Qué la retranca no cuestione el futuro
Lucha sin cuartel en contra de la inflación en Uruguay
Por Carlos Santiago (*)
Quien compra lo superfluo
no tardará en verse obligado
a vender lo necesario.
Benjamin Franklin
La inflación es un problema compartido por todos en el país. Nadie en su sano juicio puede creer y aspirar que este impuesto generalizado a los ingresos sea positivo para algo, pese qué más de un especulador, cuando se produce el fenómeno alcista, se frota las manos por las ganancias que puede obtener en plazos breves.
El rango al que se arribó a fin de año, fue un aviso para todos quienes advierten el peligro del proceso que significa, claramente, un empobrecimiento permanente en que especialmente los sectores de ingresos fijos van perdiendo paulatinamente poder de compra. Achicando día a día su nivel de vida.
Ya la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), realizó varios análisis al respecto, estableciendo que muchos millones de personas en nuestro continente caerían por debajo de la línea de la pobreza como producto de la suba de precios. Un ejemplo de ello es Argentina en donde el kirchnerismo utilizó el manejo de cómputo alcista tratando de torcer la realidad que, según los que coinciden los analistas privados, llevan el fenómeno a más del 30% anual (casi un 90% durante todo el transcurso de la Presidencia de Cristina)
La inflación ha obligado a los países de la región a aplicar todo tipo de soluciones, las que van desde la baja de aranceles a la importación hasta el control del gasto público, pasando por la suba de las tasas de interés o, en otros casos que no son Uruguay, por la reducción del IVA a los alimentos y combustibles
Nuestro Banco Central, tratando de recomponer los equilibrios dentro de una economía en que el crecimiento diversos rubros es más que preocupante (por diversas razones), optó por seguir aplicando la última la receta ortodoxa de contención del proceso, aumentando de nuevo en medio punto (ya está en 8) los intereses sobre los préstamos en moneda nacional entre bancos. En el primer día de puesta en práctica del nuevo escenario, el dólar tuvo un importante aflojamiento en su cotización que debió ser controlada por una compra masiva resuelta por el Ministerio de Economía a través de lo bancos oficiales intervinientes. La pregunta que debieran hacerse los analistas (quizás estén en ello), es si esta política de aumento de incremento de los intereses es posible cuando se está verificando un proceso de déficit.
Ese cambio paulatino de equilibrios que plantea el Banco Central, provoca reacciones. En primer lugar de autoridades de la Unión de Exportadores reiteraron su prédica de la peligrosa pérdida de competitividad. También hay quienes entienden que la suba de la tasa de interés de referencia, con el objetivo explícito de enfrentar la inflación, es un instrumento muy limitado, pero seguramente seguirá influyendo sobre las expectativas y, probablemente, como ocurrió anteriormente, impulsar a la baja al tipo de cambio nominal , actuando sobre la competitividad del país y propiciando, como se ve en los cómputos, en el incremento de las importaciones cuya incidencia, en algunos rubros, son el factor determinante de las masivas compras de la población.
El equipo económico, a contrapelo de lo que está ocurriendo en el mundo internacional, prioriza la estabilización, el crecimiento y la competitividad. Sobre todo cuando hay otros instrumentos para enfrentar la inflación
El juego de las expectativas
En más de una ocasión nos hemos preguntado: ¿qué nos pasaría a los uruguayos que vemos los logros o fracasos con una visión siempre triunfalista o catastrofista, si los índices que miden el crecimiento, la inversión, la desocupación y la salud comenzaran a deteriorarse como resultado indeseado de la aguda crisis del sistema? Algunas respuestas tenemos sobre el punto pero no todas. Advertimos, por ejemplo, que esa situación puede influir decisivamente en las decisiones que adopte la gente en adelante, como se verifica a nivel de países que, por distintas razones imprevistas o de mala política, se han introducido en la vorágine de una crisis.
Porque un país pequeño como Uruguay, con algunos problemas estructurales endémicos, y a merced de un mundo convulsionando, donde se produce una brutal distorsión de la moneda norteamericana y una especulación desenfrenada con el precio de los alimentos, está viviendo las etapas positivas de la especulación mundial con los comoditties, pero sin haberse desprendido de su vulnerabilidad, casi natural, más allá de las adecuadas políticas y las mejores intenciones. ¡Ello es innegable! Vulnerabilidades que están vinculadas al valor mismo de la divisa norteamericana, hoy producto de su importante ingreso en el torrente monetario uruguayo. Una paralización de ese proceso, por una simple modificación a la alza de los intereses que se paguen en EEUU, determinaría una modificación significativa. Y hay otras.
Y a estas situaciónes, además, debemos sumar un hecho puntual: la carencia de políticas de desarrollo de la infraestructura logística del país, que se manifiesta en un transporte ferroviario que no existe, situación que seguirá latente mientras las estructuras mentales de la dirigencia política no comprendan la necesidad de un aggiornamiento que determine que sean los interesados los que concreten la gestión de la obra.
Esa carencia se suma a la incapacidad del sistema vial para cubrir las necesidades de una producción agropecuaria que se multiplicó muchas veces por la incidencia de la demanda internacional, sin la necesaria correlación para transportar los productos a puertos y a plantas de procesamiento. El presidente Mujica ha advertido sobre el apagón logístico y tiene mucha razón, especialmente cuando aparecen dirigentes, basándose en arcaicas conclusiones ideológicas, para oponerse a cuanta acción impulse al progreso. Una crisis de ese tipo, obviamente, modificaría muchas de las pautas que hoy impulsan al consumo.
Parecería injusto que el actual proceso de crecimiento, que no significa que el país se esté desarrollando de manera paralela, sea quemado en una propensión al consumo que además determina, entre otros factores, un abono importante para el proceso inflacionario. ¡Qué el esta etapa histórica que está viviendo Uruguay naufrague sería un pecado histórico!
Y más lo sería si el hundimiento se produjese por cerrazones ideológicas que no nos permitan avanzar, consolidándonos en la retranca ,
Y de ello hay síntomas preocupantes.
(*) Periodista. (Nota publicada en el suplemento Bitácora de La República)




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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