Sobre una campaña electoral que se desdibuja
Objetos a disposición del viento mediático
Por Carlos Santiago (*)
Puedo prometer ser sincero
pero no imparcial.
Johann Wolfgang von Goethe
Los uruguayos estamos metidos en una vorágine electoral qué, en su mecánica apabullante, nos trata de integrar de alguna manera. Sin embargo existen varias percepciones al respecto, entre ellas alguna que marca una indiferencia ciudadana que, extrañamente, no se ve reflejada en las encuestas ni impulsada por una militancia aparentemente "sostenida y creciente", fenómeno que tampoco es realmente visible para el observador desprevenido.
¿Dónde está la problemática qué determina esos efectos que se señalan? La apariencia indica que los Partido Políticos, por la rigideces de la legislación electoral, en lugar de ser - como su esencia lo determina - "sistemas de ideas" a los que los ciudadanos adhieren o rechazan, se han convertido en verdaderas máquinas electorales las que suman votos bajo el mismo lema hasta las más alejadas posiciones de políticas, muchas veces fraccionalistas y discrepantes con el tronco central de los mismos. ¿Vale la pena señalar ejemplos?
En el correr de estos últimos años, luego del cimbronazo político sufrido durante la larga noche sin libertades de la dictadura, parecería que ha existido un potencial y paulatino deterioro de los mecanismos republicanos de la democracia, que se iniciara con la primera elección abierta de 1984, que llevó a Julio María Sanguinetti a su primera presidencia, que se realizó estando preso, Wilson Ferreira Aldunate y proscripto, LIber Seregni. Una elección con exclusiones nunca es plenamente democrática, pese a que la población votó y le dio indiscutiblemente el triunfo al candidato colorado, comicio que fue abalado por la Corte Electoral.
Luego, en 1989, el triunfo fue del Partido Nacional, comenzando la presidencia de Luis Alberto Lacalle. Todo un período de construcción de la nueva democracia republicana uruguaya en qué, más allá de los enfrentamientos de los sectores políticos, sus claudicaciones y vicios formales, como el exacerbado clientelismo. Paralelamente se pasó de la llamada Ley de Lemas, que favorecía claramente a los sectores tradicionales con el funcionamiento a mansalva de las llamadas "cooperativas" de votos, con su extensión "más democrática" al resto del espectro político.
Sin embargo las fallas del sistema hoy aparecen en lo que se han convertido los partidos políticos, verdaderos conglomerados mediáticos de funcionamiento prácticamente electoral (¿aspiradoras de votos?) que luego del comicio se diluyen como el agua de la lluvia en el arroyo.
Hoy cada integrante del "establishment" oficialista desconoce otras realizaciones que las propias y la llamada oposición, en una competencia tan absurda como la anterior, solo cuestiona y contradice. Nunca hay síntesis, hay ideas, hay caminos distintos, pero que le planteen al elector opciones distintas pero atendibles. Todo se está reduciendo, como dice Gerardo Sotelo en su blog de Montevideo.com, a la "descalificación personal, la imprecisión y la superficialidad"
Ahora, insólitamente, se especula a que los indecisos se vuelquen, como en una contienda exitista, a favor de lo que digan las empresas encuestadoras, por ello "jugar a ganador" es un valor inapreciable para escudar la uniformidad vacía de los discursos, las nomenclaturas previsibles, la administración de la conveniencia o connivencia de escasos protagonistas, el trámite exitista de gestiones poco claras, la mediocridad que hace de la acción político - electoral un instrumento de promoción personal ante la opinión pública, cuando lo que está en juego es el destino de todos.
En la antigüedad la opinión publica se remitía simplemente al dialogo que establecían los notables, es decir, sólo aquellos que no dependían económicamente de otros para su supervivencia. Las mujeres, los esclavos y los niños no poseían la capacidad de contemplar, opinar y dialogar sobre las cuestiones de la polis, ya que sólo eran aptos para trabajos manuales. Consecuentemente imperaba la marginalidad en el espacio público y no existía el diálogo sobre asuntos públicos.
Posteriormente, esa situación empezó a cambiar. Se conceptualizaba entonces como la opinión "del pueblo". Durante el siglo XVIII español, el concepto de opinión pública equivalía a "opinión de la multitud", normalmente expresada a través de una reunión masiva. A finales de este siglo, sin embargo, empieza a adquirir connotaciones cualitativas y adquiere las notas propias que le otorgaría el liberalismo, como instrumento de guía y control del gobernante.
El liberalismo progresista posterior añadió la idea de que sólo los ciudadanos activos, aquellos que participaban en política, expresaban la verdadera opinión pública, que se transmitía a través del ejercicio de libertades naturales y que sólo limitaba al Ejecutivo a través de la responsabilidad moral. Conviene recordar que en aquellos tiempos sólo se consideraban ciudadanos (con derecho a participar en asuntos políticos) las minorías gobernantes o dominantes de las naciones occidentales o colonias.
Por supuesto que en medio de la vorágine irracional que está englobando a los uruguayos en esta campaña electoral muchos de los avances de la humanidad se borran o retroceden. El avance de la intolerancia que crece día a día en los medios de comunicación, especialmente en las expresiones de lectorales, es sorprendente. Se multiplican la diatribas y a las argumentaciones se las contesta con insultos y afirmaciones pretendidamente triunfalistas. Claro, es un reflejo de lo que ocurre en la propia campaña política en qué los candidatos en lugar de plantear propuestas prefieren la descalificación personal, la imprecisión argumental y la superficialidad que, lamentablemente provoca solo indiferencia. Personalmente no creo que el camino idóneo para triunfar en octubre o noviembre, tan solo dentro de 7 semanas, sea este.
Por aquí, los que somos simples electores tenemos una revalorizada, luego de la noche de la dictadura, nuestra cultura republicana - aunque hoy como sostiene Federico García Vigil - vivamos en un período de decadencia, quizá producto de cambios que necesariamente nuestra sociedad debe asimilar. Pero ello no quita que no merezcamos qué en esta campaña electoral mucho más que confrontaciones por dichos anecdóticos y que tachaduras por "baches" informativos o culturales, se manejen ideas y propuestas
Los uruguayos somos mucho más que objetos a disposición del viento mediático.
Porque en una elección nos estamos jugando nuestro destino.
(*) Periodista.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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