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Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

22 Septiembre 2009

¿Asistimos al fin del sistema capitalista?

  

Un tema que debe considerar el nuevo gobierno

   

            La realidad del sistema capitalista globalizado tiende a clarificarse luego de haber pasado el vórtice de la crisis provocada por el estallido del globo financiero inflado por las corporaciones, que en su afán de multiplicar sus ganancias, tomaron la costumbre de incitar a las familias a endeudarse, a consumir sus futuras ganancias, los intereses futuros, la futura elevación de la venta de sus viviendas. Mientras tanto las bolsas capitalizaban ese "futuro" pero solo teórico crecimiento. ¿Asistimos, entonces, al fin del sistema capitalista?

           Cuando nos encontramos en el marco de una muy lamentable campaña electoral en qué un día sí y otro también, se baja un paso más el nivel de la diatriba o el error estratégico, es bueno intentar salir de los temas puntuales releyendo, como en nuestro caso, un sustancioso artículo del filósofo André Gorz, reseñando algunas de sus reflexiones en las que profundiza sobre una temática que, obviamente, también nos toca a los uruguayos por más que nos sintamos alejados de la catástrofe de la crisis que se habría evitado gracias a que el país - según el ministro de Economía - pudo sortear las vulnerabilidades.

 

Gorz nos alecciona afirmando que el valor ficticio en la Bolsa de Valores de los activos financieros se fue multiplicando de manera incesante, siendo copiada la operativa en toda la superestructura del capitalismo de los países del llamado primer mundo. Algunos autores aseguran que allí el globo financiero supero en tres veces el valor del PBI mundial, provocando además particularmente en EEUU un crecimiento de la deuda externa e interna, la cuales mantenían la liquidez de la economía mundial y el crecimiento de China y países vecinos e indirectamente de Europa.

 

         La economía real se había transformado en un apéndice de ese globo financiero, haciendo cada vez más imperativo para que el mismo no estállese - un elevado rendimiento del capital de las compañías para que el producto de la locura no se volviera inmanejable - con el consiguiente aumento del precio del sector inmobiliario para impedir la conflagración también del globo de los certificados de inversión inmobiliaria, hacia los cuales los grandes bancos atrajeron el ahorro de los particulares prometiendo ganancias desusadas. El escenario del desastre estaba armado.

        

"Por largo tiempo se camino al borde del precipicio y ello explica que los gobiernos de esos países llegaron a la crisis con los ojos abiertos, sin adoptar las necesarias medidas de contención que pudieran cambiar el rumbo de lo que era el camino directo a la catástrofe" (1) Es por eso que uno debe preguntarse en esta altura: ¿Dónde se encontraba en realidad el poder real en esos países, si en los gobiernos o en el aparato financiero?

 

Además eran totalmente impensables que políticas de contenido social o de prelanzamiento del crecimiento pudiera haberse fundando en se sistema de redistribución de ganancias ficticias de la especulación financiera. La esencia del sistema no lo admitiría. Lo que importaba era solo el crecimiento de la acumulación pero esta vez no sobre la apropiación a mansalva de la plusvalía, o por el control de los mercados, sino simplemente por la multiplicación ficticia de los activos.

Y se produjo el descalabro. Hace poco menos de un año, en el 2008 se desató de manera directa la crisis debido al colapso de la burbuja inmobiliaria. Primero fue en Estados Unidos, en el año 2006, que provocó que aproximadamente en octubre de 2007 la llamada crisis de las hipotecas "subprime", desencadenara la cadena de quiebras. Las repercusiones de esa crisis hipotecaria comenzaron a manifestarse de manera extremadamente grave desde inicios de 2008, contagiándose primero al sistema financiero estadounidense, y después al internacional, teniendo como consecuencia una profunda crisis de liquidez, y causando, indirectamente, otros fenómenos económicos, como una crisis alimentaria global (se cerraron o redujeron mercados), diferentes derrumbes bursátiles (como la crisis bursátil de enero de 2008 y la crisis bursátil mundial de octubre de 2008) y, en conjunto, una crisis bursátil internacional de volumen no previsto por ningún analista de occidente. Por lo demás las sobrevaluada materias primas y comoditties se derrumbaron perjudicando a los países productores  o del tercer mundo que estaban acostumbrados a recibir sumas últimamente  desusadas por sus bienes exportables, en un "viento a favor" como nunca había ocurrido con esa dirección, en el planeta, en los últimos cien años.  

Esa realidad mostró que los programas, discursos y especulaciones que ocuparon por largo tiempo la primera fila del escenario político de los países del llamado primer mundo, eran juegos de artificio, realmente ridículos, desfasados de lo que en realidad estaba sobre la mesa. Las promesas y los objetivos propuestos por los gobiernos y los sectores políticos aparecían simplemente como maniobras destinadas a ocultar la profundad de los hechos que en vorágine inaudita cayeron sobre el sistema en su conjunto, colaborando de alguna manera para sincerarlo.

