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Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

20 Diciembre 2009

¿Ya no estamos incluidos en una civilización del trabajo?

Uruguay, "país productivo" 

 

Por Carlos Santiago (*) 

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      Nuestro país no es ninguna excepción en este mundo globalizado. Vive, de algún modo, por las características de las modalidades de cómo se organiza la producción y él el trabajo, una incipiente desintegración social que es el corolario a qué se verifica en nuestra sociedad también qué el trabajo a tiempo completo de todos los ciudadanos ya no es necesario ni económicamente útil. 

      ¿A qué viene esta afirmación que parecería una afirmación casi apocalíptica en el comienzo del segundo gobierno del Frente Amplio, que tiene como objetivo esencial de su plataforma, reducir los márgenes de desempleo y concretar el objetivo del "país productivo"? Es que esos objetivos que, parecerían correr en paralelo hoy, en el mundo que vivimos, se demuestra que se desarrollan por carriles contradictorios. Me explico. 

     Ya en alguna nota anterior, concretamente hace dos semanas, Manejábamos el ejemplo que un vergel de riqueza de 20 mil hectáreas existente en la zona de Cololó, es manejado con un personal de 20 personas. Lo qué pretendíamos trasmitir a los lectores es algo que siempre se encontró en los discursos de lo ministros de Ganadería y Agricultura, desde Mujica hasta Agazzi, qué señalaban sin ocultamiento las características que ha tomado la organización del trabajo en nuestro sector agropecuario, altamente modernizado y con tareas siempre tercerizadas con empresas que realizan desde siembras a cosechas con la mayor eficiencia, sustituyendo con máquinas modernas y eficientes lo que antes era tarea de personas asalariadas.  

     Este proceso se ha venido acentuando en el tiempo y también multiplicado en la industria y la agropecuaria, en donde la robotización y automatización sigue sustituyendo el trabajo humano en niveles crecientes lo qué, en países sin soluciones previsionales adecuadas y una visualización de la magnitud del problema real que se plantea, lleva a situaciones muy complejas en sociedades que comienzan a deteriorarse, rompiéndose los lazos de solidaridad entre las personas qué, obviamente, está en la base de toda la problemática social que tiene una innumerable cantidad de expresiones, desde la marginación a la que lleva la pobreza, hasta la carencia de objetivos de los jóvenes que abandonan las aulas, pasando por la creciente utilización de ininputables para le Ley, de parte de delincuentes consuetudinarios, en delitos de distinta índole y violencia.  

     Claro, otra cosa sería, si con imaginación y recursos lográramos agregar trabajo y riqueza, de manera vertical, a esa producción acrecentada de la agropecuaria, lo que permitiría aumentar la oferta exportable y sustituir en el mercado interno cientos de productos y elementos que llegan al país desde el exterior. Lo paradójico es que algunos de ellos, como los que producía la hoy casi desaparecida industria textil, fueron producciones de punta en el país que en el correr del tiempo, por efecto de la globalización, no pudo competir con la producción de otras regiones del mundo en qué los estándar tienen una magnitud más favorable y logran precios altamente competitivos.  

     Por supuesto que antes de los procesos globalizadores aparecieron las teorías de la apertura de los mercados, base esencial del llamado "neoliberalismo", que determinaran concretamente en nuestro país la desaparición de las polémicas "protecciones" que, en muchas ocasiones, servían para encubrir la falta de eficiencia y hacer pagar al resto de la sociedad la incapacidad de muchos empresarios para mejorar y modernizar gestiones industriales. El resultado final fue una recomposición del mercado del trabajo, convirtiendo a gran cantidad de obreros que estaban en la producción en agentes de las tareas de servicios. Hay que aclarar que en todo este mar de contradicciones, pasaron sin dificultades, las empresas públicas que, con sus mecanismos monopólicos, arbitraban su sostenimiento castigando a la población con las tarifas, históricamente de las más altas de la zona.   

       Sin embargo hoy, a la vista de la experiencia, al analizar la historia del trabajo en la edad moderna se puede llegar a concluir que desde su mismo comienzo, se está planteando un similar problema que podría resumirse en la siguiente interrogante: ¿En qué medida es compatible la racionalidad económica que se plantea, abaratando costos, con el mínimo de cohesión social que una sociedad necesita para sobrevivir? Porque esa "racionalidad económica" no es otra cosa que producir cada vez más con menos mano de obra, recurriendo a la robotización y a la tecnificación de los procesos industriales e incluso agropecuarios. Hoy este mismo problema existe en Uruguay, dramáticamente convive entre nosotros y se plantea bajo nuevos aspectos, con una actualidad asombra por su paralelismo con otras realidades. 

     En el conjunto de los países capitalista europeos - por ejemplo - se produce hoy tres o cuatro veces más riquezas que hace treinta y cinco años. Sin embargo, tal producción más que multiplicada no precisa una proporción mucho mayor de horas hombre de trabajo. Exige una cantidad de trabajo más reducida. Hay quienes afirman que esa situación es compensada por muchos en base al multiempleo. Sin embargo los asentamientos nuevos que se han creando en zonas del interior del país, en donde no existen múltiples posibilidades de lograr esos sustitutos, parecen indicar que esa realidad es uno de los dramas que está en la base de nuestra problemática económica. 

     Las consecuencias de estos aumentos de la productividad en Europa son resumidas por Jaques Delors (1) de la siguiente forma: "En 1946, un asalariado de 20 años debía contar con pasar en el trabajo un tercio de su vida activa; en 1975, tan solo paso un cuarto y hoy en día menos de un quinto" Por supuesto que esta última cifra no incluye las posteriores robotizaciones, los nuevos y futuros aumentos de la productividad provocados por esa tecnificación creciente. Refiriéndose al caso de los franceses, Delors indica que hoy los franceses mayores de 15 años cumplirán menos tiempo en el trabajo de lo que pasan gastando su tiempo frente al televisor. 

     Claro, Uruguay es un país con rasgos propios, enclavado en un lugar marginal del mundo, pero que trata de salir adelante aumentando su riqueza atrayendo inversiones productivas. Pero, hay que preguntarse: ¿Se tiene claro que ya no vivimos en una sociedad en que la mano de obra tenga la misma importancia que en el pasado? ¿Es que ya no estamos incluidos en una civilización del trabajo? 

     Muchos economistas y también algunos sindicalistas justifican  el proceso de automatización con el siguiente análisis, que en primera instancia, desde el punto de vista económico, parecería impecable: "Esa automatización - dicen - hace descender los precios relativos de muchos productos, mejorando su consumo y la competitividad de los mismos frente a otros del exterior"  El razonamiento es redondo y parecería no tener aristas para  la discrepancia. Sin embargo, hay que preguntarse: ¿De dónde proviene ese descenso de precios que mejoran el consumo y la competitividad de esos productos? 

     La respuesta es simple, esa mejora en la comercialización por caída de precios surge de qué las empresas industriales y agropecuarias, que han ido automatizando su operativa han logrado reducir el volumen de los salarios que pagan.   

     Y además, como todos bien sabemos, quienes mejoran la capacidad de consumo de esos artículos abaratados por la "modernización" del mecanismo productivo, no son justamente quienes quedan excluidos del trabajo.

      
 Evidentemente, todo un arduo panorama para reflexionar, realidad para tener en cuenta y plantearnos como avanzar dentro de esta sociedad de nuevo tipo dentro de un país que sigue manejando un apellido que todavía parece grandilocuente, el de "productivo". 

     (1) Jacques Delors político europeo de nacionalidad francesa, presidente de la Comisión Europea entre 1985 y 1995

 

(*) Periodista.  
 

 

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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