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Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

29 Abril 2011

Uruguay: El “viento a favor” puede amainar

Algunas reflexiones sobre el destino común

Por Carlos Santiago (*)

Alguna vez, en una de nuestras reflexiones semanales sobre el destino común, mostramos nuestra preocupación por nuestro destino mediato.  Aquella nota titulada  “Alternativas e irrealidades de un país distinto” fue motivo de una polémica sorda, encerrada en cónclaves y pasillos, mesas de café y corrillos, porque se sostenía que la nuestra era una nota “irrespetuosa”, ya que tiraba al suelo la mayoría de los logros concretados por el gobierno y que se estaban expresando, entre otras cosas, por el creciente consumo.

¿Qué decíamos? Advertíamos que el país y el resto de los productores de materiales primas, llamados también países emergentes de América Latina, estaban viviendo una suerte de “burbuja” que tenía dos determinantes que podrían cambiar, modificando de un día para otro la realidad de bienestar que es el resultado de crecimiento que está favoreciendo al país y a la región, producto de dos variables que se vienen manteniendo desde hace varios años: la primera, el crecimiento de los precios de las materias primas y commodities; la segunda, el ingreso, histórico, de capitales a los países emergentes que ha determinando reactivación de la economía, lo que en nuestro Uruguay tuvo algunos resultados espectaculares pero que, a su vez, descorre algunas carencias que se mantienen por ahora congeladas.

Nos preocupaba, por ejemplo, el poco desarrollo de las obras de infraestructura y de todo aquel otro progreso básico que, de cambiar el viento a favor que hace navegar raudamente al país hacia el crecimiento, determine que el país pueda mantenerse en actividad sin ingresar en una crisis indeseable. Y por supuesto, hablábamos de mejorar los niveles de nuestra educación, que debe estar vinculada a los tiempos que se viven. Decíamos que el tiempo de los aradores, boyeros y domadores, en alguna medida, había desaparecido. Hoy las necesidades que plantean las novedosas modalidades de la producción agropecuaria exigen trabajadores con otros conocimientos que nuestros tradicionales hombres de campo y allí, para no formar resentidos que se vean desplazados de sus lugares de trabajo, es necesario darle a todos los muchachos los elementos básicos para que puedan insertarse a los mecanismos productivos predominantes en el siglo XXI. Ello no quiere decir que no se eduque a todos con elementos humanistas que hagan ver que un camino común, solidario, es el más idóneo para una sociedad en crecimiento.

Pero una cosa no se opone a otra. Darle a los muchachos las herramientas necesarias para insertarse en las cada vez más sofisticadas tareas que exige el mundo del trabajo –recordemos algunos casos dolorosos, como la importación de soldadores desde Europa para las obras de Botnia, la continua contratación de trabajadores de la construcción, especializados, provenientes de Brasil, la venida de operadores de máquinas agrícolas desde Argentina y los planteos de muchas empresas que no encuentran mano de obra en el país y por ello estudian su traslado a otra realidad – no quiere decir que se le cercenen los valores humanistas de los que todavía se vanagloria nuestra educación, los que – claro está – no son cuantificables en los cómputos Pisa.

Pero el tiempo es oro, el país no puede seguir encerrado en viejas contingencias ideológicas, visiones que confrontadas en el marco de la sociedad solo sirven para desestimular a operadores económicos y a poner a las primeras figuras del gobierno a estar ocupadas un día si y otro también en realizar continuas aclaraciones para evitar males mayores. La polémica en torno a la distribución de la riqueza, en que algunos con visiones anquilosadas no tienen en cuenta la contribución de los distintos sectores en la creación de riqueza y en la multiplicación del trabajo, plantearon varias fórmulas para modificar realidades sin tener en cuenta elementos básicos que hacen al desarrollo del país.

Volvemos al tema porque ahora no estamos solos en la preocupación del fin de la bonanza.  En una nota publicada esta semana por el diario “La Nación” de Buenos Aires, el conocido economista Andrés Oppenheimer, maneja la siguiente información: “¿Qué hizo que los economistas internacionales pasaran de repente del entusiasmo al nerviosismo sobre América latina?, le pregunté a Mauricio Cárdenas, coautor del estudio de Brookings. Cárdenas, ex ministro de Desarrollo Económico de Colombia, me dijo que hay crecientes indicios de que los factores externos que habían beneficiado a América latina pueden desaparecer, además de tendencias preocupantes dentro de la región”.

“China, cuya compra de materias primas se ha convertido en un motor principal del crecimiento de América del Sur, acaba de anunciar que disminuirá su meta anual de crecimiento del 10 por ciento al 7 por ciento en los próximos cinco años, algo que indudablemente causará una caída de la importación china de materias primas, explicó Cárdenas. Además, es posible que Estados Unidos aumente pronto las tasas de interés, algo que le restará capitales a América latina, agregó. Hay que ahorrar en la época de las vacas gordas", me dijo Cárdenas. "Estamos a tiempo, pero justo: es probable que veamos un cambio de las condiciones externas tan pronto como el año próximo."