         Sin embargo se trataba de ocultar la realidad que estaba en el fondo del descalabro. Con el método de la voracidad sin medida del sistema, el capitalismo no ofrecía ninguna perspectiva de futuro. Más bien, por el contrario, se vislumbraba una degradación de las condiciones de vida, de debilitamiento más prolongado de la economía y el inexorable deterioro de los más débiles, partiendo de la base y como condición esencial del sistema que no existe otro mecanismo de vida ni sociedad que la del consumo y del trabajo mercantilizado. "Hoy el capitalismo es un sistema moribundo que, parecería, tratar de sobrevivirse a si mismo" (2)

         El hecho esencial es que es el fundamento del capitalismo está en la acumulación continua de capital, ahora tiene un techo visible. La cantidad de capitales acumulados no es capaz ya de valorizarse por el crecimiento del sector productivo y la expansión de los mercados. Las inversiones en la producción por las cuales cada empresa intenta aumentar el nivel de ganancia, tiene hoy el desencadenamiento de formas de competencia mortíferas, las que se traducen en reducciones competitivas de empleados efectivos, en externalizaciones y de localizaciones, en precaria situación de los empleos y, en la escala de la macroeconomía, en la reducción del volumen del trabajo productivo que es el que produce la mayor plusvalía. El propio capitalismo, en su esencia, estaba destruyendo el mecanismo de apropiación del trabajo asalariado.

         Paralelamente, la esperanza puesta por los muchos años de "reformas revolucionarias" que comenzaron al interior del sistema bajo la presión de las luchas sindicales, terminarían por transferir a los obreros los poderes arrancados al capital, no existe más en el primer mundo. La producción necesita allí cada vez menos trabajo, distribuye cada vez menos poder de compra y necesita cada vez menos trabajadores activos. La producción no está concentrada ya en grandes fábricas, el empleo es cada vez más discontinuo, disperso entre prestarios de servicios externos sin comunicación entre si, relacionados por un contrato comercial en lugar que de trabajo. Existe una formula que se resquebrajó. Cuando las empresas emplean menos trabajo, mayor es la importancia del capital fijo por trabajador y la tasa de explotación, es decir el exceso de trabajo más allá de lo que cubre el salario, debe ser más elevado.

         Pero ese crecimiento de la explotación tiene un techo que ha sido alcanzado, no puede seguir extendiéndose, el precio del trabajo se puede minimizar en otras fuentes, China, Filipinas, México o Sudán. Según algunos estudiosos del sistema estos límites han sido alcanzados y, por lo tanto, la acumulación de capital que produce el sector productivo no cesa de disminuir y fue ello lo que produjo la tentación, luego concretada, de la especulación bursátil que determinó el globo financiero que estalló en mil pedazos.

         Uruguay, pese a que vivió algunos coletazos de esa crisis global, especialmente en lo que se refiere a los precios de sus materias primas, aparece a la vuelta del camino sin heridas lacerantes que le impidan seguir adelante. Luego de un trimestre sin crecimiento, se logró retomar la senda, lo que importa porque objetivamente se han superado vulnerabilidades que, de no tenerse en cuenta, podrían habernos metido en otra pendiente de retroceso. Pero los cambios en el sistema deben ser analizados en profundidad para consolidar caminos o, en su defecto, para modificar otros.

         Los candidatos inmersos en la lucha electoral podría salir de su zócalo vergonzoso, levantar en algo la mirada y tratar de analizar la temática que afecta al sistema preponderante en el mundo. Los países en vías de desarrollo no tienen porque seguir la dramática experiencia de morir con los ojos abiertos.

 (1) Jean Daniel (Co-fundador del Nouvel Observateur junto a André Gorz, se convierte en redactor-jefe en 1965 y en director en 1978. Ha sido durante un tiempo miembro del Consejo Superior de la Agencia France-Presse (AFP), miembro del Consejo de Administración del Grand Louvre y miembro del Comité Consultivo Nacional de Ética. En el año 2004, fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades).

(2) André Gorz (De personalidad discreta, es autor de un pensamiento que oscila entre filosofía, teoría política y crítica social. Discípulo del existencialismo de Jean-Paul Sartre, rompió con él tras 1968 y se convirtió en unos de los prinicipales teóricos de la ecología política y el altermondialismo. Asimismo, fue co-fundador (junto a Jean Daniel) en 1964 de la revista Le Nouvel Observateur, con el seudónimo de Michel Bosquet.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

nestor

nestor dijo

Interesante y buen articulo!.Nada hace preveer el fin del capitalismo, sólo basta observar que están haciendo quienes tienen la responsabilidad de cambiar el régimen financiero y monetario mundial(que causó la crisis).Ya están pensando en liberalizar los servicios financieros y el movimiento de capitales con lo que modestamente, creo que volveremos a otra crisis; por lo tanto, dependerá de que tipo de resistencia adoptará nuestro futuro gobierno, para que el robot no sea mas importante que el ser humano.-

22 Septiembre 2009 | 06:12 PM

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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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