La elección de Ana Olivera como candidata a la Intendencia de Montevideo
La elección de la comunista Ana Olivera como candidata a la Intendencia de Montevideo parecería que despejó un serio problema que tenía de la interna del Frente Amplio, incapaz de completar las mayorías estatutarias exigidas por el Plenario Departamental para la designación del candidato. ¿Por qué esta tan obvia reflexión al comienzo de este trabajo?
Es que los vetustos estatutos de la coalición de izquierda, elaborados bajo la influencia del general Líber Seregni fueron pensados para otra cosa, concretamente para convertir el conglomerado de partidos, grupos y grupúsculos que es el Frente Amplio, en una fuerza presuntamente homogénea que no se empantanara en cada decisión. Seregni siempre sostuvo que lograr el consenso era una meta imprescindible en aquella etapa de la izquierda, cuando el fluir de opiniones y la vitalidad de los comités de base era un elemento indiscutible que hacía de la coalición una experiencia única.
Sin embargo el tiempo pasó, la cualidad del Frente que, primero fue gobierno comunal en Montevideo y luego obtuvo, en un logro notable de la izquierda, el gobierno nacional, cambió rotundamente. Se hizo evidente que la vieja palanca de los Comités de Base se comenzó a desgastar, en parte porque el militante no se encontraba en ellos el sentido fermental y aglutinador del período anterior, cerrando muchos sus puertas y otros quedando como "sellos" de un pasado distinto, de crecimiento.
Hubo en ese período una clara disidencia entre la acción de los Comité de Base con la de gobierno, apareciendo en algunos altos funcionarios un escozor casi enfermizo por la acción de aquel pueblo organizado que, ¿por qué no?, también se sentía parte, primero del gobierno comunal que encabezó Tabaré Vázquez y luego - es obvio decirlo - del nacional. Sin embargo la visión de muchos funcionarios, de gobernantes, de quienes tenían en sus manos la tarea de conducción de los distintos gobiernos, la acción de la militancia organizada aparecía como molesta, muchas veces voluntarista y casi siempre desubicada.
Entonces imperó el verticalismo y las políticas "centrales" de la coalición comenzaron a ser simplemente nominativas y desmovilizadoras de los Comités de Base. Cualquier expresión discrepante con la acción de algún funcionario del gobierno, era tomada como la acción sectaria de "los rompe bolas de siempre", a los que se les ponía coto con el simple mecanismo de darles la espalda.
De aquellos lodos a estos pantanos. ¿Quiénes quedaron tras las puertas que se abrían casi clandestinamente de los viejos bastiones de militancia? Los representantes de los partidos organizados, especialmente el PCU y con menos rigor, del MPP. Si analizamos quienes están hoy al frente de los Comités de Base vemos claramente los mismos colores, las fuerzas que en el Congreso del Frente que aprobó la candidatura de Mújica, votaron mancomunados, haciéndole tragar el polvo de la derrota a Astori, a quién luego se debió recurrir para formar una fórmula altamente competitiva. Nosotros planteamos ese problema en aquel momento y porque teníamos esta visión, qué mantenemos, fuimos denostados, hasta calificados de agentes del adversario electoral. Lo que ocurre es que el sectarismo es ciego y no tiene medida cuando arremete.
Claro, la fuerza del Frente Amplio lanzada a la lucha electoral fue imparable y el éxito coronó lo que había sido, claramente, una decisión copular.
No desconocemos los méritos de la señora Ana Olivera, quizás mayores a los de los otros candidatos que se presentaron al Plenario Departamental para competir por la candidatura a la Intendencia de Montevideo. Pero, más allá de ello, de su elección surge - nos parece -la misma problemática a la que nos referimos anteriormente, que es en definitiva, el divorcio que existe entre la cúpula del Frente Amplio, de su militancia activa, de quienes podríamos llamar cuadros medios porque son quienes toman las decisiones en los Congresos y Plenarios, con el frenteamplista de a pie.
Una encuesta de opinión qué presentó oportunamente el Partido Socialista un día antes del Plenario aclaró lo que ya se podía detectar de las lecturas de la prensa y se intuía entre la gente: los montevideanos preferían, en mayor medida, a Daniel Martínez. "Probablemente - como dice Constanza Moreira- más que una preferencia eso expresaba un reconocimiento básico: los montevideanos conocen a Daniel Martínez. Su nombre estuvo propuesto para la presidencia del país, fue director de un ente autónomo y ministro, y actualmente es senador. De todos los candidatos, Martínez es, como vino a mostrar la encuesta, el segundo más conocido (la primera es la candidata nacionalista Piñeyrúa)"
Ana Olivera en la misma encuesta aparecía como la menos conocida, como la "outsider" del grupo de candidates. Pero el Plenario, para no exhibir en público sus discrepancias, optó por la contradicción de preferir un candidato único en Montevideo (mientras el Frente no tenía problemas en la apertura de candidaturas múltiples en el resto de los departamentos), mecanismo que hacía imposible que ni Daniel Martínez ni Carlos Varela lograran los mínimos exigidos estatutariamente por el Plenario para zanjar la cuestión. Entonces las manos de MPP y comunistas se alzaron a favor de Olivera, se logró la mayoría, y el problema de fondo, aunque la candidata no sea conocida y se requiera de un redoblado trabajo militante del Frente para imponerla como intendente en Mayo, quedó para otra oportunidad. ¿Cuál es el problema de fondo?
Para expresarlo recurramos nuevamente a la lucidez de Moreira: "La idea de un candidato único era no exhibir las "disidencias" internas frente a un electorado tan amplio (y calificado) como el de Montevideo, al tiempo de ahorrarle a los grupos y sectores participar con sus listas en una puja interna, en la cual aquellos que apoyan al candidato perdedor salen en general muy mal parados electoralmente (como ya sucedió en la elección de octubre, entre otros, con la Vertiente Antigüista)"
"Sin embargo, razones tan simples como esta difícilmente sean expresadas públicamente, porque existe una cierta cultura "vergonzante" de que las razones puramente políticas deben ser ocultadas al gran público, so pena de que al conocerlas nos dejen de votar. Esgrimimos entonces razones de principios (como la candidatura única en Montevideo, habida cuenta de que muchos otros lugares son múltiples), que se evidencian, al menos para los conocedores, como poco creíbles. Y debilitamos nuestra credibilidad política. O al menos contribuimos a hacerlo, en el corto plazo"
En definitiva hubo un juego de poderes. Martínez como Intendente de Montevideo le podría parecer a algunos como un posible candidato para las próximas elecciones presidenciales y por ello se le bajó el pulgar. Sin embargo no se puede decir que ese camino es automático y que lo ocurrido con Tabaré Vázquez se podría repetir. A no ser que a algunos le haya ganado la miopía y la mezquindad y quieran, desde ya, reservarse un lugar en la próxima fórmula presidencial del 2005.
Hay mucha agua para correr bajo los puentes y se esto es así vamos por un camino equivocado. Lo mejor es que todo se aclare, se polemice ante la gente y con total franqueza se argumente las razones de un veto que, a esta altura, parece inconducente.
Porque además tenemos un ejemplo reciente del resultado que tienen las resoluciones copulares, alejadas del sentimiento de la gente. Y ese ejemplo es Chile.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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