Hasta aquí este fragmento del trabajo de Oppenheimer, al que le podemos agregar algunas opiniones más, sabiendo que para algunos uruguayos las mismas tienen un valor más que relativo, por provenir de un técnico del Fondo Monetario Internacional (FMI), organización réproba, maldecida y defenestrada, mucho más allá de su desprestigio ganado en buena ley a raíz del sectarismo ideológico que lo llevó a no comprender que muchas de sus recetas de ajuste fueron “pócimas” terminales para muchos países que tuvieron en seguir a pie juntilla sus imposiciones.

Sin embargo ahora un documento interno del FMI titulado "Manejando la abundancia en América latina para evitar la crisis'', fechado el 7 del abril, comienza con un diagnóstico sombrío: afirma que la región está en una etapa de "doble viento a favor persistente, con riesgo de un fin abrupto". Explica que gran parte de la actual prosperidad de la región se basa en dos circunstancias externas extraordinarias -una abundante liquidez global, que resulta en una gran entrada de capitales a la región, y un aumento en los precios mundiales de las materias primas gracias a la demanda de China- que posiblemente no duren mucho.

"La intensidad inusual de estas condiciones externas favorables puede dar lugar a la acumulación de vulnerabilidades y a un mayor riesgo de una reversión repentina'', dice el estudio. "Las condiciones externas favorables pueden ocultar vulnerabilidades subyacentes en las cuentas fiscales, financieras y externas, así como generar posible complacencia y exuberancia. ‘‘Esto significa que muchos de los países de la región están gastando más de lo que deberían, tienen monedas sobrevaluadas y no se están preparando para el futuro. El documento interno del FMI advierte en su primera página que refleja la opinión de sus autores y no necesariamente la del FMI, pero su autor principal es Nicolás Eyzaguirre, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI.

Un estudio aparte, publicado por la Brookings Institution y dado a conocer al inicio de las reuniones del FMI y el Banco Mundial, también refleja temores sobre el futuro de la región. El estudio de 80 páginas, titulado "Perspectivas económicas latinoamericanas", dice que "hoy, el recalentamiento y las presiones inflacionarias están en aumento, y muchos reguladores financieros se preguntan si el crédito doméstico ya no está creciendo de manera excesiva". Agrega que "un área de especial preocupación" en Brasil y en otros países de la región son los excesivos créditos bancarios a los consumidores, que posiblemente nunca sean pagados.

Tal vez las opiniones manejadas no sean de recibo para algunos integrantes de nuestra cópula gobernante, que primero mira el currículum del opinante y después de aceptarlo o no, tiene en cuenta o relativiza las informaciones u opiniones de un trabajo concreto. El camino a la crisis está empedrado de suspicacias y desprecios, decía un economista amigo que falleció hace algún tiempo que en un curso del ILPES, realizado en la Argentina, nos ilustró sobre las investigaciones realizadas en nuestro país en su tiempo, en el marco del Instituto de Economía, con la aplicación de distintos modelos, que – en su época – llegaron a la conclusión del que Uruguay era económicamente inviable.  Sin embargo el tiempo pasó, las condiciones internacionales se modificaron, los esquemas de producción también se modernizaron, desapareció la estancia cimarrona y los paramos se convirtieron en vergeles sojeros, con otras zonas en donde los árboles han multiplicado la riqueza y la “militancia” de ecologistas.

La crisis del primer mundo y en especial de los EEUU, determinó acciones que deprimieron los intereses que se le pagan al capital en el país del norte, el qué comenzó a buscar nuevos destinos, colocaciones más rendidoras, favoreciendo a los países emergentes.

Y desde allí, Uruguay, impulsado por un descomunal viento de cola comenzó a crecer y a mostrar otras problemáticas. Son casi ocho años de mejoría constante de nuestros índices, paralelamente a lo que se puede contabilizar una progresión salarial importante y una caída histórica del desempleo. Quebrando otros esquemas ideológicos, es en este período de bonanza, en donde se desmadra la delincuencia y hace crisis la inseguridad. Por supuesto que algunos no dan el brazo a torcer y fijan el inicio y la responsabilidad de la situación que hoy sufrimos en la crisis del 2002, cuando el país tocó fondo. Claro, que de seguir el fenómeno, no tendrán ya argumentos y reconocerán algún día, quizás,  que la situación es también producto de la debilidad del sistema, de las falencias de la educación, de la falta de incentivos de una juventud que todavía no ha encontrado un rumbo a su vida, comprendiendo que el camino en común y solidario.

Para nosotros no cabe duda que el día que podamos limpiar nuestras mentes de prejuicios y telarañas ideológicas, propias de un pasado vetusto que ya demostró su caducidad, el país podrá escapar hacia delante. De lo contrario, empantanados en la soberbia de la infalibilidad, nunca podremos encontrar los caminos para seguir adelante por nosotros mismos.

Siempre las soluciones las vamos a esperar a que lleguen desde afuera.

(*) Periodista.

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logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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