Solidaridad con César Casavieja

Cómo no voy a recordar a César Casavieja, un serio y responsable cronista que siempre trajo primicias a un diario (La Mañana) en donde compartimos vicisitudes y destinos. Fue él quién, entre sorprendido y apabullado por el hecho, nos trajo la información de la aparición del cadáver del químico chileno Berrios y nos puso al tanto de muchos hechos vinculados con ese caso, uno de los más significativos de la historia de la violencia política en el país del que todavía se viven contingencias, porque existen militares de nuestro Ejército que se encuentran procesados en Chile.
Un hombre modesto, trabajador, inteligente, sin las grandilocuencias de otros que multiplican en palabras sus éxitos. Casavieja trabajaba con ahínco, serenidad, tratando de que la información que aportaba fuera siempre fidedigna, respetuosa del difícil mundo en que se manejaba profesionalmente en donde siempre la denotación, la falsedad y la tergiversación son elementos que resaltan.
Los años pasaron, el mundillo de la prensa se hizo cambiante y Casavieja debió tomar otros rumbos más humildes. Debió abandonar – no por su deseo – la profesión de periodista y los vaivenes de la vida los colocaron en un trabajo distinto, el de guardia de seguridad. Es un hombre valiente y muchas veces en esa nueva función frustró la acción delictiva de “malandras” que apañados por leyes permisivas arremeten contra nuestra sociedad y victimizan siempre a los más indefensos. Casavieja trató de evitar otro delito en una situación desigual, quizás, jugándose la vida, sin establecer mecanismos previos para operar en contra este tipo de delincuentes.
El resultado lo vimos todos. Casavieja recibió seis balazos de asesinos, seguramente drogados, quizás menores de edad, que han perdido los códigos – como dice el ministro Bonomi – y son capaces de la atrocidad mayor. Asesinos que matan, porque en su locura inconsciente tampoco les importa su propia vida, asesinos que no han advertido que no tienen otro futuro que la cárcel o la muerte.
Casavieja es un padre de familia, que cumplía esa función de guardia de seguridad, porque a ella le había llevado las piruetas de la vida, abandonando la profesión en que mejor se desempeñaba, el periodismo. Pero su valentía, de hombre íntegro, determinó que tuviera reflejos impensados. Se enfrentó contra este grupo de desclasados, armados, deshumanizados y seguramente drogados que no solo lo balearon sino que trataron de “rematarlo” cuando Casavieja estaba caído entre las góndolas del supermercado.
Hoy el compañero se debate entre la vida y la muerte y, por supuesto, su familia necesita de la solidaridad de todos, especialmente de quienes lo conocimos, aunque no fuimos sus amigos porque Casavieja tenía una personalidad retraída que, en lo personal, nos hubiera justado superar.
Se ha abierto una cuenta en Red Pagos, la Nª 32112. Esperamos dentro de días o semanas darle un abrazo caluroso al compañero recuperado. Y, por favor, que las autoridades adopten las medidas adecuadas para detener y sancionar a los agresores de Casavieja, personas que indudablemente no pueden convivir en una sociedad civilizada.




"Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).
Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina).
Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas)
Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy)
Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)


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