupo poblacional tan importante en número y fundamental en su conformación etaria (entre los más pobres está en 50% de los niños de 0 a 8 años, según dice UNICEF), que pese a los esfuerzos realizados por el gobierno en sus políticas sociales, está viviendo en un mecanismo de exclusión social que seguramente es producto de la reproducción de la pobreza intergeneracional, debemos preguntarnos ¿cómo vamos a revertir este fenómeno? El que no es, por supuesto, solo de quienes lo viven, sino responsabilidad de la sociedad toda.
La exclusión social supone negar a la persona el derecho a ser persona. Si el hombre es un ser social, al excluido, con tan sólo un pasar de largo, se le arrebata aquello que permite sentirse humano. El excluido es aquel al que la sociedad le da la espalda. Y si esto ocurre una generación tras otra, obviamente, en ese caldo de cultivo se va formando una anti-cultura enfrentada a la cultura preponderante, sin límites -en los casos más aberrantes - en un accionar que, obviamente, no repara en métodos para obtener lo que la sociedad les ha negado sistemáticamente en su conjunto.
El excluido social no disfruta de los derechos más básicos, porque el núcleo central de la sociedad no se los reconoce y porque él no puede reclamarlos. Los excluidos no eligen serlo. Entre todos escribimos su etiqueta. Nadie es excluido por lo que es, sino por el trato que recibe de los demás. Quizás, el excluido no existe, y sólo existimos los excluyentes. Por ello, el proceso intergeneracional viene precedido de una nueva cultura, de otra sociedad distinta, con valores muchas veces diferentes de convivencia y que tiene, a cada paso, enfrentamientos y roces con el núcleo central de la sociedad.
Hay una gama muy grande de ejemplos de exclusión social: para citar a algunos diremos que un excluido no es el que ha perdido el trabajo, sino el que no tiene esperanzas de recuperarlo, es la prostituta a la fuerza, el drogadicto, la mujer maltratada, el sin hogar. Y el abuelo que no entiende una receta y no tiene quien se la explique; y el enfermo sin una visita desde hace meses; y el homosexual si debe callarse lo que siente; y el minusválido delante de una escalera.
Los excluidos no eligen serlo. Entre todos escribimos su estigma. Nadie es excluido por lo que es, sino por el trato que recibe de los demás. Quizás, el excluido no existe, y sólo existimos los excluyentes.
Pero en el Uruguay los excluidos también son otros y están definidos por el lugar geográfico en donde nacen y se desarrollan. Un sector más masivo de la población que se ha criado en la miseria del "Cantegril" y a tenido a sus hijos allí mismo, en el piso de tierra, del ranchito de lata, a lo sumo calentado por un brasero o por el oportuno "colgamiento" de alguna red eléctrica. El que vive la anti cultura de la marginalidad, con sus particularidades, al que no nunca le ha llegado una educación que le sirva para integrarlo y darle elementos para que pueda salir adelante en una integración mayor. Los que tienen más suerte aprenden a leer y escribir, pero nunca para brindarle un mecanismo válido de inserción laboral en la sociedad.
A lo largo de la historia, han sido excluidos sociales los judíos, los zurdos, los enfermos mentales, los gitanos, los actores, o los portadores del virus del Sida. La homosexualidad o el consumo de drogas se han rechazado o dignificado según las distintas culturas. Sin embargo muchos de estos grupos han sabido, por su homogeneidad y por portar valores culturales importantes, luchar contra esa estigmatización social y, a la larga, mitigar la situación diferencial que vivieron.
Sería bueno comprobar qué grupos de exclusión creamos en nuestro desarrollo nacional y cuáles hemos hecho desaparecer, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Ahora, la principal causa de exclusión mundial y uruguaya es, sencillamente, la pobreza que, a la vez, es la más grave que se ha vivido en la historia de la humanidad porque actúa sobre seres que por su condición de pobres, sufren carencias de toda índole que como un remolino en el mar, las está llevando a lo más profundo.
Pero, ¿por qué iniciamos esta nota con una frase de Vargas Llosa extraída de una interesante nota titulada "Prohibido prohibir"? Porque en nuestra país, obviamente, en el gobierno se tiene la mejor intención solidaria de reducir a pobreza y eliminar la marginalidad, tarea que se cumple tal como afirman las cifras del INE. Tarea doblemente importante cuando advertimos que, por ejemplo, en El Salvador, país asolado por "Las Maras", estas el único contacto que tienen con el Estado es a través de la Policía. En Uruguay se está intentando otra cosa muy distinta.
Sin embargo ello no basta: Falta la otra pata: la más que evidente falta de interés por la educación que envuelve a los niños de los barrios marginales consolida aun más la tasa de exclusión para el futuro. La igualdad de oportunidades se limita a una frase hecha; porque si no se ponen los medios culturales al alcance de todos y además si no se aplican políticas pedagógicas adecuada que les permitan a los muchachos de los barrios marginales organizar su tiempo, ser disciplinados y, al final del camino, lograr elementos reales que les sirvan para integrarse adecuadamente al mercado del trabajo y por lo tanto al núcleo central de la sociedad, se habrá fracasado.
Si solo bajamos el nivel para intentar conservar a todos dentro de las aulas, estamos haciéndonos trampas al solitario. ¿De qué vale ese camino?
El propio Vargas Llosa sobre el punto dice: "Muchos maestros, de muy buena fe, ante la degradante satanización de sí mismos contribuyeron, echando baldazos de aceite a la hoguera, a agravar el estropicio haciendo suyas algunas de las más disparatadas secuelas de la ideología de Mayo del 68 en lo relativo a la educación, como considerar aberrante desaprobar a los malos alumnos, hacerlos repetir el curso, e, incluso, poner calificaciones y establecer un orden de prelación en el rendimiento académico de los estudiantes, pues, haciendo semejantes distingos, se propagaría la nefasta noción de jerarquías, el egoísmo, el individualismo, la negación de la igualdad y el racismo. Es verdad que estos extremos no han llegado a afectar a todos los sectores de la vida escolar, pero una de las perversas consecuencias del triunfo de las ideas -de las diatribas y fantasías- de Mayo del 68 ha sido que a raíz de ello se ha acentuado brutalmente la división de clases a partir de las aulas escolares"
Claro, es discutible que todo sea atribuible a las "ideas de Mayo del 68", como dice el controvertido y polémico intelectual. Pero la descripción de los hechos que realiza toca algunos aspectos de una realidad que es universal y que, sin duda, sirve como base ferméntala para el análisis y la discusión de lo que está ocurriendo entre los muros de nuestras escuelas y liceos donde los docentes, parecería, luchan como don Quijote, en contra los molinos de viento.
Por supuesto que esta es solo una opinión de tantas, y bien interesante, porque abre una polémica qué, obviamente los uruguayos nos debemos dar. Bien sabemos que la tendencia de las autoridades escolares en la zonas marginales es ser laxos en la disciplina y condescendiente en las calificaciones. El objetivo es que el alumno no abandone y de alguna manera termine los cursos. Pero, en esas condiciones, ¿Cuáles serán los resultados?
¿No se habrá actuado para consolidar la exclusión?
(*) Periodista.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


GeoBitácoras:



nestor dijo
¡¡EUREKA!!.-La conducta de los adolescentes de los barrios marginados, son secuelas del "Zeitgeist" del 68, aplicado por los docentes. Increible y Lamentable!!!
24 Agosto 2009 | 04:25 PM